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Full text of "Ni retrógrados ni tartufos"

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SETEMBRINO K. PERKDA 






Seamos siempre homl.res de verdad: in- 
clinémonos ante ella con respeto, aunque 
nos duela v nos humille. — A. MagariSos 
Cervantes — Violetas y Ortigas, pág. 431. 

Llegará un día en que el sol no verá ya 
sobre la tierra más que hombres libres. — 
Los gérmenes de la superstición y de la 
tiranía, se verán aniquilados bajo 'el pese 
de la Razón. — Condorcet. 




Precio del ejemplar: 30 cts. 

SB VKNOK BN TODAS LAS LIBRERÍAS 




MONTEVIDEO 

Imprenta á vapor Montevideo Noticioso, Constituyente 105 

1893 



tfV v.. . 




6 




S1T1MBRIN0 I. PEREDA 




Seámos siempre homhres de verdad: in- 
clinémonos ante alia con respeto, aunque 
nos duela y nos humille. — A. MagakiSos 
Ce h> antis— Violetas y Ortigas, pág. 431- 

Llegará on día en que el sol no verá ya 
sobre la tierra más que hombres libres. — 
Los gérmenes de la superstición y de !a 
tiranía, se verán aniquilados bajo el peso 
de la Kazón. — Conlouckt. 



Preoio del ejemplar: 30 cts. — Se vende en todas las librerías 



MONTEVIDEO 

Imprenta á vapor Montbvideo Nottcioso, Constituyentes 1C5 

1893 



718" 5Vé " 1'^ 



ai ítaox 



No pensábamos dar mayor publicidad que la qi¿3 
han tenido, ú las cartas y artículos políticos insertos 
por nosotros en.las columnas de La Razón de Mon- 
tevideo, relativos á las actuales agrupaciones políti- 
cas y la necesidad de su disolución y la de reemplazar 
á éstas por los partidos liberal y clerical. 

Sin embargo, el interés que han despertado y la 
insinuación que nos han hecho algunos amigos ca- 
racterizados, nos impulsa <X reunir esas publicacio- 
nes en e\ presente libro, agregando juicios y docu - 
mentos que no han visto la luz y que tienen también 
su importancia. 

Creémos, por otra parte, prestar un servicio al 
pais, trabajando por el triunfo de ideas y tendencias 
que juzgamos pueden cimentar su porvenir sobre 
una base sólida de bienestar y prosperidad. 

Combatir el mal y propagar el bien, no es sólo 
obra de humanidad, sinó también de p'Uriotismo. 

Ojalá, pués, que estas páginas, hijas del amor 
al reinado de las instituciones libres y al engrande - 
cimiento de la República, contribuyan en algo ú> 
morigerar la intemperancia de las pasiones parti- 
distas y encarrilar la opinión por ¿a vía de la Jelici- 
dad común. 

Eson son nuestros votos, y a ellos responde el 
propósito que nos anima. 



Setembrino C E. '¡¡Pereda. 



NI RETROGRADOS NI TARTUFOS 



i 

Como ciudadano y como partidario nunca hemos 
escatimado nuestro concurso moral é intelectual á 
las cuestiones de verdadero interés público. 

En la prensa, en los clubs, en las urnas y hasta 
en la lucha armada, jamás vacilamos en defender 
el credo político á que siempre rendimos culto, en 
la convicción de que él encarnaba el más alto ideal 
del patriotismo. 

Por eso en el mes de Junio Ultimo nos propusi- 
mos abrir nuevos rumbos á Ja opinión, sacando del 
marasmo en que yacían y yacen, á nuestros pro- 
hombres de partido, precisamente los del Consti- 
tucional, en cuyas filas militamos desde 1880. 

Las cartas que van á continuación así lo com- 
prueban : 

Psiysamlti. Jurio 24 <*• 1899* 

Señor doctor Luis Mulián Lafinur. 

Montevideo. 

Querido amigo: 

Hace tiempo que me preocupa vivamente la 
cuestión política y religiosa. 

Cuando se formó el Partido Constitucional, fui 
de los primeros que suscribieron su programa, y 
en él recibí mi bautismo político, pués entónces 
contaba 21 años de edad y no níe había afiliado á. 
ninguno de lo» que levantaban y levantan la ban-t 
dera del tradicionalismo. 



8 



SETKMBR1N0 E. PEREDA 



Creí quo las ideas brillantemente expuestas en el 
manifiesto de Muyo, por más resistencia que en- 
contraran, se abrirían camino, por hallarse inspi- 
radfts en el mas puro patriotismo. 

No n e satisfizo, sin embargo, su silencio sobre 
la cuestión religiosa, y méi os aún, después que el 
diario católico El Bien Publico, preguntaba con 
sorna: ¿y qué ron ustedes en religión? ¿qué ideas 
profesan? ¿son católicos? ¿son libera le c ? sin que la 



Siglo, La Razón y El Plata, le diesel 1 , una respues- 
ta satisfactoria. 

No obstante, no se quebrantó mi espíritu por 
eso: las cuestiones religiosas si bien se debatían 
entóneos en la tribuna y en la prensa, no revestían 
la importancia que en la actualidad; porque hoy se 
preocupan las Cámaras y el pueblo de la reforma 
de nuestra Carta Fundamental, cuya necesidad fué 
sarcionada por el Cuerpo Legislativo anterior. 

Ha llegado, pues, el caso de romper ^on el mu- 
tismo á que estamos entregados los miembros del 
Partido Constitucional en k que respecta a. la in- 
tromisión del poder teocrático eu las cuestiones 
del Estado, que solo deben estar sometidas á las 
leyes civiles <;ue regulan la marcha de las socie- 
dades adelantadas como la nuest; a. 

La actitud asumida por algunos miembros cons- 
picuos de nuestra colectividad política, que publi- 
camente han rendido homenaje a las creencias y 
cultos católicos, me ha persuadido que por ese 
camino no se llegará á nada saludable para el país 
y que se hace imprescindible una declaración pú- 
blica y solemne de cuáles son las ideas del Partido 
Constitucional en materia religiosa, ó de lo con- 
trario, que se decrete su disolución, porque no es 
posible vivir en una perpetua anarquía, haciendo 
cada cual lo que le dé gusto y gana, con prescTn 
dencia absoluta de las aspiraciones y tendencias de 
la mayoría. 




1 de esa época, inclusos El 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



i) 



Esto me induce á plantear este problema: ¿con- 
viene que el Partido Constitucional siga formando 
en el seno de las agrupaciones políticas ante los 
hechos enunciados, ó q le desaparezca y sea reem - 
plazado por otra agrupación más viable y de un 
programa más definido? 

. En mi concepto, él ya no tiene razón de ser: ha 
cumplido í»u misión política, es decir, ha conseguí • 
do educar en mucho las pasiones, amortiguando 
los ódios,y encarrilar la opinión pública por la vía 
que conduce al desiderátum de las grandes aspira- 
ciones nacionales. 

Fué un partido de circut stancias, una tregua, 
como dijo el doctor Juan Carlos Blanco, sí, una 
tregua para los ciudadanos patriotas que no tenían 
acomodo, por sus avanzadas ideas, en el seno de Ir s 
viejos partidos, y para combatir, bajo unasula ban - 
dera, contra los desmanes de los malos gobiernos, 
defendiendo los fueros de la pátria, para que dentro 
y fuera del país no se nos tuviera por un pueblo 
inculto y abyecto, sino por lo que somos: por un 
pueblo, sí pequeño y desgraciado, que tiene con- 
ciencia de sus deberes cívicos y que en todos los 
momentos sabe erguirse para protestar contra sus 
opresores. 

¿Por qué no levantamos o.nlónces la bandera de! 
Partido Liberal, que pueda flamear enhiesta, frente 
á la del clericalismo, que trata de abrirse paso, 
apelando á todos los médios, no sólo en el sagrario 
del hogar sinó igualmente en la cima del poder? 

En el país, donde no hay asomo de monarquía, 
donde somos r epublicanos, no caben los partidos 
blanco, colorado y constitucionaíista, qu< en sus 
programas sostienen más ó menos las mismas 
ideas sobre libertad civil y política,— en tanto que 
tendrían y tienen sobrada razón üe ser ». 1 panido 
liberal y el partido clerical, porque encarnan ten 
ciencias antagónicas, principios que pueden cons- 
tituir organismos robustos y permanentes. 



10 



SETEMBRINO E. PEREDA 



Me propongo, por lo tanto, aunque no sea el más 
autorizado para ello, promover un movimiento de 
opinión en eí sentido indicado, á cuyo efecto empie- 
zo por pedirle encarecidamente la suya, ya que Vd. 
se ha mostrado un liberal convencido y un entu- 
siasta y leal paladín de todas las causas nobles y 
justas; y estoy dispuesto á dirigirme a otros dis- 
tinguidos compatriotas y amigos, como los doctores 
Pablo De -María, Carlos María de Pena, José Pe- 
dro y Carlos María Ramirez, Eduardo Acevedo, 
Juan Carlos Blanco, y algunos otros, en el mismo 
sentido. 

Esperando su respuesta, le saluda con el aprecio 
de siempre, su affmo. amigo y servidor — 

Setembrino t. Pereda. 



CARTA DEL DOCTOR MELlAN LAF1NUR 



Montevideo. Junio 27 de 4892. 

Señoj* don Setembrino E. P.'i eda. 

Puysandú. 

Querido amigo: Su carta 24 del corriente abre 
para mí los más gratos horizontes, porque no 
teniendo más pasión que la de servir los principios 
liberales á que he rendido cuito toda mi vida, nada 
puede halagarme más que la comunidad de pensa- 
miento, en la esperanza de que un día se forme el 
gran Partido Liberal, en que me tocará, por mis 
antecedentes, ser uno de los soldados más conven- 
cidos desús filas, y en mi sinceridad, menos sos- 
pechoso para nadie: humilde soldado de filas, pero 
leal. 

^Vo creo, como usted, por razones que largo serla 
detallar, á más de las que expresa su carta, que el 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 11 



Partido Constitucional no tiene razón de ser,si no 
se difine en su programa. Tuvo su eficiencia con- 
tra Sántos, como partido de! momento, para no 
transigir, rechazar los puestos públicos y comba- 
tiren la prensa á aquel gobernante, y después con 
las armas en la mano;pero como partido acciden- 
tal, su misión ha concluido: como quiera que los 
Partidos son dedos maneras. 6 accidentales para 
una lucha del momento, como una cuestión finan- 
ciera ó electoral, ó puramente polílica,..v. g,, una 
elección presidencial, ó algún suceso por el estilo, 
ó son permanentes, c uno el liberal y el conserva- 
dor o ultramontano admitiendo ámbos matices, 
medios que pueden dar lugar á agrupaciones den- 
tro de aquellos dos grandes bandos perpétuos. 

Los partidos blanco y colorado, como agrupa- 
ciones permanentes, constituyen un estúpido ana- 
cronismo, sin razón de ser, algo parecido á la in- 
sensatez que demostrarían los franceses, si en la 
actualidad se dividiesen en girondinos y monta- 
ñeses, y yo creo con usted que el medio único de 
concluir con semejante armazón anacrónica, no 
Le* ía otro que constituir el partido liberal frente 
al ultramontano ó católico,— que ya existe, dígase 
lo que se quiera. 

.Pero para mi, la dificultad está en poder consti- 
tuirlo, y sobre todo aquí, en la capital. Usted no 
puede figurarse, mi am»go, lo que son en esta ciu - 
dad los celos, las cobardías, el temor de quedarse 
sin posición, abandonando las agrupaciones actua- 
les, que aquejan á los hombres de valer, y tnste 
es decirlo, en primera línea á nuestros correligio- 
narios. 

La prensa misma, aún la llamada liberal, nos 
es hostil; y desde luego tendríamos de punía espe- 
cialmente á El Siglo, ciue según lo habrá usted ob- 
servado, más de una vez sé ha reído de nuestros 
temores, en vista de la prepotencia del catoli- 
cismo. 



12 



SETKMBMNO E. PEREDA 



Unos toman por pretexto que el peligro de la 
reacción ultramontana es muy lejano, otros dicen 
que los hombres como usted y como yo, somos 
unos fanáticos iguales á los que pretendemos com- 
batir; muchos pretenden que la constitución de un 
partido definido como liberal, traería una lucha 
religiosa tremenda en las familias, y los más, lo 
que quieren con todos estos sofismas, es pasarlo 
bien, satisfacer sus egoísmos y vivir en" paz con 
tirios y troyarios, dentro de un indecente modus 
owendi de transación entre las ideas más opues- 
tas. 

De todas maneras, yo estoy en su ten eno, y aún 
cuando no deseo que se precipite, me parece que 
en la próxima lucha el año entrante deberíamos 
ya iniciar la campaña liberal francamente, cons- 
Utuyéndonos en partido, si eso fuese posible. 

Le aplaudo, pues, su \dea;á las personas que me 
nombra en su carta vaya tanteándolas, poco á po- 
co, y consulte á otras también de las que perma- 
necen afiliadas á los antiguos partidos. Pero le va- 
ticino que va á sufrir decepciones, que no lo aba- 
tirán, porque su temple de alma no lo consiente, 
pero que lo van á fastidiar en grande y le van á 
dar la medida de lo que son ciertos hombres. 

Lo que usted va á proponer, yo lo he insinuado 
en el seno de la amistad, y siempre se me ha com 
batido: aun para objetos accidentales se me ha 
dejado solo, como sucedió el 20 de Setiembre, en 
que ninguno de nuestros amigos caracterizados 
quiso firmar la convocatoria al pueblo, á pesar de 
qut los fui viendo uno por uno para ofrecerles el 
primer puesto. Hicimos una gran fiesta sin ellos, 

Eero como Corporación Permanente la «Unión 
jbera!» cayó. 

La fórmula de mi patriotismo no es otra que 
servir la tierra de mi cuna, dentro de las ideas li- 
berales. Por esto veiá usted lo poco que pueden 
interesarme los partidos tradicionales, á ninguno 



NI RETRÓGRADOS NI TAUTUFOS 



13 



de los cu iles he servido sériamente, y que jamás 
me contarán en sus filas, suceda lo que suceda; en 
cuanto al Partido Constitucional, que he servido 
con toda mi alma, no le encuentro ya importancia 
alguna, máxime cuando muchos desús prohom- 
bres están en realidad traicionando al credo libe- 
ral. 

Soy pués. materia preparada para una revolu- 
ción que debo U9ted ir estudiando y haciendo ob- 
jeto de la consulta que tiene pensada. 

Créame siempre su affmo. amigo y téngame al 
corriente del camino que lleven sus nuevos pro- 
yectos. 

Luis Melián Lafinur. 



Poco tiempo después de cambiadas esta? car- 
tas, el diario colorado El Día anunció la próxima 
desaparición del Partido Constitucional y dijo que 
muchos de sus más conspicuos afiliados estaban 
resueltos á ingresar de nuevo en las viejas colec- 
tividades políücas de que procedían. 

No dimos fé á esta última afirmación, porque la 
juzgábamos y creémos descabellada; pero esa pro- 
paganda partidista del Uader del coloradismo en 
la prensa, hizo que no « abstuviésemos momentá- 
neamente de escribir á otros distinguidos compa- 
triotas y correligionarios en el mismo sentido 
que al doctor Melián Lafinur. 

Olvidada ya la especie hecha círcu'ar por El 
Día, reanudamos nuestros trabajos, y con fecha 
18 do Diciembre ppdo. dirigimos la siguiente car * 
ta— consulta, & l f, s doctores José Pedro y Lárlos 
María Ramírez Juan Carlos Blanco, Domingo 
Aramburú, Carlos María de Pena, Pabio de Ma- 
ría y EJuardo Acevedo: 



SETEMBRlNQ E. PEREDA 



Paygandó, Diciembre 18 de 1892. 

Señor doclor.... 

Montevideo. 

A preciable correligionario y amigo: 

El Siglo fecha 10 del corriente, edición de la 
mañaua, expresa que nuestra colectividad política 
si no está disuelta, está licenciada. 

Será ésta, como dice un escritor de La Razón^ 
una opinión puramente personal del doctor Mar • 
tin C. Martínez, pero es lo cierto que ella nace de 
un escritor sesudo, bien conceptuado y que milita 
en las filas del Partido Constitucional. 

Nos interesa, pués, á todos, averiguar el grado 
de verdad que haya al respecto. 

¿Vivimos los amigos de las instituciones libres 
convertidos en parias en nuestra propia patria? 
¿No existe en realidad dicha agrupación? ¿Es, por 
el contrarío, como en sus mejores tiempos, un or- 
ganismo robusto, capaz de viabilidad y presto á 
la lucha en el terreno de la legalidad, en pró de 
los santos principios y patrióticos ideaies procla- 
mados en el célebre manifiesto de Mavo? 

La glacial indiferencia con que sus más conspi- 
cuos miembros en Montevideo, vienen viendo el 
constitucionalismo,— sierto decirlo, pero la verdad 
debe manifestarse siempre por amarga que sea, — 
ha venido cavando, paulatinamente, la sepultura 
de aquel simpático partido, que en los albores de 
su vida fué el centro de acción de todas la miradas 
y que supo congregar en su seno la mayoría de 
los elementos inteligentes y honestos del pais. 

Lo que asevera el ilustrado redactor de El Siglo, 
no debe, oor lo tanto, sorprendernos á los que de 
la mejor biisna fé y con el más ardiente entusias- 
mo hornos trabajado siempre sin vacilaciones de 
cretinos »:i i-:»n: jí'&s mujciües. por el triunfo de 
tan caras y miríficas doctrinas. 



Ni RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



15 



Es pués, llegado el caso de definir posiciones, 
para saber todos y cada uno de nosotros, á que 
atenernos, es decir, para no ignorar cual es la ac- 
titud resuelta que debemos ; sumir en la contien- 
da electoral á iniciarse, ya como partidarios ó co- 
mo simples ciudadanos. 

¿Se mantiene de pié el Partido Constitucional? 
¿O se halla disuelto ó licenciado, según la afirma- 
ción de hl Siglos 

Es preciso averiguarlo, y esto me propongo al 
dirigir á usted la presente, lo mismo que á otros 
distinguidos correligionarios en esa Capital. 

Yo creo, sin emb.irgo, que si las cosas conti- 
núan como hasta aquí, es inevitable, aunque fatal, 
la desaparición de esa colectividad política. En 
efecto: ¿qué servicios presta al país en la inacción 
en que yace? ¿para que ha de seguir figurando ea 
el catálogo de los partidos, si no denota la menor 
vida ni se api esta á la lucha, cual lo hacen las 
dernfts agrupaciones de su género? 

Por otra parte, el Partido Constitucional si bien 
ha hecho mucho camino en la conciencia pública 
con la propagación de sus principios políticos,— 
su bellísimo programa no llena, por si sólo, las 
kgffmas aspiraciones de los hombres pensadores 
y de ios amigos de la libertad en sus múltiples ma- 
nifestaciones, pués en él se prescinde en absoluto 
de la cuestión religiosa y de otras trascendentales. 
¿Por qué? ¿Acá- o ios partidos tienen únicamente 
por misión bregar por el reinado de la libertad 
política? La libertad religiosa, ó de conciencia, 
¿no es por ventura, tanto ó más trascenden- 
tal que aquella? Para gobernar bien un pais 
no hasta manejar con honradez los dineros del 
Estado ni observar una conducta circunspecta — 
Se necesita mucho más: satisfacer las justas aspi - 
raciones de la opinión püblica, que la forman el 
voto de las mayorías conscientes de un pueblo ó 
11 ación. 



16 



SETUMBR1N0 E. PEREDA 



Ahora por ejemplo, estamos abocados á la re- 
forma constitucional: los liberales anhelan la se- 
paración de la Iglesia y el Estado, y los clericales 
que continué ese híbrido maridaje y proteccionis- 
mo ilegítimo é impropio de un pais r publicuno y 
adelantado como el nuestro. Las elecciones para 
.renovar el Cuerpo Legislativo también se acercan. 
¿Qué candidatos debemos proclamar para la re 
presentación nacional? ¿3as:a que s-ean miembros 
de nuestra agrupación política? 4N0 es menester 
elejir los que respondan más satisfactoriamente á 
las tendencias de la mayoría? Y para que esto su- 
ceda, ¿no es imprescindible que sepamos la actitud 
que debemos asumir los constituciona listas en 
materia religiosa, para que nose produzca el cis 
ma y con éste el caos? 

¿Por ciué, entóneos, no se promueven reuniones 
en todos los deparlamentos de la República y se 
inicia l > ampliación del programa de Mayo en el 
sentido indicado? 

Cada centro departamental podría nombrar uno 
ó mas delegados, y celebrarse una convención en 
Montevideo para tratar y resolver el punto; pe! o 
habría que hacerlo sin demora, porque el tiempo 
apremia, y es precis > que las cosas so hagan sen- 
satamente. 

Ser ó no ser: — estalla sido siempre mi divisa, 
— y no puedo pertenecer, — sin contrariar mis 
arraigadas com Dicciones, — á un partido que se 
muestre indiferente al respecto. 

Por lo tanto,.sin¿da se hace, estoy dispuesto,— 
y conmigo muchos amigos de causa— á separar- 
me de sus filas, para vivir entregado á la apa - 
cible soledad del hogar, ó llevar mi concurso de 
ciudadano allí donde crea que más se trabaja por 
el triunfo del pensamiento libre. 

Esperando oir su autorizada palabra, lo saluda 
atentamente su correligionario y amigo. 

SetembHno E Pereda. 



NI RETROGRADOS NI TARTUFOS 17 



Los doctores Cárlos María Ramírez, Cáríos 
María de Pena y José Pedro Ramírez se apresura- 
ron a escribirnos, acusando recibo de nuestra carta 
y pidiéndonos próroga de dias para evacuar ía 
consulta. 

Esto nos persuadió una vez más de la gravedad 
del problema político por nosotros planteado y de 
la urgente necesidad en resolverlo. 

Dichos amigos nos decían : 



CARTA DEL DOCTOR CÁRLOS M. RAMIREZ 

Montevideo. Diciembre ti de I89Í 
Señor don Setembrino E. Pereda 

Pavsandú 

Estimado amigo: He tenido el gusto de recibir 
su apreciable de 18 del corriente, en la cual, toman- 
do por punto de partida la comentada frase de El 
Siglo — si el partido constitucional no está disuelte, 
está licenciado^ — me interroga usted sobre la exac- 
titud ó el alcance de esa afirmación y desenvuelve 
usted sus propias vistas sobre la reorganización 
de nuestra comunidad. 

¿Qué desea usted? — ¿Mi opinión personalísima y 
completamente aislada? — Si asi fuese, podria dár- 
sela sin demora, porque las cuestiones que usted 
plantea no han dejado de preocuparme un sólo 
instante; — pero debo suponer que asi como usted 
habla en nombre de un grupo de correligionarios, 
me interroga también como representante presun- 
tivo de otro grupo, cuyas tendencias deben pesar 
en la balanza de los destinos comunes.— Siendo 
así, necesito algunos dias para cambiar ideas con 
mis amigos particulares y con los mismos dislin • 
guidos correligionarios á quienes usted se dirije si- 
multáneamente, según io anuncia usted en su 
carta. 

^ • i 



SETEMHRINO E. PEREDA 



Triste es confesarlo: vivimos completamente 
aislados los unos de los otros y acaso un tanto mi- 
nados por pequeñas rivalidades personales. Es 
muy posible que al reunimos, aunque sea en pe- 
queño comité, estallen graves disidencias, como 
les sucede desgraciadamente á lus demás partidos. 
Vea usted el estado lastimoso de los blancos. En 
cuanto á fos colorados, ignoro lo que ocurre en los 
deparlamentos, pero aquí es notorio que han fra- 
casado en las dos tentativas que han hecho para 
organizarse con prescindencia de la tutela ofi- 
cial. 

Asi, pídole un plazo breve para evacuar su con- 
sulta. Viene ella en buen momento y creo que nos 
obligará á definir las cosas con viril franqueza. 

Aprovecho la oportunidad de repetirme S. S. y 
affmo. amigo. 

Carlos M. Ramírez. 



Montevideo, Dkierobte 21 de 1893 
Señor don Seiembnno E. Pereda 

Pay¿andii 

Mi e stimado amigo : 

En mi poder su apreciable del 18 del corriente. 

Arduo es el problema que usted plantea y supre- 
mo el interés que entraña para los ciudadanos afi- 
liados al partido constitucional. 

No escuso mi opinión, pero no puedo darla sin 
fundarla ampliamente, y eso no lo puedo hac<T ba- 
jo los apremios de las últimas horas hábiles de lo.^' 
Tribunales — Le pido, puós, que me conceda una 
próroga de dias, que empezará á correr desde 
el 24. 

De usted affmo. amigo y compatriota— 

Jcse P. Ramírez. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



*9 



Señor don Setembrino E. Pereda. 

Paysandú. 

Estimado amigo: 

He tenido el gusto de recibir su carta política y 
asi que tengamos féria será para mí un placer con- 
versar con usted sobre tan importante asunto. Me 
limito a este aucse de recibo, porque no deseo pa- 
sar por indiferente. 

Su affmo. 

C. M. de Pena. 



El doctorDe-María fué más breve en expedirse, 
y con fecha 26 del mismo mes nos contestó en los 
siguientes términos, que después apreciaremos. 



CARTA DEL DOCTOR PABLO DE-MARIA 

Montevideo, Diciembre 26 de 4892. 

Sr. doo Setembriuo E. Pereda. 

Mi estimado amigo : 

Tuve el gusto de recibir la carta de Vd. fecha 18 
del corriente. 

Le pido disculpa por la demora con que le con- 
testo. He estado ocupadlsimo estos días, con mo- 
tivo de la conclusión del año judicial. 

Es indudable que el Partido Constitucional está 
desorganizado, pero esto no quiere decir que esté 
muerto. Por mi parte creo que tiene razón de exis- 
tir y que servimos al país los ciudadanos que per- 
manecemos en sus filas. 

Los partidos tradicionales no son realmente tales 
partidos, puesto que falta toda unidad de ideas entre 
sus miembros. Sin embargo, continúan ostensi- 



30 



SETEMBRINO E. PEREDA 



blemente existiendo la divisa blanca y la divisa 
colorada. Miéntras esto suceda, el Partido Consti- 
tucional tiene una misión patriótica que llenar: la 
de trabajar por la abolición completa de esas di- 
visas, que son el obstáculo que se opone á la unión 
de los hombres de principios y á la formación de 
loa verdaderos partidos populares. 

El día en que hayan desaparecido para siémpre 
los viejos partidos, el Constitucional podra dar por 
cumplida su misión y retirarse de la escena políti- 
ca, para dar paso á la formación de otras agrupa- 
ciones. 

Los partidos no son ni pueden ser organismos 
eternos. 

En cuanto á la acción eficiente, el Partido Cons- 
titucional, no puede, hoy por hoy, ejercer otra que 
la de ia propaganda por medio ae su prensa. 

Soy y he sido siémpre liberal entusiasta, pero 
no creo que la cuestión del liberalismo y el cleri- 
calismo sea actualmente de importancia principal 
para el país. La.? conquistas liberales realizadas 
no peligran —si peligrasen sería el caso de agi- 
tarnos para defenderlas. 

La honradez política y administrativa, la verdad 
del sufragio, la abolición de las viejas divisas, que 
son una causa de división entre los ciudadanos de 
unas mismas ideas fundamentales, hé ahí las cues- 
tiones que actualmente son de interés vital y su- 
premo. 

Un ciudadano de los antecedentes y de los méri- 
tos de usted, puede hacer mucho bien, permane- 
ciendo en las filas del Partido Constitucional. Esta 
es mi opinión. Al dársela con toda sinceridad, 
tengo el gusto de saludar á usted afectuosamente 
y suscribirme su affmo. amigo y correligionario. 

Pablo De-Maria. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 21 



El doctor Juan Carlos Blanco nos pedía también 
próroga, en carta datada el 18 de Enero, abrigan- 
do la esperanza de cambiar ideas con nosotros 
personalmente antes de la apertura de los Tribu- 
nales. 

c< De todos modos, nos decía, siempre me será 
grato corresponder á sus deseos, ya recaigan sobre 
materia política, exigiendo de mí una opinión ó 
una consulta, ó se relacione con nuestra buena y 
sincera amistad.» 



En virtud del opúsculo del doctor Melián Lafinur, 
aue precipitara los sucesos, no quisimos aguardar 
indefinidamente, y dirijimos estas líneas á los 
doctores Blanco, Kamirez y Pena. 

Paysandú, Enero 22 de 1893. 

Señor Doctor 

Montevideo. 

Apreciable amigo: 

Aún estoy en espera de su respuesta á mi carta 
fecha 18 de Diciembre último. 

Parto para el Durazno, de donde regresaré Bl 
próximo Sábado. Espero para entónces su con- 
testación definitiva, pues he recibido un folleto 
político del doctor Melián Lafinur, y antes de 
ocuparme de él, quiero conocer la opinión de usted 
repecto á los puntos por mí consultados. 

Sin más, me repito de usted affmo. y S. S. 

Setembrino E. Pereda. 



Entónces recibimos las siguientes comunica- 
ciones : 



SETEMBRINO E. PEREDA 



CARTAS DFX DOCTOR CARLOS M. DE PENA 

Sefior Don Seiemorino E. Pereda. 

Paysandú. 

Mi estimado amigo: 

Si no he contestado antes á su carta, se debe áí. 
que cambiamos ideas con el doctor José Pedro 
Ramírez y quedamos en reunirnos con otros 
amigos ántes de contestar á usted.; pero como la 
reunión parece, aplazada, y el folleto del doctor 
Melián obliga á decir algo, hoy mismo me pongo 
en la tarea, y, alcance ó no á ver al doctor Ramirez, 
quien me dijo tenía también que contestar áVd., — 
recibirá Vd. mi contestación por el correo próximo. 

Le saluda su affmo. 

Carlos María de Pena. 



Montevideo, Enero 27 de J893. 

Sefior don Setetnbrino E. Pereda. 

Paysandú. 

Mi estimado señor: 

Nos reunimos ayer con el doctor José Pedro 
Ramirez; cambiamos algunas indicaciones; me 
leyó tu proyecto de contestación; yo á él el mío in- 
concluso, y quedamos en que debíamos reunirnos 
con otros amigos ántes de contestar á Vd. Consi- 
deramos que el asunto es delicado y que vale la 
pena de pedirle á Vd. que espere uros días más, 
porque se trata de asuntos que tocan á muchos y 
afectan, sin duda alguna, la marcha ulterior del 
País. 

Veremos lo que se resuelve,— discutiremos un 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 23 



poco, y siempre le quedará á Vd. el honor de ha- 
ber provocado un acto político de la mayor impor- 
tancia. 

La respuesta irá pronto. 

Entre tanto, suyo affmo. 

Carlos María d¿ Pena. 



CARTA DEL DOCTOR JOSÉ PEDRO RAMIREZ 

Señor don Selembrino E. Pereoa. 

Montevideo, Enero \ 1 de 1893. 

Mi estimado compatriota y amigo : 

Hace mucho tiempo que me preocupa el proble- 
ma que me plantea usted en su carta de 18 del pa- 
sado, y al respecto tengo opiniones definidas, que 
privadamente y en conversaciones íntimas he he- 
cho conocer á algunos de nuestros amigos polí- 
ticos. 

El Partido Constitucional tuvo su razón de ser 
muy explicable, muy kgica y muy patriótica: rué 
un llamadoá todos los ciudadanos que no se ^ve- 
nían con el régimen de gobiernos personales ffue 

inauguró con el motin del 1§¿ C E n ero, y quelin 
«embargo *e mantcíhan distanciados pór* vínciuS* 
Piones partidistas, favoreciendo por antagonismos 
tradicionales y por prevenciones injustificables, 
aquel régimen nefando. * 

toíl a ^ enton .ces un interés supremo, superior á 
I a cpns^eracion y que podía y debia uñir á 




iperio de las pasiones enconadas 
por una sucesión de guerras civiles y de hechos 
sangnentos, conservaban el culto de las institucio- 



SETEMBRINO E. PEREDA 



nes y el sentimiento altivo de la dignidad cívica, y 
ese interés supremo determinó la organización de 
un partido de circunstancias que proclamó la ne- 
cesidad de que los ciudadanos se desvinculasen de 
todo compromiso político, basado en las tradicio- 
nes y los recuerdos de las luchas pasadas, para 
constituir una fuerza de opinión sin mas objetivo 
que restaurar el imperio de tas instituciones.— Esa 
fuerza de opinión debía llamarse y se llamó, al 
constituirse, el Partido de las Instituciones Libres, 
y más tarde el Partido Constitucional, denomina- 
ción muy propia en momentos en que el régimen 
imperante era sencillamente el de la fuerza, sin 
rumbos y sin freno, como se diio en el manifiesto 
de Mayo de 1880. 

Aquel movimiento popular y aquella organiza- 
ción departido, no eran una improvisación capri- 
chosa, ni una creación convencional; era aquello 
un movimiento expontáneo que se venía elaboran- 
do desde 1875 y a que se daba forma en un mo- 
mento oportuno; el interés supremo de salvar al 
país de tan hondas perturbaciones y de tamaña 
afrenta, nos habia encontrado confundidos en la 
prensa, en el destierro y en los campos de batalla, 
sin acuerdos prévios, a ciudadanos de todos los 
partidos y círculos políticos, y confundidos volvió 
á encontrarnos después del manifiesto de Mayo, 
oponiendo á las subversiones imperantes, una re- 
sistencia indomable, infructuosa en apariencia, 
pero en realidad «aludable y fecunda.— Organizar 
esas fuerzas dispersas y metodizar una resistencia 
que germinaba en el seno de los propios partidos 
tradicionales, á que nosotros mismos pertene- 
cíamos hasta ese momento, se tuvo principalmen- 
te en vista al hacer un llamado público y solemne 
á todos los ciudadanos que compartían esas ideas, 
y por ellas combatían sin omitir esfuerzos y sacri- 
ficios personales. 
No era el caso de continuar impertérritos el vie- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



25 



jo litigio de blancos y colorados, cuando a colora - 
dos y blancos se les oprimía y afrentaba, explo- 
tando las antiguas rivalidades y les viejos ¿dios de 
las luchas fratricida?, iluminadas muchas veces 
con resplandores de gloria, y por eso, con mucha 
oportunidad decia Juan Cárlos Blanco en una de 
nuestras más solemnes Asambleas, después de 
trazar con mano maestra un cuadro admirable de 
las escenas del 15 de Enero en la plaza pública: 

«De entónces acá, hay dolores, hay amarguras, 
hay profanaciones que gritan con el lamento dolo- 
rido del profeta en la ciudad abandonada por Dios, 
desierta y solitaria. 

»A la presidencia del crimen, siguió la dictadura 
por la traición y la orgia, y aún se escuchan sus 
sucesores y aún se vé la obra de envilecimiento 
que los primeros nos legaron. 

«Profanado todo lo santo, ultrajados todos los 
respetos, agredidos todos los derechos, rota y vili- 
pendiada la Constitución del pais: he ahí la obra de 
la presidencia y de la dictadura del crimen. 

»Esas fuerzas oprobiosas nos estrechan aún por 
todas partes: no se ha restablecido el órden en el 
cáos y apénas si se vislumbran horizontes de bo- 
nanza. 

»Y qué hemos hecho nosotros? En medio de los 
combates de ¡os partidos tradicionales que reapa- 
recieron en la escena de ese cuadro horrible, 
combatientes nosotros mismos también, hemos 
terminado el duelo y levantado en alto la bandera 
parlamentaria para reconstruir la patria y restau- 
rar sus instituciones. » 

Pero no por que la evolución que entónces reali- 
zábamos, ciudadanos disgregados de los antiguos 
partidos tradicionales, fuese aconsejada por los 
acontecimientos é impuesta por la necesidad de 
aquel momento histórico, dejábamos de reconocer 
los ciudadanos que dirigíamos ó encaminábamos 
aquel movimiento, que no era aquello una organi- 



26 



SETEMBRINO E. PEREDA 



zación inmutable, que á su vez no hubiese de su- 
frir nuevas transformaciones en el transcurso del 
tiempo. 

En una de las primeras asambleas que celebró 
el nuevo partido, decía el autor del manifiesto de 
Mayo, expresión de las ideas y de las aspiraciones 
del mismo: 

ce Oribe y Rivera, medio siglo atrás. 

« Todo se ha renovado, todo se ha transforma- 
do; otras generaciones, otra sociabilidad. Nuevas 
necesidades, nuevos problemas, nuevo amor y 
nuevos antagonismos, nuevos dolores y nuevas 
esperanzas, nuevos ideales; pero así mismo es ne- 
cesario que la opinión se petrifique en las crista- 
lizaciones de los viejos partidos y que recemos 
nuestro rosario político, con los nombres de Oribe 
y de Rivera en los lábios. 

« Cada época tiene su misión y su tarea. — Es un 
absurdo acumular las perturbaciones lejanas ya 
extinguidas á las perturbaciones inevitables del 
momento. — La nueva vida requiere organismos 
nuevos. » 

En la misma ocasión decía yo en acto público y 
solemne: 

« Todo en el órden físico y en el órden moral 
sigue la ley evolutiva de las transformaciones, y 
se pretende, sin embargo, que lo más movible 
y más subordinado á la modificación de las ideas y 
de las necesidades de cada época, ha de permane- 
cer estacionario á título de consecuencia con las 
petrificaciones del pasado. » 

Era ese el común sentir de los ciudadanos que 
se afiliaban al nuevo partido. 

El Plata, redactado por los doctores Sienra y 
Carranza y Carlos M. Ramírez, decía en Abril de 
1881, contestando á los que tergiversaban ciertos 
conceptos del monumental discurso del doctor 
Rlaneo, pronunciado en la reunión del Skating: 

c< Verdad es que el doctor Blanco ha hablado 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 27 



.de que una vez obtenida la efectividad de las insti- 
tuciones, pueden surgir partidos en que nosotros 
mismos nos dividamos. 

» Pensando en un porvenir remoto, lo hemos 
dicho nosotros alguna vez, especialmente contes- 
tando al Bien Público: 

» Venga El Bien Público á nuestras filas si 
Odia el régimen de la arbitrariedad y de la fuerza 
y considera que el restablecimiento de las institu- 
ciones debe ser la suprema aspiración de los 
buenos ciudadanos en el momento presente. 

» Si después hay que resolver el problema de 
la religión en el Estado, ó de la enseñanza laica, ü 
otras igualmente interesantes, en que los mismos 
correligionarios políticos del día disentimos, ios 
que quieran, se segregaran: los partidos del porve- 
nir nacerán de las necesidades del poroenir. » 

Es ese precisamente el criterio con que el ilus- 
trado redactor del El Siglo, con su clara concep- 
ción de todos los problemas políticos y sociales, 
aprecia la situación actual de los partidos, y espe- 
cialmente la del partido constitucional en el artícu- 
lo de 16 de Diciembre próximo pasado, á que usted 
se refiere, cuando dice que es un absurdo la idea 
de la eternidad de los partidos en el tiempo, y fa'sa 
la idea que supone h los ciudadanos vinculados 
para siempre á un partido permanente, en países 
en donde no existe diversidad de opiniones sobre 
la forma de gobierno, ni ninguna de esas grandes 
cuestiones sociales ó religiosas que dividen a. los 
hombres por siglos, en países doríde los adversa- 
rios de ayer son aliados al día siguiente, y vice- 
versa. 

En cuánto á mí, ese era mi criterio cuando se 
organizó el Partido Constitucional en 1880, y ese 
es mi criterio hoy mismo cuando se trata de si de- 
bemos empeñarnos en mantener su organización 
originaria con su denominación y su bandera. 

En nuestro-país no debe verse en los partidos, 



28 



SETEMBRIfíO E. PEREDA 



sinó factores de circunstancias dadas para res- 
ponder á propósitos determinados y patrióticos. 

Si los sucesos y las conveniencias públicas, 
aconsejan que disolvamos ese organismo á que 
hemos vivido identificados durante dos lustros, 
debemos disolverlo, sin mortificaciones de amor 
propio y sin repugnancias pueriles, dispuestos & 
llevar á la causa del bien individualmente, todos y 
cada uno, bajo otra organización cualquiera que 
mejor responda á las necesidades y á las conve- 
niencias de las nuevas situaciones, la misma pureza 
de intenciones y el mismo anhelo patriótico. 

Según el doctor Martinez, que sin duda expresó 
en su artículo del 16 de Diciembre opiniones pura- 
mente individuales, como las expreso yo ahora, 
el Partido Constitucional llenó ya los fines de su 
institución, con más ó ménos éxito en la época en 
que acHió; y en la nueva situación, ante los nuevos 
problemas que los sucesos plantean con su lógica 
incontrastable, careceríamos de la cohesión nece- 
saria para seguir actuando con provecho. 

Observa el doctor Martinez que apénas desapa- 
reció la situación de fuerza que dió origen al Par- 
tido Constitucional, cada uno de los grandes suce- 
sos que se han desarrollado en el país, nos ha 
encontrado divididos en distintos campos, ya se 
tratase de la evolución de Noviembre, de la elec- 
ción presidencial del doctor Herrera, ó de las me- 
didas financieras que reclamara la crisis, y que lo 
mismo sucederá así que esos problemas ú otros 
semejantes vuelvan á plantearse, exigiendo solu- 
ciones prácticas. 

No estoy convencido de que sea completamente 
exacta esa observación. La evolución de Noviem- 
bre no produjo tan profunda excisión en el Partido 
Constitucional y apenas motivó una que otra disi- 
dencia individual que no separó de sus filas á me- 
dia docena de ciudadanos, y ni eft^la elección 
presidencial del doctor Herrera, ni en la crisis 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 29 



financiera ha actuado el Partido, por más que 
algunos de sus miembros figuraron en el Gobierno 
ó en Las Cámaras. 

Si el Partido Constitucional actuara en una 
elección presidencial, levantando y sosteniendo 
una candidatura propia, llegaría fácilmente á po- 
nerse de acuerdo en la elección del ciudadano lla- 
mado á regir los destinos del pais, y es muy pro- 
bable que llegara á ponerse de acuerdo en la 
cuestión financiera, si le tocase afrontarla y resol- 
verla. Un partido no puede prever al organizarse, 
todos los problemas emergentes en el curso de los 
sucesos para establecer bpriori los medios de so- 
lucionarlos, pero esa solución se encuentra casi 
siempre dentro de los principios generales que 
profesa, y se impone por las conveniencias públi- 
cas lealmente entendidas. Yo no alcanzo sinó la 
cuestión religiosa que pudiera determinar forzosa- 
mente una excisión fundamental en el seno del 
Partido Constitucional, y á esa cuestión no ha de 
subordinarse en nuestro pais, por ahora y por 
muchos años, la organización de sus partidos po- 
líticos. 

Pienso así, y sin embargo creo que no hay con- 
veniencia en mantener la organización del Partido 
Constitucional, por razones que expresaré con 
ruda franqueza. 

El Partido Constitucional llenó en una época 
dada, excepcional, singularísima, los grandes 
fines de su institución; fué el porta-estandarte de 
las resistencias patrióticas á la subversión de to- 
dos los principios, que se hizo Gobierno con el 
motín del 15 de Enero, y que amenazaba conver- 
tirse en régimen permanente en la República, y á 
la vez, como lo observa con mucha razón el doc- 
tor Martínez, rompió el dualismo primitivo de los 
partidos tradicionales, abriendo para todos hori- 
zontes más ámplios en la gestión de la cosa públi- 
ca.— Fué simplemente entónces, y no necesitaba 



30 



SETEMBRTNO E. PEREDA 



más para llenar una arcana misión, un partido de 
ropaganda y una fuerza de opinión que en más 
e una ocasión imprimió dirección á los sucesos 
políticos; pero los tiempos han cambiado, y con 
todos los defectos y todos los vicios que se quiera, 
la normalidad re ha restablecido, y en la vida ordi- 
naria de las sociedades humanas, los partidos po- 
líticos tienen que ser esencialmente militantes, y 
sus ambiciones deben converger á fines prácticos 
y positivos. — De hoy más, todas las cuestiones 
tienen que resolverse en la fuente de toda organiza- 
ción política y de todo funcionamiento regular, en 
los comicios, y los comicios son, la acción y la 
lucha. 

Pues bien, mi amigo, en mi concepto el Partido 
Constitucional no es ni puede ser un partido mili- 
tante. — Atrajo á sus filas en los primeros movi- 
mientos expontáneos y generosos de la opinión, 
un núcleo de ciudadanos notables, altamente con- 
ceptuados por su honorabilidad, por su talento y 
por su ilustración, y contó con la entusiasta adhe- 
sión de lo más distinguido de la juventud, sobre 
todo, la opinión pública fué suya en las supremas 
crisis de aquellas situaciones angustiosas, pero 
no alcanzó á disolver los partidos tradicionales ni 
á inocular su espíritu, sus aspiraciones y sus ten- 
dencias en la masa común de la colectividad polí- 
tica, excepción hecha de la Capital de la Repúbli- 
ca y de algunos centros urbanos de los Departa- 
mentos de Campaña 

Falta al Partido Constitucional, elemento políti- 
co para un partido militante; ese es el hecho que 
se imponey contra el cual no podemos rebelarnos, 
y un partido que no milite, empieza á ser un ana- 
cronismo en la actual situación del país. 

Se reformarían mañana las leyes electorales en 
el sentido de garantir la verdad del sufragio; se 
empeñaría el Gobierno llamado á presidir el acto 
electoral, en garantir la más ámplia libertad, y la 
garantiría; y no dejaría de ser un conflicto para el 



■ 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 31 



Partido Constitucional, definir su actitud en la 
contienda electoral. 

Si no somos y no podemos ser un partido mili- 
tante, si como partido no podemos aspirar á 
dominar la escena política y á actuar con nuestros 
hombres y á realizar nuestros ideales, no podemos 
empeñarnos en mantener secuestrados á algunos 
miles de ciudádanos á título de perpetuar una 
organización ya estéril y de obsecuencia á los 
compromisos contraídos, como si esos compro - 
misos tuvieran la indisolubilidad de los votos 
monásticos. Talvez sería, pués, lo más acertado, 
volver á la circulación ese capital secuestrado, 
capital de inteligencia, de ilustración, de virtudes 
cívicas, de abnegación patriótica, de posición 
social, de juventud, restituyéndonos recíproca- 
mente la libertad en las actituües individuales para 
acompañar los sucesos sin vinculaciones y sin 
reatos, y para incorporarnos á cualquier movi- 
miento de opinión y á cualquier evolución política 
que persiga un propósito patriótico y sirva los 
bien entendidos intereses del país. 

Yo sé bien, que el Partido Constitucional podría 
ser la base de cualquiera de esas evoluciones, y 
que sobre esa base habría grandes probabilidades 
deque se encaminarían en el mejor sentido; pero 
no es posible desconocer que al mismo tiempo 
sería un obstáculo para que se produjesen, por las 
resistencias que subleva siempre un partido ya 
organizado, con tradiciones definidas, con resis- 
tencias vivas ó latentes, con ódios acumulados. 

Como dice muy bien el doctor Martínez, no 
debemos incurrir en el mismo error que repro- 
chamos á los partidos tradicionales, y debemos 
desembanderarnos los primeros para que no se 
crea por un momento que queremos asimilar y 
absorber, cuando preferiríamos una y mil veces, 
ser astmilados y absorbidos pafa los altos fines 



32 



SETEMBRÍNO E. PEREDA 



patrióticos que a grito herido se imponen en la 
suprema crisis por que atraviesa el país. 

Estoque vemos, que palpamos, que sentimos, 
este gran desastre en el órden económico y finan- 
ciero de la República, este enervamiento sin ejem- 
plo del espíritu público en el órden político, este 
aplastamiento absoluto de todas las fuerzas vivas 
del país en uno y otro órden, no pueden continuar; 
y es necesario que abramos camino á una nueva 
idea, á un nuevo esfuerzo, á una reacción vigoro- 
sa, en qué forma, no sé, pero que tiene forzosa- 
mente que producirse á poco que suprimamos 
obstáculos, aunemos voluntades y elevemos nues- 
tro espíritu á la altura de los infortunios que nos 
abruman. 

Estas son mis impresiones y mis ideas, que ex- 
pongo francamente, contestando á su interpela- 
ción, y que, llegado el caso, sostendré en las deli- 
beraciones del partido á que pertenezco desde 
1880, y de que no me separaré miéntras no se di- 
suelva por el acuerdo de la mayoría de los duda- 
da nos á él afiliados. 

De usted muy afectísimo amigo y compatriota — 

José Pedro Ramírez. 



CARTA DEL DOCTOR PENA 

Señor don Setenibrino I£. Pereda. 

Paysandú. 

Mi estimado amigo: He demorado hasta hoy la 
contestación á la suya del 18 ppdo., porque deseaba 
encontrar ocasión de hablar con algunos amigos, 
de aquellos á quienes usted se ha dirigido al mismo 
tiempo que á mí, según se desprende de su carta. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 33 

— ■ ■ — ■ i ■ -. 



Pero el tiempo pasa; usted reclama una conten- 
tación y no quiero ser de los últimos en dársela, ya 
que pone usted tanto empeño en obtenerla. 

I 

Empezaré por decirle que cierta inactividad po- 
lítica en los partidos no puede bastar, en mi sentir, 
para declararlos momentáneamente licenciados 

Pueden los partidos entrar en vacaciones como 
los parlamentos. 

Hay Gin duda en nuestro país causas especiales 
para determinar un gran retraimiento político. 
Aquí, como en todas partes, los partidos no asumen 
organización militante de Clubs, sinó en los perío- 
dos de agitación electoral. Constituidos ó renova- 
dos por el voto los Poderes Públicos, ó distri- 
buidos los cargos electivos, la organización de los 
partidos solo se mantiene por circunstancias 
anormales ó extraordinarias, como los radicales 
en la Argentina, ó si se mantiene, vegeta en la 
esterilidad más completa, como ha sucedido por 
diferentes causas con los nacionalistas, entre nos- 
otros. 

Los partidos pierden después de los comicios su 
actitud militante de clubs, porque entran á actuar 
en las tareas del Gobierno por medio de elementos 
que les representan ó caracterizan más ó ménos 
genuinamente. 

Después del periodo electoral quedan en reposo 
ias fuerzas populares y ván los delegados más ó 
ménos postizos de los círculos ó partidos políticos 
á funcionar ó á figurar en la legislatura yenl'i 
administración. 

Durante el receso, los políticos y los periodistas 
hacen el gasto, ó sostienen el apostolado, respon- 
diendo en cada caso y circunstancias á inspiracio- 
nes personales que surgen de las regias de con- 



34 SETBMBRINO B. PEREDA 



ducta general, trazadas en los programas políticos 
ó de tendencias generales, de ciertos núcleos raás 
6 ménos ñuctuantes ó caracterizados por su acti- 
tud, sus ideas y su acción en la gestión de los 
negocios públicos. Siguiendo sus inspiraciones 
individuales tratan siempre, el periodista y el polí- 
tico, de pulsar la opinión, haciéndose écó de sus 
latidos, de sus movimientos pasionales y sus deseos 
en un momento dado; ó día por día, según la mar- 
cha de los sucesos. 

II 

Así ha sucedido en nuestro país con todos los 
partidos. 

Los constitucionales no concurrieron como agru- 
pación política á las elecciones de la Asamblea 
actual, y se mantuvieron á la espectativa, como 
no concurrieron los nacionalistas sinó en mínima 
parte. Creo que el retraimiento y la abstención se 
produjeron por la imposibilidad reconocida áe in- 
fluir en los comicios, porque el fraude organizado 
ahogaba de tal manera el sufragio, que era inútil, 
absolutamente inútil, contar para algo con lá 
manifestación de la voluntad popular en las elec- 
ciones. 

Por otra parte, si bien lo fundamental de nues- 
tros propósitos políticos no había cambiado, ni po- 
día cambiar por divisiones accidentales sobre la 
designación de personas para el Gobierno —las 
soluciones más ó ménos transitorias ó radicales 
que en lo financiero y en lo económico exigía el 
país ó permitía aplicar para atenuar y para salvar 
la crisis, admitían úivói'oL&d de actitudes según 
se apreciaran los. sucesos y los hombres que les 
impulsaban ó dirigían. Y fué la evidencia de esa 
diversidad inevitable en los medios y en ios pare- 
ceres la que trajo también cierta falta de cohe- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



sión, de unidad de miras; cierta falta de disciplina, 
cierto retraimiento en la actitud de los constitucio- 
nales como agrupación cívica Más ó ménos se ha 
producido el mismo fenómeno entre los elementos 
políticos de los otros partidos. Y creo que se re- 
producirá siempre y en todas partes donde los 
partidos militantes no se caractericen por diferen- 
cias muy acentuadas en las ideas fundamentales 
de organización social ó de organización política. 

Después de esas divergencias accidentales so- 
bre los hombres y los sucesos que pasan y sobre 
los medios transitorios que se proponen para una 
mejora en la situación del momento, vuelven á 
reunirse* los elementos afines por tradición ó por 
movimientos pasionales; vuelven á agitarse los 
hombres al rededor de una bandera ó de un sím- 
bolo; ó de un propósito político bien caracteriza- 
do ó bien definido. 

¿Cuáles ia situación presente? 

No pasamos ahora, sin duda, por un momento 
de saludable reposo, en que, después de termina- 
dos los comicios recomienza la labor gubernativa 
y cada partido reconcentra sus fuerzas en sus 
hombres más espectables, siró que estamos pre- 
cisamente abocados á una época que debiera ser 
de fecunda agitación electoral; y sucede, no obs- 
tante, que es numerosa ia falanje de los ciudada- 
nos que se sienten más desalentados aún que en 
el período anterior; — sin horizontes y sin rumbo 
ante los cuadros poco edificantes que ofrece el 
presente y ante la grave situación que atraviesa 
el país. 

Él falseamiento continuo de las instituciones 
nacionales y sus funestas consecuencias han traído 
el mayor desgano, un descreimiento profundo y 
este afligente marasmo en que se vive. 

Achacando el defecto á las leyes, cuando es en 
realidad maña vieja, en mi sentir,— se ha dicho 
per el señor Presidente de !a República en el 



36 SETEMBRINO E. PEREDA 

S - - 

V 

mensaje de 15 de Febrero de 1891, que: « bajo el 
imperio de la ley vigente ningún partido, ni aún el 
dominante, podría luchar con éxito contra una 
docena de ciudadanos que se comploten y apode- 
ren del mecanismo electoral; y ya se comprenden 
todas las consecuencias á que este hecho puede 
dar lugar. 

« Ese órden de cosas, agrega el señor Presi- 
dente, ha engendrado en los ciudadanos y en los 
partidos esa indiferencia en el ejercicio del derecho de 
sufragio y esa apatía para la lucha electoral en 
todas partes por su naturaleza tan ardiente, no 
solo porque es el acto más trascendental de la 
vida pública sinó porque es el medio único que 
tienen los partidos en los países constituidos de 
conquistar en la dirección de los destinos nacio- 
nales el predominio y la influencia. . . . etc. » 

III 



No solo está reconocido que una docena de ciu- 
dadanos se complotan y apoderan del mecanis- 
mo electoral, sinó que está reconocido que esa 
docena de conjurados no beneficia siquiera al par- 
tido dominante. 

« Esta situación, — dice el mensaje,— perjudicial 
á los intereses generales, no beneficia siquiéra al 
¡partido dominante, que para contrarestar la debi- 
lidad y la relajación que trae consigo la posesión 
dilatada del Poder, necesita los estímulos vigori- 
«adores de la lucha con el peligro de la derrota 
como medio de obligarlo á someter sus ideas y 
sus actos ai criterio moral de un perfeccionamien- 
to incesante. » 

Es esa relajación sistemática de todo el meca- 
nismo electoral,— proclamada como un gravísimo 
peligro por el señor Presidente á la faz del País- 
la que ha engendrado una parodia de instituciones 



NI RETRÓGRADOS Jíl 'TAÍRTUFOS 37 



que sería muy divertida si al representarla no se 
comprometieran vitales intereses de la República 
y si no se jugara insensatamente con su porvenir. 

Esta parodia no puede seguir ensayándose sin 
que la protesta se haga sentir, sin que nuevos y 
patrióticos esfuerzos hagan prevalecer la causa 
de las instituciones contra esa docena de ciudada- 
nos que se complotan y se apoderan del mecanis- 
mo electoral. Él partido ó el circulo dominante 
está más interesado que ningún otro en impedir 
la ridicula comedia y en aventar bien léjos á los 
cómicos insufribles que, no solo empeoran la si- 
tuación general, sinó que, como lo ha dicho el 
señor Presidente, nisiquiéra benefician al partido 
dominante. 

IV 

Es en tales circunstancias que nos toca actuar 
a los ciudadanos que estamos separados de los 
partidos tradicionales ó que nunca hemos podido 
siquiéra militar en ellos, como me sucede A mí, 
y á muchos otros que nos iniciamos en la vida pú- 
blica 20 años atrás y comenzamos por ser radica- 
les, clamando por la paz entre los príncipes cris- 
tianos. 

No me atrevo á afirmar que los partidos tradi- 
cionales están disueltos ó que han muerto ya 
para siémpre; pero todos estamos conformes en 
que se han modificado; — debido no solo á sus 
propios elementos dirijentes, á reacciones surgi- 
das de su propio seno, sinó también y muy prin- 
cipalmente á las disgregaciones que han esperi- 
méntado en medio de nuestra accidentada vida 
política, dando orí jen á coaliciones más ó ménós 
duraderas, que en momentos solemnes han levan- 
do airadas* la protesta cívica contra el motin, 
contra la dictadura, contri; él militarismo, barridós 



38 



SETEMBRINO E. PEREDA 



para siempre de nuestro escenario, para honra y 
felicidad de todos. — jDios lo quiera! 

Lo que me hace dudar de la disolución de los 
viejos bandos, es que estas fuerzas populares, 
coaligadas en los supremos momentos de las 
grandes reivindicaciones nacionales, han vuelto 
poco después á desunirse, trabajadas siémpre por 
el fermento de las antiguas tradiciones, puesto en 
ebullición por ciertos centros de ajitación política, 
abandonados á los excesos de ambiciones parti- 
darias y de concupiscencias burocráticas. 

En ese noble apostolado de combatir á los viejos 
partidos para < xtirpar exclusivismos insensatos é 
insanos ódios, ha tenido su página gloriosa el 
partido constitucional, suscitando ó acompañando 
los movimientos de opinión en que se luchaba por 
el triunfo de las instituciones. 

El partido de las instituciones, como se le llamó 
al constituirlo en el manifiesto de Mayo de 1880, 
si bien declaraba que estaban disueltos los parti- 
dos tradicionales, tuvo por misión combatirlos, 
acentuando su completa desorganización; y no 
pudo sustraerse á ese «piadoso ministerio» tan luego 
como tomó brios la propaganda partidaria de co- 
lorados y nacionalistas. 

El manifiesto se limitó á exponer algunas ense- 
ñanzas de nuestra más dolorosa y meciente história 
y bosquejó en breves rangos aun programa de cir- 
cunstancias, dejando, dijo, para la ocasión propicia 
el cuadro de las ideas secundarias y de las refor- 
mas benéficas que sólo serán prácticas y posibles 
cuando se haya conquistado la base legitima de toda 
acción y transformación política.)) 

La tínica aspiración fundamental que se con- 
signó on el manifiesto fué la «de propender á que 
se complementaran las instuticiones nacionales 
con un sistema de vasta y acreditada descentrali- 
zación administrativa». 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 39 



V 

* 

La historia de la República enseña que los re- 
sultados no han correspondido hasta ahora de una 
manera completa á los generosos esfuerzos y 
patrióticas tentativas sobre extinción de los parti- 
dos colorado y blanco. 

Si bien los círculos que gobiernan se arrogan 
una gran representación popular ó de partido, que 
están sin duda léjos de tener, es lo cierto que la ma- 
sa partidaria ó los elementos populares toleran esa 
invocación ó la aprovechan, ó no asumen ni pueden 
asumir en el momento oportuno, actitud eficiente 
de protesta colectiva que desconozca en las oli- 
garquías dominantes la numerosa y compacta 
representación partidaria que se atribuyen. 

Esta resistencia de gérmenes tradicionales, que 
reviven durante medio siglo, á pesar de cuanto se 
ha hecho en bien del país por extinguirlos, enseña 
que la jornada es de largo aliento; que no hay que 
desfallecer en la mitad del camino andado; que se 
trata de vicios que están en la constitución social 
y reaparecen á cada paso, como la broza, en los 
vaivenes de las luchas políticas. 

No se puede desconocer que la porfía es larga y 
fatigosa, ingratísima como ninguna; pero esto se 
debe, en parte, á que «las masas en general, como 
lo dice Macaulay, muestran mayor interés por las 
insignias más frivolas y los sobrenombres más 
insignificantes que por los principios más rígidos 
y las máximas de más sólido fundamento». 

Los propósitos del partido constitucional en lo 
que respecta á la extinción de los partidos tradi- 
cionales tienen carácter inmanente; subsisten en 
todo momento y no son mas que la consagración 
al través del tiempo de un noble ideal del patrio- 
tismo más sano. Nada más concluyente al respecto 



40 



SETEMBRINO E. PEREDA 



que el interesante opúsculo del doctor Melián 
Lafinur. 

No se habrá logrado disolver los viejos orga- 
nismos, porque ésta no es tarea de un día; pero se 
les ha arrebatado el siniestro pendón de guerra; 
se les ha forzado á entrar desde 1872 en un régimen 
más ó ménos lea' y amplio de coparticipación ó 
más ó ménos híbrido y deforme, según las épocas; 
pero antagónico al fin con las tendencias y con los 
actos que hasta entónces habian caracterizado á 
los dos partidos históricos. 

Creo que del punto de vista de la misión de los 
partidos históricos la obra está á medio hacer; y 
aunque mucho se haya adelantado en los últimos 
diez años, mucho también hay que esperar de la 
propaganda, de la gravitación de los intereses eco- 
nómicos neutrales que no están embanderados en 
ninguno de los dos viejos partidos; mucho también 
de la crítica histórica, de la ilustración general del 
pueblo y de la reacción moral en los partidarios 
que razonan y no tienen otro punto de mira que 
la felicidad de la pátria. 

VI 

Del punto de vista de las instituciones, del punto 
de vista de su base fundamental, todo es, ó todo 
será mañana efímero, sin que valga alegar como 
títulos ante la justicia contemporánea y ante la 

f)óstuma los respetos indiscutibles á la libertad de 
a prensa, la efectividad de las garantías individua- 
les y la decencia incontestable en la administra- 
ción de los dineros públicos; pues si el respeto al 
sufragio no es una verdad que sé palpa, y si la 
efectividad del derecho electoral del ciudadano no 
es algo que se siente por todo él país como Üná 
fuerza, el funcionamiento de las instituciones es un 
mito, ó las mstituSionés están aliñadas por su 
base. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 41 



Y cuando el señor Presidente de la República 
denuncia ál país que una docena de ciudadanos 
se complota para arrebatar á los demás su pre- 
cioso derecho electoral, las instituciones están 
realmente eu peligro y la salvación no estará de 
seguro en una ley electoral, tan sábia como sea, 
sinó en el esfuerzo de los ciudadanos, en la acción 
mancomunada de los partidos, interesados todos, 
grandes y chicos, en no ser víctimas de semejante 
ludibrio. 

VII 

Y como la acción política de los ciudadanos para 
ser fecunda debe partir de los hechos, tales cuales 
son y no tales como desearíamos nosotros que 
fuesen, obligados estamos á tomarlos en toda su 
actual deformidad ó imperfección. 

Convendremos en que todo cuanto tienda á resu - 
citar exclusivismos y viejas tradiciones a> guerra 
civil es retroceder medio siglo; siendo evidente 
que el país no soporta ya semejante conducta po- 
lítica, habiendo adelantado visiblemente en este 
sentido. Pero tengamos presente que el expediente 
de echar sobre el pasado un velo que no humille á 
los unos á presencia de los otros, como lo propo- 
nía el doctor Acevedo, en tanto puede mantenerse 
4 título de bálsamo tranquilo en cuanto nu sea evo- 
cado ó resucitado el espíritu de los viejos partidos. 
Desde que este aparezca, la polémica se enconará 
y los viejos ód ios renacerán de sus cenizas. Si los- 
partidos tradicionales quedan sólos en la arena^no 
tardarán en reaparecer los exclusivismos ó las re- 
presalias. Por mucho que hayan cedido á las mo- 
dificaciones que el solo transcurso del tiempo pro- 
duce en las cosas humanas, así <jue comiénceu. 
los preliminares de la lucha, estos combatientes 
irreconciliables del pasado van á sentirse contajiá- 



42 SETEMBRINO E. PEREDA 



dos de nuevo por los antiguos odios; van — como 
decía Lamas— á continuar leyendo en el libro del 
pasado, sin entenderse. 

Y ya sabemos á lo que conducen las recrimina- 
ciones y los exclusivismos. 

El mensaje de Febrero del 91 lo ha dicho en po- 
cas pero elocuentes palabras: «Abrir leal y fran- 
camente á todos los partidos el campo de las 
discusiones parlamentarias, tranquilas ó agitadas, 
es cerrar irrevocablemente el campo ensangrenta- 
do de las luchas armadas y de las guerras civiles». 

A esto debe propender en primera línea el cír- 
culo ó el partido dominante, porque está ante todo 
en su propio interés como partido gubernista;á 
esto debemos propender todos; y no han de ser de 
los últimos aquellos que están desligados de los 
partidos tradicionales y aquellos otros que na 
tienen con ellos mas vínculo fuerte que el de una 
cierta consecuencia política. 

Para llegar á ese resultado hemos de tener en 
cuenta la actualidad y lo que razonablemente pue- 
da dar de sí. * 

viii 

Nos encontramos, sin poder evitarlo, con que es 
un hecho político la preponderancia de un círculo 
que tiene ó se atribuye, sin negativa ni protesta 
formal dentro de la masa, la representación de uno 
de los viejos partidos,— habituado á manejar la 
máquina electoral en provecho propio y á mane- 
jarla con la influencia avasalladora de toda facción 
prepotente. 

lina dominación ó predominio de 27 años es algo 
que está en pugna con el espíritu democrático, con 
los progresos de la razón pública y con la verda- 
dera naturaleza y los ñnes de los partidos políti- 
cos. Ese es el hecho, que está denunciando á las 



M RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 43 

, .- . - - -- |— T - ■ ■ ■ ■ ■ — -■ - - 



ciaras vicios sociales orgánicos, que dan como re- 
sultado: el alejamiento de la vida pública de los 
hombres más conspicuos de todos los partidos, y 
mejor dispuestos para la actividad política; y traen 
como consecuencia la esterilidad de aptitudes que 
yacen olvidadas ó postergadas en la capital y en 
los departamentos. 

Si las cosas han de seguir como van, si ha de 
continuar este hibridismo desmazalado que nos 
aniquila, no veo que puedan abrigarse ilusiones 
sobre los resultados del próximo período electoral. 
El círculo ó partido dominante no abandonará el 
predominio adquirido, que nadie, por otra parte, 
tiene medios de arrebatarle. Si las cosas han de 
seguir cómo van, no creo que fueran mucho© los 
ciudadanos de los viejos partidos dispuestos á for- 
mar la nueva coalición que vislumbra y reclama 
el patriotismo ilustrado; ni cabria esperanza de 
que pueda constituirse un centro poderoso de 
acción política, ni mucho ménos una coalición 
accidental ¿imponente de los elementos más sa- 
nos y más importantes en la Capital y en la Cam- 
paña. 

No veo bastante cohesión en las filas populare*, 
ni suficiente decisión en la mayoría para un gran 
movimiento de opinión que pudiera darnos Cáma- 
ras, Presidente y administraciones departamen- 
tales desvinculadas del oficialismo imperante. 

Este es un cáncer que se alivia pero que no se 
extingue en un día. porque es fruto genuino de 
nuestro estado social y de nuestras poblaciones 
atrasadas en la práctica institucional. 

En tales condiciones no veo otro medio para ex 
cluir de los comicios la influencia avasalladora del 
oficialismo crudo, que hacer de las elecciones pró- 
ximas asunto exclusivo de ciudadanos sobre la 
base de un acuerdo político que parta de los he- 
chos, tales como se presentan en toda su incon- 
trastable realidad. Este avenimiento daria por 



44 



SÉTEMBRINO E. PEREDA 



resultado una delegación, siquiera fuees imper- 
fecta, de la voluntad popular, en todos los departa- 
mentos de la República. Las Cámaras próximas, 
el Gobierno que de ellas surja y las administra- 
ciones departamentales, tan olvidadas en los arre- 
glos electorales, no serian así, la expresión exclu- 
siva é hiriente de una oligarquia electoral, ó de la 
voluntad omnímoda de un gran elector ó de cama- 
rillas lugareñas. 

El mismo partido dominante tiene interés positi- 
vo en provocar y secundar un movimiento de enér- 
gica reacción para impedir el falseamiento grotes- 
co de las instituciones; ese mismo partido domi- 
nante tiene interés positivo en impedir que se 
reproduzca esa situación deprimente que el men- 
saje de Febrero del 91 reconocia ante el país. Esa 
situación en que una docena de ciudadanos se 
com piolan y apoderan del mecanismo electoral; 
esa situación perjudicial, como lo decía el señor 
Presidente, á los intereses generales y que no 
beneficia siquiera al partido dominante; al cual el 
mismo Presidente declara débil y relajado con la 
dilatada posesión del poder, cuando dice: que ese 
partido apara contrarestar la debilidad y la rela- 
jación que irae consigo la posesión dilatada del 

Í)oder, necesita los estímulos vigorizadores de la 
ucha con el peligro de la derrota, como medio de 
obligarlo a someter sus ideas y sus actos ul criterio 
moral de un perfeccionamiento incesante. 

IX 

Es necesidad suprema consolidar la paz, por¡la 
práctica más ó ménos amplia ó imperfecta del su- 
fragio de los ciudadanos. Tendrán siempre vida 
efímera, enfermiza, prestada, los gobiernos hechos 
por el exclusivismo partidario ó por la obcecación 
suicida de las oligarquías afortunadas. 

Los gobiernos que no emanen de manifestado- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



45 



nes de opinión, nacerán aquí completamente 
desconceptuados, poco ménos que muertos; impe- 
rarán por la fuerza; y los frutos dé su política serán 
frutos de maldición. 

O mucho me equivoco ó lo que el país en 
realidad exi je es el acuerdo popular, iniciado por 
quien quiera que sea, propagado desde la prensa, 
propiciado por los hombres espectables del país, 
surjan de donde surjan, sean colorados ó blancos, 
6 constitucionales, 6 simples ciudadanos, sin 
letrero ó sin di visa: será la solución más aceptable, 
más práctica, más digna para obtener el mejor de 
los Presidentes posibles, por medio de una asam- 
blea que sea la expresión sincera del principio de 
la representación de las minorías, que hay que 
encarnarlo en las costumbres por avenimientos, 
por concesiones, por acuerdos, por coali. -iones, 
antes de inscribirlo en las leyes como simple 
aspiración. Se empezaría por acercar varios 
ciudadanos; se conversaría en comité; se buscarían 
enseguida las fuerzas populares; se designarían 
candidatos en reuniones públicas y serían llevados 
á las urnas por los ciudadanos que les procla- 
maron en el seno de su agrupación, según los 
ideales de la misma y dentro del número que á las 
minorías se hubiese asignado en los comités ó en 
las convecciones cívicas, tanto para la Asamblea 
Legislativa, como para la administración departa- 
mental por las Juntas y para todos los cargos que 
Spn electivos. 

Considero que el acuerdo ó el avenimiento 
electoral es una necesidad política que se impone 
en esta actualidad desesperante, precisamente por 
que los viejos partidos no están caracterizados por 
un dualismo profundo de programas antagónicos 
ó de ideales políticos diametral mente opuestos. 

El acuerdo, la coalipión de partido? y de círculos 



46 



SETEMBRINO E. PEREDA 





domina de un modo ó de otro, en los comicios ó 
después de los comicios, en el escenario político 
de todas las naciones, como fruto de la tolerancia, 
como demostración de la complejidad de las vastas 
tareas del gobierno, como inherente al régimen 
representativo, como homenaje á los diversos 
matices de opinión publica, tan varia, tan veleidosa 
é inorgánica como se quiera, pero que ningún 
gobernante sério, ningún estadista de talla es 
osado & desconocer en aquellas aspiraciones ó 
exigencias que flotan como auréolas de luz en la 
atmósfera de los pueblos. 

Se puede tomar ejemplo de las monarquías 
parlamentarias, como Inglaterra, donde el gran 
anciano triunfa sobre los conservadores con el 
apoyo de una parte del partido irlandés que no es 
whig ni es tory; siguiendo por Alemania, donde el 
gabinete se vió obligado á retirar el año anterior 
el proyecto sobre instrucción pública, por que los 
progresistas, nacionales y liberales que estaban 
aliados al partido imperialista, rompieron el vín- 
culo por cuestión de ideas y de hombres y trajeron 
la crisis. Ahora mismo, si el proyecto de remonta 
del ejército pasa, se deberá á un acuerdo de los 
partidos en el Reichstag. 

En Italia, diversas fracciones políticas se mez- 
clan y confunden en un solo propósito para soste- 
ner al ministerio Giolitti; en Estados Unidos una 
sexta parte de electores republicanos concurren 
con los demócratas á dar el triunfo á Mr. Cleve- 
land, demócrata. En Chile, donde los partidos se 
coaligaron para derrocar á Balmaceda, se mantu- 
vieron compactos para elegir y sustentar á Montt, 
resultado de un acuerdo. " En la Argoma, una 
fracción de! parúuo nacional y otra de la l)ni¿ in- 
cívica r*o encontraron mejor solución que elevar 4 
Saeijz Peña á la presidencia; y aJ decir de algunos 
argentinos, el mal estuvo en disolverse, en hacer 
en seguida el vacío, pues no hay gobierno posible 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



47 



sin un poderoso sostén en el seno mismo de las 
agrupaciones populares. 

Y si, hasta en la antigua Metrópoli pudiera 
buscarse ejemplo, encontraríamos á Sagasta que 
sube con el apoyo do facciones políticas encon- 
tradas. 



En la República, el acuerdo, el avenimiento, 
la coalición de los partidos ha sido siempre la 
salvación de las instituciones y el único medio 
digno que han encontrado los orientales para 
evitar la guerra 6 la dictadura, ó para salir de 
ellas. Creo firmemente que el acuerdo es el único 
medio pacífico para sacudir la postración política 
que tanto nos enerva y nos empequeñece á los ojos 
de propios y extraños. 

Constituyan todos los partidos, ó constituyamos 
entre todos un gobierno que responda á los 
principales intereses del país y de los partidos que 
se agitan en su seno; un gobierno que responda á 
las más apremiantes necesidades de la situación 
presente. Ante todo, á la consolidación de la paz, 
al afianzamiento de las instituciones por ta práctica 



derechos cívicos, tan imperfecto como nos resulte 
debido á nuestra actual sociabilidad. 

Ese gobierno debe asegurarnos una administra- 
ción activa y enérgica, de completa moralidad, que 
se ocupe de revelarnos la República tal como es 
por medio del censo general de la pooiaciúii y de 
las industrias; una administración reparadora que 
se preocupe, sin descanso, de rest-siurar y vigorizar 
e¡* cü¿t iko esie a- su alcance ias extenuadas fuerzas 
productivas de) país;dci fomento inmediato de sus 
intereses morales y económicos, resolviendo el 
grave problema ue la reorganización del criuito 




mismas, por el ejercicio de los 



48 



SETfcMBRINO E PEREDA 



bancario para la produGci ón y las industrias, á cuyo 
impulso ha de reponerse la República de sus que- 
brantos, ha de aumentar rápidamente su capaci- 
dad productora, que es lo que necesita para equi- 
librar sus finanzas y restablecer su crédito, hoy 
casi perdido. 

En este país pequeño, de escasa densidad de po- 
blación, de propiedad diminuta, de capitales fluc- 
tuantes y timoratos, de esfuerzos individuales defi- 
cientes y muy limitados; de empresas colectivas 
reducidas, de capacidad productora poco aventa- 
jada ó casi estacionaria, es indispensable utilizar 
noblemente todos los elementos que caigan á 
mano, por humildes que sean; todas las fuerzas 
por débiles que parezcan; todos los impulsos por 
egoistas que fueren y todas las manifestaciones de 
actividad y de adelanto por precarias que se nos 
presenten. 

XII 

Pero todo esto, no es, no puede ser la obra de un 
partido solo, mucho ménos la de un círculo, exclu- 
sivista y vengativo. Es y será la obra de todos, 
porque es la felicidad común y !a salvación de la 
República. 

Las proyecciones de este acuerdo, avenimiento 
ó coalición las determinarán los sucesos En polí- 
tica tiene aplicación la ley de los movimientos 
acelerados, y una vez producidos los sucesos si- 
guen aumentando en intensidad sin que sea dado 
suspender la gravitación natural de los impulsos 
•primeros ó los efectos de la velocidad adquirida. 

¿Quienes deben ser los promotores, los propul- 
sores de esta agrupación cívica que predique y 
realice el acuerdo electoral como base ineludible 
para tener un presidente de verdad; que haga polí- 
tica nacional, consolide el imperio délas institu- 
ciones, encamine á la República á mayor capacidad 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 49 



productiva, á mayor prosperidad, á mejores desti- 
nos en lo moral y en lo político? 

Parta esa iniciativa de donde parta, debemos 
prestarle todo nuestro concurso, sin hesitaciones, 
sin cálculos egoistas, sin rivalidades disolventes. 
La acción aislada del ciudadano vale poco; laacción 
colectiva.de una agrupación que fía todo su presti- 
gio ante la opinión á la bondad de sus reformas 
prácticas y á la pureza de los medios para reali- 
zarlas, vale mucho más en la vida democrática y 
en la grave situación de la República. 

Estos momentos de gestación solemne, en que se 
incuba una de las crisis trascendentales de nues- 
tra existencia política; estos momentos de grande 
y sombría espectativa, no debieran encontrarnos 
como fuerzas dispersas, como soldados derrotados, 
sin orden, ni disciplina, desalentados é inermes 
cuando se trata de un esfuerzo supremo en favor 
de la causa de las instituciones, casi siempre ven- 
cida. 

Ahora que está asegurado el goce de las pri- 
meras garantías individuales; ahora que está ase- 
gurado el civilismo en el gobierno, que nos vino 
de Tajes, militar; ahora que no hay que disputar 
palmo á palmo los principios elementales del go- 
bierno libre,— cumplámosle al país la promesa de 
1880, pues ésta tes la ocasión propicia de exponerle 
el cuadro de « as ideas secundarias y de las refor 
mas benéficas* que tanto ha menester para su 
restablecimiento y bienestar. Nada de programas 
de aparato y plataforma; nada de efectismos ni 
retórica. Ya que otra cosa no pudiéramos hacer, 
porque cívicamente solo componemos una fracción 
de número reducido, podríamos ofrecer como en 
1880: «el concurso de una gran fuerza moral difun- 
dida en toda la República por la propaganda oral 
y escrita en defensa de las instituciones», amená- 
zalas en su base fundamental, que es el sufragio, — 
explotado y falseado. 

4 



50 



SETEMBRINO E. PEREDA 



Como agrupación de ciudadanos pudiéramos 
llegar, en Ultimo caso, hasta la. abnegación de de- 
clarar, como otras veces, que en la contienda que 
vá á abrirse nada.pretendemos, ni queremos como 
exclusivo para un círculo determinado de personas, 
porque lo Unico que nos muev^ es el interés supre- 
mo de la Patria, realizado leal y honestamente, ya 
que no por nosotros,— si &bi lo impusiera, en el 
peor de los extremos, un exclusivismo degradarte 
ó inepto, — por aquellos de nuestros conciudadanos 
que, debido á la corriente natural de los sucesos ó 
por una aberración cualquiera se hallasen en con- 
diciones más accesibles ó más favorables que las 
nuestras para cumplir la ^misión cívica en las 
funciones públicas, acaparadas ó monopolizadas. 

Deploro, como el que más, el injustificable extra- 
ñamiento á que muchos ciudadanos estamos con- 
denados, en nuestro propio país; comprendo cuán- 
ta influencia se pierde cuando no se actúa desde el 
puesto público, y me imagino cuati dolorosa es la 
nostalgia de ciudadanos ilustrados y dignísimos 
que se ven privados de prestar el concurso de sus 
luces, de su energía, su experiencia y sus vir- 
tudes en los cargos de mayor importancia en la 
República. 

Pero, con eso y todo, véome, por convicción pro- 
funda y por honor de la bandera, obligado á repe- 
tir: «no nos dejemos dominar por impaciencias 
febriles que precipitan y malogran los aconteci- 
mientos—Tengamos fé en la influencia de la pro- 
paganda, en los movimientos expontáneos del 
convencimiento individual, determinado por la 
fuerza misma de los hechos que se palpan y de las 
realidades que se imponen ». 

Medio país, que no es blanco ni colorado, que 
tampoco puede votar en favor del partido de las 
instituciones, nos acompañará, de seguro, con sus 
simpatías estimulantes y nos ayudará de una ma- 
nera indirecta pero positiva por medio de esa gra- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 51 



vitación natural, ineludible, de los intereses legíti- 
mos, de las íuerzas morales y económicas que 
constituyen el nervio, la energía, la sustancia mis- 
ma de la Nación. 

No malogremos esos elementos vitales, en la 
escuela de las decepciones prematuras, ni abramos 
á la juventud las puertas para que defeccione de 
los ideales del patriotismo y se lance de nuevo en 
brazos de los viejos partidos á la conquista de una 
posición efímera, que responderá á todo, ménos á 
la felicidad y al engrandecimiento de la República. 

Le saluda afectuosamente. 

Montevideo, Enero 28 de 4893. 

Cárlos María de Pena. 



CARTA DEL DOCTOR BLANCO 
Sefior don SetembriDO E. Pereda. 

Paysandú. 

Si en vez de tener que contestar á su interesante 
carta fuese llamado á dictaminar sobre la conduc- 
ta que debería seguir en la actualidad el Partido 
Constitucional, no sería yo quien aconsejase la 
reorganización de las Comisiones Directivas de 
ese partido y su preparación para la lucha po- 
lítica. 

Entre otras razones de diversa índole, hay una 
que se impone por sí sola. 

No se concibe lucha perica sin garantía del de- 
recho de todos los partidos a agitarse y moverse 
en la vida institucional, como campo propio de 
acción. 



52 



SETKMBKINO E. PEREDA 



Acaban de realizarse las elecciones de Senado- 
res en varios Departamentos y Vd. ha podido ver 
que continúa la sustitución del funcionario institu- 
cional por el funcionario oficial. 

El derecho electoral, la vida política, en una pa- 
labra, sigue siendo atribución del Poder Ejecutivo 
que éste ej j rce y coslea por su cuenta. 

Estamos todavía algo distantes de las elecciones 
generales y de sus actos preparatorios; pero, á 
juzgar por esos antecedentes de reciente fecha, no 
parece que, para entónces, tendría más eficacia la 
actitud de reorganización del Parado Constitu- 
cional. 

¿Modificaría esta eventualidad el hecho de am- 
plificarse el programa constitucional en el sentido 
de concreiar más las ideas liberales en la cuestión 
religiosa? 

En. mi concepto, sería todo lo contrario. 

El día en que los constitucionales dijésemos: «El 
cura, el clerical,— hé ahí el enemigo,» no habría- 
mos hecho otra cosa que descaracterizarnos como 
partido político y dejar más ámplia libertad para 
ensanchar su acción al PGder Ejecutivo, quien se 
apresuraría á garantir imparcialmente una dis- 
cusión trascendente, una discusión filosófica, mien- 
ras impulsase con más fuerza la máquina electora 
y estrechase más las filas del oficialismo. 

Sucede en el fondo de todo, mi estimado amigo, 
que olvidamos por ilusión patriótica los términos 
del problema. No es cuestión de más ó de ménos, 
sinó de que un gobernante, á pesar de las luces, los 
talentos y el pasado del doctor Herrera, continúa 
el sistema de sus predecesores, los más personales 
y absorbentes, y quiere, como ellos, nombrar una 
Cámara que sea obra de su voluntad y de su pen- 
samiento. 

Y sucede también que el partido colorado, aun- 
que vé e! atentado y el precipicio, se sobrecoge por 
momentos ante la idea de que pueda sufrir su do- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 53 



minacióii, si no deja hacer, si no sigue paciente y 
dócil al Presidente y al oficialismo. 

En ese estado de cosas, cabe la protesta de los 
ciudadanos, cabe la explicación, por más que no 
pudiera justificarse, de reacciones vigorosas, pues 
la violencia, como el abismo, llama á la violencia, 
pero lo que no tiene entrada es ese factor de los 
partidos de oposición al régimen oficial, de los 
partidos distintos del que se llama dominante, mo- 
viéndose pacífica y legalmente para realizar sus 
aspiraciones y ejercitar los derechos políticos de 
sus afiliados, "porque no se salta sobre el Poder 
Público, atravesado en el camino, ni se va á buscar 
la urna de votos que él tiene on sus manos, sinó 
por otros medios que no son los de la discusión 
tranquila y la propaganda doctrinaria. 

Cuando el gobierno no es el servidor de la Na- 
eión, con más ó ménos deficiencias, como todo lo 
humano, pero al fin respondiendo de algún modo 
á ese ideal, es en vano buscar la vida democrática 
y los resortes que la alientan. Está en otra parte, 
como el Dios que buscaba el histórico puritano en 
el Parlamento asaltado por la rebelión. 

He ahí, mi estimado amigo, someramente 
expuestos los motivos que yo aduciría para no 
aconsejar la reorganización del Partido Constitu- 
cional, con su actual programa ó con las amplia- 
ciones que una mayor acentuación de las ideas 
liberales en la cuestión religiosa pudiera conside- 
rarse oportuna. 

¿La disolución tendría, acaso, una eficacia que, 
por mi parte, no atribuyo á la reorganización del 
partido constitucional, ni á la acción de las 
agrupaciones opositoras en lucha con el oficia- 
lismo y con el partido dominante? 

Me atrevo á decirle que esto no puede ser 
siquiera materia de dudas y controversias. 

La disolución carece de eficiencia por si misma 
y es tal vez, con fundiendo con ella el concurso que 



54 SETEMBRINO E. PEREDA 

■ i 

en algún caso pueden llevar los constitucionales á 
una solución patriótica, que seda á aquel acto un 
alcance y una trascendencia que no tiene como 
factor de los pr blemas del presente. 

¿ Cree usted que si el partido blanco se declarase 
disuelto mañana, por un acto público, habrían 
adquirido sus hombres, sus tradiciones, sus 
medios de acción mayor fuerza en la dinámica 
política? Seguramente que no. Las individua- 
lidades tendrían la misma que habían tenido 
antes y su intensidad no habría aumentado un 
adarme del valor ponderable. Pues otro tanto 
sucedería con el partido constitucional con la 
disolución, sin mas diferencias que las del 
coeficiente de sus personalidades, consideradas 
aisladamente. 

Si se rechaza la reorganización y la disolución, 
dirá usted, no queda más que la impasibilidad, que 
a abstención absoluta. 

Para el partido constitucional, como para toda 
nueva agrupación que se colocara en frente del 
gobierno y del partido dominante, no queda, en 
efecto, otra solución, en cuanto puede inducirse de 
la dirección que llevan los sucesos. Si no se adop- 
tase por acto deliberado, ella se impondría fatal- 
mente, y gracias que no viniese acompañada de 
atentados y de acontecimientos luctuosos 

Entónces, ¿hay que dejar la decisión á los he- 
chos, hay que dejar las instituciones y el futuro 
inmediato de! país en manos del gobierno y del 
oficialismo?— me preguntará usted finalmente. 

Si se quiere que los hechos y que la política gu- 
bernativa arriben á sus resultados, esto es, á una 
situación de fuerza — oh ! vendrá en una ó en otra 
forma al fin de la jornada — no tiene más tarea el 
partido dominante, el partido colorado, que conti- 
nuar bajo la tutela en que yace y soportar resigna- 
do. Como hasta ahora, que el Poder Ejecutivo y 
el primer desconocido que se encuentre en un De- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 55 



partamento le nombre sus diputados, sus senado- 
res y por último su presidente con la bandera de la 
Defensa, se cubre á cualquiera, siempre que se 
consienta en hacerla descender hasta donde sea 
necesario. 

Prevée usted, sin duda, la conclusión á que quie- 
ro llegar y que á mí se me presenta como la única 
eficaz en el estado en qne .se encuentra nuestro 
país. 

No hay, en efecto, otra á mi juicio. O el partido 
colorado toma la iniciativa en un movimiento pa- 
cífico, propio, consciente, levantando una candida- 
tura presidencial que sirva de base para las elec- 
ciones de Noviembre,ó el país sigue debilitándose, 
sin energías, sin alientos, sin esperanzas de repa- 
ración, hasta llegar á la constitución oficial de la 
nueva cámara en cuyo extremo nsí puede resultar 
un Presiden te que rebaje todavía más nuestro nivel 
y acelere nuestra decadencia, como una reacción 
que conduzca á situaciones de fuerza. La elección 
entre dos fatalidades á cual más pavorosas. Hé 
ahí, á mi juicio, lo que darán los hechos, lo que 
darán la pasividad y la resignación del partido 
colorado. 

Los elementos políticos de una nación pueden 
modificarse, dirigirse en tai ó cual sentido pero no 
improvisarse y mucho mérios para imprimir rum- 
bos determinantes á los sucesos. 

Por causas de todos conocidas en que interviene 
el acaso de una parte, y la virilidad y el esfuerzo 
de la otra, es el partido colorado, con sus errores, 
con sus caídas y con sus grandes tradiciones tam- 
bién, quien impera en la República, quien tiene las 
armas y quien llena con sus hombres la casi tota- 
lidad de los puestos públicos. 

Prescindir de «u acción es imposible, y comba- 
tirla, aún en la esfera legal, cuando el poder oficial 
no es árbitro, sinó combatiente á su vez, es empre- 
sa vana y destinada á perecer en el momento en 



56 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



que se actúa y por más que se gane un paso al 
porvenir. 

Hay, pues, que evocar la acción de ese partido, 
cualesquiera que sean las ideas que se tengan en 
cuanto á la perpetuación de los antagonismos his- 
tóricos; hay que exigirle que si vive y alienta con 
los ideales por que luchó en un tiempo y de los 
cuales blasona todavía, salga de la opresión y del 
marasmo, y, venga á preparar las soluciones que 
ansian todos los ciudadanos, en bien de la patria, 
de su estabilidad y de su progreso. 

No sería tan nueva ni tan inusitada la actitud, 
como lo es, por el contrarío, la de quietismo y ab- 
dicación. 

Nosotros, los constitucionales, hemos dicho que 
los partidos tradicionales estaban disueltos: que 
su pasado, cualquiera que fuese, no tenía correla- 
ción con las cuestiones del presente, y que, discu- 
tirlo, era ahondar el abismo en vez de salvarlo. 

Se nos ha enrostrado la paradoja, el ilusionismo 
de nuestras afirmaciones y ha.Mta el propósito anár- 
quico ó demoledor, pero no senos ha contestado 
desde hace más de diez aQos con la evidencia de 
quien se leoanía y ancla. 

A Si á un unitario, de aquellos que custodiaron el 
cadáver de Lavalle por las hondonadas de los 
Andes y presentaron su pecho á los soldados de 
Rosas en los muros de Montevideo, se le dijera 
que su partido estaba en el juarísmo, creería que 
la batalla de Caseros no había sido ganada por el 
grande ejército, por Urquiza y César Dias, sinó 
por los seides degenerados de la misma tiranía y 
para venir á implantar, después del régimen del 
terror, el régimen del servilismo y de la co- 
rrupción. 

Pues algo análogo creería un unitario de acá, un 
colorad » de la época heróica, si se le dijera que su 
partido es el partido presidencial, ese que ha des- 
filado silencioso desde Latorre hasta el presente, 



NI RETRÓGRADOS fU TARTUFOS 



57 



buscando en el que manda la conciencia de su voto, 
la norma de su conducta y el nombre del que ha de 
seguir gobernando la República. 

Fensai ía con asombro y con tristeza que Floren- 
cio Várela no había sido el periodista de la libertad, 
ni Francisco Tajes el batallador por las nobles 
causas, ni Montevideo el recinto sagrado donde se 
fundaban Universidades bajo los fuegos del com- 
batey ae aliviaba el peso de la guerra á los jóve- 
nes para que fueran á estudiar, y se alzaba inmor- 
tal tribuna, galardón de nuestra história, para 
proclamar el derecho al gobierno propio, á la 
autonomía de los poderes, al voto libre de los ciu- 
dadanos, en medio de los sacrificios de la lucha y 
de los sacrificios impuestos por la subsistencia 
social ! 



¿Hemos adelantado, impacientes, una etapa en la 
evolución política de nuestro país, creyendo que 
había pasado á la história un partido que solo 
había riacho un alto en su camino y que puede 
actuar en el presente, como en sus gloriosos dias 
del pasado? 

A cambio de verlo agitarse y mover para el bien, 
para la reivindicación de su autonomía y del de- 
recho electoral, que ,es suyo, como de los otros 
partidos, aceptaría por mi parte que fuésemos 
convencidos de error y hasta que en la hora del 
triunfo para - las instituciones no hubiera más 
proscriptos de la gratitud y de la espectabilidad 
que los constitucionales. 

Nosotros no hemos procesado á los hombres, ni 
podríamos hacerlo, ni teníamos autoridad para 
juzgará quienes valían más que muchos de nos- 
otros, por sus esfuerzos, por su abnegación, por su 
sinceridad en las luchas del pasado. 

Hemos juzgado tan solo la acción colectiva, la 
eficiencia del partidismo en los últimos tiempos, 
que ha sido infecunda, estéril, dócil á todos los 




constitucionales? 



58 



SETEMBRINO E. PEREDA 



impulsos, modelándose como comprensible arcilla 
al gesio de un dictador 6 á la fisonomía de un 
presidente. 

Los hombres, los partidarios, muchos de ellos 
al menos ¿han guardado la virtualidad de su pro- 
grama, la virtualidad de ese poderoso partido que 
aceptaba en un tiempo la expatriación en masa, 
antes que abdicar de sus energías y de plegar su 
bandera de principios? 

Yo quiero creerlo — aunque esto sea otro ilusio- 
nismo personal — yo quiero creerlo, porque si la 
duda cabe respecto de aquellos á quienes el posi- 
tivismo de la vida ha enervado el vigor y muerto la 
esperanza, no cabe, no, respecto de los que duran 
y saben perseverar, de los que han estado esperan** 
do la vuelta de su partido, desde la caída de 
Ellauri, y de esos otros, jóvenes todos que avanzan 
en multitudes hacia el partido constitucional, pero 
que se detienen en sus dinteles atraídos tod; vía por 
los resplandores de esa luz que irrndió en nuestro 
país, cuando Joaquín Suarez era Presidente y 
Montevideo la Nueva Troya. 

Las tiendas y las armas desiertas por los que 
han ido cayendo á los embates del tiempo, que 
vengan a velarlas los jóvenes que se llamad colo- 
rados y á retemplar la fibra de ese partido, cuya 
fascinación sienten avasalladora en el alma; que 
vengan á retemplarla con su vigor, con su , impul- 
sos generosos, con su entusiasmo por los grandes 
hechos y las grandes glorias del pasado. 

Los hombres de mi generación no llegaban á la 
edad viril sin haber afirmado su personalidad de 
ciudadanos, y Julio Herrera, como Carlos María 
Ramírez, no habían necesitado cumplirla para 
destacarse entre los más selectos, entre los más 
esforzados por la verdad y la realidad de las insti- 
tuciones. 

A los jóvenes, principalmente á ellos, á los pe- 
riodistas, á los oradores, á los militares dudada- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



59 



nos, á las cabezas inteligentes y á los caracteres 
altivos que hay en sus filas, es á quienes corres - 
ponde la iniciativa en el momento actual, para 
formar una agrupación que se extienda por toda 
la República, que rompa con el partido de la 
obediciencia y del servilismo y que lleve por 
bandera con sus antiguos ideales los propósitos 
inquebrantab les que demanda lahora. presen- 
te, de servir a la nación para su honra, 
para su progreso, para La dirección patriótica de 
su marcha política y financiera, encarnados en un 
hombre del propio partido colorado á quien se 
proclame como candidato & la futura presidencia. 

Iniciado el movimiento, se hará grande, se hará 
irresistible, si la virtualidad del partido existe to- 
davía, si ella late y se agita en sus filas, como las 
águilas del gran Emperador bajo el uniforme 
de sus granaderos. 

El éxito es el fin buscado, que puede ú no alcan- 
zarse, pero que en su persecución, conquista un 
paso, una jornada hacia auelante, hasta que otro 
impulso lo realiza. 

Escollar en el fin no esladerrota para el partido 
colorado ó para la agrupación que asumiera esa 
actitud, porque el hecho sólo de asumirla importa 
un triunfo, una consolación para el país, que se 
vería renacer, y una promesa de que en las solu- 
ciones de futuro entraba un factor más que arran- 
caba su fuerza de la opinión de los ciudadanos sin 
reatos ni ligámenes vergonzosos. 

No serian, no, los demás partidos ni sus pro- 
hombres, los que combatieran esa poderosa 



la bandera que la impulsase. — El juicio histórico 
no podría ser invocado para desconocer un 
movimiento de vida y de aspiraciones patrióticas. 

Nosotros, los constitucionales, dijimos en los 
comienzos de las elecciones pasadas que aceptá- 
bamos el acuerdo de los partidos y que bajo el lema 



manifestación de civismo, cuales 




fuese 



60 SETEMBRINO E. PEREDA 

,,. vr .. ,.. — -. „ ,,-.— ., „ , .... 

de la conciliación electoral ó de cualquier otro, que 
tradujese ese acuerdo, iríamos á los comicios y 
votaríamos los candidatos proclamados. 

4 Es hoy más impracticable que entonces el 
pensamiento del acuerdo, de la conciliación cí- 
vica ? 

Pues aún sin él, los constitucionales tendríamos 
una misión que leñar en presencia de la actitud 
independiente del partido colorado 

Si no podíamos hacer nuestros sus elegidos, si 
no podíamos hacer nuestra la proclamación de su 
candidatura presidencial, podríamos identificarnos 
con sus propósitos de volver el país á su autonomía, 
á su vida democrática, al funcionamiento de sus 
instituciones, largo tiempo paralizado por el 
personalismo de los gobernantes y por ía abdica- 
ción de los gobernados. Donde hay silencio y 
obediencia, no hay democracia ni libertad y la 
República es una palabra profanada. 

Decía que la actitud independiente, propia, cons- 
ciente,- basada en la integridad de las convicciones 
no sería tan nueva y tan inusitada en el partido 
colorado, y ahí están los hechos para demostrarlo, 
si se extiende la mirada más allá de ios tiempos de 
humillación y de vergüenza queinauguró la dicta- 
dura de Latorre. 

A la raíz de la muerte de Flores, el último caudi- 
llo del Rio de la Plata, de Flores que había llevado 
su partido al gobierno y que ejercía un predominio 
y una influencia incontrastable en todo el país, se 
prescindía de aquellos que la opinión señalaba 
como continuadores de esa influencia y de ese 
predominio, para buscar en otros al ciudadano que 
debía ocupar el puesto, arrebatado al primero por 
su muerte, y hubo independencia y altura y civismo 
para dar la presidencia al que se presentaba como 
más puro, como más probado en sus virtudes y en 
su amorá la patria, cual era el general Batlle, 



NI RETRÓGRADOS Nt TARTUFOS 



61 



entre todos los que se dividían las simpatías y los 
votos. 

Más tarde en la primera presidencia á consti- 
tuirse después de la paz de Abril, el partido colo- 
rado levantaba tres candidatos: Muñoz, Gomensoro, 
Ellauri, y algunos de los electores de este último 
llegaban en su autonomía y en su independencia, 
— no obstante que Latorre avanzaba ya para for- 
mar con su batallón bajo los balcones de la asam- 
blea — á dar su voto á la candidatura Gomensoro, 
si lo» electores del doctor Muñoz consentían 
también en darlos y en aceptar á aquel ciudadano 
como candidato de transacción. 

El silencio y la abdicación parten del 15 de 
Enero, y es esta fecha la que solemnizan los 
colorados, quieran ó nó, cuando todo lo esperan de 
la fuerza ó de la acción del oficialismo. 

Si nosotros los constitucionales nada produci- 
mos que no sea invitar al olvido del pasado y 
evangelizar para el futuro; si el partido blanco no 
puede descender al escenario, sin inspirar alar- 
mas, sin provocar á la lucha arma ía, ¿ qué misión 
se reserva el partido-colorado ?¿ quién puede, en su 
abstención y en su quietismo, hacer algo por el 
país, por la renovación pacífica y honrosa de los 
poderes? ¿Será el gobierno, será el oficia- 
lismo ? 

El gobierno es mal aliado. Es un aliado que se 
alza con el triunfo y que nos dwotrt á todos, á 
colorados, á blancos y á constitudoi tales, conclu- 
yendo por derrotar al propio país en sus aspiracio- 
nes y en sus anhelos, los más legítimos y pa- 
trióticos. 

La sumisión del partido autonomista al juarismo, 
llevó en Buenos Aires á la situación actual, que 
deploran todos los Argentinos, y en la cual, á decir 
de uno de sus estadistas, basta que un militar osa- 
do, á quien ya ha sonreído la fortuna, se asome á 



62 



SETRMBRINO K. PEREDA 



la calle para recojer la Dictadura que flota en la 
atmósfera política de la gran ciudad. 

No sucede hoy otro tanto entre nosotros, — de- 
bemos proclamarlo bien alto — pero allá vamos, 
en la inacción de los elementos de opinión y espe- 
cialmente de aquellos llamados á actuar en primer 
término por la designación misma de los sucesos 
y por la influencia preponderante que tienen en la 
República. 

Continúe el partido dominante en la tutela oficial, 
no reivindique para sí y para los demás los .dere- 
chos cívicos, y ya verá como el dilema se formula 
asi para los días de Marzo: 6 la sucesión del 
personalismo gubernativo, estoes, la prosecución 
de la vía cruois que se hace recorrer al país, ó el 
asalto de la fuerza que acabe con la expiación y 
con el martirio y también con toda esperanza de 
resurección por largo tiempo. 

Entónces, los jóvenes que hoy se llaman colora- 
dos, las generaciones nuevas que no pueden 
sustraerse á las seducciones de ese partido, 
mirarán más que desierta la ciudad de sus recuer- 
dos, la ciudad de la Defensa, abandonados más 
que nunca sus ideales, roto y desvanecido el 
encanto, perdida la fé en la virtualidad de las tra- 
diciones, que creyeron siempre vivida y fecunda, 
pero entónces no serán los constitucionales, los 
líricos impotentes, ni los blancos, los adversarios 
imperecederos, los culpables, sinó ellos que vaci- 
laron y flaquearon en la hora de llenar su tarea — 
que cada generación trae una distinta á la vida — 
en la hora de iniciar un movimiento pacífico, pa- 
triótico, abnegado, que los acón íecimien tos señala- 
ban á su partido para enaltecerlo y dignificar la 
Repúbl* :a. 

Es ese movimiento, á mi juicio, es esa explosión 
de fuerzas vivas, emanando del partido dominante, 
la que puede traer factores de soluciones salvado- 



NI RETRÓGRADOS Ni TARTUFOS 63 



ras que tranquilicen al país y le hagan abrigar fé 
y confianza en su futuro inmediato. 

A ellas, a esas soluciones, contribuiríamos todos, 
y si mi aocióu y mi palabra tuvieran resonancia, 
nunca podría envidiar más les acentos de una 
gran voz y los prestigios de una larga vida, em- 
pleada en el bien, que en la hora presente, que en 
la hora de desplegarse á la luz las fuerzas vivas 
de las generaciones nuevas, para ponerlos a. su 
servicio con todo el fuego y la sinceridad de mi 
alma, cualesquiera que fuese la bandera desple- 
gada, siempre que los ideales permanecieran los 
mismos, esos que alientan y desean realizar en Ja 
medida de lo posible los buenos ciudadanos, esos 
que clama á gritos la Nación para salir dei fraude, 
de la mentira y de los enervantes personalismos^ 
quede día en día nos van separando más de la 
democracia y agotando la poderosa vitalidad de 
nuestro pueblo. 

Ahí tiene, estimado señor, todo mi pensamiento 
en las cuestiones que promueve su carta y plantea 
la situación política del país. 

He creído poder expresarlo con mayor conci- 
sión, pero su desarrollo se me ha impuesto, una 
vez en la tarea, y no he querido comprimirlo ni 
velar la expontaneidad de mis opiniones, aún á 
riesgo de salvar los límites señalados por usted á 
ías mismas cuestiones. 

Yo sé bien que contra las ideas que acabo de 
exponer, como contra toda iniciativa tendente á 
salir de la inercia y del indiferentismo, hay dos 
teorías que parten de puntos opuestos y que concu- 
rren, sin emoargo, al mismo fin de mantener el 
equilibrio inestable. 

Una de esas teorías consiste en decir que el 
fraude electoral es incurable por el momento y 
• que entre sor consumado por los poseedores de 
balotas y dt> influencias locales perniciosas, ó por 
e\ Poder Ejecutivo, vale más que e»to último 



64 



SETEMBRINO E. PEREDA 



suceda, porque el doctor Herrera siempre res- 
ponderá mejor á las aspiraciones generales del 
país, que los agentes inferiores del sufi-^tu, libra- 
dos á su propia inspiración. 

Dejo de lado toda cuestión de principio que en 
semejante teoría se suprime y menoscaba, y 
contrayéndome tan solo á la del éxito, no necesito 
esforzarme en demostraciones para que usted se 
aperciba de que ni aún por esta faz tienen razón 
los que así piensan, porque si el doctor Herrera, 
como ciudadano, sería un excelente elector, como 
mandatario pierde todos sus prestigios, desde que 
empieza por echar en la balanza su autoridad de 
Presidente; y tal actitud lo llevaría á hacerla res- 
petar hasta por la violencia ó á dejarla compro- 
metida y anulada, en cuyo caso serían los agentes 
primarios del fraude, esos mismos que se quieren 
eliminar — los que cobrarían todo su imperio y 
ganarían al fin la batalla. 

Con esta teoría, se entrelaza también la ficción 
de hacer de la República una ¿recia legendaria y 
del doctor Herrera un Teseo encargado de pur- 
garla de monstruos y de furias. 

¡ Cómo se reirá de semejante ficción, allá para 
sus adentros, el mismo doctor Herrera, él, que ya 
fué Teseo y penetró en Creta y miró frente á frente 
á los mónstruos y á los minotauros, cuando real - 
mente los había. 

La otra teoría es la del fatalismo.— Nada pueden 
las voluntades, se dice, y las cosas seguirán así 
por más empeño que se ponga en contrario. — 
Hoy, como ayer, se agrega, nada hace entrever 
síntomas de mudanza, y si no corremos riesgo de 
empeorar, tampoco se vé de dónde puede venir la 
mejora.— Los sucesos elaboran á otros sucesos, 
guardando una lógica correlación, y si la caracte- 
rística de nuestro estado actual es la instabilidad, 
en ella permaneceremos por algún tiempo. . . 

Si la ciencia política justificara estos postulados. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



65 



sería cosa de renegar de ella y de desear la igno- 
rancia p?*ra los pueblos, como la deseaba Joseph 
De-Maistre para el pueblo ruso. 

Pero la ciencia, ni política, ni sociológica, ni 
positiva ha llegado jamás á semeiantes conclu- 
siones. 

El positivismo filosófico, por el contrario, la 
ciencia evolutiva en sus proyecciones sobre la 
política, ha arribado á una síntesis que corrobora 
una verdad ha largo tiempo proclamada por la 
escuela idealista. 

Las ideas gobiernan el mundo, dice hoy la escue- 
la positiva, repitiendo, á su vez, la frase antes 
repetida por la escuela doctrinaria. 

El hecho, en efecto, antes de ser tal, ha sido 
idea ó sentimiento, superstición ó clarovidencia, y 
así como en los talentos y en las aptitudes, la 
variabilidad, en razón de causas físico-químicas 
desconocidas, modifica la herencia, asi también en 
los acontecimientos humanos intervienen el pen- 
samiento, la voluntad, la acción ejercida en el 
momento en que aquellos se desarrollan para 
modificarlos, variar su dirección, ó alterar sus de- 
fectos, siquiera sea en una mínima parte. 

Está resultante de la conjunción es producto de 
la variabilidad social que imprimen las genera- 
ciones nuevas, en razón de sus creencias, de sus 
ideales, de su nivel moral y político, á los aconte- 
cimientos y á su desarrollo ulterior, siempre que 
actúen vivamente y no se dejen dominar por la 
inercia ó adormecer por el fatalismo. 

Büchner dice que en la palada de tierra arrojada 
por un trabajador al gran laboratorio de la natu- 
raleza, ván quizás los gérmenes de un poderoso 
cerebro. 

Con más razón puede decirse, mi estimado 
amigo, que en los movimientos conscientes, abne- 
gados de los ciudadanos ó de los pueblos en ui 
momento dado, van los gérmenes de un mejora- 



66 



SETEMBRINO E. PEREDA 



miento público, de un pogreso social ó político, por 
limitado que sea, y esto basta para desear que se 
produzcan en nuestro país porque esto basta para 
colmar sus aspiraciones, descendidas hoy de la 
esfera de lo absoluto a la relatividad de lo posible 
dentro de lo honesto y lo patriótico. 
Suyo affmo amigo y compatriota. 

Juan Carlos Blanco. 

Montevideo, Febrero 6 de 1893. 



CARTA DEL DOCTOR ARAMBURL 



Señor don Setembrino E. Pereda. 



Paysandó. 



Distinguido compatriota y amigo : Cumplo el 
deber de responder á la consulta política con que 
me ha honrado usted recabando mi opinión acerca 
de la permanencia ó disolución del Partido Cons- 
titucional. 

He meditado largamente el punto en consulta, 
leído con mucha atención las importantes cartas 
de correligionarios cuyas opiniones son dignas de 
la mayor consideración y voy á darle la mía, si no 
con la autoridad de aquellos, con mi franqueza y 
sinceridad habituales. Seré tan breve como me lo 
permita la rápida hojeada que voy á echar sobre 
nuestra agitada y turbulenta historia patria, y como 
antecedente para fundar esa opinión. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 67 



I 



Todo el que conoce los rudimentos de nuestra 
historia nacional sabe que los partidos tradicio- 
nales no surgieron á la vida pública del pais re- 
presentando programas de principios opuestos ó 
diversos, sinó las encontradas aspiraciones de los 
fundadores déla independencia nacional. — Esos 
partidos no fueron en su origen, digamos la verdad 
severa y completa, partidos de principios, sinó 
partidos personales — por ilustres y gloriosas que 
fueran las personalidades que les dieron vida y 
asumieron su dirección. 

Terminada la guerra de la Independencia, cons- 1 
tituido el país bajo la carta política que nos rige, r> 
la primera presidencia constitucional de la Repú- 
blica fué la manzana de la discordia. En esa lucha v * s : 
de ambiciones políticas triunfan los prestigios 0 ^ 0 
caudillescos de Rivera, el antiguo comandante mi iJ 
litar de Campaña durante la dominación brasiiera£ 1BCI 
el más popular de los caudillos orientales^obrefl ír ¡ 
los esclarecidos títulos del jefe ilustre de losTref#Y t 
ta y Tres. jeoleb 

Lavalleja no tiene la suficiente grandeza de a'lniá J . 
para aceptar el veredicto popular, fuera ó nó jiMó; í!Xt> 
y da el lamentable ejemplo de alzar pendón rVv$-- u £ 
lur.ionario contra el primer presidente' constitudó^'* 1 
nal de la República. * r™"0 

Su tentativa fracasa no solo - por los présWos' <°y 



populares y oficiales de Rivera, sinó pordüV'Is# sb 
cuenta con el apoyo de don Manuel Orib& , %P3jP )K " 
gundo de los Treinta y Tres y cuya alta p^rs^rírffí ¿/£ ^ 



dad política empezaba á competir ya cotiWdjg Í8& 
mismos Lavalleja y Rivera. slBínano v. «on 

Vencido Lavalleja y terminada la í#$3§#e , tf&a /I 
de Rivera, ocupa Oribe la primera mgmtemA 0 ^ 
del país con el apoyo del propio Rivera, cuyos 



68 



SETEMBRINO E. PEREDA 



compromisos políticos con aquél respecto á su 
sucesión presidencial, son conocidos por la tradi- 
ción oral, y denuncia claramente una carta del 
doctor Santiago Vázquez publicada hace muchos 
años. 

Pero Oribe, Presidente de la República, y Rive- 
ra, Comandante general de campaña, son dos 
fuerzas inconciliables, antagónicas, que no tarda- 
rán en chocar estrepitosamente. 

En efecto, Rivera* ^apoyado por sus amigos y 
también por los emigrados argentinos que enca- 
beza el ilustre cuanto desgraciado general Lavalle, 
levanta un ejército que denomina Constitucional. 
Esa denominación de su ejército armoniza con la 
célebre frase anónima pero histórica de que el 
Presidente Oribe «se le había sublevado al gene- 
ral Rivera!» Llamar, constitucional al ejército 
alzado contra la Constitución, y sublevado al pre- 
sidente constitucional que defendía los fueros de la 
ley,es.una doble é invóluntaria ironía que pinta una 
época. 

La guerra civil .se enciende en la República y 
para distinguirse en la pelea los soldados de Rive- 
ra adoptan la divisa colorada, y los del Gobierno 
la blanca. Hé ahí el. origen, de la denominación 
de los partidos. 

Las batallas encarnizadas, sangrientas y con 
éxito vario, se siguen las unas á las otras, hasta 
que la del Palmar decide la contienda en favor de 
Rivera. 

Oribe, forzado por los sucesos, renuncia al mari- 
do, emigra á Buenos Aires, donde, tanédiatamenté 
de llegar, protesta contra esá renuncia, contra la 
intervención francesa en pro de Rivera; y así como 
Lavalle se habia aliado á Rivera, se ália él áRosas. 
De ahí surge la conmistión de los partidos agenti- 
nos y orientales. 

Nuestros aliados más seguros no son nuestros 
propios amigos- sino los enemigos de nuestros" 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 69 



enemigos. Un odio común es, ¡triste naturaleza 
humana !, vínculo más firme que un recíproco 
afecto. — Rozas, que si llegó á ser gran tirano, era 
sin duda porque conocía bien á los hombres, dis- 
pensó á Oribe extraordinarios honores, le recono- 
ció como Presidente oriental, y hasta le confió un 
ejército, calculando con acierto cuánto podría es- 
perar de su valor, de sus talentos militares, de su 
despecho de vencido, de su férreo carácter y de su 
inmensa ambición de mando. 

Oribe recorre las provincias argentinas, y en. 
algunas terribles campañas destruye los ejércitos 
de La valle, -hasta que encontrándose otra vez con 
su rival Rivera, en el arroyo Grande, Entre-Rios t 
lo hace pedazos en una batalla definitiva. Y al 
frente de un ejército cuya base más sólida son los 
batallones de línea argentinos, con banderas y 
jefes argentinos, atraviesa la República y pone 
sitio á Montevideo 

Montevideo organiza su heroica resistencia bajo 
la dirección del general don José María Paz, uno 
de los primeros generales argentinos de verdadera 
escuela militar y con el concurso de las legiones 
argentina y española; y aigún tiempo después, — 
no habiendo aprovechado Oribe la ocasión de 
asaltar á Montevideo, obedeciendo, según la ver- 
sión histórica b anca de Antonio Diaz, las instruc- 
ciones de Rózas, — la defensa de Montevideo se 
consolida con la alianza del extranjero represen • 
tadoen el mar por las escuadras francesa é inglesa 
y en tierra por las legiones francesa é italiana. 

Ke evocado á grandes rasgos, estas reminiscen- 
cias de un pasado lejano, no para juzgarlo, no para 
discernir á cada partido su lote de gloria ó de 
responsabilidad en los sacrificios heróicos y en 
los errores y extravíos de la lucha, lucha que ex- 
plica los elementos ineducados de una democracia 
embrionaria, sino para preguntar, — pregunta que 
no tiene contestación valedera — ¿Cuál era el pro- 



70 



SETEMBRINO E. PEREDA 



grama de principios del partido colorado al alzarse 
en armas contra el Gobierno Constitucional del 
general Oribe, y aceptar el concurso de los ele- 
mentos extranjeros ? Cuál el programa de prin- 
cipies del partido blanco al intentar la reconquista 
de una Presidencia legal, archiconcluida y con la 
alianza del tirano argentino ? 

Pero se dirá, ¿ pretende usted acaso que no hubo 
civismo, abnegación y aún heroismo, en esas 
luchas cruentas del pasado: que no hubo hombres 



mil veces nó. — Y lo digo con toda la sinceridad 
de mi alma Eliminando las figuras culminantes 
del drama épico de nuestras luchas, las de los 
caudillos cuyas ambiciones de mando tienen la 
escusa de sus grandes servicios á la vndependenci i 
nacional, escusa que no han tenido ni tienen otras 
ambiciones más desatentadas de nuestros tiempos, 
eliminando esas figuras, cuyo juicio formulará la 
historia, declaro bien alto que siempre he creído 
que ha existido un verdadero derroche de valor, de 
lealtad, de abnegación y de sacrificios generosos, 
en las grandes masas ciudadanas que cubiertas 
por las divisas tradicionales han luchado- sin 
trégua durante cerca de medio siglo, en la creencia 
errónea, pero sincera, de que lo hacían por la 
libertad, la ley y la Constitución de la República. 

Creo más; creo que comparando la masa gene- 
ral de aquellos hombres con la que actüa eficiente- 
mente en los tristes tiempos á que hemos llegado, 
la edad de hierro de nuestro país con la de menti- 
ras y papel... pintado del presente, el saldo de cívi- 
cas virtudes es favorable á los primeros. 

En aquellos tiempos la lealtad á la causa es un 
dogma, el desinterés la regla general, pues no se 
prodigaban los galones y entorchados, ni el pre- 
supuesto constituía la gran invernada nacional 
donde van á engordar, á costa del sudor de todos, 
los pretendidos hombres de sacrificios. 



de 




tidos tradicionales? No 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 71 



Lo que hace al ciudadano digno de aprecio y 
respeto no es la divisa que ostenta, sinó su con- 
ducta cívica, su desinterés patriótico, su moralidad 
de hombre público y privado. El pabellón no cubre 
la mercancía, ni el contrabando de guerra. . . á las 
instituciones nacionales. 

Por eso, todo hombre de pensamiento levantado 
á quien no ciega la pasión política, encuentra al- 
versarios que respeta y estima y que desearía ver 
figurar en sus filas en primera línea, reemplazando 
correligionarios que solo lo son por haber adop- 
tado una común denominación política. 

En los partidos tradicionales ha habido, sí, hom- 
bres de principios, yes á ellos, á su labor patrió- 
tica, que debemos los ciudadanos de e.3ta época 
una más adelantada educación política. 

II 

Los movimientos revolucionarios, en países 
como el nuestro, que iban á hacer por entero su 
educación democrática, pues salían del régimen 
autocrático de la colonia y de las dominaciones 
extranjeras, esos movimientos encabezados por 
caudillos gloriosos pero ineducados ellos mismos, 
fueron verdaderos torrentes que arrastraron á la 
lucha á todos los elementos viriles de nuestra na- 
cionalidad, encuadrándolos al acaso, si no del todo, 
en mucha partr, en las agrupaciones militares. 

La victoria de uno de los combatientes, victoria 
que no era definitiva, traía una trégua más ó ménos 
larga y que dependía de la restauración de las 
fuerzas del vencido para iniciar nueva lucha. — Y 
esa trégua, — que era trégua y no la paz de las 
instituciones, era la que necesitaban aprovechar 
los próceres de los partidos tradicionales para 
elevar el nivel moral y político de su propio par- 
tido, combatir el personalismo absorbente del 



72 



SETKMBRINO E. PEREDA 



caudillo y dignificar así la lucha política. — La 
prensa, los clubs, el Parlamento, el foro, ha sido 
el terreno donde se ha venido elaborando el pro- 
greso político del país. Reconocerlo así, no solo 
es acatar la verdad histórica, hacer acto de justicia 
á los esfuerzos patrióticos de los buenos ciudada- 
nos, sino pulverizar la calumnia que presenta á 
los constitucionalistas condenando el pasado como 
si fuera solo una noche de crímenes y horrores 
que debe velarse con el manto oscuro de un olvido 
absoluto. 

En los partidos tradicionales ha existido una 
doble lucíha, la lucha que se puede llamar externa 
c?n el partido opuesto, y la lucha interna para 
elevar su nivel político, aspirando á convertir el 
partido personal en partido de principios. 

Quién puede dudar que en el partido colorado, 
por ejemplo — y refiriéndome á la época de la 
Guerra Grande, han sido hombres de principios 
don Joaquín Suárez, don José María Muñoz, don 
Manuel Herrera y O bes, den Lorenzo Batí le, don 
Melchor Pacheco y Obes, don Fernando Torres, 
los coroneles Tajes y Solsona y muel os otros 
más? Quién puede olvidar qué si no todos, casi 
todos ellos, al mismo tiempo que combatían al 
partido blanco encabezado por Oribe, trataban de 
caracterizar el colorado como partido de princi- 
pios destruyendo la influencia personal del general 
Rivera y levantando la de las instituciones 1 ? 

Quién puede dudar que á su vez en el partido 
blanco, y en la misma época, eran hombres de 
principios y soportaban á coutrecour\& alianza con 
Rozas y la eterna guerra que barbarizaba el país, 
ciudadanos como el doctor don Eduardo Acevedo, 
don Bernardo Berro, don Juan F. Giró, don Cán- 
dido Joanicó, don Enrique de Arrascaeta, don 
Joaquín Requena, don José M. Montero, don F. S. 
Antuña, don Juan P. Caravia, don Jaime Estrázu- 
las, don Luis Lerena, don A. M. Pérez, don L. de 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 73 



Herrera, don Pedro Fuentes y tantos otros? No es 
aun conocida la mazorcada que llegó una noche á 
lacasadel doctor Acevedo, gritando, — muera el 
salvaje unitario 'doctor Acevedo? No es un hecho 
histórico que á la pasada de Urquiza rehusaron 
combatir contra él, abandonando^ Oribe, jefes como 

Snf^S 1 S ¿T and ? ( ¿ ómez ' Lúcas Píri ' z ' des P u ^ 
tontos o^s? Paysandu ' Lucas More ™ y 

Y si los trabajes de propaganda é independiza- 
ron del candillo prestigioso y prepotente tienen 
mas acentuación y relieve entre los coloradas 
que entre los blancos, se debe á la distinta situa- 
ción de unos y otros. Los colorados están dentro 
de la ciudad el elemento urbano es importante, 
estón mandados por jefes de linea que tienen celos 
y desden por los caudillos campesinos, ocupa el 
primer puesto civil un ciudadano como don Joa- 
quín feuarez y una Asamblea de Notables reem- 
plaza al Poder Legislativo. Además, Rivera, que 
tiene las raíces de su prestigio en campaña, está 
ausente y sucesivos descalabros Quiebran y pos- 
tran ese prestigio. Es posible luchar con él y el 
elemento principista Uel partido colorado em- 
prendo esa lucha. 

Fuera de la ciudad solo existe un campamento 
militar, un ejército formidable. Y de ese mismo 
ejercito forman parte importante, batallones de 
linea argentim s, esto es, extranjeros. Toda in- 
fluencia política extraña al general en jefe, al 
presidente legal, es imposible. Absurdo, demencia, 
el soñar siquiera en iniciar una lucha. 

Por eso, y porque así sentían todos los hombres 
de pensamiento, una vez terminada la guerra v 
á pesar de los rencores y prevenciones nacidos 'de 
contienda tan sangrienta y prolongada, como 
aspiración común atas inteligencias más elevadas 

a ,ir^ C ia r ^ tere ! m , as nobIes de ambos Partidos 
surge la idea de formar una asociación política 



74 



SKTEMBRINO E. PEREDA 



nueva. Son los prohombres del partido colorado, 
son los prohombres del partido blanco los que en- 
cabezan ese movimiento patriótico y progresista 
que tie^e manifestaciones irrefragables eu actos 
oficiales, en documentos públicos, en la prensa, en 
el Parlamento Nacional. 

En esa aspiración común se ven confundidos 
don Joaquín Suárez, don Manuel Herrera y O bes, 
don Andrés Lámas^don Lorenzo Batlle, don José 
María Muñoz, don Pedro Bustamante, don To más 
Gomensoro, don Juan C. Gómez, don Juan M. 
Martínez, don Francisco Ordoflana, don Fermín 
Ferreira, don Emeterio Regunaga, don Adolfo 
Rodriguez, don José M. Solsona, don Francisco 
Tajes, don Luís Lamas, don Apolvnario Gayoso, 
don Santiago Sayago, don Bruñe Más, don Enri- 
que Muñoz y muchos otros prohombres colorados, 
con los prohombres del partido blanco don Eduar- 
do Acevedo,don Bernardo Berro, don Cándido Joa- 
nicó, don Ambrosio Velazco, don Federico S. An- 
tuña, den Luís de Herrera, don Jaime Estrázulas, 
don Rafael Zvpitria, don Avelino Lerena,don Joa- 
quín Errazquin, don Diego Sántos, dun Bernabé Ca- 
ravía, don Juan J. Victorica, don Pedro P.Berma- 
dez,don José Martin, don Atanasio C. Aguirre, don 
Juan P« Caravia, don Dionisio Coronel, don Anto- 
nio de tas Carreras, don Leandro Gómez, don Enri • • 
que de Arrascaeta, don Octavio Lapido, don Fede- 
rico Nin Reyes, don Juan Illa y Viamont, don José 
Brito del Pino, don Juan J. Barbosa, don Nicolás 
Conde y tantos otros más. 

No he pretendido, se comprenderá, hacer una 
enumeración completa, sinó demostrar que. en 
efecto, ese movimiento de opinión comprende á 
los hombres principales de los partidos. Esa 
idea de unión de ios ciudadanos, sin distinción de 
partidos, llega hasta el terreno de la acción 
armada en la revolución de Agosto de 1855 dirigida 
por don José M. Muñoz, don Lorenzo Batlle, y los 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 75 



coroneles Tajes y Solsona. Y confundidos en la 
lucha, sin las viejas divisas del pasado y á las 
órdenes de esos jefes, vése á jóvenes como Mariano 
Ferreira, Gregorio Pérez Gomar, Ambrosio Cas- 
tagnet, Luis Gómez, Vicente Garzón, Andrés, 
Justino y Francisco Muñoz, Eduardo Olave, 
Nicolás Herrera, etc., etc. de extracción colorada, 
en unión con Benjamín Villasboas, GuiHermo 
García, Juan María Pérez, Manuel Rey, Benjamín 
Pérez, Juan Gowland, Carlos Escalada y otros de 
extracción blanca. 

Poco después, sintiéndose amenazados en su 
influencia política por ese movimiento de opinión, 
los generales Oribe y Flores firmaron el célebre 
«Pacto do Unión» al que, como es natural, debido á 
tan poderosas influencias, adhiere, la mayoría de 
los elementos de acción de los viejos partidos 
tradicionales. Y es de esa manera que fracasa 
una iniciativa fecunda y patriótica que habría 
ahorrado á la República mucha sangre y ruinas. 

Quien quiera conocer todos los actos políticos 
de unión entre blancos y colorados dirigidos por 
sus prohombres, que lea el importante folleto del 
doctor Melián Laflnur. Es edificante, para la 
juventud del país, sobre todo. 

Pero se dirá: Todos esos hombres que usted 
cita que se desci rieron sus viejas divisas volvieron 
á colocarlas otra vez sobre su fre/ite y á renovar 
la lucha tradicional en revoluciones que termina- 
ron la una con el bárbaro masacre de Quinteros y 
la oirá con el cruento sacrificio de los héroes de 
Paysandú y la capitulación de Montevideo ante 
las armas brasileras y orientales el dia aniversario 
de la batalla de Ituzaingó. 

Y se agregará, que aún desaparecido el último 
gran caudillo colorado, Floresta lucha tradicional 
se renueva en 1870 con la revolución encabezada 
por Aparicio; y que el país se presenta dividido en 
dos únicas y grandes agrupaciones armadas, que 



76 



SETEMBRINO E. PEREDA 



luchan desesperadamente hasta que la paz se ha- 
ce más por impotencia de un triunfo absoluto de 
un partido sobreel otro, que por abnegación y pa- 
triotismo. 

Y como consecuencia de todo ello se concluirá: 
que debe abandonarse toda idea de formar parti- 
do político, con elementos de opuesta filiación en 
el pasado, aunque comulguen en el presente en la 
misma religión de principios políticos y estén ani- 
mados de idénticas asp ; raciones en pró del pro- 
greso y la felicidad de la República. 

No, y mil veces no. Esos hechos demuestran la 
dificultad de la tarea patriótica, pero no la imposi- 
bilidad; que la obra del progreso político, como 
toda obra humana, tiene sus desfallecimientos, di- 
ficultades, tropiezos y aún retrocesos. 

En efecto; sellada la paz en Abril de 1872 y plan- 
teado el problema presidencial, que es el magno 
problema político, porque de su acertada solución 
dependen en gran parte todos los demá?, las fuer- 
zas políticas se dividen en dos campos que no son 
ya los de los partidos tradicionales: de un lado es 
tán los nacionalistas y princi pistas colorados, del 
otro lado los colorados netos y los blancos netos: 
la cuestión no es ya de divisas, sinó de conducta y 
principios políticos. 

Los nacionalistas se han dado un programa de 
principios, en el cual, desvinculándose del pasado, 
y cediendo á aquella aspirrción nacional que ilu- 
minaba á sus prohombres después de la Guerra 
Grande, declaran, palabra más ó menos:— «que 
el Partido Nacional no condena ni glorifica el pa- 
sado, dejándolo al fallo de la historia». — Es un gran 
acto patriótico y un paso considerable en el terre- 
no de las verdaderas conveniencias nacionales. 

Los hombres de principios de ámbos partidos 
hacen causa común en la prensa, en el Parlamen- 
to, en las luchas del sufragio y la sangre generosa 
de Lavandeira y Villegas corre mezclada el 10 de 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 77 



Enero con la de Márquez, Soto y Gradin. Y cuando 
el motín estalla y derroca el gobierno honrado del 
doctor Ellauri, elije de víctimas para la deporta- 
ción á la Habana en la barca Puig, á hombres de 
todos los partidos, sospechados de patriotismo 
exaltado y del delito de repugnar el motín triun- 
fante. Viene en seguida la reacción nacional con- 
tra el motin, reacción que encabezan Llanes y Mu- 
niz, en la que forman confundidos hombres de to- 
dos los partidos, cíñendo su frente la divisa tricolor 
como la bandera de los Treinta y Tres, y que no 
triunfa porque se alzan unidos contra ellos la del 
partido colorado con Latorre a su frente, y la del 
blanco que acaudilla Aparicio. Y como el 10 ae 
Enero en Perseverano y Guayabos, los hombres 
de principios pagan á la patria su cruento tributo 
en las personas de Lallemand, Cárlos Gurméndez, 
Folie, Lacié y otros. 

Y como castigo al pais, por no haber hecho un 
esfuerzo patriótico mayor y dejado vencer tan fá- 
cilmente un movimiento generoso, que era la sal- 
vación de las instituciones, poco tiempo después 
surje la dicladura, la tiranía de Latorre! Sombría 
noche política que oscurece todos los horizontes y 
donde de tiempo en tiempo solo brilla como relám- 
pago siniestro, el fogonazo que ultima á Coronado 
en campaña, ó el juñal que despacha en los cuar- 
teles á Bergara, Mallada, Ibarra, Frenedoso, y tan- 
tos otros. 

Desprendido Latorre del Poder Público, por un 
acto de inexplicable aberración, — su renuncia 
ultrajante en que llamaba ingobernable al país que 
había despotizado á su antojo,— la política vuelve 
á dar manifestaciones de vida. 

Es entonces que gran número de ciudadanos 
aleccionados por las rudas experiencias del pasa* 
do, respondiendo á lo que ha sido y es una nece- 
sidad, una verdadera aspiración nacional, — la 
formación de un partido de principios, sin vincula- 



78 SETEMBRINO E. PEREDA 



ciones históricas ni compromisos personales: se 
hacen surgir á la vida pública el partido constitu- 
cional — proclaman la conveniencia de disolver los 
partidos tradicionales. 

Ese nuevo esfuerzo del patriotismo arrastra gran 
número de las inteligencias é ilustraciones de pri- 
mera fila de los viejos partidos que sufren, espe- 
cialmente el colorado, una casi decapitación al 
encontrarse separado de sus primeros tribunos, 
oradores, publicistas, jurisconsultos, de sus hom - 
bres de pensamiento, en una palabra. Y el éxito 
hubiera sido completo si altas inteligencias y res- 
petables ciudadanos de los viejos partidos, cruzan- 
do la campaña constitucionalista, no hubieran 
emprendido á su vez la tarea de reorganizar los 
viejos partidos del pasado. 

Pero si el Partido Constitucional no arrastró las 
masas generalmente inconscientes, que siguen un 
nombre ó una divisa, si no consiguió ser un parti- 
do numeroso, ha llegado á ser y es una fuerza con- 
siderable que actúa y ha de actuar en la solución 
de todos nuestros problemas políticos. 

Es esa fuerza la que durante el desgobierno de 
Santos, y cuando casi todo el partido colorado lo 
acata, enaltece y glorifica, como jamás lo hizo con 
Rivera ó Flores, que valian cien veces más que él, 
levanta por medio de la prensa la opinión pública, 



la reivindicación armada, que si sucumbe en el 
Quebracho no es sin salvar con aquel holocausto 
cruento el decoro del país. Honor y gloria á los 
que allí sucumbieron y cuyo recuerdo es inolvi- 
dable! 

Ese movimiento nacional que saca la lucha 
política del terreno de las viejas divisas, como la 
revolución tricolor, etc., etc., son la prueba viva, 
palpitante deque la inmutabilidad, la eternidad y 
la invulnerabilidad de los viejos bandos, es una le- 
yenda que cada dia tiene monos creyentes. 




concurso de blancos y colorados 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 79 



Cierto es, que ese movimiento fracasó porque la 
mayoría del partido colorado, y también elemen- 
tos blancos, se opusieron á su triunfo. Pero qué 
prueba eso sitió que los verdaderos antagonismos 
no son de divisa sinó de principios que regulan la 
vida práctica de los ciudadanos? Qué prueban 
todos los hechos enumerados en esta larga expo- 
sición, hechos de confraternidad, de labor, de aspi- 
raciones y sacrificios comunes, sinó que, respetan- 
do las convicciones sinceras, hay más convencio- 
nalismo que convicción, en estas pretendidas 
pasiones partidarias que son el obstáculo á los 
verdaderos partidos de principios? 

No desconozcamos el camino andado á fuerza 
de tantos esfuerzos y sacrificios! No empujemos al 
país para atrás en un momento de desaliento 
explicable por tantos desengaños reiterados. Como 
otros, yo también he sentido el frío del desencanto 
helar mis ilusiones de ciudadano. Pero mirando 
con serenidad el pasado y el presente, pesándolo 
todo, creo que si no hemos adelantado lo que 
debíamos, si estamos retardados en nuestros pro- 
gresos políticos, — como lo pone más de relieve aún 
la comparación de nuestros partidos con los parti- 
dos argentinos,— algo hemos avanzado en la dolo- 
rosa vía erucis de las democracias hispanu-ame- 
ricanas. 

El Partido Constitucional, lo repetimos, es una 
fuerza, más que por el número de sus afiliados 
oficialmente, porque representa la tendencia del 
progreso político é inspira confianza á los intere- 
ses económicos y conservadores del país. 

Por eso es que Sántos, cuya viveza política es 
innegable, vencedor en el Quebracho, busc i para 
concillarse la opinión, no á los disidentes de su 
propio partido, no á los hombres del partido 
nacional ó blanco, sinó á las prohombres del 
Partido Constitucional. 

Por mi parte, y como es notorio, no fui partida- 



80 



SETEMBRINO E. PEREDA 



ricr de la Conciliación, por causas que es inútil 
repetir, pero que en nada afectaron nunca el alto 
concepto y el aprecio que. siempre me han mere- 
cido los doctores Ramírez, Blanco y Rodríguez 
Larreta, de los primeros ciudadanos de la Repú- 
blica. 

Y es notorio el entusiasmo y la fé con que el 
país— los disidentes fuimos " pocos, — acojió al 
ministerio constituciónalista, creyendo, por ese 
solo hecho, cambiada la situación política. 

Disolver el partido constitucional es dispersar 
una fuerza que puede ser útil en un momento dado; 
y las fuerzas dispersas no tienen acción eficiante 
ni en la naturaleza ni en la dinámica social. Nadie 
tiene don de adivinación para vislumbrar desde ya 
cuales van a. ser las evoluciones de los partidos. 
Pero lo que, sin ser profeta se puede anunciar, es 
que el partido colorado no puede, sin abdicación 
absoluta de todos sus derechos de partido político, 
cansentir una vez más qus el oficialismo ejerza 
sobre él todas las funciones del sufragio popular! 
Lo que se puede anunciar, es que el partido nacio- 
nalista ó blanco y las mismos constitucionalistas 
no pueden consentir, que con el cuño oficial y á 
título *de representantes de esos partidos, vayan 
algunos amigos del Gran Elector, á reunirse en 
los «^ltos del Cabildo!» 

Si el oficialismo colorado otorga a los partidos 
de oposición algunas bancas en la Representación 
Nacional, que sea bastante generoso para permitir 
que esos partidos elijan por sí mismos sus 
representantes y no se tome la molestia de elegir- 
los él, llevando sus balotas á las urnas con votantes 
de golilla colorada! 

El país no puede ya con el peso abrumador de 
tantos años seguidos de malos gobiernos,y necesi- 
ta al monos que le den una trégua para reparar 
sus fuerzas. La cuestión económica y financiera se 
ha complicado con lacuestión política, y asi como 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



81 



aúnque mal se pueda resolvérmele hecho, la políca, 
sin el concurso del país, es imposible sin ese con- 
curso, resolver las primeras. El país necesita, 
pronto, urgentemente, un gobierno de opinión; y 
por gobierno de opinión entiendo uh gobierno ver- 
daderamente nacional por hacer primar sobre to- 
dos los intereses partidarios y de círculo, los gran- 
des intereses nacionales. De otra suerte llegará 
á decirse, y con razón, que este pais está condenado 
á la pena perpétua de mal gobierno colorado! 

Venga, pues, el acuerdo de los partidos, la unión 
cívica ó patriótica de que habla tan acertadamente 
el doctor Pena, y surja de ella, con indisputable 
supremacía del partido colorado, que nadie disputa, 
un gobierno de reparción, de salvación, — y al 
discutirse las bases del acuerdo y la participación 
de los partidos, escatímese ó niéguese á los hom- 
bres del constitucionalismo las altas funciones 
públicas. No será una desgracia irreparable que 
algunos ciudadanos, aúnque tengan preparación y 
aptitudes suficientes para hacer en la vida política 
práctica, obra de varón, mueransolterones de mi- 
nisterios ó senaturías. Sabido es que jamás falta- 
rán altos funcionarios á ningún gobierno, pero á 
veces suelen faltarle al país verdaderos ciuda- 
danos. 

Perseverémos,pues,en los altos y desinteresados 
propósitos del manifiesto constituciona lista; siga- 
mos arando hondo en la opinión del pais, que no 
hay ópima cosecha sin ingente labor, ni obra de 
largo aliento que se realice sin ayuda del tiempo. 
Las leyes biológicas son las mismas aplicadas á 
la vida política que á la vidi animal: la intensi- 
dad y duración de la vida son proporcionales al 
período de gestación. No confundamos lo acciden 
tal con lo efímero y fugaz. Perseveremos, que ai 
fln el pais tará da sé para unificar sus buenos ele- 
mentos políticos,— colorados, blancos y constitu- 



82 



SETEMBRINO E. PEREDA 



cionalistas, como lo hizo la Italia para realizar su 
ansiada ut idad nacional Chi dura oince. 

En cuanto á la formación del partido liberal, en 
oposición al clerical, sobre lo cual también se con- 
sulta, mi opinión es la misma de mi distinguido 
amigo el doctor De María. 

No hay que confundir las escuelas filosóficas, la 
propaganda y la evangelización, con los partidos 
políticos. Cuando exista el partido político clerical 
será la oportunidad de hablar de la cosa. 

Saluda á usted con su más distinguida conside- 
ración su compatriota y amigo, 

Domingo Aramburú. 
III 



No estamos conformes con el doctor De-María. 

Para este distinguido compatriota, ni es una 
necesidad la disolución del Partido Constitucional, 
ni el clericalismo constituye un peligro para los 
triunfos obtenidos por la causa liberal. 

Además del notable opóseulo Exégesis de Ban- 
derías^ que acaba de publicar el doctor Melián 
Laflnur, está la carta del Dr. José Pedro Ramírez, 
que ha sido siempre uno de sus prohombres y más 
entusiastas sostenedores, que confiesa la ineficacia 
de sus esfuerzos y su inevitable desaparicióu de 
la acción pública, 

Para el doctor De María tendrá razón de ser el 
Partido Constitucional iniéntras no desaparezcan 
las colectividades política» tradicionales. 

Kn 1887, decia en el circo Sí n Martin: 

aNo fue á tal ó cual partido á guien el motín mi- 
litar arrebató la soberanía.- La soberai ía es del 
pueblo oriental todo entero, y fué el pueblo orien- 
tal lodo entero la victim e del criminal despojo. 

«Si debemos en el po-oenir^como es ineludible, 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



83 



decidirnos y constituir organismos diversos en el 
debate de la vida republicana, seamos siquiera 
ahora, ahora que se trata de un interés solidario, 
ahora que se trata de la reivindicación de un pa- 
trimonio común é indivisible, un solo grupo, una 
sola fuerza; el grupo de todos 1 s orientales, que 
van á reconquistar lo que es de todos ellos, — la 
fuerza de la opinión nacional que se pone en 
acción para devolver sus fueros a la patria y sus 
bases á lasinsiituciones;queson la salvaguardia de 
todos los partidos, de todos los ciudadanos, de to- 
dos los hombres que habitan nuestro suelo.« 

Estas patriótica* frases confirmaban lo expuesto 
en el manifiesto de Mayoy lo dicho por los notables 
oradores que aceptaron sus principios en esa 
época, como una necesidad ineludible y su crema, 
aconsejada por el deber cívico á todos los buenos 
diéntales. 

Se acababa de salir del lustro horrible, de la 
dictadura impuesta por el motín del 75, en que to- 
dos los derechos fueron menoscabados, las garan- 
tías una mera fórmula const : tucional y las liberta- 
des públicas y privadas un ludibrio déla fuerza 
prepotente; — y los ciudadanos honestos de ideas 
avanzadas» que habian vivido como parias en su 
propio suelo, al declinar el mando el que después 
de haber gob* rnado al país á su entero antojo, nos 
declaraba ingobernables, creyeron justo y patrió- 
tico reunirse bajo una sola bandera, inspirados en 
el amor á la Pairia, para ponerse de pié y recon- 
quistar, por medio de la lucha pacífica de la pro- 
paganda y del ejeicicio de sus derechos en las 
urnas elecfr rales, la Soberanía Nacional arreba- 
tada por el motín triunfante, por los que llevaran 
al poder, conculcando la Constitución del Estado, 
al pobre Pedro Várela, y más tarde ai audaz moti- 
nero, el entónces coronel Lorenzo Latorre. 

Eran las circunstancias del momento las que 
compelían á la unión de los ciudadanos bien inspi- 



&4 



SKTKMHRINO E. PEKEDA 



rados, para trabajar en pró del reinado de las ins- 
tituciones libres,— y fué bajo tales auspicios y tales 
miras que nació & la vida pública el Partido Cons- 
titucional; porque como lo expresa el mismo doctor 
De-María en los párrafos transcriptos, — no fué ó» 
tal ó cual partido á quien el molin militar arrebató 
la soberanía, sino al pueblo representado por todas 
las opiniones. 

¿A qué perpetuar entonces la existencia de una 
agrupación política hija de (os sucesos de una 
época desgraciada, de. carácter transitorio y que 
en la actualidad, dada su desorganización y la de- 
sidia de sus prohombres, no podrá ejercer en lo 
sucesivo la menor influencia en las esferas del 
gobierno y en el seno de la opinión pública, máxi- 
me cuando di no compatriota opina que los parti- 
dos no son ni pueden ser organismos eternos? 

Don Emilio Romero decía con propiedad en 
« La Bandera Radical >\ en Febrero 5 de 1871 : 

iNo esta, en la mano del hombre impedir la 
formación de los partidos. No está en la mano del 
hombre tampoco contener su disolución. Ambos 
son fenómeros que obedecen :\ una ley necesaria, 
inevitable. Todo partido responde en la época de 
su formación á las aspiraciones del centro en don- 
de se forma. Su carácter típico no se lo imprime 
la voluntad de un hombre ni de un escritor: él es la 
expresión de los sentimientos y las ideas de la 
épuca, es la manifestación colectiva de las creen- 
cias ó las preocupaciones de los diferentes ele- 
mentos que lo componen. Cuando ese partido 
ha concluido su misión, haya ó nó cumplido sus 
propósitos, su muerte está "ECuETADAy otros par- 
tidos, surjidos de la eterna fuente^ que todo lo laoa y 
purifica, el elemento popular, vienen á ocupar su 
puesto en la esfera política, con nueoos elementos de 
vigor y de vida » 

Pues bien: la muerte del Partido Constitucional 
está ya decretada por el curso de los acontecimien- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



85 



tos, por la lógica de los hechos, que se imponen á 
la férrea voluntad de los hombres, — y será en vano 
todo cuanto quiera nacerse para galvanizar su ca- 
dáver. 

El doctor De- Maria se muestra consecuente con 
su solemne manifestación de que si desaparecía 
esa colectividad política y si quedaba algún ciuda- 
dano fiel á su bandera, ese ciudadano sería él; pero 
el doctor De-Maria hace mal, en nuestro concep- 
to, de esterilizar sus esfuerzos de buen ciudadano 
en una lucha estéril, cuando por su talento, por sus 
antecedentes, por su carácter é incorruptible ci- 
vismo, estaría llamado, en otra esfera de actividad, 
á prestar señaladísimos servicios á TaTV'ausa de las 
instituciones libres y de la libertad del pensa- 
miento y la conciencia, adhiriéndose, por ejem- 
plo, á la formación de un nuevo centro que sirviera 
de atracción aja mayoría del pal*, respondiendo á 
principios inmutables, que son los que encarnaría 
el Partido Liberal si se fundase entre nosotros. 

Las idéas desarrolladas en el manifiesto de 
Mayo no fueron tampoco una novedad para el 
país : ellas venían siendo proclamadas desde 1846 
por las mayores eminencias de los partidos tradi- 
cionales, que después de cruentos combates y 
cuando el alma se recojía á meditar tranquila- 
mente, comprendían que el imperio de las divisas 
y del caudillaje solo podía traer la ruina de la 
Nación y el conculcamiento de las leyes institu- 
cionales. 

Fueron sus predicadores en distintas épocas 
Pedro Bustamante, Bernardo P. Berro, Juan Cár- 
los Gómez, Eduardo Acevedo, Joaquín Suárez, 
Andrés Lamas, Cándido Joanicó, José María Mu- 
ñoz, Gabriel Antonio Pereira, César Díaz, Manuel 
Herrera y Obes, Eugenio Garzón, Leandro Gómez 
y tantos otros, y hasta los mismos jetes de los par- 
tidos blanco y colorado, don Manuel Oribe y don 
Venancio Flores, arrastrados por la corriente de 



86 



SETEMBRINO-E. PEREDA 



las ideas de fraternidad y de unión que hallábanse 
en auje,exhortaron á todos sus compatriotas a unir- 
se en el supremo interés de la patria, para formar 
un solo partido de la familia oriental. 

Pero esos sentimientos generosos, esos altos 
ideales aconsejados por las circunstancias del mo- 
mento, hijas del cansancio de la lucha sin trégua 
en los campos de batalla, calmados los espíritus, 
al amparo déla paz, eran olvidados por los mismos 
que le proclamaban, para reanudarse una vez mas 
la acción entre Abel y Caín; porque los partidos 
tradicionales, no respondían ni respondan á prin- 
cipios, sinó a banderías, á un bien supremo, sinó á 
la voluntad y al recuerdo de los factores principa- 
les de nuestros infortunios y días de eterno duelo. 

Don Gabriel Antonio Pereyra, que en su pro- 
grama presidencial del 22 de Febrero de 1856 de- 
cía: (.(Debajo de la sombra de la bandera de la 
patria cabemos todüó: esos colores simbolizan glo- 
rías y r ecuerdos sin mancha: son acaso el único 
vinculo que puede todavía unirnos», y que poco 
después, elevado á la primera magistratura de la 
República, dictaba un decreto (Noviembre 1.° de 
1857) prohibiendo «toda reunión en que se levante 
la bandera de cu alesquieru de los antiguos pt rti- 
doso — olvidando esas idéa.s de. fraternidad y de 
civismo, autoriza la bárbara hecatombe de Quín- 
telos, tn que perecen, victimas de la traición y 
del crimen. Taje?, Díaz, Freiré, Abella, Caballero 
y tantos ( tros mártires de suh creencias políticas 
y de la buena fe con que se acojieron al parla- 
mento. 

El general Venancio Flores, no obstante reco- 
nocer en su pacto con Oribe del 11 de Noviembre, 
que los partidos eran los que encendían el Juego 
de la discordia, y de proclamar que entraba en sus 

Eropósitos trabajar en la extinción de los odios que 
ayan dejado nuestras pasadas disenciones, sepul- 
tando en per péluo olvidólos actos ejercidos bajo su 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



87 



funesta influencia,— sean cuales fueran las causas 
que lo impulsaron,— lo cual no apreciaremos aquí, 
por no ser pertinente al caso,— invadió el pais el 
19 de Abril de 1863, como jefe departido. 

Don Bernardo P. Berro, á la sazón Presidente, 
que también habian suscrito documentos públicos 
inspirados en las mismas tendencias, como ser, 
entre otros, su decreto fech'* 16 de Julio de 1860, en 
el cual declaraba que «en la tentatha de resurrec- 
ción de los oiejos partidos con sus banderas de gue' 
rra y de exterminio, no veía sinó la incitación d la 
guerra civil y ala anarquía, provocó con sus actos 
administrativos de exclusivismo partidista la 
contienda armada que ha pasado á la historia bajo 
el nombre de Cruzad-i Libertadora— y el general 
Leandro Gómez inmortalizó su nombre como de- 
fensor de otro partido. 

El doctor Juan Carlos Gómez, hombre de pre- 
clara inteligencia, publicista de no'a, pasando por 
encima de sus antecedentes, prese ndiendo de los 
documentos que llevan su firma al pié, muere sien- 
do colorado, después de habar combatido ruda - 
mente al Partido Constitucional, que encarnaba 
los mismos principios por 61 predicados con ante- 
lación al .hanifiesto de Mayo. 

El doctor Pedro Bustarnante, su Intimo amigo y 
compañero en la malhadada campaña de anexión 
ála Argentina,— otro ciudadano de vastísima ilus- 
tración,— que siendo miembro del Parlamento fir- 
mó una proclama suscrita por los Senadores,y Re- 
presentantes del país, en que se leia: cesen esas 
odiosas distinciones de colores políticos: no se men- 
cionen tso* partidos que desde este momento deben 
dejar de existir,— también hizo luego hasta sus úl- 
timos dias á dicha colectividad política, y hasta 
llegó á atribuírsele la tan ementada frase,— tal 
era su intransigencia partidista,— áe> que no hay 
blanco bueno. 

El doctor José María Muñoz, que fué también 



88 



SETEMBRINO E. PEREDA 



de los firmantes de ese documento, como miembro 
del Cuerpo Legislativo de la época; que en el ma- 
nifiesto á sus conciudadanos, al levantarse contra 
el general Flores, por creer que su gobierno no 
llenaba las aspiraciones del pueblo nacional y ex- 
tranjero, invocaba contar para su objeto con el pa- 
triotismo de todos los orientales unidos, y asociado 
en Octubre de 1855 á la agrupación política deno- 
minada Unión Liberal, cuyo programa se hallaba 
saturado de la misma atmósfera de unión y patrio- 
tismo, si bien se adhirió al Partido Constitucional 
engrosando sus filas, en 1886V~tomando por pre- 
texto la conciliación de Noviembre de ese año, ac- 
to puramente personal de varios de sus conspi- 
cuos miembros y que casi todo el país aplaudió, — 
separóse de ellas para tornar á la colectividad de 
su origen, — al partido colorado. 

El general Lorenzo Bal lie, el doctor Manuel He • 
rrera y Obes, don Tomás Gomensoro, etc., etc., — 
pue3 fuera largo mencionar á todos, —tampoco se 
agruparon bajo la sombra de la bandera del partí • 
do de las instituciones libres 

Se hizo, pues, caso omiso de *as manifestacio- 
nes patrióticas de distintas épocas, sin duda por 
creer una utopía su mantenimiento ad perpeíuam, 
pues las ambicionas personales ó de círculo han 
primado siempre sobre los intereses supremos de 
la Patria. 

¿Por qué el doctor De María ha de querer ser 
una excepción? 

No decimos que imite la conducta de los com- 
patriotas nombrados, porque no estamos de 
acuerdo con ella y la censuramos por la li]ereza y 
falta de circunspecíón que entraña. 

No ingrese en horabuena ? ninguno de los par- 
tid s tradicionales,— porque hacerlo fuera ponerse 
en abierta pugna con sus principios sustentados 
en la madurez de su ilustrado criterio y en las pro- 
fundidades de su conciencia cívica, máxime cuan- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 89 



do en el programa del Partido Constitucional se 
dice: «Jv o* consideramos total y solemnemente des- 
ligados de los antiguos partidos,» pero al ménos 
esté habilitado para cooperar con su talento, su 
prestigio y sus esfuerzos á una evolución saluda- 
ble á los intereses nacionales. Para ello necesita 
desligarse cuanto ántes de la preocupación de dar 
vida á un cuerpo ya inanimado. 

Por otra parte, creémos firmemente que la exis- 
tencia del Partido Constitucional, hoy por hoy, es 
una de las causas fundamentales de la de las 
viejas agrupaciones políticas. Estas se mantie- 
nen para combatirlo, y ambas se hacen mu- 
tuas concesiones, se halagan, aunque sus caricias 
sean las del gato con el ratón, sobre todo tratándo- 
se del partido dominante, — que es el que reparte 
las prebendas,— y combaten de consuno á su ad- 
versario común: el constitucionalismo. 

La propaganda por la prensa, como lo desea el 
Dr. De María, no basta para dar vida á un partido: 
ha menester éste de la acción eficiente que le fal- 
ta al constitucional. Para propagar ideas solamen- 
te no se fundan ni deben servir las colectividades 
políticas. Para eso están las cátedras de Derecho 
Constitucional y Administrativo, los Ateneos, los 
libros y el periodismo, que si forman y participan 
de las simpatias de la opinión, son únicamente es- 
presión aislada y personal — desde que no emanan 
de una colectividad— de quienes las predican ó 
propagan. 

En cuanto á que no peligren las conquistas li- 
berales, nos sorprende la opinión del doctor De 
María que siempre ha sido y creémos siga, siendo 
— como él lo manifiesta — un liberal entusiasta. 

Que no peligran? Díganlo las sumas pingües 
que se destinan al Obispado, á las misiones após 
tólícas, á las peregrinaciones á Roma, en celebra- 
ción de las bodas de oro de León XIII, miéntras 
los pensionistas del Estado, Incluso los miembros 



90 



SETEMBR1NO E. PEREDA 



del cuerpo docente, verdaderos benefactores de la 
sociedad en general, ven sus haberes atrasa- 
dos; el fin que han tenido en casi todos los depar- 
tamentos los fondos destinados por la ley á obras 
públicas; construyéndose y refaccionándose igle- 
sias del culto católico, en vez de edificios de utili- 
dad para el pueblo y el Gobierno; la arbitraria 
traslación del Barrio Santa Teresa, arrogándose 
el Ministro de Gobierno y el P. É. facultades que 
no les concede la ley, con tal de favorecer á las 
tituladas Hermanas de Caridad, que se instalaron 
allí indebidamente. 

Díganlo las congregaciones religiosas que se 
multiplican en el país de una manera asombrosa; 
los colegios de Hermanas y Padres Salesianos, la 
pasividad con que los agentes fiscales, guardianes 
de la ley y representantes de la sociedad ofendida, 
miran las prédicas incendiarias de algunos ener- 
gúmenos del templo contra la institución del ma- 
trimonio civil, que audaz y maliciosamente califi- 
can de concubinato; el cambio de la Comisión de 
hombres por una de señoras en 'a dirección del 
Hospital de Fray Bentos; La preponderancia y do 
minio absoluto que tiene el clericalismo en el de 



confesores para purgar de pecados á los dolientes. 

Y finalmente, para terminar de una vez con este 
rosario «le citas, díganlo la actitud de los diputados 
clericales de la Cámara de Representantes, que 
para evitar los debates «obre reforma de la Cons- 
titución se hacían humo en los cuartos-interme- 
dios, evitando así ta formación del quorum indis - 
pensable para las sesiones, y lá risible ingerencia 
que dá el Gobierno á los curas párrocos en las 
Comisiones Departamentales encargadas de dis- 
tribuir convenientemente las secciones policiales, 
solicitando á la vez del vecindario el terreno preci 
so para establecer las oficinas respectivas; lo 
lo mismo que en las que hablan que dedicar á 




illa para decir misa y 



NI RETROGRADOS NI TARTUFOS 



91 



obras de utilidad pública los 50.000 pesos del ce- 
lebérrimo empréstito de marras, y la frecuencia 
con que niñas de la alta sociedad "montevideana 
solicitan ingresar de novicias en los monasterios 
de la República Argentina. 

Y es doblemente de llamar la atención de los 
enemigos del clericalismo que eso suceda preci- 
samente con el bello sexo de la capital, donde de- 
be suponerse, con sobrado fundamento, mayor cul- 
tura en la sociedad y en el pueblo, por ser el foco 
de sus ilustraciones y donde la propaganda es da- 
ble, hacerla con mejor éxito. 

No es pues, enteramente exacta la afirmación 
del doctor De María, de que las cuestiones que ac- 
tualmente son de interés vital y supremo, sean tan 
solo la honralez política y administrativa, la ver- 
dad del sufragio y la abolición de las viejas divi- 
sas. 

Es también de interés vital y supremo garantir 
la libertad de pensamiento y de conciencia, evitan- 
do que el poder teocrático se abra paso tan fácil- 
mente como en la actualidad, en que no existe en 
la República un ceatro liberal seriamente organi- 
zado. 

El clero traba |a sir, descanso valiéndose de todo 
género de argucias; sigue al pié de la letra las 
prescripciones de la Mónita, y aprovecha la som- 
nolencia de sus adversarios para introducirse has- 
ta en el seno de sus mismas familias, cuando no se 
le mira con ojo avisor. 

Por eso propusimos agregar al programa del 
Partido Constitucional, si no se le queria dejar 
morir de inanición, los principios inconcusos del 
credo liberal; pero ya que esto no es posible, le- 
vántese entónces la bandera del Partido Liberal 
haciéndola flamear a. todos los vientos, que ella es 
bien amplia para, que á su sombra se agrupen, 
sin distinción de añejos antagonismos políticos, 
todos los hombres de principios, los que tienen el 



92 



SETBMBR1N0 E. PEREDA 



coraje de sus convicciones y no representan en ei 
terreno de las ideas el triste papel de tartufos. 



El doctor don José P. Ramírez, en su notable 
carta política pone fuera de ''uda la conveniencia 
que existe en la disolución del Partido Constitu- 
cional. 

Participa, pues, de nuestra opinión al res- 
pecto. 

Sin embargo, no propone ninguna actitud re- 
suelta á adoptarse, concretándose á insinuar que 
mientras la mayória de sus correligionarios no de * 
crete su desaparición, permanecerá ea sus filas. 

Cómo! El doctor Ramírez, hombre de gran ta- 
lento, el primer Presidente que tuvo esa colectivi- 
dad política, el jefe del gabinete de Noviembre, 
cuya vida ha sido una incesante lucha, ¿se entrega 
hoy al cómodo dolce ¡amiente, dejando que otro 
promueva una Asamblea general de su partido pa- 
ra discutir el problema de su reorganización y 
existencia futuras?. ¿Y quien há de provocarla? 
¿El centro Directivo de Montevideo? cualquier 
miembro del partido? 
bea el que fuere, era y es llegada la ocasión de 
ue se discuta el punto en el seno de esa colectivi- 
ad, sin más tardanza, pues de lo contrario, desa- 
parecerá de hecho, existiendo solo ostensible- 
mente. 

En nuestra carta del 18 de Diciembre proponía- 
mos una Convención, en la cual estuviesen repre- 
sentados todos los centros políticos departamenta- 
les, por medio de delegados que serian elejidos por 
los respectivos clubs. 

¿Por qué, entonces, se prescinde de dar á este 
pensamiento 'a importancia que tiene, si el mismo 
doctor Ramírez, reconoce que el Partido Constitu- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 93 



cionai debe disolverse, para que esos miles de 
ciudadanos que hoy viven en la inacción no este» 
rilicen por mas tiempo el capital de su inteligen- 
cia y patrióticos esfuerzos? 

Creémos que procediendo asi se consultaría la 
opinión y la voluntad del país entero; porque si los 
Constitucionales de la Capital se reuniesen y resol- 
vieran por si solos !a disolución ó mantenimiento 
del Partido á que pertenecen, aunque constituye- 
ran la mayoría de sus correligionarios, no respon- 
derían por eso, careciendo de personería general, 
á los votos y aspiraciones de los ciudadanos á él 
afiliados en los demás departamentos. 

Es lamentable, en consecuencia que haya tanta 
atonía por parte de los prohombres de esa colec- 
tividad política. 

De cualquier modo, tenemos la convicción de 
que no se organizará más, séria y viablemente, 
pues toda tentativa qne se haga en ese sentido ha 
de dar un resultado negativo. 

Ahora en lo que respecta á ia cuestión religiosa, 
permita el doctor Ramírez que le hagamos tam- 
bién algunas observaciones. 

En su concepto, á ella «no ha de subordinarse en 
nuestro país, por, ahora y por muchos años, la or- 
ganización de sus partidos políticos». 

Si así piensa ¿á qué invoca entóí.ces lo que dijo 
la redacción de hl Plata al redactor de El Bien 
Público? 

Los partidos del porvenir nacerán de las necesida' 
des del porvenir, decía aquella, tratando de justifi- 
car el silencio que guardaba el programa Consti- 
tucional sobre la materia referida, y si el Partido 
Constitucional ha cumplido su misión, como lo 
confiesa el doctor Ramírez, yaque las colectivida- 
des políticas tradicionales no satisfacen las justas 
exigencias del país por que no responden á princi- 
pios y su descomposición se acentúa de din en 
día. 



94 



SETEMI3RIN0 E. PEREDA 



La formación de esos partidos, que hace doce 
años eran del porvenir, hoy se i mpone, por que 
su conveniencia y necesidad son del presente y 
serán del futuro. 

Esos partidos no pueden ser otros, dáda nuestra 
organización y miras políticas que el Liberal y el 
Clerical, llámesele conservador, ultramontano 6 
como se quiera, & este último. 

Y no nos sorprende que el doctor Ramirez sos- 
tenga el absurdo de que la cuestión religiosa no es 
de palpitante interés para el país, porque el doctor 
Ramirez no forma en las files de los elementos 
liberales, — y el clericalismo, por la mala causa que 
defiende, no le conviene tener frente á frente, bien 
organizado, un partido de ideas adversas. 

Nos autoriza á juzgar así al doctor Ramirez, el 
hecho de que este ilustre compatriota saliera, con 
una beata, de padrino de una campana donada á 
una iglesia por el doctor Muñoz, á mediados del 
año ppdo., en el mes de Junio. 

El órgano católico, ántes titulado El Bien Público 
y en la actualidad solamente El Bien, comentó con 
entusiasmo su insólita actitud, — presentándole 
como un ejemplo á la juventud irreverente. 

En la Profesión de Fé Racionalista inserta en el 
número 158 de La Razón, redactada en esa época 
por Prudencio Vázquez y Vega, Manuel B. Otero, 
Daniel Muñoz, Anacleto Duforty Alvarez— las más 
privilegiadas inteligencias de su generación, — se 
decia : « intimamente convencidos de la suma impor- 
tancia de los problemas religiosos en la vida social. 
y pensando que de las soluciones que se den á esos 
problemas, depende en gran parte la independen- 
cia y la dignidad del hombre, el seguro goce de 
sus derechos, la tranquili Jad del hogar, el afian- 
zamiento de las instituciones liberales y el perfec- 
cionamiento indefinido de la humanidad: nos aso- 
ciamos con «I fin de propag <r por todos los medios 
legítimos», etc., etc. 



Ni RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



95 



Y la difusión de esas ideas no se concretó t las 
columnas de up diario, sinó que tuvo resonancia 
er todo el país y fué llevada a la tribuna de los 
centros liberales literarios. 

La reforma escolar introducida por don José 
Pedro Várela, ya se sabe cuantos sacrificios y 
luchas exigió, lo mismo las diversas tentativas 
que se han hecho para que retrogradara & los 
«tiempos de antaño, en que la palmeta, el catecismo 
del padre Astete, la gramáti a de Herránz y Qui • 
rós y el catecismo histórico constituían los princi- 
pales elementos de la enseñanza moral é inte- 
lectual. 

Pues bien : si hace diez y seis años se daba á las 
cuestiones religiosas una importancia suma, ¿qué 
motivo*-' hay para que hoy sean miradas como cosas 
haladles? 

Tenemos la ley de Registro de estado Civil, que 
varias veces ha sido modificada en el sei/tido de 
favorecer a los curas párrocos, con per juicio del 
porvenir de las familias y del mismo país, — y la 
del matrimonio no eclesiástico, constante pesadi- 
lla del clerizalismo, tan combatida por éste y á la 
cual el senador don Amaro Carve pretendió últi- 
mamente modificar de una manera fundamental, 
inutilizándola para los fines creados, con el católi- 
co propósito de aumentar las facultades y rentas 
de la iglesia. 

La clerecía romana puede ejercer entre nosotrcs 
su ministerio, de la manera que mejor le cuadre, 
y se halla exenta de patente, mientras que la pa- 
gan el abogado, el escribano, el procurador, y has- 
ta el mas humilde de los industriales, aunque 
estos últimos no saquen en las ventas diarias de 
sus baratijas ni para el necesario alimento. 

Levanta valiosos edificios para fundar colegios 
y se les da casa para que oficie, pero hasta allí no 
alcanza la ley de contribución inmob.liaria, de la 



96 



SETEMBRINO E. PEREDA 



que no se escapan los que poseen bienes raices 
cuyo valor exceda de 500 pesos. 

En época de guerra, todo ciudadano civil 6 mi- 
litar está obligado al servicio de las armas; pero el 
clero nacional es una excepción: puede pasarlo 
tranquilo, predicando la religión que profesa, co- 
mer bien y vivir sano, robusto y á sus anchas, 
porque él no tiene deberes para con la Patria sino 
para con el Sumo Pontífice de Roma y con el Pa- 
dre Eterno!!! 

¿Y esto no vale la pena para el doctor Ramírez 
de ser ten'.do en cuenta por los partidos militantes? 
¿No conviene que ocupen los puestos públicos re- 
lacionados con la educación del pueblo los hom- 
bres mejor preparados? ¿No debe llevarse al 
Cuerpo Legislativo á los ciudadanos más aptos, 
bien intencionados y de ideas avanzadas? 

Y hoy que se irata de emprender la reforma de 
la Constitución del Estado, ¿es posible mirar con 
glacial indiferencia los comicios próximos á reali- 
zarse? 

Las conquisias liberales alcanzadas están, pues, 
en perpétuo peligro, y más lo estarán aún si los 
hombres que debieran ponerse al frente de ellas, 
para sostenerlas y aumentarlas, se duermen sobre 
los laureles y se entregan al laisses Jaíre, laissez 
passer. 

El autor del Eoangelio Americano, el ilustre Bil- 
bao, preguntaba: ¿Con quién luchan? con quién han 
tenido que luchar las Repúblicas? Con la Religión 
Católica y su fanatismo ensañado, respondía; con 
la iglesia infalible, que es insaciable de poder y de 
rentas, con el despotismo político apoyado en todas 
partes, en la región como dogma; en la Iglesia 
como autoridad, en el clero y frailerío como fuer- 
za, — y en la ignorancia de las masas cuyo fanatis- 
mo explota; — el retrato de Rosas en el templo ca- 
tóliro! 

Libertad y Catolicismo, dice Lamennais, son dos 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 97 



palabras que se excluyen radicalmente. La Iglesia 
por el principio de su institución, exije, debe exijir 
del hombre utja obediencia ciega, absoluta, e» 
todos sus órdenes: obediencia en el orden espiri- 
tual, puesto que de él depende la salvación; obe- 
diencia en el órden temporal en cuanto está, ligado 
al órden espiritual, pues si permitiese se acatase 
en cualquier grado y en cualquier macera, ya la fé 
necesaria para salvarse, ya la autoridad que la 
enseña, se haría cómplice del mayor crimen que 
puede concebirse: — la muerte de las almas. — De 
esto, agrega, á las medidas represivas, á la inqui- 
sición, á sus códigos sangrientos, la consecuencia 
es rigurosa. 

Y desde que el Catolicismo es incompatible con 
la Libertad, todos los hombres liberales estamos 
en el deber de combatir le y luchar por desterrarle 
del poder, para que no ejerza en los destinos na- 
cionales la maléfica influencia que siempre ha ejer- 
cido en todos los pueblos del mundo, antiguos v 
.modernos. 

¿Acaso, por ende, un partido político no puede 
incorporar á su programa los principios liberales? 
La libertad política y civil no basta: es imprescin- 
dible agregar á ambas la libertad de conciencia 
que debe ser su base. 

De ahí que en nuestra carta del 18 de Diciembre, 
al observar la actitud de indiferencia en que yacía 
y yace el Partido Constitucional, propusiéramos 
agregar á su programa una declaración categórica 
sobre la cuestión religiosa. 

La inmensa, mayoría del país es liberal: liberales 
son los colorados en casi su totalidad, liberales los 
blancos ei> crecido número, principalmente la ju- 
ventud, y liberales los constitución* t listas, quizás 
en mayor proporción que aquellos. 

Luego, habría sido un incentivo más á unos y 
otros, de los ménos aferrados al tradicionalismo, 



98 SETEMBRINO E. PEREDA 

; , , i % 

para evolucionar en favor de esa colectividad polí- 
tica—Pero ya que su disolución ^inevitable y 
que se invoca por uno de sus prohombres, por el 
doctor Ramírez (J. P.) lo que en 1881 dijera la 
Redacción de El Plata á la de El Bien Público de 
entónces, esto es, que si después había que resolver 
el problema de la Religión en el Estado ó de la en- 
señanza laica, ú otros igualmente interesantes, en 
que los mismos correligionarios políticos del día 
disentían, los que quisieran se disgregaran, porque 
«los partidos del porvenir nacerían de las necesida- 
des del porvenir» — nos separamos desde este mo- 
mento de sus filas para trabajar por la creación del 
Partido Liberal, en el que no habrá necesidad de 
sostener ideas nebulosas, sinó propósitos definidos, 
principios esencialmente radicales en materia re- 
ligiosa. 



El doctor Pena reconoce que la situación es ex- 
traordinaria, que exije mayor agitación y labor en 
la opinión que antes de ahí >ra, pero crée al propio 
tiempo que el Partido Constitucional no tiene ele- 
mentos bastantes de acción y que sin el acuerdo, 
parta de donde partiere, no será dable obtener 
«el mejor de los Presidentes posibles» en los pró- 
ximos comicios. 

En 1887 se lanzó este mismo pensamiento en el 
seno de los partidos y en las columnas de su 
prensa. 

E! constitucional en la Asamblea que celebró el 
¿5 de Mayo de ese año en el Circo San Martín, re- 
solvió : 

1. ° Declarar que consideraba la Conciliación 
Electoral una necesidad impuesta por la situación 
excepcional del país. 

2. ° Que por consiguiente contraería todos sus 
esfuerzos á ese patriótico pensamiento. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



99 



3. ° Que la conciliación podía realizarse por la 
formación de un centro electoral á que concurrirían 
los ciudadanos que de los diversos partidos políti- 
cos, bajo una denominación común y transitoi ia; y, 
no siendo esto posible, por el acuerdo de los parti- 
dos, conservando cada uno su autonomía, aún para 
el acto electoral. 

4. ° Que en los diversos departamentos de la 
República, según lo impusieran las circunstancias 
ó los trabajos ya realizados, podía adoptarse una 
ú otra solución, sin que eso importara quebrantar 
la unidad de propósitos del Partido Constitucional. 

5. ° Que dentro de los propósitos aquí declarados, 
quedaba la Comisión Directiva del partido autori- 
zada ampliamente para proceder según lo impu- 
sieran las circunstancias y se lo aconsejasen su 
recto criterio y su elevado patriotismo. 

En esa ocasión decía el doctor José Pedro Ra- 
mírez, finalizando su entusiasta discurso: 

«La lucha es condición de la vida, lo mismo para 
los individuos que para los pueblos; pero cada 
época tiene sus exigencias, y la presente exige á 
los buenos ciudadanos un acuerdo y una tregua 
para afirmar y garantir las preciadas conquistas 
realizadas en el transcurso de algunos meses, sin 
exponerlas á los azares y peiigros de una lucha 
electoral que podría muy bien dejaren tierra fértil 
el gérmen de nuevas perturbaciones y dar base y 
ocasión á reacciones funestísimas. 

«Trégua á las pasiones y supresión de Ja lucha, 
para que el gobierno del general Tajes pueda se- 
guir consagrado «á trabajar en paz por los intere- 
ses de la patria». Trégua á las pasiones y supre- 
sión de la lucha para garantirnos siquiera, por la 
sucesión regular de los gobiernos, obra de todos y 
por todos aceptadas, oíros tantos años de paz fe- 
cunda y de labor honrada, como los que hemos 
sufrido de paz ignominiosa y de disipación sin 
ejemplo. Hé ahí cuál debe ser nuestra bandera y 
cuál nuestro propósito á que debemos consagrar 



lüü 



SETEMBRINO E. PEREDA 



una abnegación sin límites, formulada en estos 
términos: « Con nosotros ó sin. nosotros, afiáncese 
la obra de reparación bajo tan felices auspicios 
comenzada.» 

i «Tomemos esa iniciativa, resolvamos esa acti- 
tud,— y es tan popular y tan patriótico el pensa- 
miento— se impone de tal modo á todas las con- 
ciencias honradas, que me atrevo á decir sin temer 
de ser paradojal, habremos, no resuelto, sinó de- 
cretado la conciliación electoral y afianzado por 
muchos años la paz y el bienestar de la República.» 

El doctor Juan Carlos Blanco, apoyando esas 
ideas, empezaba asi: 

«Las manifestaciones con que ha sido recibida 
por esta imponente Asamblea la lectura de la de- 
claratoria suscrita por número considerable de 
ciudadanos, prueba que si puede caber controver- 
sia en cuanto á los medios de llevar á ejecución el 
pensamiento, no cabe de ninguna manera en cuan- 
to al pensamiento en si mismo cíe la conciliación 
electoral, única forma, señores, de dar solución pa- 
triótica y levantada á la crisis próxima de Noviem 
bre.» 

Y agregaba, casi al terminar su discurso: 
«Sólo ó acompañado, bajo la bandera de la eón- 
cilíación electoral ó bajo la suya exclusivamente, 
que es bien amplia, el partido constitucional, seño- 
res, ha de propender en la próxima lucha electo- 
ral á que las urnas de los comicios no se convier- 
tan, corno lo temía un ilustra correligionario, en 
urnas funerarias de nuestras libertades y derechos, 
sinó á que i llas sirvan para consagrar la vuelta 
del ciudadano desterrado en *u propia patria y !a 
vuelta de las instituciones sojuzgadas desde largos 
años : or el régimen de la fuerza y délas dictadu- 
ras oprobiosas.» 

Otro de los oradores, el doctor De Maria, decia 
por su parte: 

t^aLa noble idea de la fraternidad cioica ha de 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



101 



realizarse, debemos esperarlo, en una ú otra for- 
ma, y si se realiza dando por resultado la consti- 
tución de unas Cámaras en que tengan voz y voio 
los partidos y que sean la representación legítima 
y honrosa de todas las aspiraciones del país, ah! 
entonces podremos enorgullecemos de nuestra 
conducta, porque entonces la paz, la paz fecunda 
de la libertad, estará. asegurada, las luchas del par- 
lamento y de la prensa serán la válvula que dé 
espansión á todas las ideas, no habrá proscripto- 
res ni proscriptos, el sudor del pueblo que trabaja 
no tendrá que alimentar las concupiscencias re- 
pugnantes de los explotadores de las desgracias 
públicas, la fuerza armada no volverá á alzarse 
criminal y traidora contra la autoridad soberana 
de las leyes, y sobre todo, no veremos ya más á 
un soldado oscuro, pigmeo elevado á las alturas 
por I \ marea de la descomposición social, tratar á 
nuestra patria como á pais conquistado y entre- 
garla al saqueo, convertido, ¡oh vergüenza! en sis- 
tema de gobierno!») 

Pues bien: lo que el doctor Pena créé hoy reali- 
zable para la lucha electoral á iniciarse, lo creían 
y propusieron sus más conspicuos correligionarios 
de la capital, — hace seis años, — y es de todos sabi- 
do el resultado que se obtuvo con tan patriótica y 
plausible iniciativa. — El partido dominante, que 
maneja ásu entero capricho el mecanismo electo- 
ral, malogró el pensamiento concebido; porque 
para 61 era innecesaria y un estorbo la concilia- 
ción cívica, desde que dispone de recursos sufi- 
cientes para imperar en las esferas del gobierno 
y triunfar en los comicios,— puesto que los Regis 
tros Cívicos son el patrimonio exclusivo, como lo 
reconoció ni Presidente de la República en el 
Mensaje que trae á la memoria el doctor Pena, 
son el patrimonio exclusivo, decimos, de una do- 
cena de ciudadanos ocg se complot a y apodkra 

DE ÉL. 



102 



SETEMBRINO B. PEREDA 



De ahí que rechazara toda transacción é impu- 
siera su voluntad, elijiendo de motu propio á los 
ciudadanos que debían figurar en las Cámaras 
como representantes de los partidos de oposición. 

El Constitucional tuvo una inmensa minoría de 
sus afiliados en el Cuerpo Legislativo y aunque 
algunos de ellos aportaron un capital de inteligen- 
cia y de civismo, no eran, sin embargo, sus legíti- 
mos representantes, pues que su elección no fué 
hija de la decisión ni del voto de sus correligiona- 
rios. 

¿ No opina el doctor Pena que otro tanto aconte- 
cerá si se ii.icia un acercamiento entre las agru- 
paciones políticas que en la actualidad dividen la 
opinión del pe ís, para ponerse de acuerdo respec- 
to á los comicios de Noviembre? 

Los partidos tradicionales uo están educados en 
la escuela de la fraternidad: han nacido en medio 
el humo y el fragor de las luchas fratricidas; no 
han perseguido ideales avanzados, sinó .tenden- 
cias aviesas: — la dominación del uno sobre el 
otro, el manejo y absorción de la cosa pública 
han sido su sueño dorado de siempre. 

Por consiguiente, no están preparados, ni pue- 
den estar dispuestos, — al ménos el dominante, — á 
sellar el pacto ih» una conciliación cívica, aunque 
sea transitoria, entrando en ella el Partido Cons- 
titucional, que es el adversario de ámbos, puesto 
que á los dos les combate por juzgar un acto pa- 
triótico trabajar ph pró de su extinción. 

Y miéntras esas agrupaciones políticas no des- 
aparezcan, será pencar en ideales irrealizables, 
será buscar un desiderátum muy lejano, será, en 
una palabra, vivir de simples ópticas ilusorias si 
se imagina encontrar la legalidad del sufragio en 
una coalición que siempre ha fracasado por impo- 
sible. Pero no es el Partido Constitucional el lla- 
mado á ejercer, tan poderosa influencia, porque ha 
perdido ya su oportunidad y con ella su razón de 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



103 



ser y su prestigio. Si sus elementos dirigentes 
hubieran sido más activos, en vez de convertirse 
en marmotas de la política, en meros espectado- 
res de los hechos, ó en representantes postizos de 
su partido, como los llama el doctor Pena, aguar- 
dándolo todo del poder de las ideas y del lirismo 
de la prensa, — la idea de la concordia y del civis- 
mo habría muerto al espíritu de los partidos per- 
sonales, que nada significan ante la magestad de 
la ley y el amor á la Patria. 

Además, como muy bien lo dice el doctor José 
Pedro Ramírez, falta al Partido Constitucional, 
elemento político para un partido militante; ese 
es el hecho que se impone y contra el cual no po - 
demos rebelarnos; y un partido que no milite, em- 
pieza á ser un anacronismo en la actual situación 
del pais. 

No nos pag-iemos de los hermosas palabras, no 
rindamos fervoroso culto á los programas litera- 
rios con barniz de polínica, máxime cuando son 
hijos de circunstancias dadas y no hacen más que 
bosquejar someramente aspiraciones patrióticas, 
muy aplausibles, es cierto, pero también muy defi- 
cientes y reemplazables por otras más ámplias y 
definidas. 

Con sobrado fundamento expresó también dicho 
distinguido compatriota en la carta que nos di- 
rije: 

«Si los sucesos y las conveniencias publicas 
aconsejan que disolvamos ese organismo á que 
hemos vivido identificados durante dos lustros, 
debemos disolverlo, sin modificaciones de amor 
propio y sin repugnancias pueriles, dispuestos á 
llevar á la causa del bien individualmente, todos y 
cada uno, bajo otra organización cualquiera que 
mejor responda á las necesidades y á las conve- 
niencias de las nuevas situaciones, ¿a misma pu- 
reza de intenciones y el mismo anhelo patriótico.* 



104 SETEMBRINO E. PEREDA 



El doctor Pena cree que la muerte del Partido 
Constitucional resucitará los viejos odios partidis- 
tas hoy adormecidos ó extinguidos. 

Cómo! ¿No reconoce este ilustrado amigo que 
ellos se han modificado, debido, entre otras cau- 
sas, d s tu- propios elementos dirijentes y á reacciones 
sur/idas de su propio seno? Si es así, mal pueden 
retrogradar, volviendo á los memorables tiempos 
aquellos en que hasta el sexo femenino tomaba á 
sangre y fuego lo de blancos y colorados; en que 
las casas se pintaban con los colores que simboli- 
zaran uno y otro partido; en que la niñez aprendía 
desde la cuna á maldecir y aborrecer al parvulillo 
de la vecindad, y ostentaba en el sombrero ó gorra 
que usara un cintillo de los de Oribe ó Rivera, se- 
gún la opinión política de sus progenitores. 

No; no es posible imaginarse ni pensaren tales 
cosas. — Los partidos tradicionales han recibido 
severas lecciones en su larga y tormentosa exis- 
tencia para que cometan la locura de volver alas 
andadas Y en la hipótesis de que agitasen el pen- 
dón de guerra, ya abatido desde Abril de 1872, 
peor para ellos: decretarían su propia muerte con 
tan temerario proceder, dando una vez más razón 
á los que hemos luchado por que se disuelvan. 

No cabe duda, empero, que los bien entendidos 
intereses del paísexijen su desaparición. 

Es cierto,— como dijera Juan Cruz Várela,— 
que es muy difícil el desarraigo de las preocupa- 
ciones y que una de las habitudes más funestas es 
la de persuadirse maquinalmente que lo que ha 
durado largo tiempo debe durar siempre, pues que 
la existencia de un día establece un derecho para 
el día siguiente 

Este principio, que es aplicable indistintamente 
á la religión ó & la política, le cuadra á los que to- 
davía se titulan blancos ó colorados. Ambos parti- 
dos, muertos sus caudillos principales, debieron 
haber desaparecido, porque uno respondía á las 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 105 



instigaciones y tendencias de don Manuel Oribe y 
otro á las de don Fructuoso Rivera. Dados los 
adelantos de nuestra época, constituyen, on conse- 
cuencia, un verdadero anacronismo. 

El doctor Miguel Herrera y Obes, actual Presi- 
dente de la Cámara de Representantes de la Re- 
pública, combatiendo esas agrupaciones, vertió 
estos sensatos conceptos: 

«Los partidos colorado y blanco, son partidos de 
pasiones; y si queréis ser hombres de principios, 
no seáis jamás partidarios personales. 

«Los partidos actuales con sus divisas de guerra 
arrancadas al pasado, deben ser relegados por la 
Juventud innovadora de nuestra época al juicio 
imparcial é inapelable de la historia. Es preciso 
trabajar en política sobre una base más sólida y 
con horizontes más vastos. 

«Vengan enhorabuena los partidos, coexistan, 
luchen en la prensa y en las urnas por el triunfo de 
sus propósitos en la opinión del país; nada más 
razonable, nada más justo. Pero que sean partidos 
que simbolicen principios y traigan á sus luchas la 
luz de alguna idea,ó el beneficio moralde algún pro- 
greso;y no partidos como nuestros bandos militan- 
tes, que emanados directamente de personalidades 
no han hecho otra cosa en el espacio de tantos 
años de combate, que arruinar y destruir los intere- 
ses morales y materiales del país » 

¿Y cuáles son esos partidos que respondan á 
principios y no á simples personalidades? que 
puedan coexistir en el tiempo, por responder á, 
ideas radicalmente opuestas y no al espíritu de 
banderías cual las agrupaciones cuya existencia 
combatimos? 

No otros, en nuestro sentir, como que ya lo he- 
mos dicho, sinó el Partido Liberal y el Partido 
Ultramontano, Católico ó Clerical, y en el primero 
pueden caber todas las aspiraciones avanzadas. 



106 SETEMBRINO E. PEREDA 



Otro de los temores del doctor Pena consiste en 
que la juventud, disuelto el Partido Constitucional, 
ingrese en las filas de las agrupaciones tradicio- 
nales. 

4 Y en qué se funda para suponerlo? Los avan- 
zadas principios por éste sostenidos en el espacio 
de trece años alejan de la realidad semejante su- 
posición. 

Si para los ciudadanos que en 1880 se separaron 
de ellos, volver á su seno significaría una claudica- 
ción, una apostasía, un verdadero descenso cívico, 
porque declararon pública y solemnemente desli- 
garse para siempre de los antiguos partidos, — para 
los elementos jóvenes, nacidos á la vida política 
bajo la sombra de la bandera de las instituciones 
libres, importaría un lamentable retroces*), una 
obsesión moral injustificable. 

Ño creemos, por lo tanto, que pueda existir ese 
peligro. 

Por otra parte, los que tal hicieran, nunca ha- 
brían sido amigos sinceros del Partido Constitu- 
cional ni podrían tener honesta cabida en ninguno 
de los bandos referidos. 

Los partidos necesitan hombres resueltos y cons- 
cientes, afiliados que no sean pan y agua al propio 
tiempo, gente que hable y que obre, ciudadanos 
que sean capaces de sacrificarse por ellos en todos 
los terrenos y circunstancias, que luchen á cara 
descubierta y no oculto el rostro con el antifáz de 
la hipocresía:— y los hombres valen por lo que 
son, no por lo que aparentan ser. 

La juventud en nuestros días, formada en la es- 
cuela de la experiencia; que ha visto levantarse y 
caer a tantas funestas personalidades; que sabe lo 
que cuestan al pais los rencores y luchas partidis- 
tas; ella que ha nutrido su inteligencia con la savia 
de las provechosa? enseñanzas, en las bancas uni- 
versitarias, donde se predican las más adelanta- 
das doctrinas, no puede comprometer con un tras* 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 107 



piés político, indigno de su cultura y patriotismo, 
los progresos y el porvenir de la Nación, 

No; -us aspiraciones son y tienen que ser más 
progresistas y generosas: el pasado á la Historia, 
los muertos á ¿a Necrópolis: y ella no puede cons- 
tituirse en exhumadora de recuerdos que deben 
dormir eternamente el sueño del olvido, ó evocarse 
á la mente para recibir sus rudas enseñanzas, para 
huir espantados ante el espectro horrible de un 
ayer lleno de luto y de ignominias; porque las in- 
marcesibles glorias, los hechos que honran Ja Pa- 
tria, las altas manifestación' s del patriotismo, no 
son patrimonio exclusivo de los bandos persona- 
les, sinódel pueblo, del pais entero, encarnado en 
los proceres de nuestra emancipación política y 
en losados heroicos en defensa de su civilización 
y propia autonomía. 

No arrojemos, pues, la más mínima sombra de 
duda sobre nuestra ilustrada y digna juventud; ella 
ha de mantenerse consecuente y pura como lo 
prescriben e imponen las reglas del deber cívico 
y los avanzados principios que profesa. 

Aunemos, sí, nuestras voluntadas, pero no para 
proponer ó aceptar un pacto que puede ser indeco- 
roso ó efímero; aunémosnos para trabajar en bien 
de la patria; mantengamos inmaculada la vestal 
de nuestras creencias; pero aunémoslas para for- 
mar parte de un partido de programa conclu ente, 
que sea el éco fiel de las tendencias y propósitos 
de todos sus afiliados y que no dé mán?eñ á que se 
dividan en campos opuestos en momentos dados, 
só pretexto de que los p'iriidos del porvenir nace- 
rán de las necesidades del porvenir. 

Serán muy radicales nuestras ideas, no importa: 
las vacilaciones pueriles, ios términos medios, las 
contemporizaciones cobardes, fruto de la pusila- 
nimidad de espíritu y de la falta de carácter, no 
nos tendrán jamás entre sus sostenedores. 

y si esta propaganda, hija de nuestra sincerdad 



108 



SETEMBRINO E. PEREDA 



de miras, y que responde al más puro patriotismo 
no encontrase éco en la opinión, no por eso hemos 
de desmayar: la lucha es ley de la existencia de 
individuos y pueblos— se ha dicho— y á ella esta- 
mos habituados. 

Prepárese para muchas decepciones, nos decia 
el doctor Melián Lañnur, con fecha 20 de Enero 
último, y agregaba en su excesiva benevolencia: 
•Los hombres como usted, desgraciadamente, son 
pocos.»— Y el 6 del corriente, en vista de nuestra 
actitud pública, nos recuerda esas palabras, y dice: 
«Las decepciones que le he anunciado las vá á 
experimentar usted ahora más de cerca. Ya verál» 

Tal vez el doctor Lafinur tenga razón; pero si se 
realizan sus vaticinios, no arriaremos por eso, co- 
bardemente, la bandera de la santa causa que de- 
fendemos. 

Por otra parte, su honrosa y buena compañía ya 
es un estimulo para no desfallecer en la lucha. 

El doctor Laftnur con su opúsculo Exégesis de 
banderías ha hecho el proceso de los viejos parti- 
dos, poniendo una vez más de manifiesto ante la 
faz del país los desastrosos efectos que ellos han 
producido en todas las épocas. 

Por eso ha encontrado la mejor acojida por 
parle del pueblo, y su edición de más de mil ejem- 
plares se agotó en el espacio de 48 horas. 

Las buenas ideas, por más óbices que se le pon- 
gan, se abren siempre camino, máxime cuando se 
las imprime el sello de la sinceridad ó son dictadas 
por la austeridad cívica. 

¿Qué son los partidos entre nosotros? ¿Qué re- 
presentan? ¿Qué méritos tienen á la consideración 
pública? ¿Cuáles son ^sus verdaderas tendencias? 
Los blancos viven todavía pensando en Oribe y 
Paysandú, los colorados en Rivera y la Defensa; 
y los pocos constitucionales de buena fé que que- 
dan, creen cumplir una misión patriótica invocan- 
do la frase aquella: > todavía está allí! pronunciada 



t NÍ RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 109 



hace trece años, en medio el entusiasmo que pro- 
dujo el despertar del patriotismo del sueño de un 
lustro luctuoso y lleno de vergüenza y de infamias, 
—como si evocando la memoria de los muertos, 
las datas ignominiosas 6 los hechos que irradian 
resplandores de gloria enrojecidos por la sangre 
de las víctimas inmoladas en su holocausto, se 
resolviese el problema que ha de mejorar el pre- 
sente y asegurar á ta Nación un porvenir bonau • 
cible, próspero y feliz. 

El país lo que necesita son más hechos y ménos 
palabras; que los principios se sobrepongan á las 
pasiones; que las leyes se cumplan, por deficientes 
quesean; que haya ménos ambiciones personales 
6 de círculo; que los orientales antepongan el 
amor sacrosanto de la patria al insano interés de 
encumbrarse en el poder, cueste lo que cueste, sin 
reparar en medios; que la empleomanía no marée 
tantas cabezas inteligentes, que se malogran por 
efecto de su falta de equilibrio moral; que no se 
haga un modas vioendide loque debiera hacerse 
una obra de utilidad pública, en una palabra, — que 
las agrupaciones políticas encarnen elevados pro- 
pósitos, respondiendo á fines prácticos, progresis- 
tas y honestos, y no á miras estrechas y men- 
guadas. 

Cuando esto suceda, ro habrá necesidad de 
buscar los acuerdos ó evoluciones, porque el ejer- 
cicio del sufragio no girará dentro de un círculo 
vicioso y el partido dominante respetará la opinión 
nacional y las leyes que rigen su vida democrática. 

Entonces no veremos el tri.-tey nada edificante 
ejemplo de que sean los gobiernos . los electores ó 
que el mecanismo electoral se halle en manos de 
una docena de audaces afortunados. 

Sin embargo, como muy bien lo observa el doc- 
tor Lafinur en su mencionado folleto, las influen- 
cias, que pudieran ser benéficas, no se dejan sentir; 
los que debieran hablar, callan; los egoísmos pre- 



110 



SETKMBRINü E. PEREDA 



dominan: unos, porque les conviene para sus fines 
de política lucrativa; otros, por celos y mezquinas 
rivalidades los más, por desencanto, por cansan- 
cio y falta de fé en la obra á emprenderse, — todos 
rehuyen la labor proficua de una iniciativa que el 
país reclama. 

El civismo exije, pues, una suma mayor de acti- 
vidad y energía: se requiere salir de la inacción, 
aunar las buenas voluntades, encarar sin vacila- 
ciones pueriles y antipatrióticas las iniciativas que 
se imponen por la situación anormal en que vivi- 
mos y dejar de lado el culto á las divisas, á los 
nombres y á las tradiciones funestas. 

Para ello es menester sepultar el pasado en el 
panteón de la.historia; ser, antes que partidario in- 
transigente, patriota abnegado, para quien los al- 
tos intereses del país se encuentran por encima de 
las afecciones hereditarias de familia,— que las 
opiniones deben ser el fruto de un maduro criterio, 
hijas de la reflexión, y no la herencia de padres á 
hijos, pues qüe las ideas, para que sean conscien- 
tes, tienen que apoyarse en la razón y la lógica. 

Lo que nosotros nos esforzamos en probar, no 
es, por otra parte, como se ha dicho, que los par- 
tidos no deban existir, sino que los partidos blanco 
y colorado deben dejar su puesto á otros partidos 
que respondan mejor á las aspiraciones y tenden- 
cias de la época; lo que deseamos hacer compren- 
der, es que si existieron causas que dieron por 
resultado la formación de esos partidos, el trans- 
curso del tiempo ha de tal manera modificado esas 
causas, que hoy esos partidos, en nuestra socie- 
dad, son un anacronismo. 

¿A qué, en consecuencia, pretender eternizar su 
existencia, cuando ello importa un estacionarismo 
que no se aviene con el progreso de las ideas de 
nuestros días? 

El doctor Cárlos María Ramírez, discutiendo 
hace veintidós años estas mismas cuestiones con 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



111 



don Agustín de Vedia, cuando la guerra civil diez- 
maba la campaña y perturbaba profundamente el 
orden público, aunque jó ven entonces, aleccionado 
ya por la ruda éxperieucia de hechos de doloi osa 
recordación y de reciente data, juzgando á dichos 
partidos, decía con propiedad y elocuencia: 

«El señor de Vedia ha sido periodista del par- 
tido nacional, como nosotros lo hemos sido del 
partido liberal.» 

¿Hay alguien que se engañe de esas denom na- 
ciones farsáicas? preguntaba, y luego agregaba: 

Partido nacional, partido blanco. 

Partido liberal, partido colorado. 

No se necesita estar muy imbuido en el álgebra 
de la política oriental para saber esas ecuaciones 
de memoria. 

Y ya que hemos dicho denominaciones farsáicas, 
debemos explicar nuestro pensamiento. 

Para nosotros, tanto un partido como el otro, 
son partidos nacionales', y son partidos liberales. 

Ambos quieren la independencia, aunque ámbos 
la hayan menoscabado j ultrajado con la alterna- 
tiva aceptación de las intervenciones estranjeras. 

Ambos quieren la libertad, aúnque ámbos la ha- 
yan destruido y deshonrado alternativamente, no 
alcanzando á comprenderla ó á gozarla, sinó con 
la subyugación de un partido por el otro. 

Ambos quieren la independencia y la libertad, 
aúnque sus pasiones, sus resábios y sus elementos 
exclusivos, ya no pueden garantir la independen- 
cia ni fundar la libertad. 

Hágase lo que se haga, y dígase lo que se di^a, 
miéntras los partidos conserven su organización 
actual, el partido blanco será el partido de Oribe 
y de Pereyra, como el partido colorado será el 
partido de Rivera y de Flores. 

El señor de Vedia ha sostenido algunas veces 
que sobre las ruinas de Paysandú se meció la cuna 
heróica de un partido nuevo; profesamos gran 



112 



SETEMBRINO E. PEREDA 



respeto á la defensa de Paysandú, y no de ahora, 
sino de siempre, ha de saberlo el señor de Vedia; 
partidario todavía, asistíamos á los funerales de 
Leandro Gómez, bajo el imperio de la intolerante 
Dictadura; — pero estamos profundamente conven- 
cidos de que. ningún episodio de nuestras guerras 
civiles puede dar programa de administración^ de 
gobierno y de progreso á un partido de principios y 
de Orden. 

La defensa de Paysandú, la defensa de Monte 
video, sen tradiciones sublimes que santificará la 
historia y que debemos venerar eternamente como 
hechos extraordinarios y aislados donde se revela 
el heroismo y la grandeza de las generaciones 
orientales, en medio del abatimiento y el extravio 
que los pierden; consolador indicio de lo que serán 
capaces cuando se regeneren en la fuente de la li- 
bertad y de la paz 

Elevada á programa de partido, la tradición de 
Montevideo ó la tradición de Paysandú, solo sig- 
nifica la amenaza de los atentados y violencias 
que fueron virtudes sublimes en la desesperación 
de una gran lucha^y la perpetuación de formida- 
bU s pasiones que solo pueden justificarse y ser 
benéficas «m circunstancias perfectamente análo- 
gas á las circunstancias bajo cuyo imperio ger- 
minaron. 

Para que la defensa de Montevideo sirviese de 
fuente ¿e vidaá un verdadero partido, seria nece- 
sario que Rosas, ó algo parecido á Rosas, existie- 
se en el Río de la Plata; y no existe ni volverá á 
existir, debemos suponerlo por decoro. 

Para que la defensa de Paysandú á su vez sir- 
viese de fuente de vida á un verdadero partido, se- 
ría necesario que estuviésemos en permanente 
guerra con el Brasil; y no lo estamos^ ni desea es- 
tarlo nadie, cuando la misma reacción del partido 
blanco ha incluido en su programa la perfecta paz 
con los vecinos. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 113 



Montevideo y Paysandú no son tradiciones polí- 
ticas, son tradiciones guerreras, como pueden 
serlo para Francia las de Rolando y Juana de 
Arco, ó para Inglaterra la de Arturo, ó la de Pela- 
yo para España.» 

«Y completaremos nuestro pensamiento con 
franqueza, concluía diciendo el doctor Ramírez: 
Montevideo y Paysandú no son tradiciones de 
partido, sino tradiciones del país, tradiciones emi- 
nentemente nacionales, » 

Nosotros opinamos otro tanto, y por consiguien- 
te no podemos admitir que se invoquen á cada paso 
ámbos hechos como patrimonio exclusivo del 
partidismo personal. 

El heroísmo no es una novedad en el país, ni es 
hijo peculiar de tal ó cual partido; en las luchas 
por la independencia, en las contiendas fratricidas 
en cuantas ocasiones se han presentado de pro- 
ar el valor de los orientales, se ha encontrado en 
ellos un temple varonil que ha rayado en la teme- 
ridad, tanto en uno como en otro bando. 

¿ Qué extraño, pues, que lo haya habido, ya den- 
tro de los muros de Montevideo ó en las trincheras 
de Pays inda ? Ahora lo que falta demostrar con 
hechos que se impongan, es que existe el patrio- 
tismo, que hay patriotas y no comediantes de la 
política, capaces de encarrilar los lestinos nacio- 
nales por la vía de su engrandecimiento, asegu- 
rando la paz en el derecho y el órdenen la liber- 
tad, — y no de precipitarle aun abismo, exponiendo 
no solo la pérdida del crédito en el exterior, sino 
lo que es > un más caro para todos: la independen - 
cia patria. 

El Partido Constitucional incurrió, en nuestro 
concepto, en el gravísimo error de exigir, cuando 
los recuerdos estaban latentes, se renegase de las 
ideas y tradiciones por que blancos y colorados ha- 
bían combatido durante varias décadas, cuando lo 
que debiera haber exigido de sus miembros no era 

9 



114 



SF.TKMBR1N0 E. PEREDA 



otra cosa que la unión, la concordia y el olvido de 
los errores y rencores del pasado, dejando á cada 
cual con su criterio histórico. 

En los Partidos Liberal y Ultramontano, que 
hemos proclamado, pódrian, en cambio, tener 
cabida, sin achurar de sus creencias antiguas, los 
ciudadanos que profesen uno ú otro principio en 
materia política y religiosa,es decir, blancos, colo- 
rados y constitucionales; porque en las tres colec- 
tividades políticas existen liberales y católicos, lo 
cual constituye un contrasentido inexplicable, 
principalmente tratándose de los segundos, cuya 
prensa sostiene que profesan las mismas ideas 
por nosotros expuestas con antelación siendo 
esta una simple afirmación gratuita. 



Los principales hombres de los viejos partido?, 
como lo demuestra el doctor Laíinur en su impor- 
tante opúsculo, han reconocido en distintas épocas 
lo antipatriótico de sus fines y de los medios de 
que echan mano para subir y sostenerse en el Go- 
bierno. 

El fraude electoral, la coacción oficial, el predo- 
minio en las urnas de unos cuantos ambiciosos 
vulgares, pescadores en rio revuelto,— mientras 
ellos no desaparezcan, — pues es imposible que se 
opere en »u seno una reacción radical y benéfica, 
dadas sus tendencias y entrañable amor al tradi- 
cionalismo, — tendrán que dejarse sentir desgracia- 
damente, aunque se dicten leyes que tiendan á ga- 
rantir la libertad política y por más que los pode- 
res públicos hagan manifestaciones múltiples de 
prescindencia absoluta, ó de fino cariño y respecto 
a la legalidad del sufragio; porque no conviene á 
aquellos ni á su círculo exponerse" á una derrota 
en el terreno de la lucha cívica. 

Es que el ideal que se persigue no es aquel que 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 115 



inspira el patriotismo, sino el que aconsejan los 
intereses personales ó de partido, que responde á 
asegurar para hoy, para mañana, para pasado y 
para toda la vida la tan codiciada pitanza que tan- 
tos males ha causado al país. 

Es que todas las miradas se tienen constante- 
mente fijas en los puestos públicos, á los que van 
por lo común los más ineptos y ménos dignos, pre- 
cisamente porque ellos son los que sirven tanto 
para un fregado como para un barrido, prestán- 
dose á cuanto se les exije. 

Es que los hombres de carácter, los ciudadanos 
austeros, de una sola pieza, que no doblegan la 
cerviz sino ante la magestad de las instituciones 
libres, no abundan entre nosotros, y los que exis** 
ten representan el papel de monstruos para los que 
manejan las riendas del Estado, — y lo represen- 
tan, no por que en realidad lo sean, sinó porque 
servirían de estorbo á muchas, á muchísimas in- 
dignidades, — al leonino manejo de Jos dineros 
públicos, á la comisión de compadrazgos que de- 
primen nuestra cultura de pueblo civilizado, á las 
groseras farsas con que se pretende embaucar á 
los habitantes del país, por los que hacen un uso 
censui ab o de la influencia que les dá la investidu- 
ra que ejercen, etc., etc. 

¿Qué pueden, por consiguiente, ofrecer de bueno 
al país los ctctuales partidos, — nos referimos á los 
que tuvieron su origen en Oribe y Rivera,— que le 
hagan entrever un porvenir cuyo cielo se halle di- 
sipado de nubes sombrías, presagio de tempesta- 
des políticas, que conducen al caos y & la banca 
rota general? 

hay tudavia juventud que se llama blanca ó 
colorada! 

Blanca! por qué? ¿por que sus antepasados mi- 
litaron con los caudillos de divisa blanca? 

Colorada! 'por qué? ¿por que sus antepasados mi- 
litaron con los caudillos de divisa colorada? 



116 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



¿Ese es un motivo, una razón que justifique su 

Ímrticipación ó alistamiento en las filas de los 
>andos que han sido el infortunio del país y que 
con sus actos han puesto en inminente riesgo de 
perder la Independencia Nacional, que tan cruen- 
tas luchas y rudos sacrificios costara á los patri- 
cios del año 25? 

El doctor Gregorio Pérez Gomar, aterrado an- 
te el espectáculo de la contienda armado y el do- 
minio que siempre han tenido los ménos sobre los 
más cultos, escribió un dia estas frases, dignas de 
recordación y de ser meditadas por los hombres 
jóvenes y patr otas: 

«Suele verse un joven estudioso é inteligente, 
bajo las inmediatas órdenes de un ignorante que 
hace gala de rigor. 

«La ley desaparece ante las ordenanzas milita- 
res, y si venida ta tregua se ejercen los derechos 
políticos, el jefe militar recuerda su influencia y 
amenaza con ella para imponer su voluntad. 

«Y así los partidos hacen algo peor que la des- 
gracia del país: causan au degradación y el envi- 
lecí miento de los ciudadanos. 
«¿Y puede ser libre el país envilecido? 
«¿Es así como se entiende la libertad que todos 
amamos? 

«¡No!» ¡Ay de los que se creen egoistamente 
garantidos por su posición, por sus influencias, por 
sus medios de fortuna! Ellos miran con indiferencia 
la falla de libertad, porque creen que no necesitan 
de es<i conquista de las instituciones, y olvidan que 
todo es instable en el mundo: posición, influencias, 
fortuna, todo es perecedero; mañana tal vez os 
tocará á vosotros ser azot «dos por el látigo del jefe 
militar, ser el juguete de los ambiciosos, y si á 
vosotros mismos no os sucede, ¿quién garante á 
vuestros hijos? 

«Pero si & todos, pobres y ricos, grandes y 
humildes, nos proteje la libertad garantida por 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 1\7 



instituciones eficaces, cualesquiera que sean las 
vicisitudes de la vida, nuestro honor, nuestros 
derechos y nuestras acciones estarán garantidos. 

«Nuestros partidos actuales, haciendo imposible 
la libertad, amenazan á todos, aún á los más favo- 
recidos por la fortuna, envilecen á los ciudadanos 
y degradan al pais. 

«Cuando dos clases se disputan la influencia 
política y social para ser la una opresora de la 
otra, no hay mas remedio que la justicia. 

«Pero la primer manifestación de la justicia es la 
libertad. 

«Los partidos actuales no pueden dar ni tolerar 
laTberiad. 

«Luego, para que haya justicia, libertad y de- 
más manifestaciones de esa idea, es necesario la 
formación de un elemento nuevo capaz de produ- 
cir una armonía.» 

Hoy, sin embargo, ha cambiado en algo la situa- 
ción que con pincelada maestra nos pinta el doctor 
Pérez Gomar, pues el elemento militar, á p» sar del 
motin del 75, la dictadura de Latorrey el desgo- 
bierno de Sar tos, ha reaccionado en sentido del 
bien, y vive ménos distanciado que ántescon el 
elemento civil; pero en caso de guerra, por imperio 
de la ley, aquel primará sobre éste, y teniendo; 
como tienen, en sus manos la fuerza, si no se hace 
una verdad de la fraternidad cívica y del reinado 
de la ley, será él el que gobierne y no la opinión 
pública ni el voto consciente de las mayorias en el 
ejercicio de sus derechos políticos. 

Los gobiernos de partido, aunque sean civiles, 
necesitan del militarismo para sostenerse. De ahi 
que se le halague de mil modos, ya regalando 
grados á la marchanta, ya pagando sueldo íntegro 
á los que no hacen servicio activo, ya, en fin, 
teniéndole presente en las más solemnes delibera- 
ciones, para que, cual la espada que sorprendiera 
al cortesano de Dionisio, no penda sobre la cabeza 



118 SETEMÉRINO E. PEREDA 



del primer magistrado de la Nación, como pendió 
sobre la del tirano de Siracusa. 

Los partidos populares, que se alimenten de 
principios y no de personalidades, que busquen los 
hombres para los puestos y no los puestos páralos 
hombres, que antepongan al servilismo el patrio- 
tismo, son los que han de modificar y extirpar 
esos hábitos perniciosos, matando las pasiones 
bastardas, que tienen minada nuestra sociabilidad 
política. 

El Partido Constitucional, como lo hemos ya 
dicho, ha cooperado eficazmente, á pesar de todo, 
aúnque más no sea que ostensiblemente, á educar 
ese espíritu estrecho de círculo; pero su propagan- 
da y sus esfuerzos, ya por desidia de sus llamadas 
cabezas dirigentes, ora por la nebulosidad y defi - 
ciencia de su programa, no ha logrado imponerse 
de una manera decisiva. 

Por eso sobre sus cenizas — pues no creemos 
tenga la virtud de convertirse en un nuevo Lázaro, 
— hemos sometido á la consideración de tos hom- 
bres pensadores y patriotas del pais la idea de 
formar los dos partidos posibles y lógicos entre 
nosotros: el Liberal y el Clerical. 

Debemos, no obstante, ampliar nuestro pensa- 
miento, para que sea mejor comprendido y no deje 
lugar á dudas. 

No pretendemos con la creación del partido 
liberal, frente al partido ultramontano, sembrar el 
cisma en el seno de las familias, naqueremos ha- 
cer de una colectividad política un bando de lucha 
turbulenta y demoledora,— que los debates filosófi- 
cos é históricos sobre materia religiosa, si han de 
sostenerse de continuo en la tribuna ó en la prensa, 
— quedan para los clubs sociales que se constitu- 
yan ó existan y no para dicho partido, que si bien, 
llegado el caso, se pondría de rñé par* defender y 
hacer triunfar sus principios proclamados, bastaría 
por el momento, para completar su programa, 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



119 



incorporar á él, además de la libertad política y de 
la libertad civil, la libertad de conciencia, — la 
iglesia libre es el Estado libre, según la fórmula 
de Cavour,— la libertad de cultos. 

Este es un principio universalmente reconocido, 
y, por lo tanto, su enunciación no puede sorprender 
á nadie. 

Solo los timoratos ó los indiferentes pueden no 
creerlo así, empero sostenerlo los más eminentes 
tratadistas de derecho constitucional. 

A la juventud ilustrada le incumbe en primer 
lugar el deber de trabajar por que se haga carne 
esta idea, porque es ella la esperanza de la Repú- 
blica y la llamada á ser, como en otras épocas, la 
porta-estandarte de la libertad. 

Ella no puede permanecer estacionaria ni vivir 
con el recuerdo de los muertos. 

Que Oribe, uno de los próceres de nuestra 
emancipación política, mas tarde aliado del tirano 
Rosas;Rivera, queá pesar de los títulos que habia 
conquistado para con sus amigos de causa, tuvo 
que ser extrañado á Rio Janeiro, por su conducta 
en Maldonado; Flores asesinado por sus propios 
protejidos, guiados de ambiciones desmedidas, 
soldado de la Defensa y general en Jefe de la 
Cruzada; Aparicio, 3l prototipo de la ignorancia, y 
Gregorio Suárez, su digno rival, lograran ponerse 
al frente de dos poderosos ejércitos, efecto del 
extravío de las pasiones que ciegan á. los hombres, 
aún mismo á los inteligentes,— se explica, por más 
que no se justifique, pues los ánimos se hallaban 
hasta entonces enconados y las divisas y los 
caudillos absorbían la preocupación de todo el 
país, no obstante las manifestaciones aisladas y 
efímeras del patriotismo— pero que en la actuali- 
dad se rinda culto á las unas y los otros, eso no se 
explica ni se justifica. 

La meditada lectura del folleto del doctor Lafi- 
nur así lo comprueba, y la juventud bien inspirada 



120 



SETEMBRINO E. PEREDA 



debe leerlo y meditarlo; porque en él se hallan 
desarrollados ampliamente, con un crudal de 
datos históricos, de indisputable mérito, los princi- 
pios que venimos propagando y que en nuestra 
carta del 24 de Junio último, sometimos á la con- 
sideración y al dictamen de varios de nuestros más 
distinguidos compatriotas, miembros aVl partido á 
que pertenecimos hasta hace poco y al cual hemos 
servido con todo el entusiasmo y la sinceridad de 
nuestra alma, quizás con más buena fé y sacrificios 
que muchos de los que significan rendirle fervoro- 
so culto. 

El doctor Lafinur, en su Exégesis de banderías, 
opina de perfecto acuerdo con nosotros: combate 
los partidos tradicionales, juzga ineficaz la exis- 
tencia del Partido Constitucional y vé un peligro 
en los avances del clericalismo. 

Por eso se lée en su página 20: 

«¡Guay de la patria, si á la época actual de la 
mistificación y la mentira, sucede la de la reacción 
teocrátical 

«Viniendo el mál de donde debiera venir la sal- 
vación, no cabe exclamar: caveant cónsules; pero si 
todavia hay pueblo, á él se le puede decir: despier- 
ta! agregando la frase que en época moderna 
engendró tantas y tan pasmosas energías: «lapa- 
tria está en peligro*. 

Sí, la patria está en peligro, y su salvación solo 
depende de la muerte de los viejos bandos, de la 
honradez administrativa, de la verdad del sufragio, 
del patriot smo de los orientales y de la formación 
de partidos populares que tengan rumbos fijos, 
tendencias definidas y afiliados y decididos cons- 
cientes, en vez de vividores y de hipócritas disfra- 
zados con el antifaz de los principios. 

Asi, y solo así marchará el país por el camina 
de la paz, del engrandecimiento y de la libertad. 

Finalmente, no basta predicar la buena doctrina, 
adoptando el lema del jesuíta: haz lo que digo, más 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 121 



no lo que hajo; porque para ser creído, para consti- 
tuir autoridad, es imprescindible, en política como 
er religión ser apóstol con la palabra y el ejemplo. 

Los partidarios de boquilla son más perjudicia- 
les á una causa que sus propios adversarios, por- 
que estos hieren de frente y aquellos por la es- 
palda. 



El Dr. Aramburú, después de recorrer la histo- 
ria desde el origen de nuestros partidos, llega tam- 
bién á la concesión de que no conviene que se di- 
suelva el Partido Constitucional, porque disolver- 
lo fuera dispersar una fuerza que puede ser üiil 
en un momento dado. 

Las fuerzas dispersas, dice, no tienen acción 
eficiente ni en la naturaleza, ni en la dinámica so- 
cial. 

Convenido. — Pero para que exista esa fuerza es 
preciso que las agrupaciones políticas que han de 
constituirla no vivmi en la inactividad y que re- 
vistan el carácter de militantes, si no quieren sui si- 
darse por falta de vida propia, — y la constitucio- 
nalista, optando por la inercia, pierde todo poder 
de atracción. 

¿A qué, entónces, sostener su existencia, si ella 
será efímera y poco duradera? 

Perseverar en el manifiesto de Mayo., como lo 
desea el Dr. Aramburú, e?, por otra parte, incu- 
rrir en el error de los tradicionalistas, que por no 
separarse de las filas de los viejos bandos en que 
han militado, no quieren obedecer á la ley natural 
del progreso ¿de las ideas, sobre todo cuando la 
más completa desorganización impera en su seno 

En el número 4194 de La Razón, correspondien- 
te al 11 de Febrero último, Un constitucional, dice 
al respecto: 

«Fuera vano negar que el constitucional está de- 



122 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



sorganizado, y aúnque los otros están más ó mé- 
nos lo mismo, no hay duda de que no tiene ya ra- 
zón de ser un partido que proclamó como base de 
su credo la emancipación de ¿os antiguos y la abo- 
lición de sus dioísaSy con el objeto de reunir á todos 
los hombres de principios bajo una sola aspira- 
ción: la de cumplir los preceptos de la Constitu- 
ción, llevando á los puestos públicos á los más 
aptos por sus talentos y virtudes, sin otra filia- 
ción 

Pues bien: no se negará que ese programa ha si' 
do cumplido en su parte doctrinaria, y que el triun- 
fo de sus ideales ha sido completo. Sériamente, 
ya no existen en el país ni blancos ni • colorados, 
pues estos dos vocablos políticos nada significan 
en sí y ningún espíritu sincero sabe la diferencia 
que existe hoy entre ellos, ni cuáles son las ideas 
y principios que los dividen. Y este estado de co- 
sas viene de muy atrás, pues desde que subió La- 
torre al poder, no puede decirse con rigurosa 
exactitud que el país ha sido rejido únicamente por 
gobiernos colorados y que los blancos han estado 
alejados de él, puesto que hemos mxto á colorados y 
blancos en el Gobierno y con el Gobierno, y blancos 
y colorados fuera y en contra de él, lo que impli- 
ca que no ha existido tal división de partidos y 
que los colores de los poderes públicos han sido 
como el de los helados panaenées. En rigor no ha 
habido ni hay hoy sinó gubernistas y oposicionis- 
tas, lo cual demuestra la impotencia de los parti- 
dos antiguos para constituir por si solos la admi- 
nistración pública, cuando en otros p lises los ver- 
daderos partidos son organismos fuertes que no ne- 
cesitan echar mano de elementos heterogéneos. 

Para la mayoría despreocupada es pues, verdad 
comprobada que los partidos blancos y colorados 
no existen sériamente ni podrán reorganizarse, 
porque se ha debilitado estremadamente el re- 
cuerdo de sus orígenes y en el lejano cuadro apa- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 123 



recen ya muy vagas las siluetas de Oribe y Rive- 
ra. Es en balde que pretendan restaurarías con 
nuevos frescos colores: la tela está gastada y la 
pintura no muerde ya en ella. Solamente un con- 
vencionalismo interesado puede perpetuar la deno- 
minación de colorado, y la mayor parte de los que 
asi se llaman, no son partidarios de Rivera y de 
la defensa, sinó tajadistas del presupuesto». 

Esta es una verdad amarga, ppro una verdad 
al fin. 

En nuestra carta datada el 24 de Junio de 1892, 
dirigida al Dr. Melián Lafinur, es decir, ocho meses 
ántes que Un constitucional, sosteníamos lo mismo 
que él, ó sea: que el partido de las instituciones 
libres ya no tenía razón de ser, porque había cum- 
plido la misión que se impuso al fundarse en 1880. 

Por ende, no veíamos ni vemos porqué se em- 
peñan algunos de nuestros hombres de talento en 
proclamar la necesidad de su no disolución, por 
más que sean los primeros en no atreverse á inten- 
tar su reorganización. 

El ilustrado redactor de El Siglo, en su edito- 
rial del 8 de Febrero ppdo., tomando en cuenta 
nuestras primeras publicaciones, s* confirma en 
sus anteriores juicios, y encuentra justa nuestra 
observación de que creí constitucionalismo frente á 
los partidos tradicionales, con la mira de absor- 
bérseles ó desorganizarlos, contribuye en realidad 
á mantenerlos en pié». 

«No hay como una negación frente á una afir- 
mación obstinada,dice para hacer durar el pleito y 
prolongarlo más allá de donde habrían llevado sus 
pretensiones uno y otro de los contendores. 

Hoy, el probar que existen y tienen condiciones 
de grandes partidos, contra la tésis contraria del 
constitucionalismo, es una de las razones que 
precaven contra el cisma y la disolución á los an- 
tiguos bandos. 

Esa perpetua pretensión de absorberlos y de de- 



124 



SETKMBRINO E. PEREDA 



molerlos, quizá les evita, el que las excisiones que 
se han producido en su seno no hayan sido más 
duraderas y profundas. 

Mientras que resulta cada vez más imnosible la 
realización de esa tentativa de demolición: mien- 
tras que hoy el constitucionalismo no puede aspi- 
rar racionalmente á ensanchar sus filas, nos pa- 
rece evidente la contribución indirecta que le lle- 
va al tradicionalismo, poniéndosele en frente y 
tan empecinado, en su negación como los otros 
en su afirmación». 

«La bandera del partido constitucional era am- 
plia y hermosa, agrega, como para que todos pu- 
dieran cubijarse á su sombra, pero ¿qué le hemos 
de hacer si no han querido venir y si no hemos 
podido impedir que en diez años de lucha se haya 
vuelto á su vez bandera de un partido reducido, á 
donde no vendrán ya á cobijarse los que hasta 
ahora la han resistido? 

El molde se ha vuelto estrecho para que en él 
puedan vaciarse los anhelos y las aspiraciones po- 
pulares. Los sucesos lo han ido usando y empeque- 
ñecido, como pasa con todas las cosas. 

Que no sea, pues, obstáculo á más robustas ma- 
nifestaciones de opinión, como se necesitan y han 
de venir, más tar'?e ó más temprano, para desper- 
tar á este país de la apatía y de la anarquía en que 
vive.» 

¿Y cuáles han de ser esas robustas manifesta- 
ciones de la opinión de que nos habla el Dr. Mar- 
tínez? ¿Serán, por ventura, las que promueva la 
unión cívica que proponen los Drs. Pena y Aram- 
burú ? 

¿Ha de formarse en el país, como álguien lo 
insinúa, un nuevo partido, de carácter transitorio, 
que se denomine Liga Patriótica^ ó coya así, para 
que actúe en la lucha electoral á emprenderse? 

Y el Partido Constitucional, ¿qué fué sinó una 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 125 



unión cívica para trabajar en pró del reinado de los 
principios, sin rencores partidistas? 

«Ah! Si tuviésemos aquí un Dr. A lem!» se ha 
dicho. ¿Y para qué necesitamos de un Dr. Além, 
cuando no faltan en el país hombres de ñbra y 
patriotismo, sinó simplemente la unión de los 
buenos ciudadanos? 

El Dr. Além tiene talento y energía, pero ¿qué 
ha hecho en su país que denote un saludable pro- 
greso? La revolución de Julio fracasó por falta de 
cabeza, y el movimiento político iniciado para la 
elección presidencial no dió los resultados apete- 
cidos. La Unión Cívica, fundada bajo tan lisonjeros 
auspicios, se dividió bien pronto en Radical y Na- 
cional, debilitando sus fuerzas y dando el triunfo á 
los acuerdistas, que han llevado á la primera 
magistratura del país vecino al Dr. Luis Saenz 
Peña, persona muy honorable, hombre de notoria 
ilustración; pero que carece de la energía suficiente 
para afrontar con éxito una situación difícil cual 
la que le ha tocado conjurar sin conseguirlo. 

De ahí que pueda decirse de él lo que se ha dicho 
de más de un mandatario: reina pero no gobierna. 

Otros son pues, los parúdos y no los hombres 
que se necesitan entre nosotros, y otras deben ser 
las aspiraciones de ios ciudadanos honestos que 
las de congregarse, sin un propósito estable, 
arras, rados por las fuerzas de las circunstancias, 
bajo la sombra de una bandera simpática, pero de 
efectos contraproducentes. 

Y no busquemos el ejemplo de la Argentina, 
pi.rque allí el partido fundado por el Dr. Além, 
está abocado á su desaparición: la anarquía tiene 
minada su existencia. 

En cuanto á la cuestión religiosa, manifiesta el 
Dr. Aramburú ser de l> pinión del Dr. De -María. 

Crée, por lo tanto, qu > peligran en la Repú- 
blica las conquistas lib» 

Lo que ya hemos exp «au nos relevaría de nue- 



136 



SETKMBR1N0 E. PEREDA 



vas consideraciones; pero en obsequio á la causa 
que sustentan os y á la verdad verdadera, agrega- 
remos algunas más, que no tienen levante. 

No peligran, y sin embargo, el Obispo católico, 
Dr. Soler, según lo expresa el Dr. Laflnur, — «A 
veces como general ó ministro de la guerra revista 
las tropas, que abaten la bandera ante un escudo 
que él tiene para su uso particular, y no es el es - 
cudo de la Pátria». 

No peligran, y el Ministro Bauza, más fanático 
que el Papa, arrebata un terreno k la Junta del 
Departamento de la Colonia para destinarlo á una 
Iglesia. 

No peligran, en fin, y acaba de ser separado de 
su puesto de Agente Fiscal de Rocha el doctor 
Castro y Barbosa, á quien le tenía ojeriza por no 
comulgar en los mismos altares, como lo afirma el 
funcionario destituido en su exposición publicada 
el 25 de Febrero último en las columnas de La 
Tribuna Popular. 

¿ Y cuál fué el delito de éste ? Vamos á decirlo, 
para que se comprenda la parcialidad y espíritu de 
secta que han existido y que demuestran á las cla- 
ras los bríos que toma en el Gobierno el clerica- 
lismo. 

Se le destituyó por omisión. 
Dice el doctor Castro y Barbosa al respecto : 
«La omisión era no haberme encontrado al ter- 
minar las ferias en mi departamento. 
¡ Irrisorio sarcasmo 1 

% Habían ido acaso el doctor Schiaffino, el doctor 
Caribaldi, el doctor Felipone? El doctor Goros- 
tiza después de su traslado verificado el 22 de No- 
viembre, recien se presenta el 17 de Febrero en el 
Departamento de Treinta y Tres. ¿ Era solo el 
Fiscal de Rocha el que había cometido la omi- 
sión ? 

Pretextos eran los que se buscaban,— la razón 
estaba en otra parte.» 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 127 



La separación de dicho ciudadano sirvió para 
que el Ministro Bauza diera colocación á otro de 
sus correligionarios en materia religiosa. 

Y si se quiere más, léase lo que dice el autor de 
Exégesis de banderías: 

((Los blancos y los colorados de consuno han 
muerto la opinión pública que no se reconoce en 
sus divisas. — Han engendrado menguadas y vul- 
gares ambiciones en los pequeños, y la fatiga en 
los buenos. Del cansancio se han aprovechado 
los clericales; y hoy la República está entregada á 
la mentira, á la indiferencia, que es la muerte del 
alma, y al ultramontanismo» 

No basta pues, negar una cosa para destruir la 
afirmación contraria. 

Convénzasenos con hechos que estamos equivo- 
cados, pruébese que no peligran las conquistas li- 
berales, y entónces confesaremos nuestro error. — 
Pero miéntras esto no suceda, seguiremos bregan- 
do con ahinco en el terreno que pisamos. 

De cualquier modo, esto no obstaría á la forma- 
ción del Partido Liberal, pues ya hemos dicho que 
no entra en nuestras tendencias hacer de él un club 
jacobino, sinó un partido de principios definidos é 
inmutables. 



Indudablemente la carta del Doctor Blanco es 
un documento notable, que hace honor al recono- 
cido talento de su autor; pero no por eso nos satis- 
tace ni convence. 

La hemos leido repetidas veces, y no hallamos 
en ella la claridad que habríamos deseado. 

Veamos, sin embargo, lo que dice, 

Crée este distinguido compatriota y amigo que 
fuer* ineficáz la reorganización del Partido Cons- 
titucional, entre otras razones, porque no concibe 



128 



SETEMBK1N0 E. PEREDA 



la lucha política donde faltan garantías para el 
ejercicio de los derechos del ciudadano. 

¿Quiere decirnos el Doctor Blanco si acaso han 
existido ántes más que las que existen en la ac- 
tualidad? 

Si en 1887 y en 1890 se creyó necesario salir de 
la inacción,— al presente debiera suceder otro tan- 
to pues las circunstancias no han cambiado en lo 
que respecta á la libertad del sufragio. — Son los 
mismos hombres, salvo insignificantes excepcio- 
nes, y son las mismas ideas las que gobiern in 

Opina lo contrario el Doctor Blanco, precisa* 
mente, aunque no lo confiesa, por lo mismo que 
llevamos dicho, es decir, porque es imposible gal- 
vanizar el cadáver de una colectividad política que 
hoy solo existe en el nombre. 

Además, es necesario reconocer, — aunque esto 
sea una desgracia nacional, — que miéntras no se 
modifiquen los hombres .no habrá legalidad, y para 
que ésto sea un hecho, habrá, que transcurrir luen- 
gos años. — Educación cívica, desinterés, patrio- 
tismo, hé ahí lo que se hace menester, y ni los hi- 
jos de nuestros hijos quizás alcancen á palpar tan 
herniosa y ansiada realidad, Se trata de un mal 
endémico, que es necesario combatir, no con la 
indiferencia y la abstención permanentes, sinó 
con medidas enérgicas y con la lucha en las 
urnas. 

Y si el Partido Constitucional no debe ser reorga- 
nizado para actuar en la contienda electoral del 
corriente año, ¿ cuándo llegará el caso de que se 
decrete su reorganización ? Probablemente, por 
lo visto, quedará para las calendas griegas ó para 
el dia del juicio final. 

¿ No encuentran más leal y patriótico los que 
sostienen en público la conveniencia de su no di- 
solución y que confiesan en privado la imposibi* 
lidad de darle nueva vida, decir la verdad sin am* 
bajes, para que el país sepa á qué atenerse? 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 129 



Es preciso no sancionar su muerte, se dice, para 
mantener latente una fuerza moral que perdería 
su efecto si desapareciese, 

Una fuerza moral I $ Puede haber fuerza mo- 
ral en un partido anarquizado, que ni siquiera da 
señales de vida ? Fuerza moral la tuvo en 1880, 
cuat.do se formó al calor del frenético entusiasmo 
de nacionales y extranjeros, porque entonces na- 
die permaneció en síatu quo. todos se preocuparon 
del porvenir del país, olvidando añejos rencores y 
animosidades de bando. 

El celebre aforismo la forcé prime le droit, deja- 
ba libre paso á la fuerza del derecho. Era el des- 
pertar del pueblo de un largo sueño producido por 
la dictadura militar, que había aletargado todas 
sus fuerzas durante un lustro de sangre, de baldón 
y ( }, e opresión á todos los derechos. Por eso halló 
un éco simpático la creación del partido délas ins- 
tituciones libres, enrolándose en él la mayoría de 
los hombres más espectables y de la juventud más 
distinguida del país; por esa misma causa, el Doc- 
tor Blanco manifestó en su brillante discurso pro- 
nunciado en el Skating, que aquel movimiento ex- 
pontáneo é imponente de opinión que invitaba á la 
fraternidad cívica, era una tregua á la lucha de la 
democracia, á la acción de los partidos,— y por eso 
el Doctor Alejandro Magariños Cervantes se ex- 
presó así: «seamos ciu ládanos ántes que colorados 
ó blancos, sin renegar de ninguna tradición, honro- 
sa de los viejos partidos y recozcamos noble- 
mente que necesitan cuando menos transfor- 
marse.» 

Pero si el Partido Constitucional no debe reor- 
ganizarse ni disolverse, ¿con quiénes se realzará 
la conciliación que se anhela? 

¿Qué papel desempeñarían, en tal caso, los 
constitucionales incrustados á una masa inerme? 
O tendrían que abstenerse ó que prestar á esos 
trabajos su apoyo individual ó colectivo. 



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1 



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3fl IVT 




años |jor la formación ¿fe^m ceffiffi JW.\<"' 8115? 



I 



NI KKTRGañÑDÚS QWñ*ÁWtljfftS 1§P 



naos jsihDPeato» 1 a<ó&ñv$rive ih>4au ofatftotrihii&d 1 1 ; life^ 
cr.eafiejUr^.nósioWos,^ 

únicos partidos ^Niobie& efc'liberaí'y '^^clérfcfel 6 a 
con^envlatdoiixf . oíííío teobf&ell ówio f»« ubn/iiia 14 
rÉn otnortieMfitao/jaoqe^en'^ rrf jtí^efr* 0 

Bfrnsiouoo bfthíidíf_fil í»b envim^íi^ ^ol obu^uo 
-imub f íi*>J'i» uífid 8oi &«.»bo) obj/i k]k íu-v.^rl í.»3 
rEr/QtfiJálancó nb iiitenprenaj tíorneetabi^tériidéé 1 - 11 
trtbipenáaraiento atiendo enti&ijtúe> toáfrí ley' qüie tire^' 1 
te-ndümsñsl esMquejsei -maraien^ úfla' 1 ucira^í rí-tréfeíiaJ -s 
eRlraritibjriralaay pl^iüfolss'emíbla íiTÍcla^t ({ y ! s<í»été u l ! 
nHtó)«-)pop./iin ^#w<nídí mi fe¡rári4onMii»)3t «éW 1 9a' tfMkvdk fi ' 
q vk* is ra piííMi d»ilíl) fenS 18T7¿>! rtjiwwMi a¿ <¿-><: oí'»jjv «»*tn 
^3e«aíl6 Cfttói n oá¡ a préstale» ai- Bótl< • p'E j eeitf$ vó 'gá-* 1 ri 
rantiendo una discusión filosófica £fti$t^i<^sb&Pé íf 

lasoQinhüa. r nj'^ risrl^b ^jíí-'ih.Jv.íii n; A"> 

i j eml rs,< jp>b 1 "b, 11 eripa ra ¿Horno» smptíóe^ií& ; ¡ni 'formar ,: * 
taUpfHjtiwUri n*/ak>js£iiJ i «n T ti 1 prt;s^í n deíyerst^ dél' 1 ( 

Gr?l > i^r^obLiú>i jty iiéuej 1 írfctftl nes& ít*^de y 4©" ídttfte'píe 7 es' • ' 
que se piense en coai*(riínaaíe8JÍc|ii!^*>f^rtíé^ef» 'elr'el 15 
p<8Ían¿^osíftró»sffi«>f*i^ 'tffóá 
y fiÜKH&k*¿ I ciot» .ta» av^rieáTHÍjBíUo^y ú lite ' W¿r«í páctó <■> n 
nro4»Q»yL»uíípcÍ!S!fe$iH , tó ípéifjflidauíWtfl paífe. >' s ¡r. » >n^í) l »b 

rieí4>k~i/4^V<^u$^ itemuii:^ iiH3&pcW'd^ vJó^iW^uf 
es4áio ^oírtombrrdrh^Aofnntt^ 

insíaiwK)^^atíp8i«^ftiia«n^Ntti>aíí i'y< &%&wtáátí& 'Sci^- 
elta*«smtb« ria/ iuotaiH3cfeHah^tt4tfdj >pdnjw* ePPar^n 
ti*Blwl1oDMiencarbai4c^ífiirhaiíí)píds, #W attti¿iim\Plk^ 
casi<ndd tí» i< ■ Inpaí5*g&^ ub lóel i^*^ibiooííisí4»t?fcí4iíiíl^^ • 'b 
sultado d° la aspiración de éste y na^mítfti^tttflaT^k 
riktódtia' l^ntíftmsiiasioss sitip píl<A«ióti^mtD« ¡y r«ifi' eotA 
cieofiaol /;n íjfiMfn r>inq aa^b o 1» :^oib vup nijuba 
Llegado el caso, todos seremos ^i^^K^ée^hA^b 



* \ 



132 SETEMBR1N0 K. PEREDA 



dadanos, C'»mo si contal expresión se resolviera 
algo práctico y se pusiese una valía insalvable á 
lo- crecientes avances del clericalismo. 

¿Y cuando se creerá llegado el caso por los que 
opiLar.de una manera tan poco reflexiva y tan 
acomodaticia? ¿Cuando sea ya tarde, es decir, 
cuando los enemigos de la liberlad de conciencia 
se hayan apoderado de todos los baluartes, domi- 
nando en 1o;í hogares, por medio de la astucia, y en 
los poderes públicos, por medio de la fuerza? 
¿Después que se haga precisó* reivindicar las con- 
quistas liberales á sangre y fuego,— cuando en la 
actualidad, para mantenerlas y darles más pode- 
roso vuelo solóse necesita la anidad de esfuerzos, 
ménos modorra física intelectual, más obras y 
menos promesas? 

Los liberales deben ser de todas las épocas y no 
de meras circunstancias; deben estar sien pre 
prestos á luchar por el triunfo y el Lantenimiento 
de sus ideales, dormir con el arma al hombro 
porque sus adversarios trabajan á todas horas, de 
día y de noche, á la luz de la publicidad y á la 
sumbra del silencio y del misterio. 

Otra cla-e de liberales no comprendemos, como 
no nos explicaríamos la pericia y amor á la causa 
del General en Jete de un Ejército, que pudiendo 
[•repararse y estar con ojo avizor para no ser sor- 
prendido y librar con éxito una batalla,dejára que 
en el campo enemigo se operase libremente y re- 
cién se apercibiera para resistir la lucha cuando 
se letomára de sorpresa en sus propias posicio 
nes, con la gente desordenada y las municiones en 
el parque, en v^z de tenerlas en las cartucheras 
de todos y cada uno de sus soldados y en la boca 
de sus cañones. 

Nunca mejor aplicable que en este caso el sábio 
adajio que dice: «i o dejes para mañana lo que 
debas hacer hoy.» 

Sí, los liberales por convicciones, los que tengan 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 133 



el coraje de sus actos, los no timoratos ni tartufos, 
no pueden ménos que asumir una actitud resuelta. 

¿Somos la mayoría de la Nación, como se reco- 
noce por los mismos que no hallan oportuna la 
creación del Partido Liberal? Pues bien: unámo- 
nos, formemos cu^ i un solo hombre, congreguémo- 
nos, seamos una fuerza, un organismo robusto, 
estemos habilitados para triunfar en las urnas y 
en 'as esferas del Gobierno, no por medio de la 
coacción y la arbitrariedad, sinó por el poder de 
nuestros valiosos elementos. 

¿Hay queelejir un Ju^z de Paz, que á su vez ejer- 
za la delicada tarea de Oficial del Registro de 
Estado Civil? Elijamos un liberal, un funcionario 
que nos pertenezca, que léjos de deprimir el matri- 
monio civil y la sola inscripción del nacimiento, 
proclame su eficacia y la importancia reat que 
ámbas cosas entrañan. 

¿Debe elejirse Representantes y Senadores? Elí- 
janse ciudadanos que respondan á nuestro credo, 
para que mañana se vean defraudadas en el seno 
del Cuerpo Legislativo las tentativas adversas á 
las nuestras. 

¿Hay qu< j . votar por el primer magistrado de la 
República? Votemos por uno que convlgue deci- 
didamente en el altar de nuestras creencias, elija 
mos un mandatario que no entregue la instrucción 
pública en manos ineptas y ue funcionarios que 
importen un peligro y un retroceso para las con 
quistas de la educación común. 

Sí; proce lamos así, seamos una fuerza respeta- 
ble,^ no como hasta aquí, una fuerza aparente, un 
espanta niños y una irrisión del adversario. 

Formemos el Partido Liberal, y nogHenckemos 
que presenciar el triste ejemplo de las coaliciones, 
que dan por resultado el triunfo del más fuerte, la 
imposición del que manda y maneja el fraude á su 
entero albedrío. 

Entónces no habrá que arrojar un mendrugo del 



#r»?§u#¿j 3ate> '■ Wiasitbl cali 8ídad©U> jpe Ufcieks^iJs QfpÍA 
,%V$*¿&«'CÍ>En# n a oonteocn ism tai paecuaitad* b§wq cpft 

f1úl)^A%)¿^shí i tte íftepre©(pit&D«$i che a$>INíi>aé*fipn 
4j>S^W gt» fioa- m$l «le» d urijrHftfifcj»^ ; tea g€iítjofWí^ < t #íWs 

^¿jgyy^ftya^iU ns V«lnuhJ mj*<¡ 3ob&)jlidfóri eornoias 
¿1 Eft ^tftfóovr^mrcslitNM^ fl$ 

que podría obtener píBo^teíri^K^i^ilé^^^^^n^ 
.vp i jUíUíi^ .n* Y emj i;toif fe ^xH5Í(bn i de i inte '-i Bjp C^Hae- 
^iei^^jot^? ve|t>^t'Jiift iáiiias^l^ Í4*® itf íis^l pí5>¿ k^Iq líti §ü 
<y PÍQi RQifoerai j a hdgíiídéi (do n edule^j^iiúH y r> r> j «fe.» ; 3 
-i^líito^jc) i cidéi iPairjiá^oi'p^dtiífaii^iotif^l^íie 
ojijfctajfttíblft iCUa^quél .fljp*:> =baüceí feJ^d&tto i' ' ^ wtf 1 d 81 

Enero último dictó el siguieiite/partfri^tíC^^ftcí'Ufi/i 
qp® fcobtto I ^n^ni ostras (id eas 4 ^é^atc^ * G ¿ 
f ofíSt.RiW^MíFj&áwMt(*qf f3i sup é:Oíífjb/il»ub d^nai 
oiQ«^¿iO^««^toü»«hiíB láfow jfcmwséguir *or^áhíq 
#i iaio.8€¡<# , d i feivlir.poii 1<kJ oe vltáwsl >th^dla^i pdsib léfe 
la federación de la República. .emleaun ¿fil 

£ i N# . díí b y -*í © naennjt irs í a i • fq r iteatri 0 ni ídfé» J a «ta a fti - 
ü)Íi<_¿¿ (j^^ju^fta '^i ní)ie»iiositopaüd'ade^cl&rtdfe $&4to¡9 
lqaj i pat'¿iíao l &Miap*i&i leauosabefiiléfutodafa f^énsond»^ 
^iípWíi: s ií1 tlHu^tsuíi «eserpa^ la^riütQfíOMtfa^dé 1 
^ye^j^ve^.yjte Müqjctptqj&ni ¡¿ocinm ns BOiltlDq 

de candidatos; .nomos nóioaruib;* k I <*b seteiop 
-jfM^á^iP/í&^F r-qu&óstosefia* éehparMdó^uécen 
^¿afGj^uqfccjRfcpü 

ya que ^^é^>\>iopb.m^^ %bíW0P3 
(¿%(^aijiia|,j ! aia $4te'ladi£íl ekpveSólf» á&rti&wvAúh- 
^Ktefaí#í«W«?<I eb dqnwie 9J8hi Is ™icrif»83*iq aup 
b lP$rft» Jte noxjft rl oldefte uit*íito.ddiiiitíPX(5^0á>ipát*P 

Ha de trabajar sin descanso poolqU$lJGi$tfníl# 



En todo lo que al partido especialmente, se, refie- 
ra no debe, por fin;- inspWítrfe'Wk^lás >%ÍS- 



hspera ahora este Consejo que los federales se 
esfi'erQfifajQóQ que nunca en estrechar sus filas^ 
matar toda disidencia^ acelerar su orgcmizaeión, 
extender su* principios por'4^ ttptf^LAWki y no 
perdonar medio de combatir el unitarismo, que' bajo 
dfc ¡ R«pbbh oa se twM k^m Ssfcj m*¿fft en 




atóbéu'«^©yeo^iBÍdéQ'i5q oiív^d on nóioitsi hastio 
oíáfai <$se *«nu rflóh* i^tWIa^%rfiá?^é€%!Ftió^ 'aiírads 
■aiJqaerjeHtfea ser tú®elé& 'íovbcu ira aoo on/¿! uihe 

.bfcbín 

Niiestrá^í^ja^iída en pró de la causa liberal 
y li^\MrweAPáld«liptitítílo no es obra de un día. 
Desde lST^-^uan^) aún no habíamos cumplido 
17 años dé eaaa,— ños venimos preocupando de 
ello, sin vacilaciones ni descanso. 

A fin de justificar nuestra actitud del presente» 
para pop aquellos 




rés puyuw rcz.au uuu 1a, uoeriaa aei pens. 



cío honorario, único que nombro, con excepción 



136 



SETICMBR1N0 E. PEREDA 



del vice-cónsul italiano, cuyo nombramiento es 
nato por prescripción de los estatutos sociales: 

Paysaodú, 4. ft de Diciembre de 1890. 

Señor don Setembrino E. Pereda, Vice-Presidente de la Sociedad. 

Presente. 

Muy señor mió: 

Me es sumamente grato llevará conocimiento 
de Vd. que en la reunión déla Asamblea Gene- 
ral verificada el 28 de Setiembre ppdo., por mo- 
ción del sócio D. José Sabattini y atento la de- 
cidida cooperación que prestó Vd. á la funda- 
ción de la Sociedad, — por unanimidad fué Vd. 
nombrado sócio honorario. 

Lamentando que las múltiples atenciones de 
organización no me hayan permitido llevar ántes 
á su conocimiento esta resolución, me es grato 
salu larle con mi mayor aprecio en esta oportu- 
nidad. 

Santiago Colombo, 
Presidente. 

Manuél E. Rombys, 
Secretario. 



El doctor López Lomba, con motivo de haber 

promovido y realizado la formación de la Unión 

Liberal del Departamento, nos decía en carta 
fecha 6 de Diciembre de 1891: 

Amigo Pereda: No puedo resistir por más 
tiempo al deseo de enviar á VJL como el ver- 
dadero fundador, el alma mater de la Unión Li- 



Ni RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 137 



beral de Paysandu, mi más caluroso y entusias- 
ta aplauso por su inquebrantable constancia y 
el tesón con que lleva Vd. adelante, secundado, 
es cierto, por una falanje escojida de amigos de 
causa, los trabajos de propaganda liberal. 

Menester es declararlo: Paysandú marcha á 
la vanguardia en esta cruzada contra el oscu- 
rantismo y ha dejado muy atrás al mismo De- 
partamento de la capital, que después de la gran 
manifestación del XX de Setiembre parece ha- 
ber vuelto á caer en el letargo y el indiferentismo 
en que estuviera sumido durante varios años. 

Han tenido Vds. una idea felicísima al inau- 
gurar su amplio sistema de conferencias y lec- 
turas públicas. Pueden llegar á producir una 
especie de renacimiento ó de despertar intelec- 
tual en ese Departamento, que está llamado, sin 
duda, á grandes destinos, tanto por la posi- 
ción geográfica que ocupa, como por las rique- 
zas inexplotadas que encierra y por la inteli- 
gencia, laboriosidad y espíritu de iniciativa y 
de empresa de sus habitantes. 

Dos medios fundamentales existen para comba- 
tir al clericalismo: para los adultos la propaganda 
oral y escrita, y la escuela para la niñez. - La 
Unión Liberal, nara lograrsus fines, debe emplear 
el primero de esos medios y del segundo debe 
echar mano la Liga de Enseñanza. 

Le saluda su afmo. 

Ramón López Lomba. 



El doctor Luis Melián Lafinur, que es el liberal 
más entusiasta oue conocemos, nos ha estimulado 
muchas veces cin su aplauso, participando en un 



m 



eo^rmiAT m aoaAflo<!flT3¿i ivr 

SEIEMBBmo E. PEREDA 




.Ifii^dil ahriftgfiqo'ia sb &o\bó&i3 sol t n?.uso 

t8K#ft>nI$w MÍW%. fthJB-gmo BJS9 ns BlbnBuswiv bI 
-oG onuim Ib «b-Ob Y^rn obB¡9b bíí y oot^íJíibi 
fiBis^ bI eb S9uq89b sup r ínJkji}0 bí sb t/tt^i^ hnq 

tei 




tapeta*, ' -HE 1 ' hab* pHíffcí' MMBk 



jíregf.M&tttf<v 
moni 



^tanos. Qué n^tów 



ir* 



TiMe 1 




ventud está bien dispuesta, y parece que el ele 
menk; extranjero tambT^M^JW 8 ^^ 

La indiferencia de hombres que por desgracia 
tienem^^lóñ^^ds^^jtMica mucho, porque á 
ellos los toman por modelo los tímidos, los egoís- 
tas y ios que explotan las miserias de los hombres 
públicos. 



'\ Cllí 



NI RRTe(áaHAOOS>Wfl«IAíOI'!*OS ( M) 



om^mdA &árrtíHra f j^daerg déftíi^l/^todtetr^áab fío 
me arredran; los fracasos delBRWsmaato^g «*eJn%fo 
lugar, no me acobardan; pacqusril ^ i feteríjié^ i*i ftdí-al 
avanza, y algún día triunfará, no hay que dudarlo. 

C^^W\í^^Mir4UhMiendo por todo el pMs, y 
acabará por avasallarlo todo, á despecho de los 
trabajos clericales de zapa, y de la indiferencia de 
los mlítd» I '^d^áitos-' , - , qT!íe ,, íemen las agitaciones 
de la opinión por cu^if j»ne^ f ^^.^Q^^a^ , y no 
temen el desarrollo de un sistema que, á dominar 
nuestro país,"4^'<&egradaría, infiltrando su veneno 

soCedernos. .^ fno }jsg 8 b 02 1 9 übni*"^ obi-ml 
^Y^m Q fm^^A^^fím\meLfp t ol&^do¿ 

.beten orno-j sciidcsod 9bj^bf.i6«¿qo*3q /.i oto 
nei8 loíiimxiO n&osri xrMWt Wf ^M^uB 

UMh-nti sftíú lubfiríúu! b ioq 
>ogim£i .omita na 6Tqfnf>i<5 yo» sup ^d«3 

M*\sYA WSL^ Scúmhre 82 de 1891 • 

Sr. don Seterobrino E. Paradq, 

. 1 i,¡r*. i v\ ¿>ir «iiHi"viJ'«i .f-»l*i/'iJ«JolíPaysandá 

Querido amigo: El lúnes hksb plil^icaf 'éh^Eí Si- 
glo» de la tar4&«»el telegrama. que se sirvió usted 
remitirme sobré' el espléndido resultado de. la ma- 

daí&PdaíaáW^ 

hP<Jü^f^éfeft¿teitf^í í fcfóKéá1é^ mfli ^^n alinea 
^kííu^WgrfesTfcn^^^^ 

tal Pgfi óW* ^fer 1 SU 8rgaffi*M lM 

Centro Directivo aquí con delegados de c&nWai 

(feflfSiWaoy UHifea'rfet^t* 1 "^i^ía^ftfíí'fe^ftKfiTóí 
Liberal». En e^<S$&tii3£ »«P Gion/yi9vva™q «f s 



140 



SETEMBRINO E. PEREDA 



Mis felicitaciones por el éxito en Paysandú, que 
se debe principalmente á ujsted, obrero abnegado 
de ldS grandes causas. 

Le estrecha la mano. 

Luis MeliánLajinur. 



Montevideo, Setiembre 2o i!ei891. 
Señor don Setembnno E. Pereda 

Paysandú 

Querido amigo: He leído en su periódico lo que 
ha sido Paysandú el 20 de Setiembre. 

Soberbio, querido amigo! No se pierde en el va- 
cío la propaganda de hombres como usted. 

Sus escritos y su palabra hacen camino! Bien 
por el luchador infatigable! 

Sabe que soy siempre su affmo. amigo. 

Luis Metida Lafinur. 



Montevideo, Setiembre 20 de 1891. 
Señor Don Setembrino E. Pered». 

Paysandú. 

Querido amigo: Acuso recibo de la suya del 24 
del corriente, y le rindo á su actividad el home- 
naje de mi admiración. Aquí no es como en Pay- 
sandú: nos herguimos en un momento dado, y ha- 
cemos algo imponente como la manifestación del 
20; pero en s íguida se dispersan nuestros elemen- 
tos y es un trabajo titánico reunirlos de nuevo para 
los trabajos preparatorios de nuestra instalación 
definitiva 

Sin embargo, unos cuantos aquí no desmaya- 
mos, y al fia hemos de conseguir algo como fruto 
de la perseverancia que empleamos. 



Ni RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 141 



Los trabajos de ahí van muy bien. Ojalá aquí 
tuviésemos iguales obreros entusiastas y abne- 
gadoá!! 

Como siempre, he leído con el mayor gusto su 
periódico y le dirijí á propósito de las fiestas del 
20 en Paysandú felicitaciones que supongo á la 
fecha le hayan llegado 

Un apretón de manos de su afmo. amigo. 

Luis Melián Lañnur, 



Montevideo, Octubre u 2 de 1891. 

¡Señcr Don Setembrino E. Pereda. 

Paysandú. 

Estimado amigo: Acuso recibo de la suya del 30 
del mes próximo pasado, y le agradezco el tele- 
grama del 27 que hice circular entre los amigos 
para que vean cómo marchan los asuntos liberales 
en esa ciudad. 

Si siguen asi los trabajos en Pay^andü, no me 
cabe durta alguna de que tenemos que colocar á 
ustedes á la vanguardia del movimiento: es el 
puesto de honor que les corresponde. 

Aquí, en la última sesión de la «Unión Liberal» 
hemos señalado el primer domingo de Noviem- 
bre para celebrar la sesión preparatoria de la 
Convención é inaugurarla. les comunicará á 
ustedes oficialmente uno de estos dias. Luchando 
con la indiferencia, por no decir otra cosa, de los 
que debieran ayudarnos, unos pocos hombres de 
buena voluntad venimos procurando darle vida 
eficiente á una asociación como la «Unión Libe- 
ra que conceptuamos urgeuie prestigiar y dar- 
le sohdez para las luchas del futuro, 

Bajo esta faz son ustedes más felices que nos- 
otros: están más unidos y por consiguiente en 



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cpnfHcjo njefs deg Rfer? uiásítóUésl queb aqt¿fíd aitosah - 
sa^ge: s^síejfeegtosvis eonendo »sIgu?íí eorn^aeivut 
Créame siempre suyo afmo. "c .>bí^ 

jj?. oteu^ í0-{6ra \h no^oItok^J.^ 
fob 9«J¿fi ¿I 9b oJifeóWq #ffWft ^HWftómq 
hl ii ognoqus aup c.úuoioatio ii'1 íibáifssviil a y & 

rio oí 



„ Monte 

. ;í^í rnn .orara ue 

Señor «Ion Setembriao E. Pereda. 



sonara e» nufo'iqft nU 



Paysandú. 



Querco #ra^í ,§i^r^del 11 del corriente me 
confirma en la opinión que siempre he tenido so- 
bre su decisión y actividad en, : fctá fa¿mk*exi*¡sef& 
de la causa liberal. Qué manera eñcaz de trabajar 
tie n e n ust edesiiei> pa y sa nd ú ! 




Créame siem*m&frkti!A? u{ f^.f 1 " °S 9Í 
n9 9J::9Íu^ienoo ioq fyi&o^diáfc&afMxm. .wiJo 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 143r 



íoí8óq»i í>b 8fíln>o eos fib mu Rbno oso 10*1 .soooq 

Señor don Setembrino E. Pereda. 4 .OKJjrf 

QupHHB^igSfWniíf ^der la suya del 16 del 
corriente así como la comunicación á la «Unión 
LibeAM* depilé dadd'cuenta á los miembros 
más caracterizados déla mUma 

Es una ilusión generásl r íeuste 
ner que del aptuaj. gobierno pueda surgir medida 
alguna que torne en realidad las aspiraciones de 




tiP.OJí'108! 

Lo que pasa ahí 

d^let^»ettí?»&Mloni? 
ta^er^.^/^fflivd^fii 



«i i^U^d ¡a^'tm l ! f 1 íiíH, mío j6'tó #IÍ^ 



i proceder. •i'«J< 



muchos: hombres de féP 



144 



SLTEM CRINO E. PEREDA 



pooos. Por eso cada una de sus cartas de apóstol 
entusiasta conforta mi espíritu, y de las miserias 
del momento lo levanta hasta la esperanza del 
futuro. * 
Créame siempre su affmo. amigo. 

Luis Melián Lafinur. 

.Montevideo, Febrero 24 ao 1892. 
Señor dpn Setembrino E. Pereda 

Paysandii. 

Querido amigo: 

Acuso el recibo de la suya del 21 del corriente 
que trae para mí una nota triste, cual es la de su 
próxima separación de la prensa, que tanto ha 
honrado usted con su criterio elevado de escritor 
de la buena escuela. 

El partido á que usted y yó pertenecemos, la 
causa liberal, y en una palabra, la causa de las 
conveniencias públicas, tienen que lamentar la 
ausencia del estadio de la prensa, de un publicista 
como usted, que ha mantenido siempre tan digna- 
mente los fueros de la libertad y de la cultura 
socií'l á cuya defensa estaba su pluma consagrada 
en El Paysandú. 

—Ya habrá visto usted por transcripciones en 
El Siylo de estos dias pasados, que el obispo Soler 
ha lanzado aquí una pastoral tremenda centra el 
matrimonio civil, y en términos acaso más inten- 
cionados que los d**l documento del cura de 
Paysaudú que motivó el incidente promovido por 
usted. 

Cuide su salud, sea feliz y crea siempre en el 
afecto de su servidor y amigo. 

Luis Melián Lafinur. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 145 



Coa motivo de un pasquín fijado en la iglesia 
parroquial, hicimos tas siguientes gestiones, á 
efecto de suprimir el abuso y castigar ai cul- 
pable. 



Sr. Juez Letrado Departamental. 

Setembrino E. Pereda, domiciliado en la calle 
18 de Julio, 253, á V. S.digo: Que en la Iglesia 
parroquial de esta localidad, en el paraje desti- 
nado á bautizos, existe un libelo difamatorio, que 
constituye un ultraje á la familia y á la socie- 
dad, como así mismo un desconocimiento y una 
violación flagrante a las sagradas prescripciones 
de la ley. 

Enéí se califica de concubinato al matrimonio 
civil y 4e indignidad el hecho de contraerlo, 
afirmándole maliciosamente que los hijos que de 
éste proceden son ilegítimos. 
^íTengo á honra, señor Juez, de haberme casa- 
do únicamente por la via civil y de no bautizar 
mis hijos, y, por lo tanto, no puedo mirar indife- 
rente, como padre de familia y como ciudadano, 
que los llamados Apóstoles de una Religión que 
debieran ser los primeros en dar ejemplo de man- 
sedumbre y tolerancia, arrojen un insulto tan 
ignominioso sobre mi hogar legalmente forma- 
do y sobre el buen nombre que he de legar á 
los mios. 

Desde que se sancionó, parabién del país y de 
la. libertad de conciencia, la Ley de Registro de 
Estado Civil, y la del matrimonio obligatorio,— 
ni el matrimonio ni el bautismo de la iglesia, pos- 
teriores á ellas, hacen fé ni tienen valor alguno 
siendo legítimos solamente los actos que autori- 
zan los Jueces de Paz respectivos para acreditar 
el estarlo civil de las personas. 

Esta es la verdad de las cosas, y, sin embargo, 



146 SETEMBRINO E. PEREDA 



guiado de un móvil ilícito y de secta, se aconse- 
ja a los ciegos de espíritu á desacatar la ley, con 
perjuicio del porvenir y de la moralidad de los 
que obedecen, por fanatismo ó ignorancia, á tan 
malignas exhortaciones. 

Para que el Ministerio Público, como repre- 
sentante de la sociedad y guardián de la ley, y 
V. S-, como fiel ejecutor de ella, tomen las pro- 
videncias debidas, tendentes á castigar al autor ó 
autores de ese acto censurable y punible, formulo 
la presente denuncia y acompaño un certificado 
suscrito por el Escribano D. Eloy J. Legar y los 
testigos D. Agustín Heguito y D. Ramón Bal- 
bis, que acredita mis asertos. 

Si bien su palabra hace plena fé, y á fin de evitar 
la más mínima incertidumbre al respecto, pido á 
V. S. se sirva, en unión del Actuario de ese Juz- 
gado y del Agente Fiscal del Departamento, cons- 
tituirse en el dia al mencionado paraje y constatar 
la veracidad del hecho enunciado. ^— Será justi- 
cia, etc. 

Paysandú, Novieml>re 16 de 1891. 

Setembrino J£. Pereda. 



AVISO A LOS FIELES 



Con el objeto d3 prevenir á los fieles contra el 
error de las más tristes consecuencias, en que por 
ignorancia han podido incurrir algunos acerca de 
la verdadera doctrina .^obre el matrimonio, se pu- 
blica el siguiente aviso para que se haga mani- 
fiesta, cuanto sea posible, ésta verdad de suprema 
importancia: 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



147 



1. ° Tengan presente los fieles que el matrimo- 
nio es un Sacramento, y que como tal, no lo puede 
admistrar válida ni licitamente sino la Iglesia Ca- 
tólica á que pertenecen. 

2. ° El matrimonio, sea entre católicos, ó bien 
entre católicos y no católicos, no estando autori- 
zado por la Iglesia, es un público concubinato y 
un» indignidad para un cristiano. 

3. ° La palabra desidente para quien nació en el 
Catolicismo, equivale á apóstata de su religión, y 
ese título, adoptado en algún contrato matrimonial 
no lo hace, sin embargo, líctto ni válido de nin- 
guna manera; ántes bien, á más de ser inútil y nulo 
ese contrato, coloca á los hijos que nacieran en la 
condición de les hijos de los herejes. 

4« Los hijos no son legítimos, ni podrán serlo 
miéntras el matrimonio no esté autorizado por la 
Iglesia Católica en que han nacido. 



Hé aquí ahora el certificado del Escribano re- 
ferido: 

Certifico en cuanto há lugar, que habiéndome 
constituido ó la Iglesia Parroquial de esta Ciudad 
he comprobado que en el Bautisterio de la misma 
existe un «Aviso á los fieles» del mismo tenor de 
la pieza que antecede, y el cual aviso pegado á un 
carbón se halla colgado en la pared situada al Este 
del referido Bautisterio — En fé de verdad, y á pe- 
dimento de Don Setembrino E. Pereda, siento el 
presente, que signo y firmo en la Ciudad de Pay' 
sandú á diez y seis de Noviembre de mil ocho* 
cientos noventa y uno. — Hay un signo Eloy J. Le- 
gar, Escribano Público. 

¿Certifico igualmente, que la existencia del im- 
preso « Aviso á los fieles», á que hago referencia 
en mi precedente certificado, ha sido constatada 
por los testigos don Ramón Bal bis y don Agustín 
Heguito, que también firman el presente. 



148 SETKMBRINO E. PEREDA 



En prueba de verdad y á pedimento! de los nom- 
brados, siento el presente, que si¿?no y firmo en la 
misma Ciudad de Paysandú y fecha ut supra.— 
(firmados) Ramón Balbis —Agustín Heguito^H&y 
un signo— Eloy J. Legar , Escribano Público. 

Providencia recaída en este escrito,— Paysandú, 
Noviembre 16 de 1891.— Con el impreso y certifi- 
cado, vista al Fi -cal.— Crovetto. 

Fueron notificadas las partes el mismo día y 
pasó en vista al Fiscal con la misma fecha 

En atención á que el Fiscal demorara evacuar la 
vista conferida presentamos este otro escrito : 

Sr. Juez Letrado Departamental. 

S. E. Pereda, en la denuncia que tengo formulada 
contra la curia local, a V S. di «o : Que como corre 
riesgo de que desaparezca de la Iglesia el pasquin 
impreso, contra el matrimonio civil, pues con el 
transcurso de losdias pueden llegar estas gestio- 
nes á conocimiento de los infractores de la ley, 
solicito de V. S. quiera decretar cuanto antes lo 
que he peticiona lo, urgiendo al Sr. Agente Fiscal 
para que evácue la vista que se le ha conferido. 

Si bí'^n se trata de un punto claro, que no admite 
discusión, ni siquiera la más leve duda, quiero, 
sin embargo, en apoyo de mis pretensiones, citar 
algunas disposiciones legales. 

El art. 135 del Código Penal, de acuerdo con el 
134 de la misma ley, castiga con la pena de cien á 
doscientos pesos ae multa al i|ue pitblicamente 
excitare al desprecio ly desobediencia de las leyes, 
et«*. vete. El hecho de exhortar a la prescindencia 
de la Ley de Registro de Estado Civil* tratando de 
concubinato al matrimonio civil y de ilegítimos á 
los hijos que de él nacen, amén de indignidad la 
circunstancia de no sujetarse á los mandatos espi- 
rituales de la Iglesia, importa una excitación á su 
desconocimiento y desobediencia. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOÍ 149 



Esto en cuanto al derecho de entablar este juicio; 
y en lo que respecta á la obligación que tiene el 
Ministerio Público de deducir acción pública, ahí 
están los artículos 3 y 189 del Código de Instrucción 
Criminal que lo dicen claramente. 

Pueden citarse en su apoyo como correlativos, el 
art. 406 del mismo Código, y los 121, incisos 2 o y 3 o 
y 122 del Penal. 

La denuncia formulada la he' hecho de confor- 
midad con el art. 174 del Código de L Criminal, que 
autoriza á toda persona particular para denunciar 
un delito que dé lugar á acción pública. 

Por lo tanto, el Sr. Agente Fiscal está en el 
deber de entablar acusación en el caso < cúrrente, 
pues no es obligatorio de otro sinó de él. dada la 
naturaleza del delito y por tratarse de una secta 
religiosa dependiente del Estado, y, en consecuen- 
cia, ha de servir-e V. S. proveer de conformidad 
con lo peticionado al principio de este escrito. Será 
justicia, etc. — Paysandú, Noviembre 19 de 1891. — 
S. E. Pereda. Paysandú, Noviembre 19 de 1891. 
Corra con Ja visia fiscal — Crovetto. 

El mismo día se notificaron las partes y se pasó 
en vista al Fiscal. 

Hé aquí el dictámen de este funcionario: 

Señor Juez: El Agente Fiscal del Crimen, usan- 
do de la vista conferida, dice : 

Que en el impreso denunciado se emplea un len- 
guaje asaz violento con el objeto de persuadir á los 
Católicos que no deben prescindir de la Iglesia en 
la celebración de sus matrimonios y se llega al 
extremo de calificar ciertos matrimonios perfecta- 
mente lícitos según la Ley como un público concu- 
binato y una indignidad para un cristiano, decla- 
rando que no son lícitos ni válidos de ninguna 
manera y que los hijos qu ; nacieran de esos ma- 
trimonios son ilegítimos. 



150 



SETEWBR1NO E. PEREDA 



El derecho de discutir la ley vigente y de hacer 
una propaganda contraria á la doctrina por ella 
establecida, en manera alguna constituye un delito, 
pero su uso está limitado por el art. 135 del Código 
Penal que no permite que esa propaganda llegue 
al punto de incitar á desprecio y á desobedecer la 
ley. 

Ahora bien, ¿cual es la ley que puede suponerse 
se instiga á desobedecer y despreciar? — Sería en 
todo caso la Ley relativa á la constitución de la 
familia, la Ley del Matrimonio Civil obligatorio y 
el delito consistiría entónces en tratar de persua- 
dir á los fieles que no deben casarse civilmente, 
que es suficiente la ceremonia religiosa para la 
validez de ese vínculo. 

Pero eso no lo dice el impreso denunciado; podrá 
injuriar á los que no se casan según el rito católico 
pero en ninguna parte aconseja que se prescinda 
de la Ley. 

Por estas consideraciones opina el infrascrito 
que no procede la acción pública en este caso y 
pide se eleven estos antecedentes en consulta al 
Superior Tribunal de Turno. 

Quiera V. S. así resolver por ser justicia. 

Paysandií, Noviembre 20 de 1891. 

C. W. Filzpatrick. 

(Recibido el 23 á las 3 1/2 p. m.) 

Paysandü, Noviembre 23 de 1891. Vistos: 
la precedente denuncia formulada por don Setem- 
brino £. Pereda, y dado que el M. Fiscal opina no 

Í>rocede la acción pública, y de conformidad con 
os artículos 191 y 198 del Códigoíde I. C, elévense 
al Superior en la forma de estilo á los efectos soli- 
citados áfs. 9 M. Crooetto. Fueron notificadas 
las partes el 24 del corriente. 




NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



151 



Ante tan insólita vista presentamos este otro 
escrito : 

Señor Juez L. Departamental. 

S. E. Pereda en la denuncia formulada contra 
la cúria local, á V. S. digo: Que he sido notificado 
de la providencia recaída con motivo de la vista 
fiscal. 

Este funcionario, desnués de una gestación de 
ocho días, tiempo bastante para poder meditar 
con calma el dictamen que había de dar, opina de 
una manera errónea, que menoscaba sus propios 
fueros de representante y atalaya de la Ley. 

En efecto: en el «Aviso á los fieles» que he cons- 
tatado existir on la Iglesia Parroquial, se excita, 
de un modo claro y terminante, al desprecio y 
desobediencia de las leyes. 

¿Qué otra cosa importa decir que el matrimonio 
entre católicos y no católicos, no autorizado por la 
Iglesia, es un público concubinato y una indignidad? 

Si bien se emplea la palabra cristiano, no debe 
olvidarse que para la clerecía Romana lo es tal 
todo el que recibe el agua bautismal; pero el 
vocablo disidente, según se expresa en el pasquín 
denunciado, para quien nació en el Catolicismo, 
aúnque sea considerado apóstata, no hace lícito ni 
válido de ninguna manera, el contrato matrimonial 
que no es sancionado por ella. 

Por eso se dice sin ambajes en ese libelo difa- 
matorio: que á mks de ser inútil y nulo ese contrato, 
coloca á los hijos que nacieran en La condición de 
los hijos ilegítimos^ agregando que no podrán ser lo 
contrario mientras ese matrimónio no esté autoriza- 
do por la Iglesia Católica. 

No se trata aquí, por lo tanto, de un consejo ino- 
fensivo y amistoso á los fieles para que se ajusten 
á los preceptos de su religión, pues no se concreta 
a. prevenirles quepaiaque estén bien con la Igle - 
sia, cumpliendo estrictamente con el credo qua 



152 SETEMBFUNO B. PEREDA 

..... w 

elía predica, es necesario no sujetarse Qn icamente 
ál matrimonio civil, sinó que tambi én se hace im- 
prescindible recibir el sacramento. 

No; esto no se dice: se afirma que el matrimo- 
nio no Católico es inutily nulo, porque en su con- 
cepto no es ni licito ni válido el contraído ent?e 
católicos ó entre disidentes, por ante la sola auto- 
ridad civil, y de ahí que se lleve la audacia j la 
impudicia al extremo de calificar de público con- 
cubinatodA matrimonio civil, y de ilegítimos á los 
hijos que de él nacen. 

El aviso pues» á los fíeles, no es un anuncio ino- 
cente: lleva en sí el germen de la maldad, tiene por 
único propósito el desprecio y desobediencia á la 
Ley, porque excita á que no se cumpla y á que se 
prescinda de ella como inútil y nula, como ilícita y 
no válida. 

El señor Agente Fiscal, sin demoras perjudi- 
ciales ni subterfugios que menguan su ministerio, 
lio pudo, en consecuencia, eludir la acción que 
corresponde ni concretarse á pedir que estos 
antecedentes sean elevados en consulta al Supe- 
rior T. de Justicia. 

Por lo tanto, como padre de familia y como ciu- 
dadano, pido á V. S., sin perjuicio de que se cum- 
pla lo decretado, se sirva dejar á salvo mis dere- 
chos para deducir contra el Agente Fiscal del 
Departamento el juicio de responsabilidad á que 
hubiere lugar según los artículos 374 y 376 del C. 
de I. Criminal y 1323 del de P. Civil. 

Será justicia, etc. 

Paysandú, Noviembre 24 de 1891. 

S. E. Pereda. 
— — — — — , 

En virtud de la vista Fiscal, que considera el 
caso ocurrente puramente de cara íter privado, no 
dando lugar á acción pública, consultóse al res- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 153 



pecto al doctor Pablo De María, que es uno de los 
abogados del foro nacional más distinguidos y de 
recto criterio,— y emite su opinión en Tos siguien- 
tes términos: 

Montevideo, Diciembre 4 de 1891. 

Señor Presidente de la «Unión Liberal» del Depar- 
tamento de Paysandü. 

Acuso recibo de la nota de Vd. de feoha 26 del 
mes próximo pasado, y pasoá evacuar la consul- 
ta en ella contenida. 

Dicha consulta se refiere al «Aviso á los Fieles» 
que según los antecedentes que me lia remitido Vd. 
se encuentra fijado en el bautisterio de la Iglesia 
Parroquial de Paysandú. 

Me ocuparé por su órden de los tres puntos que 
abarca la consulta. — Son los siguientes: 

1. ° El aviso de la referencia ¿constituye un de- 
lito? 

2. ° En caso afirmativo ¿á quién corresponde pe- 
dir el castigo, al Agente Fiscal, ó individualmente 
á las personas ofendidas? 

3.o En caso de declarar el Superior Tribunal 
que el Agente Fiscal ha debido entablar acusación 
¿corresponderá iniciar contra este funcionario jui- 
cio de responsabilidad? 

PRIMER PUNTO 

Ante todo debo manifestar que, respecto del 
punto de si el aviso que motiva la con,sulta cons- 
tituye ó no un deiito,.cabe, á mi juicio, razonable- 
mente, la diverjencia de opiniones. Se trata de un 
caso cuya solución depende en gran p arte del cri - 
terio de los magistrados, y en consecuencia, son 
posibles las diferencias de apreciación. Asi resul- 
ta de la autorizada cita que paso á consignar. 



154 SETEMBRlNO E. PEREDA 



El art. 133 de nuestro Código Penal concuerda 
con el art. 247 del novísimo Código Italiano. 

Comentando est« último, dice Pincherli: La in- 
citación á desobedecer á la ley debe ser esplíci^a 
«para estar sujeta á condenación;— á la prudencia 
«del juez toca distinguir entre esa incitación y la 
«discusión de los principios y de las opiniones, — 
tía crítica honesta, qué es libre como el pensa- 
«miento, aún cuando sea vivaz y atrevida. — En 
c cuanto al otro hecho ñ que se refiere el presen- 
«te articulo es decirla incitación al ódio entre las 
«clases sociales, se requiere de parte d^l Juez la 
«mayor sagacidad y reciitud para que no suceda 
«que se castigue como delito el hecho de que se es- 
presen sentimientos adversos á una determinada 
clase de ciudadanos en un discurso público ten- 
dente á conseguir reformas legislativas ó socia- 
les» (II Códice Panele Italiano annotado, página 
373.) 

Teniendo en cuenta estas justas observaciones 
de Pincherli, he meditado con imparcialidad y 
reposo sobre el aviso de que se (rata, y confieso 
que me he endontrado en duda antes de llegar á 
formar decididamente una opinión. Si la he for- 
mado en el sentido de que el aviso de la referen- 
cia constituye un acto punible, ha sido, no por 
creer que la opinión contraria no pueda tener ar- 
gumentos en su pró, sino porque los que existen 
en su contra me han parecido más poderosos y 
decisivos. 

SieUviso en cuestión se limitase á exhortar en 
términos moderados y cultos á 'os católicos, á que 
sin perjuicio de respetar la ley en cuanto al matri- 
monio cioil considerado en sus efectos driles, lo ce- 
lebren también ante la autoridad eclesiástica, co- 
mo sacramento y para los efectos de conciencia, no 
existiría, á mi juicio, delito ni abuso de ninguna 
especie. Todo habitante del pais tiene el derecho 
de profesar su religión, en cuanto no ataque el ór- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 155 



den público (art. 134 de la Constitución); y no se ata 
ca en manera alguna el orden público por el he- 
cho de no satisfacerse para los efectos de con- 
ciencia con el simple matrimonio civil y juzgar 
necesaria la bendición de la Iglesia, después de 
haberse unido ante el Juez de Paz (Ley do 22 de 
Mayo de 1885, árL 3.°) Pero, decir, como dice el 
aviso, en términos groseros y agresivos, que el 
matrimonio Civi , aün cuando sea celebrado entre 
católicos y no católicos, es un público concubinato 
y una indignidad para un cristiáno; agregar que los 
hijos nacidos de tal matrimonio no son legítimos, 



los límites de lo inocente y de lo lícito, constitu- 
yendo, á mi entender, el delito previsto y casti- 
gado por el art. 135 del Código Penal. 

Según dicho artículo, comete delito «el quo pu- 
blicamente excita al desprecio y desobediencia 
. «de las leyes, ó al ódio y hostilidad contra cual- 
«quiern de los diversos gremios sociales». 

El aviso, considerado en su manifiesto espíritu, 
importa, en mi concepto, incitación al desprecio y 
desobediencia de las leyes, y también incitación 9 al 
ódio y hostilidad contra un gremio social. 

Importa lo primero, porque aconsejar á los fie- 
les que miren como un concubinato y una indigni- 
dad el matrimonio civil, y como ilegítimos los hi- 
jos nacidos de él, es aconsejarles el desprecio y de- 
sobediencia de la ley, desde que la ley obliga á to- 
do habita* te del país á respetar como verdadero 
y honesto hogar conyugal el formndo sobre la ba- 
se del matrimonio civil^y á respetar también como 
legítimos los hijos nacidos de ese mismo matri- 
monio. 

Compárese el texto del aviso de que se trata con 
el de los arts. 1°. 12 y 13 de la ley de 22 de Mayo 
de 1885, y se verá que lo que se proclama y ense 
Ha en dicho aviso es el desprecio y la desobe- 
diencia de la ley. 




156 SETEMBR1N0 E. PEREDA 



Hé aquí los arts. á que me refiero: 
Art. lo. «El matrimonio civil es obligatorio en 
«todo el territorio del Estado, no reconociéndose 
aen adelante otro legitimo que el celebrado con á 
«arreglo á esta ley y con sujeción á las disposicio- 
nes establecidas en la de Registro de Estado Civil 
«de 11 de Febrero de 1879 y su reglamentación, y 
«leyes de I o . de Junio de 1880 y 10 de Julio de 
«1884.;) 

«Art. 12. Todos los matrimonios efectuados ci- 
«vilmente por el Oficial del Estado Civil ántesde 
«la promulgación de esta ley. aunque hayan teni- 
«do lugar entre personas católicas que por razones 
«de conciencia ó cualesquiera otras prefirieron el 
«acto civil con prescindencia de la ceremonia re- 
«ligiosa establecida por las íeyes canónicas ó ecle- 
«siasticas, se declaran cálidos y legítimos ante las 
«leyes civiles; considerándose que esos matrimo- 
«nios producen todos sus efectos legales desde el 
«dia de su celebración». 

«Art. 13. Los hiios que procedan de dichos ma- 
«tri momos se declaran legítimos cualquiera que 
«sea la anotación que á su respecto arrojen los 
«libros parroquiales de la Iglesia». 

Ninguna institución más respetable puede ha- 
ber que la de la familia, base de la organización 
social,-— y el hecho de incitar á los fieles á que 
desprecien como un concubinato, como una in- 
dignidad, como una fuente de prole bastarda la ins- 
titución de la familia, tal como la consagra la ley 
vigente, no puede dejar de caer bajo la sanción del 
art. 135 del Código Penal. 

El aviso no es una crítica de las leyes que ^os 
rijen hecha con el objeto de conseguir las re- 
formas de las mismas. — En él se contiene, no la 
expreción de lo que se anhelaría que fuera en lo fu- 
turo, sinó la espreción de lo que se afirma que es en 
la actualidad. 

Y bien: afirmar, no que el matrimonio civil de- 



Píl RETRÓGRADOS XI TARTUFOS 157 



beria ser considerado como un concubinato (para 
cuyo efecto tendrían que ser reformadas las leyes), 
sin ó que es realmente, en la actualidad, tal concu- 
binato, á pesar de las leyes que lo autorizan como 
legítirro; expresar, no el deseo de que sean refor- 
madas las leyesen el sentido de considerar ilegí- 
timos los hijos que no nazcan de matrimonio re- 
ligioso, sino la afirmación atuHáe que esos hijos 
son ¿legítimos, es despreciar las leyes vigentes; y 
desde que el aviso tiene por objeto directo eí incul- 
car en la conciencia de los fieles las ideas que en- 
cierra, para que los Jteles ajusten a ellas su conduc - 
ta, claro es que constituye una evidente excitación 
y cae bajo el imperio del art. 135 del Código Pe- 
nal. 

Trabajar por la reforma de las leyes, es un dere- 
cho; pero despreciarlas mientras están vigentes, es 
un abuso. 

La palabra gremio empleada por el art. 135 del 
Código Penal no puede ser tomada en el sentido 
de «corporación de personas que tienen un mismo 
«ejercicio ó profesión, aunadas con el objeto de 
«sostenerla, mejorarla, ó tratir de asuntos relati- 
«vosá sus intereses, mediante ciertas ordenanzas 
«ó estatutos». 

Entre nosotros (fuera de algún caso aislado, que 
no forma regla) no hay verdaderos gremios, como 
tampoco hay verdaderas clases ni castas, y desde 
que el Código Penal ha legislado para nosotr os, 
me parece que la palabra gremio, por él empleada 
debe ser entendida en su sentido extenso y no es- 
tricto, ó sea en el sentido de agrupación ó colecti- 
vidad social. 

Ahora bien: ios habitantes del país casados ci * 
vilmente y tos hijos de los matrimonios así celé- 
bralos constituyen una parte de nuestra sociedad, 
constituyen una agnp ioión, una colectividad que 
mMv.cede parte de la ley tanta ó más protección 
qi<* cualquiera otra. 



158 SETEMBRIHO E. PEREDA 



Si es delito el excitar al odio y la hostilidad 
contra la colectividad de los militares, de los médi 
eos 6 de los abogados, ¿cómo no ha de serlo, con 
mayor razón, el excitar al ódio y la hostilidad 
contra la colectividad de los que al amparo de la 
ley han formado familias legítimas sobre la b»se 
del matrimonio civil? 

El hecho de haber sido cometido ?el delito en 
una iglesia y por un cura católico en el ejercicio 
de su ministerio, lejos de ser una causa de escusa, 
es una causa de agravación (art. 19 Código Pe • 
nai). 

En otros países se vá más léjos aún.— Conside- 
rando que la incitación al desprecio y desobedien- 
cia de las leyes ó al ódio y hostilidad contra cual- 
quiera délos gremios sociales es más peligrosa 
y grave cuando es cometida por un ministro del 
culto, obrando como tal, que cuando lo es por un 
particular, los Códigos renales de í«alia, Fran - 
cia, Alemania y Bélgica han establecido disposi- 
ciones especiales respecto de los abusos de los 
ministros del cult > en el ejercicio de sus funcio- 
nes. 

«A un mayor poder que seeje.rcita, dice Pincher- 
«li, corresponde un mayor deber que cumplir; & 
«una mayor responsabilidad, corre>punde un más 
«eficaz castigo—El art. 182 castiga al vituperio ó 
«el viliDendio que los ministros del culto, en el 
«ejercicio de sus funciones, hagan públicamente 
«de las instituciones, 6 de las leyes deí Estado, ó 
«de los actos de las autoridades.— Hasta la crítica, 
«pues, que es lícita á cualquier ciudadano, estái 
«prohibida al ministro del culto y castigada sise 
«produce públicamente, con una pena. 

«Esto es justo, porque la censura en boca de un 
«simple ciudadano no tiene más que un valor teó- 
«rico, doctrinal, míéntras que cuando emana pú- 
«blicamente de un ministro del culto, es el gérmen 
«de la sedici¿i>, porque toda palabra pronunciada 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 159 



«desde el púlpito se imprime tenazmente en la 
«conciencia de los fieles, como debería imprimirse 
«la verdad» (obra citada, págs. 273 y 275) 

SEGUNDO PUNTO 

Llamar concubina auna señora determinada 6 
hijo ilegítimo á tal ó cual hombre esun simple de- 
lito de injuria, que solo puede ser castigado me- 
diante querella de la parte ofendida; — pero ense- 
ñar á los files de una iglesia, inculcar en las con- 
ciencias católicas, con la autoridad que ejerce so - 
bre ellas -el ministerio eclesiástico, que todas las 
señoras que se han casado solamente ante el Ofi- 
cial del Estado Civil, son unas verdaderas concu- 
binas, y que los hijos nacidos de ellas llevan en 
sí el sello de la ilegitimidad, es atentar contra una 
institución social, cometer un delito contra la so- 
ciedad y nó contra tai ó cual persona privada* El 
art. 135 del Código Penal, M ue lo castiga, figura en 
el título «de los delitos contra la seguridad del 
Estado» y en la sección de ese título relat/va á los 
delitos contra el órden público. 

Tratándose, como se traía, de un delito que no 
es de los que solo pueden ser acusados por la par- 
te agraviaba, es indudable que procede la acción 
pública (arts, 2, 184 y 185 Código de Instrucción 
Criminal). 

La acción pública, siempre que procede, es 
obligatoria y r.o facultativa (art. 3 o . Código ci- 
tado). 

TERCER PUNTO 

El juicio de responsabilidad contra el Agente 
Fiscal, no puede, en el caso en consulta, ser pro- 
movido por ninguno particular. — La parte agra- 
viada es la sociedad, y ningún particular tiene la 
representación de ella. 



160 



SETEMBR1NO E. PEREDA 



Es el Tribunal que al enterarse de los antece- 
dentes, por vía de consulta, podrá, en ei caso de 
no aprobar el procedimiento del Agente Fiscal, 
mandar hacer ef« ctiva la responsabilidad de éste 
ó limitarse á pronunciar auto de censura (Art. 192 
Código de Instrucción Crimina 1 .) 

Dejando evacuada la consulta con arreglo á mi 
leal saber y entender, me es grato saludar á Vd. 
con mi mayor consideración y aprecio. 

Pablo de Makia. 



Elevados los autos al Tribunal, se adoptó la 
siguiente resolución : 

Excmo. Señor: 

Los tiechos á que se refiere la denuncia formu- 
lada en el escrito de fs. 3 daban indudable é in- 
contestablemente lugar á la acción pública, desde 
que se trataba de una agresión llevada a cabo 
contra las leyes que nos rigen, desconociéndolas y 
atacándolas de una manera injuslíflcable, é indu- 
ciendo además á los miembros de la comunión 
católica romana á violar abiertamente una ley 
déla nación. 

Extraña sobre manera este Ministerio que el 
sector Agente Fiscal del Juzgado consultante no 
haya visto lo que bien claro se lée en cada una y 
todas las partes de la advertencia ó «Aviso á los 
fieles» que obra á fa. 1 de este proceso: que el 
matrimonio no celebrado por la Iglesia Católica 
Romana es nulo y que los hijos nacidos de dicho 
matrimonio están en las mismas condiciones de 
los nacidos en concubinato. 

En presencia dé una violación y desconoci- 
miento tan abierto y declarado contra nuestras 
leyes positivas, el Agente Fiscal dei J uzeado Con- 



NI RETRÓGRADOS Ni TARTUFOS 



101 



sultante ha debido deducir su acción á fin de que 
se castigara el delito cometido, una vez que se 
hubiera instruido el correspondiente sumario. 
Léjos de verificar ésto, ha manifestado que no 
procedía su acción, y ei Juez Consultante, sin sal- 
var lo más mínimo su discrepancia, de opinión, 
en caso detenerla, ha aceptado la doctrina ilegal 
sustentada por aquel funcionario compartiendo así 
la responsabilidad que correspondía al primero. 

Las incitaciones de índole idéntica á laque se 
refiere esta denuncia, se repiten todos los días 
entre nosotros en todos los puntos de nuestro te- 
rritorio, '.'ñas veces de una manera abierta, otras 
bajo formas que no permiten su castigo; pero 
siempre alentadas por las autoridades superiores 
de la Iglesia Católica Romana, cuando nó ordena- 
das formalmente por ellas. 

Es tiempo de que ya cesan estas irregularidades 
y convendría que se excitara el celo de los Seño- 
res-Agentes Fiscales á fin de que propendieran á 
su castigo cada vez que se produjera un hecho 
análogo. 

En virtud de lo expuesto procede que se aper- 
ciba severamente al Juez y Agente Fiscal del 
Juzgado Consultante. 

V. E., no obstante esto, proveerá como.lo juzgue 
más procedente. 

Montevideo, Diciembre 16 de 1891. 

Jacinto D. Real. 



Montevideo, Diciembre 18 de 1891. 
Vistos: con el Sr. Fiscal, apercíbase al Sr. Juez 



162 



SETKMBR1N0 E. PEREDA 



L. de Paysandú y al Agente Fiscal. — Devuél- 
vanse, (fdos.)— Alvares— Diaz— Piera. 

Paysandú, Febrero 8 de 1892. 
Cúmplase y archívese. 

Crovetio. 



Si el Agente Fiscal del Departamente de Pay- 
sandú hubiese procedido con más rectitud y ma- 
yor energía, el sacerdote culpable habría recibido 
su condigno castigo; pero de cualquier modo, la 
acertada resolución del Tribunal ya no dará már- 
en á dudosas ó acomodaticias interpretaciones 
e 1h ley. 

El 12 de Febrero del mismo año, refiriéndose á 
dicho asunto, nos decía el doctor Lafinur: En su 
popular «Paysandú«, que llegó hoy á mis manos, 
veo su triunfo en el asunto del cura de esa Parró- 
quía. Sean cuales fueren mis opiniones individua- 
les, lo felicito, como amigo, como correligionario 
y hasta como solidariamente interesado en su 
victoria, puesto que yo solo soy casado ante la ley. 

El doctor Cárlos María de Pena, con data 16, 
escribía á su vez: 

«Ante todo felicitóle por su triunfo ante el Tri- 
bunal en el asunto contra el cur-i párroco.» 

Además, toda la prensa del país transcribió la 
precedente sentencia. 



La «Union Liberal», que fundamos y presidimos 
en Paysandú, tenía y tiene propósitos radicales, 
como se verá por las siguientes transcripciones 
que hacemos complacidos, de sus estatutos. 



NI RETRÓGRADOS VI TARTUFOS 163 



S r «En nombre del derecho inviolable que tienen 
los pueblos, y que es inherente á toda mujer y 
todo hombre, de rendir culto á sus creencias 
sugún los dictados de su razón y su concien- 
cia. 

En nombre del sagrado principio de equidad y 
tolerancia proclamado por los filósofos _y sabios 
de todos los tiempos, incluso el Judio Emanuel 
de Nazarelh, conocido bajo el nombre de Jesu- 
cristo. 

Asumiendo la responsabilidad de nuestros ac- 
tos, ante el avance absorbente y desordenado del 
Clericalismo, representado por la compañía de 
Jesu.tas bajo el nombre de Salesianos, ú otros 
que, en beneficio de sus absurdas é inmorales 
tendencias viene destruyendo el hogar, desqui- 
ciando la sociedad y sembrando el desórden en el 
seno de las familias. 

Invocando él principio único que como ley su- 
prema rige las L< yes del universo,-y usando de la 
plenitud de los derechos que nos acuerda la Cons- 
titución del Estado, hemos resuelto sancionar, y 
sancionamos como base fundamental de nuestro 
credo, cuanto sigue: 

CAPITULO I 

Art. 1.° Bajo el titulo de UNION LIBERAL 
del departamento queda constituida una sociedad 
cuyo principal objeio es combatir el fanatismo re- 
ligioso. 

CAPITULO II 

Principios y propósitos 

Art. 1.° Los principios que sirven de base y los 
propósitos que persigue la sociedad son los si- 
guientes: 



SF/TEMBRINO E. PEREDA 



1. ° La Soberanía de la Nación es esen- 
cial y absolutamente independiente de todo 
poder ó influencia religiosa. El ejercicio de 
esa Soberania no puede ser coartado ni li- 
mitado á instigación de ninguna secta reli- 
giosa soprctesto de que su doctrina ¿se halle 
en contradicción con las leyes Nacionales. 

2. ° "Las declaraciones contenidas en el 
syllabus (Constitución de la iglesia Roma' 
na) han hecho imposible toda conciliación 
entre la Iglesia Católi3a, que anatematiza el 
progreso, la libertad de pensar y la civiliza* 
ción moderna, y la Nación Uruguaya, cuya 
Carta Fundamental consagra como dere- 
chos indiscutibles la Soberanía del Estado y 
la libertad en sus diversas manifestacio- 
nes. 

3. ° Los Poderes Nacionales* no deben, de 
las Rentas Públicas, emplear cantidades de 
dinero para protejer ó costear determinada 
Religión; pues asistiendo, cou,o debe asistir 
á todo habitante del pais, el derecho de profe- 
sar el *-ulto que mejor le parezca, no es justo 
que directa ó inder ectamente se le hoga con- 
tribuir al sostenimiento de secta religiosa 
cuyas do» trinas e3tén en pugna con sus 
ideas. Es deber, pues, de todo habitante de la 
República propender por los medios legales 
á que se reforme en ese sentido el art. 5.° de 
la Constitución actual. 

4. ° La Iglesia Romana y demás sectas re* 
ligiosas, al i^ual de cualquiera otra Aso- 
ciación, déoe, para funcionar como tal, obte* 
ner previamente personería jurídica, some- 
tiendo la aprobación de sus estatutos á la 
autoridad civil competente. 

5. ° El artículo 5. ° déla Constitución Na- 
cional no excluye á la clerecía Romana del 
pago de patentes para el ejercicio de su pro - 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



165 



fesión ó industria. Del mismo modo las sec- 
tas religiosas y sus dependencias deben es- 
tar sujetas, af igual de cualquiera otra Aso- 
ciación ó persona» á la Ley común en cuanto 
se relaciona con el pago do impuestos por el 
giro de comercio á que se dediquen é impor- 
tancia de sus bienes. 

6° El Estado debe velar por que en las 
escuelas que costéese dé instrucción científi- 
ca y educación cívica. Debe así mismo obli* 
gar á los colegios particulares de enseñanza 
primaria á que se ciñan al plan de estudios 
por él adoptado par a sus escuelas. 

7. ° Es deber de todo habitante del pais 
propender, por todos los medios legales, á 
que se cumplan y observen las Lsyes Civi- 
les cuando exista contradicción ó conflicto 
entre éstas y las religiosas. 

8. ° La adquisición, el goce y la pérdida de 
los derechos políticos y civiles, sin excep- 
ción, d^ben regirse por leyes especialmente 
civiles. Toda tentativa de determinada secta 
religiosa & quebrantar este principio dá lugar 
á acción pública contra los promotores, quie- 
nes deben ser considerados á los efectos de 
la penalidad como sediciosos. 

9. ° La desobediencia y conculcamiento de 
las Leyes del Registro de Estado Civil traen 
aparejado el desórden social. Por consi- 
guiente, es un deber propagar y cumplir es- 
trictamente sus mandatos con prescindencia 
absoluta de las prescriciones de la Iglesia 
Católica que solo responden á propósitos de 
una secta religiosa. 

10. ° La autoridad pública puede penetrar 
en los Conventos y demás Establecimientos 
llamados religiosos siempre que lo croa con- 
veniente. 

11. ° Todos los Establecimientos de educa- 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



ción é instrucción, así públicos como priva- 
dos, sin excepción alguna, deben estar bajo 
la vigilancia del Estado, á fin de impedir que 
en ellos se enseñen ni profesen doctrinas 
contrarias á la Soberanía Nacional y á la 
observancia de las Lcyos que reglan el Es- 
tado Civil de las personas. 

12. ° La dirección y administración de los 
Establecimientos públicos de Beneficencia 
corresponde á la autoridad pública represen- 
tada por las hoy Juntas Económico- Admi- 
nistrativas, las que deben velar por que en 
ellos no se haga presión á las personas allí 
asiladas quetienda á obligarlas á llenar prác- 
ticas de determinada religión. 

13. ° L* exención del servicio en la Guardia 
Nacional á los miembros del clero, es con- 
traria al principio de igualdad consignado en 
el artículo 132 de la Constitución actual. De- 
ber, es pues, de todo habitante del país pro - 
pender á que se reforme la Ley de 14 de 
Julio de 1858 en el sentido indicado. 

15. ° Nadie puede enagenarsu libertadper- 
sonal ni renunciar para siempre á ella, pues 
toda persona se debe por derecho natural & 
su familia, ásu pátria y á la humanidad. 

16. ° El acto que festeja la Iglesia Cató- 
lica el primero de Enero de cada año y el 
dogma de la confesión auricular por eüa es- 
tatuido, deben ^roluoirse por ser contrarios 
á la mcrai ya las bueaas costumbres. 

17. ° A efecto de que las buenas doctrinas 
hagan camino es menester difundir las lu- 
ces de la verdad en el seno del pueblo. Res- 
pondiendo á ese fin es, por lo tanto, nece- 
sario propender al sostenimiento y cre*»c?*!i 
de centros de enseñanza que respondan a los 
elevados : Acales de la causa liberal, y .ser 
apóstoles con la palabra y el ejemplo. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



167 



18 P Practicar la caridad es un deber 
moral cuando ella es requerida, por los que 
!a ejercen, sin miras especulativas, como un 
fln y nó como un medio. No se debe, en con- 
secuencia, contribuir para ninguna obra que 
lio se ajuste á estos principios, como tam- 
poco para el sostén de Establecimientos diri- 
gidos por adversarios de la libertad de con- 
ciencia, aunque éstos se escuden bajo el 
hermoso título de «Sociedades do Bene- 
ficencia», porque si bien en ellos se hace la 
caridad, ésta espracticada con fines intere- 
sados ó de secta. 

CAPITULO III 

Art. 5P Además de las atribuciones especiales 
que en los capítulos respectivos se acuerda á la 
Comisión Directiva, compete en general á ella co- 
mo representante de la Unión Liberal del Depar- 
tamento: 

1P Propender al triunfo de !as :¿ea3 de 
la Asociación, así en el seno de la Sociedad 
como en el de la familia, disponiendo para 
ese objeto de las sumas que sean indispen- 
sables. 

2P Propender á !a cuidad de los elemen- 
tes liberales del país y aún fuera de él. 

3P Observar individual y colectivamente 
y hacer observar en general los prese r. tes 
Estatutos, y muy principalmente en cuanto 
se refieren al predominio del Estado sobre la 
Iglesia Católica, ó cualquiera otra secta. 

4P Denunciar á la autoridad Pública, 
desde que de ello tenga conocimiento, los 
abusos, las maquinaciones atentatorias á la 
Soberanía, los crímenes y los delitos que 
cometan los titulados ministros de Dios y 
cualquiera otra persona ó personas. 



168 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



5P Pedir el castigo contra los culpables. 

6P Pedir amparo á la autoridad corres- 
pondiente contra los insultos que desde la 
cátedra llamada sagrada vienen siendo objeto 
los liberales del Departamento por parte de 
los que esplotan la Religión Católica. 

7<P Dar conferencias públicas, y permitir 
que en los salones de la Sociedad se cele- 
bren fiestas de esa naturaleza. 

9 P Asociarse enjla forma que juzgue al 
festejo de fechas conmemorativas de triun- 
fos de la causa liberal, pudiendo disponer 
para el mayor esplendor de esas fiestas has- 
ta de la suma de cien pesos anuales. 

10 P Aplicar las penas establecidas en los 
artículos 29 y 3Pdel Capítulo 59 

CAPÍTULO V 

De los deberes de los socios 

Art. 19 Los que pertenezcan a la «Unión Li- 
beral» en calidad de socios cotizantes, deben:] 

1 9 Prestar su más decidido concurso y 
cooperar en el seno de la sociedad y la fami- 
lia, con la palabra y el ejemplo, para que en 
el más breve tiempo posible triunfen del fa- 
natismo los principios que proclama esta 
Sociedad y muy principalmente los que se 
refieren á la ley que debe regir el Estado 
Civil de las personas. 

2P Observar y hacer cumplir fielmente 
los présenles Estatutos. 
Art. 2P El socio activo que dejare de abonar 
dos bimestres seguidos de la cuota que le corres- 
ponde pagar según e' inciso 4P del artículo pre- 
cedente, perderá su calidad de tal. 

Art. 3P En igual pena incurrirá el que con pro- 
paganda ó hechos desdorosos desprestigie la 
causa liberyl. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 169 



CAPITULO VI 

Art. 1P Cada una de las personas que compo- 
nen la Unión Liberal del Departamento tiene 
derecho: 

lPAque la Sociedad gestione de la au- 
toridad pública correspondiente el amparo 
en su honor y libertad consagrados en la 

2. ° A que la Sociedad gestione de la auto- 
ridad pública correspondiente el amparo en 
su honor y libertad consagrados en la Carta 
Fundamenta), en los casos que á ellos se 
atente por la Iglesia Católica ú otra cualquiera 
secta. 

3. ° A que [individualmente sus amigos de 
causa lo prefieran en la encomendación de 
trabajos relativos á su profesión, oficio ó in- 
dustria honesta á los que pertenecen á sectas 
religiosas contrarias a los principios de li- 
bertad que proclama esta agrupación.» 

Consecuente con esos principios, violados los 
Estatutos sociales, por uno de los miembros de 
la Asoci.ición, propuesta la expulsión del in- 
fractor, no pudimos ménos que apoyarla, y ha- 
biéndose resuelto. castigarla on un simple aper- 
cibimiento, solicitamos la eliminación de nuestro 
nombre del cuadro de la «Unión Liberal», en los 
siguientes términos: 

Paysandú, Mayo 20 de 189£. 

Señor Vice-Presidente de la Unión Liberal del 
Departamento, don José Deban. 

Después de lo resuelto en la sesión de anoche 
respecto á la conducta observada por Alfonso A. 
de Toledo, casándose por la Iglesia empero su 
formal compromiso contraído para con ¿sus titula- 
dos amigos de causa,— me considero de más, tanto 



170 SETEMBR1NO R. PEHEDA 



en mi carácter de Presidente como en mi calidad 
de miembro de esa Asociación de que soy iniciador, 
y por lo tanto, elevo renuncia indeclinable de uno 
y otro. 

Juzgo que en el caso ocurrente no existe atenua- 
ción posible, sinó, por el contrario, circunstancias 
agravantes que hacen aplicabíe, sin contempori- 
zación alguna, el artículo 3.° del caoítulo V de nues- 
tros Estatutos por violación cíe ¡o dispuesto termi- 
nantemente en el capítulo II, 9* declaraioria de 
principios y propósitos, lo mismo quédelos inci- 
sos 2.0 y 3.o del capítulo primeramente citado, en 
su artículo 1 o, que exije ser apóstol con ¿apalabra 
y d ejemplo y —y observar y cumplir fielmente nue* - 
tra carta orgánica. 

Soy de los ^uo creen que en tales casos deben 
aplicarle medidas extremas, resoluciones radica- 
les, en vez de emplearse paños tibios, — para no 
arriar la bandera de nuestros principios ni dar 
márgen á que á c>.da paso se violen impunemente 
nuestros Estatutos, máxime cuando á su infractor 
nosele puede calificar de irreflexivo y falto de luces 

Í mes es nadamános que Director de un Instituto 
Cscolar, incorporado á la Universidad Mayor de 
la República, que aspira á ser Mentor de la iuven- 
tud, y á preparar hombres indigentes y útiles á la 
sociedad. 

Sírvase, pues, señor Vice Presidente, llevar esta 
nota á conocimiento de esa Comisión, á fin de aue 
mi nombre sea de»d« ~a ¿Ilaúnauo det Directorio 
y üe la nómina de sócios. 

Le saluda atentamente S.S. S. 

Setembrino E. Pereda. 



Esta nota motivó el nombramiento de una Co- 
misión, con los propósitos que expresa la siguien- 
te esquela: 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 171 



Estimado amigo Pereda: En la reunión de la 
Unión Liberal que tuvo lugar anoche, fui nom- 
brado para formar parte de una |comisión que de- 
be apersonarse á Vd. hoy á las ocho, con el obje - 
to de ped:??e que retire s»u renuncia y continúe 
prestando á tajsocícdad su valiosísimo concurso. 
• : * A causa de encontrarme un poco enfermo no 
podré concurrir hoy á la cita y quiero manifestar- 
le pormodio de la presente mi más decidida ad- 
hesión alo que mis colegas le pidan y rogarle, 
como amigo, acceda á ese pedido, en vista de 
las consideraciones que ellos le expresarán. 

Su amigo que lo aprecia. 

'Juan José Megget. 

S. C. Marzo 23 de 1892. 



Suscrita por numerosos sócios se presentó una 
solicitud á la Comisión Directiva, pidiendo una 
Asamblea general, psra tomar en cuenta nuestra 
róijuncia, y se insinuaba en ella el deseo de que 
concurriésemos á ese acto. 

Dicha Asamblea se celebró, dictándose por 
unanimidad de votos la expulsión del socio, Tole- 
do, cuya resolución tuvimos el honor de comuni- 
carle por nota. 

El doctor Laflnur,en carta del 10 de Abril, nos 
decia al respecto: 

«He visto la energía con que el «Club Liberal» 
de ahí ha hecho respetar los fueros de la in« + i- 
tuciót:, tomados como cosa bala^.i por el socio 
expulsado. 

«Con esta medida, los que quedan se librarán 
bien de incidir en análogas licencias». 

Antes de promover en Paysandú la fundación 
de la Unión Liberal, en lo que marchábamos de 



172 



SETL1MBFUN0 E. PEREDA 



acuerdo con los correligionarios de Montevideo, — 
ya habíamos promovido trabajos, con dos ó mas 
años de antelación, en el mismo sentido. 
Hé aqní la prueba: ^ 

LIGA LIBERAL 

Los que suscriben se adhieren á la formación en 
el departamento de Paysandü de una Liga Libe- 
ral, cuyo principal objeto sea propagar y sostener 
los principios liberales en materia religiosa y 
combatir abiertamente las absurdas y perniciosas 
doctrinas del clericalismo. — Firmados: Mariano 
Pereda, S. E. Pereda, José Pariittí, Luis Mannise, 
Juan R. Bayley, José Debatí, Felipe S. Córdoba, 
Julio de Saint Romain, Máximo Bascans, Ger- 
mán Fassauer, Virginio Carenzio, José F. Peluffo, 
Antonio Pereira Iglesias, Félix Fernández, To- 
más Pomar, Santiago Chappe, Ramón L Rioero, 
José R. Maloar, Francisco Amilrano, Aguntin 
Heguiio, Francisco Bochaton, Nicolás Del Mastro, 
Santiago Albertti, Lorenzo Cazzola, Francisco P. 
Várela, Juan Servant, Clemente BufJeL Eloy J. 
Legar, Alfonso Mautone, Juan A. Quintana, 
Francisco Hiriart, Santiago Colombo Venancio F, 
N icol ni, Domingo Barden, Ftderíeo R. Fernán- 
dez, José Comas, Félix Giotoso, José Castro, José 
I. Martins, Domingo Squeri, Belimrio EpaUa, 
Deljino Bayce, Jacinto Mendoza, Francisco Uziel, 
Eduardo J. Debali, Juan Colombo, Pedro Gaggini, 
Cárlos J. Volonterio. (Siguen las firmas). 

Debido á fuerza mayor, que en nada afectaba, sin 
embargo, la causa liberal, pa; alizamos esos tra- 
bajos y no se filado con más antelación la Unión 
Liberal del Departamento. 

Ya en 1879,. en carta que nos escribía el distin- 
guido dramaturgo y literato argentino don Fran- 
cisco F. Fernández, autor de «El Borracho», Mon- 
teagudo», «Zaida» y varias otras meritorias pro- 
ducciones, nos decía: 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



173 



Tengo conñanza en el temple del carácter que 
han formado en Vds. el trabajo y la lucha (por los 
buenos principios. 

«La misma fé me asiste de que el estudio con- 
tinuará desarrollando las fuerzas intelectuales, 
que mañana necesitarán para p.uevos yjmás récios 
combates, con la vida y con los hombres. 

«No tengan cuidado: aquí ha sido derrotado el 
clericalismo en la polémica con «El Libre Pen- 
sador». 

«Estudien sin cesar y permanezcan firmes. Yo, 
por mi parte, no escaseo esfuerzo en < bsequío 
de la noble bandera, a cuyo pié logró agrupar jó- 
venes de las calidades sobresalientes de Vds., 
cuando la causa de la libertad y del patr iotismo me 
lanzó al destierro.» 

El Casino «Libre Pensador», fundado en el Car- 
melo, nos favoreció con el nombramiento do miem- 
bro de honor, según se espresa en las comunica- 
ciones siguientes: 

Sr. Presidente de la «Unión Liberal» de Pay- 
sandü— Carmelo, Mayo 30 de 1892— Señor Presi- 
dente: -El Casino Libre Pensador, haciéndose éco 
de las aspiraciones y deseos de sus asociados; te- 
niendo muy presente que esa Sociedad persigue 
los mismos ideales que la recientemente fundada 
en esta localidad; no olvidando tampoco que la 
unión constituye la fuerza, y que por consiguiente 
debe existir reciprocidad no solo de acción, sino 
también en ider.s que nos conduzcan á la cumbre 
de nuestros legítimos derechos de hombres libres, 
de conciencias desligadas por completo de fana- 
tismo y supersticiones religiosas que aparejado 
traen el embrutecimiento intelectual y moral del 
individuo y por ende el trastorno sociál, aún con 
peores resultados en el hogar, por los encargados 
de apagar la luz de la it tetigencia; teniendo muy 
en cuenta el avance dado á nuestra libertad que 
amenaza derrumbarse en toda la línea si á ti m- 



174 



SETKMBR1N0 E. PEREDA 



o no se la apuntala de una manera radical, esta 
ociedad os propone, por mi intermedio, la alianza 
mútua á los fines consiguientes, dánlonos cuenta 
de todo aquello que importe al progreso y bien es- 
tar de la colectividad, así como también de las de- 
cepciones que pudieran ocurrir dentro de los afi- 
liados á la propaganda. 

Al mismo tiempo he de manifestaros que en 
Asamblea General verificada el 29 de del corrien- 
te quedó acordado y sancionado lo siguiente: 
«Nómbrase miembro de honor al Presidente de la 
Unión Liberal de Paysandú como representante 
genuino de todos sus asociados.— Hágase saber 
igual resolución que se le acuerda al Director del 
diari >hl Paysandú. 

Recibid, por tanto, Sr. Presidente, por mi inter- 
medio, el testimonio fiel de causa de los compa- 
ñeros de Carmelo, queriendo ser intérprete de 
nuestra resolución para el señor Director de El 
Paysandú con iguales demostraciones que os envia 
vuestro affmo. S. S.— José S. Patón, Presidente 
— Antonioio Troise, Pro-Secretario. 

Paysandú, Junio 7 de 4892. 

Sr. D. José S. P¿ ton, Presidente del Casino. «Li- 
bre Pensador» 

Carmelo. 

Muy señor mió: 

Quedo sumamente agradecido á la deferencia 
con que me han honrado mis correligionarios de 
ese importante centro, nombrándome miembro de 
hon< r en mi carácter de Presidente de la Unión 
Liberal del Departamento de Paysandú 

Igual distinción me ha hecho la Sociedad 20 de 
Setiembre, dicerniéndome el titulo de socio hono- 
rario, que es el único que hasta la fecha ha di- 
cernido. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 175 



Modesto pero entusiasta paladín de la causa 
á a la libertad de conciencia, estas distinciones 
confortan más mi espíritu para la lucha que des- 
de hace años vengo sosteniendo á campo abier- 
to, en la prensa, en la tribuna y en el libro contra 
el clericalismo romano. 

Como una pobre retribución remito por este 
mi^mo correo las seis obras que he dado a luz, 
para que formen parte de la biblioteca de ese cen- 
tro. 

En el tomo 1.° de «Miscelánea» encontrarán los 
amigos de causa artículos, discursos y versos en 
pró del liberalismo moderno. 

En lo que respecta á «El Paysandú», el 15 de 
Abril último saqué de su frente mi nombre como 
director y redactor. 

Actualmente no tiene lo primero, pues yo. mien- 
tras no se hace cargo del diario el señor Máximo 
Bascans, solo ejerzo superintendencia moral. 

Quedando reconocido á esa sociedad y haciendo 
votos por la creciente prosperidad del «Casino Li- 
bre Pensador», saluda en su persona á los dignos 
obreros de la causa regeneradora del pensa- 
miento libre S. S. S. y correligionario.— Setem- 
brino E. Pereda. 



Gasino «Libre Pensador». 

Carmelo, Junio 15 de 1892. 

Señor don Setembrino E. Pereda. 

Estimado correligionario: 

A .su «Jebido tiempo ret ibí su muy grata nota de! 
7 del corriente, por la que he visto el hermoso do- 



176 



SETEMBRINO E. PEREDA 



nativo que se ha servido hacer á este centro libe 
ral, el primero en su género en este Departa- 
mento. 

Como era de mi deber, di cuenta á los asocia- 
dos de la maniftcencia de usted, asi como de los 
sentimientos honorables que le animan para la 
colectividad, y en especial á este centro; de cuyas 
resultas fue sancionado un voto de gracias, tan 



comunicaros, para vue stra inteligencia y satisfac- 
ción. 

También he de significaros que. sin temor de 
equivocación, si tuviera la República un centenar de 
hombres como vos, tan decididos propagandistas 
como entusiastas por la idea que perseguimos, 
ha tiempo que este hermoso pais estaria limpio de 
la polilla que le corroe las entrañas. Pero firmts 
y constantes en la brecha, sabremos vencer, 
contando, como cuenta el partido liberal, con hom- 
brea que, como vos, lo sacrifican todo por la li- 
bertad de conciencia. 

Recibid por mi intermedio el testimonio fiel de 
la adhesión de causa y simpatia que os demues- 
tra vuestro afmo. S. S. José S. Patón, presidente — 
Pedro A. García, pró -secretario. 



En lo que respecta á la enseñanza láica son tam- 
bién conocidos nuestra propaganda y trabajos en 
su favor, pues por la prensa y en conferencias 
públicas la hemos defendido de los ataques del 
clericalismo. 

Cuando á fines de 1882 de pretendió echar por 
tierra el sistema Valeriano, redactam os, é hicimos 
suscribir por numerosas firmas, 1 a siguiente so- 
licitud diri jida al gobierno y cuyo or iginal obra en 
nuestro poder. 

«Los que suscriben, teniendo conoc i miento de 




Ní RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 177 



que se hacen activos trabajos en sentido de im- 
plantar en nuestras escuelas públicas el antiguo ré- 
gimen escolar, y por consiguiente, derogar los ac- 
tuales métodos y sistema da enseñanza,— i ntere • 
sados, como miembros de la sociedad oriental y 
amigos del progreso, por que no descendamos en 
la escala de nuestros adelantos morales é intelec- 
tuales, venimos, por medio del presente documen- 
to, á protestar formalmente contra esos avances 
y manifestaciones del retroceso, y á declarar que 
como padres y madres de familia, unos, y como 
amantes de la difusión de las luces otros, nos 
adherimos con íntima fé á los programas y siste- 
mas de estudio que rigen en los establecimientos 
de educación pública.» 

¿Qué se quiere con esa reforma y ese retroceso? 

¿Qué beneficios podrá alcanzar el pueblo con 
que volvamos á los tiempos de las lecciones de 
memoria y la palmeta? 

No se conseguiría otra cosa que acrecentar más 
la ignorancia y la superstición: en vez de séres 
concientes de sus deberes y derechos, tendríamos 
autómatas, máquinas parlantes, inteligencias lle- 
nas de palabras y vacias de ideas, conciencias ma- 
niatadas, esclavos de una creencia, y nada más. 

Es necesario evitar todo esto. 

De ahí que secundando el movimiento civiliza- 
dor de otros pueblos de la República se haga me- 
nester que los espíritus que viven confundidos con 
1* corriente de las grandes ideas y de los senti- 
mientos levantados hagan también oír su voz y 
su protesta en favor del sistema implantado en el 
país por el inolvidable ciudadano José Pedro Vá- 
rela. 

Decir que en nuestras escuelas no se enseña re- 
ligión, es asegurar una falsedad maniíiasta. Se 
adopta como texto la Catequística, aprobada por 
la Iglesia, libro esencialmente religioso y católico 
— Lo único que hay, es que se respetan las creen- 

18 



178 SETEVBR1N0 E. PEREDA 



cias y no se les inculcan esas ideas á los niños 
cuyos padres son opuestos á ello, con lo que se. ga- 
rante la libertad del pensamiento y la de concien- 
cia, de acuerdo con nuestra Carta Constitucional, 
que tolera todos los cultos y prescribe la libre 
emisión de las ideas. 

Por otra parte, —se enseña la moral, y es la 
moral la que morijera 1 ís costumbres y las pa- 
siones y encamina al hombre por la senda de las 
buenas acciones, salvaguardando los legítimos 
intereses y el porvenir de la sociedad. 

Por estos y muchos otros fundamentos, protes- 
tamos contra esos retrógrados trabajos, y mani- 
festamos nuestra conformidad con el actual régi- 
rren escolar. 

Paysandú, Octubre de 1882. (Siguen las firmas) 

Esta protesta no fué presentada al Gobierno 
por ser innecesario, pues la propaganda clerical 
no encontró éco. 

En 1879, siendo Inspector Departamental de Es- 
cuelas el Dr. D. Ramón López Lomba, tuvimos el 
honor de publicar un folleto sobre la antigua y 
moderna enseñanza, conjuntamente con los Sres. • 
Remigio Brian (hijo), Eduardo R. Fernández y 
Fernando C. Pereda, con motivo de informes esco- 
lares expedidos por maestros particulares apega- 
dos al viejo régimen educacionista. 

D. José Pedro Várela, entónces Inspector Na- 
cional delnstrucción Pública, nos favoreció con su 
aplauso y palabras de aliento. 

Sentimos que su carta se nos haya traspapelado 
y que la premura de tiempo nos impida darla á 
luz en la presente publicación, pues es un docu- 
mento digno de leerse. 

Mucho, muchísimo más podríamos agregar pa- 
ra justificar que no somos propagandistas de úl- 
tima hora, sinó desde hace 17 años; pero lo omi- 
timos por juzgar no imprescindible su inserción. 

Además de la carta á que aludimos del señor 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 179 



José Pedro Várela, nos estimularon varias otras 
personas competentes, con motivo de nuestros 
esfuerzos en favor de la enseñanza láica. 

Más como propaganda, que por otra cosa, pu- 
blicamos á continuación algunas de ellas. 



Señor don Setembrino E. Pereda. 
Estimado joven: 

Ayer recibí su interesante carta acompañada de 
un ejemplar del folleto que sobre los exámenes 
pasados ha publicado u^ted con algunos jóvenes 
compañeros. 

Agradeciendo su envío, lo felicito por la actitud 
digna que toma usted en la cruzada iniciada en 
favor de la educación. 

Siempre llegan a realizarse las obras proyecta - 
das cuando se llevan a ellas elementos nuevos y 
sanos. 

A la juventud de este pueblo toca sostenerse 
con honra en la brecha abierta en el campo de 
la idea, como se sostuvo en tiempos de tristeza y 
lágrimas, en la brecha ensangretada del comba- 
te, al lado del cañón mortífero que envolvía en 
humo y polvo los cuerpos despedazados de los 
héroes de Paysandú! 

Humilde en 'a labor, pero grande en aspiracio- 
nes y sentimientos, me siento orgullosa de la ju- 
ventud de mi patria cuando la veo levantarse con 
espíritu ar helante y ardiente, deseando conquistar 
para el porvenir nueva honra, si cabe, que la in- 
marcesible gloria de los héroes legendarios na- 
cionales. 

Luchar con el libro por espada, es la lucha de 
los Virgilios que aman la libertad y el progreso; 
luchar con la espada de acero reluciente, es la lu- 



180 



SbTEMBRINO E. PEREDA 



cha de los Césares que ahogan la libertad de los 
pueblos; luchar con el libro de oraciones y el ro- 
sario, es la lucha de los inquisidores que ahoga- 
ban la conciencia de los hombres. 
Lo saluda con aprecio su compatriota. 

Do fila C. de Orozco y Zambrana. 

Casa de usted. Febrero 11 de 1879. 



Inspección de Colegios Nacionales. 

Buenos Aires, Febrero 17 de 1879. 
Querido Setembrino: 

Los dogmas liberales, que han fecundizado to- 
dos los terrenos, han completado también su evo- 
lución en la enseñanza, y aunque no he hecho 
examen del plan de estudios y programa deesa 
República, induzco por el folleto que me envías, 
que es el umversalmente empleado por todos los 
educacionistas eminentes, y el que me propongo 
implantar en las provincias argentinas, sobre la 
base de mi circular del año pasado. 

El verdadero sistema de educación primaria es 
tan sencillo como óbvio:descansa en nociones filo- 
sóficas eJementalísimas y naturales —El universo 
es una gran variedad múltiple, pero con una ar- 
monía perfecta y unidad estricta.— Todo sistema, 
pues, de desarrollo humano, debe salir de la 
naturaleza sin destruir ese concierto, que es la 
ley soberana de todos los desarrollos. De modo 
que, promover, auxiliar y defender todas las po- 
tencias del hombre en su* períodos propios y ór- 
den natural, contiene los principios provechosos 
de una educación racional y el camino más recto 
de sus aspiraciones individuales y sociales 

Estos son los raciocinios que hemos estudiado 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 181 



en nuestra humilde aula de filosofía, tan hostili- 
zada, sin embargo, por el espíritu de una igno- 
rante rutina, inveterado en los pueblos alejados 
de las corrientes civilizadoras. Tú, que eres una 
inteligencia clara y un noble corazón, no podías 
traicionar aquella generosa bandera, que enarbo- 
lamoscon tanta audacia y sostuvimos en la ruda 
batalla con tanta lealtad. En nombre del aposto- 
lado, permíteme enorgullecerme del folleto que me 
envias. 

En las manifestaciones que contiene, veo el po- 
deroso fermento de aquella levadura, al calor de 
las jóvenes inteligencias sanduceras; veo en ellas 
retoñar aquel árSol, desgajado por el hucha im- 
placable de la maledicencia. 

¡Bien se los deeia yó!.... 

«El grano de oro está ya en el surco.... nacerá la 
mies, sin que ningún poder humano la esterilice.. . 
y no está muy lejos el dia en que ustedes, mis es- 
tudiosos amigos, brinden la eucaristía del verbo 
á los mismos que hoy ahullau en nuestro derredor 
rebujados en las tinieblas.» Esto no era profetizar 
las matemáticas no adivinan, y el espíritu posée 
leyes tan exactas como le cienci v de los núme- 
ros. 

La educación debía recojcr también sus conse- 
cuencias en v3l desenvolvimiento lógico del espí- 
ritu, emancipado de la* £t¿rraciones ael pasado. 
El método de ia observación y de la irducción 
científicas, al amparo de la libertad, lo han vuelto 
á su juicio, de donde fué arrancado por la fuerza 
y la infalibilidad. 

Una enseñanza racional debe fundarse en el co- 
nocimiento, desarrollo y cultura de las facultades 
del hombre, aplicadas á las investigaciones del 
Universo, al papel que en él juega, fin ó continui- 
dad de la evolución de su destino en la tierra. 

La reforma se ha operado radicalmente, contra 
el estéril é insensato sistema antiguo de educación. 



182 



SETKMBRWO E. PEREDA 



El sistema científico-filosófico va de lo sencillo á 
lo complicado, del fenómeno ó ía ley, del hecho 
concreto á la generalidad, de la práctica á la regla, 
por intuición: es decir, en suma: de lo fácil á lo 
difícil. ¿Puede concederse un método más obvio? 
¿No es una locura hablar el quichua al ruso, y el 
ruso al quichua? ¿Lo es menos hablar al niño el 
lenguaje meiaíísioo de los principios, antes que d 
de los hechos de donde emanan?. . . 

Felicito pues, á iodos Vds.— No era posible que 
triunfaran otras ideas en un centro donde tienen 
el derecho de la propaganda, altas inteligencias 
como la de Pablo De María y Carlos María Ramí- 
rez; y educacionistas competentes como López 
Lomba. 

Acaso me he estendido demasiado, aunque no lo 
bastante, para probar el cariño que tengo al pue - 
blo de Paysandú.— Mis tareas oficiales me robnn 
todo el tiempo. Entre Colegios, Escuelas Norma- 
les, Seminarios Conciliares y Escuelas de Misio- 
nes son 27 establecimientos que tengo á mi cargo 
como Inspector de Educación. Felizmente, el Mi- 
nistro de Instrucción Publica doctor don Bonifacio 
Lastra, así como es de rectu y bondadoso, es de 
ilustrado y laborioso.— Adiós. ' 

Tu amigo aftmo. 

Francisco F. Fernandez. 



Buenos Aires, Mayo U de 1879. 

Sr. D. Setembrino E. Pereda. 

Paysandú. 

Distinguido caballero. 

Recibí el folleto titulado: Informes Escolares y 
breves consideraciones sobre la antigua y. moderna 
enseñanza. 



NI RETROGRADOS NI TARTUFOS 



183 



Con el interés que me inspira todo aquello que 
se relaciona con la educación común, he leído tan 
precioso opúsculo. Su lectura me ha proporciona- 
do un verdadero placer y doy á Vd. las gracias 
por ello. 

Felicitando en Vd. á la juventud inteligente y 
estudiosa de Paysandú, me es grato saludarle con 
mi más distinguida consideración. 

Raytnunda Torres y Qaxroga. 



Colón, Mayo 27 de 187Í). 

Sr. D. Setembrino E. Pereda. 

Paysandú. 

Estimado amigo: 

Las idéas que Vd. manifiesta en el folleto s ubre 
educación que tan galantemente me ha enviado, 
me revelan los recomendables conocimientos que 
posee sobre el ramo de instrucción, cuyo fomento 
se hace tan indispensable en nuestras repúblicas 
sub-americanas. 

Es en vano que se trabaje con el propósito do 
desmerecer las inmensas ventajas del sistema 
moderno de enseñanza; porque esos trabajos no 
conducirán á sus autores á la cúspide de las ambi- 
ciones que alimentan, pues el progreso tarde ó 
temprano triunfa. 

Firmeza en las posiciones conquistadas y valor 
y perseverancia para adquirir las que quedan á 
conquistar y un triunfo expléndido coronará nues- 
tros esfuerzos. 

Sin más, saluda á Vd. con toda considera- 
ción y aprecio su amigo y S. S. 

Emilio Gouchón. 



184 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



V 

En cuanto á nuestra actitud como ciudadano, 
basta para constatar que tampoco fuimos indife 
rentes ante los altos intereses nacionales y en 
nuestro carácter de afiliados sinceros al Partido 
Constitucional, lo que pasamos á trascribir. 

Con fecha 16 de Mayo de 1887, nos decia el doc- 
tor Pablo De María. 

«Siempre recibo «El Paysaadú» y lo leo con 
gusto. — Su digna propaganda tiene que hacer mu- 
cho bien en ese departamento.» 



El 7 de Marzo de 1893, nos escribía: 

Señor don SetembrinoE. Pereda. 

Mi distinguido amigo: 

Tuve el gusto de recibir su carta de fecha 4 del 
corriente. 

Esa carta h i venido muy á tiempo, pues me 
sirve para activar la realización de un pensa- 
miento que me ha comunicado hace algunos 
días el doctor Aramburú:— el de provocar aquí 
una reunicn de constitucionalistas para decidir 
la actitud que debe asumir el partido en la actual 
situación política del país. 

He hablado ccn el doctor Aramburú, le he ma- 
nifestado los deseos de los correligionarios de 
Paysandú, y hemos quedado en que, asi que se 
organice el ministerio y se haga el nombramiento 
de Jefes Políticos, se verificará la reunión. 

Yo no he sido partidario del doctor Herrera ni 
del general Pérez, porque ninguno de los dos sa- 
tisfacía mis aspiraciones de ciudadano— Elegido 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



185 



el doctor Herrera, lo acato, hago votos por que 
realice las bellas promesas de su programa, y si 
asi lo hace, tendré gran satisfacción en tributarle 
mi más dincero aplauso. 

Durante la lucha presidencial que ha terminado, 
no ha hab do mas que actitudes individuales.— 
Cada correligionario ha procedido aisladamente 
según su conciencia. 

Ahora se trata de definir Ir ¡actitud colectiva del 
partido, y es indudable que hay gran convenien- 
cia en ello, puesto que sin unid. id no podemos ser 
una fuerza. 

Según parece, mañana quedará nombrado el 
Ministerio . — Por los datos que hay, se espera que 
su composición será bastante buena, y si, afortu- 
nadamente para el pais, sucede así, creo que nues- 
tro partido decidirá apoyara! nuevo gobierno, 
mientras ésta cumpla su programa. 

No somos un partido perdona!, sinó un partido 
de principios, y por consiguiente, debemos felici- 
tarnos de que se realicen nuestras ideas, sean 
quienes fueren las que las lleven a la práctica en 
las alturas del poder. 

— He leido la publicación que ustedes han he- 
cho ahí exhortando á los correligionarios á ins- 
cribirse en los Registros Cívicos.— M-jcho me ha 
complacido dicha publicación. 

Prometiendo escribirle así que tenga algo de 
nuevo que comunicarle, me suscribo de usted co- 
mo siempre su afmo. amigo y S. S. 

Pablo De María. 



El mismo compatriota y amigo, nos decia tam- 
bién: 

Montevideo, Abril 2 de 1890. 

Señor don Setembrino E. Pereda. 

Mi estimado amigo: Tuve el gusto de recibir su 
carta de fecha 30 del mes ppdo. 



186 



SETRMBR1N# E. PEREDA 



El movimiento político de los Constitucionales 
de Paysandü debe ser y es en realidad obra exclu- 
siva de ellos. 

Vds. nos dan el ejemplo á los de la Capital, y es 
preciso que esto se comprenda aquí para que 
nuestros correligionarios salgan de la inacción en 
que se encuentran. 

El doctor Aramburú debía iniciar una reunión 
aquí, como lo comuniqué á Vd. en mi carta ante- 
rior, pero á causa de encontrarse enfermo está de 
viaje para el Paraguay, y ñor eso ha desistido de la 
iniciativa que se habia propuesto tomar. — Vere- 
mos si otro la toma. 

Sin otro objeto por hoy, queda de Vd. como 
siempre afmo. amigo yS.S. 

Pablo De María. 



Montevideo, Mayo 30 de 1890. 

Mi amigo Pereda: Recibí su carta y paso con 
gusto a contestarle sobre lo que en ella me dice. 

Aquí nadie ha dado importancia á la separación 
de Herrera fiel Partido Constitucional, no porque 
dicho ciudadano no sea, como es, muy apreciable, 
sinó por que su resolución es un acto aislado que 
en nada compromete la vida de nuestra comunidad 
política. 

No me ha sorprendido la actitud de Herrera.— 
La esperaba, pues hace tiempo que lo veía traba- 
jando por la idea de volver al Partido Colorado. 

Yo contesté particularmente á la carta de He- 
rrera. — Mi contestación no ha sido publicada por- 
que yo no he querido darla á la prensa. 

La cuestión de si el Partido Constitucional se 
form como una coalición transitoria, ó como un 
verdadero partido, con misión propia y perma- 
nente, no es tal ciáeoüón, y así es que no puede 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 187 



"admitirse discusión alguna al respecto— El mani- 
fiesto publicado aquí en Mayo de 1889, y e! Armado 
en Paysandu en Junio ó Julio del mismo año. son 
explícitas y terminantes. — Los que los suscribimos 
nos desligamos irrevocablemente de los partidos 
tradicionales, y por consiguiente, no podernos sin 
inconsecuencia volver á ellos. 

Por lo demás, las ideas del Partido Constitucio- 
nal triuntan en la conciencia pública y hasta en las 
esferas del poder— Este hecho es evidente, y ante 
esíe hecho no se concibe que uno pueda poner en 
duda que el Partido Constitucional tiene una gran 
misión que llenar y debe seguir y seguirá viviendo. 

En estos dias vamos á tener aquí una reunión 
numerosa de miembros del Partido Constitucional. 
—Nos faltaba un local á pr opósito para celebrarla, 
pero ya lo hemos encontrado. 

Lo tendré á Vd. ai corriente de lo que se re- 
suelva. 

Su afmo. 

Pablo De Mana. 



Monteviueo, Junio 11 de 1800. 
Señor don Setembrino E. Pereda. 
Mi estimado amigo: Mañana tiene lugar una 
reunión privada de miembros del Partido Consti- 
tucional, para la cual han sido invitadas más de 
trescientas personas.— Como creo que en ella no 
se hará más que nombrar Comisión Provisoria del 
Partido, no he hecho á Vd. telegrama para que 
venga. 

Si más adelántese celebra reunión pública, ú 
otra privada que revista interés, tendré mucho 
gusto en avisárselo á usted á fin de que concu- 
rra. 

Sin otro objeto por hoy, quedo de usted como 
siempre afmo. amigo y S. S. 

Pablo De María. 



188 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



Cuando la conciliación de Noviembre en 1886 
nos adherimos á ella juzgando un acto de pa- 
triotismo el movimiento de opinión que enton- 
ces se operaba, y cuando el general Máximo 
Tájes subió al poder, escribimos, el 23 del 
mismo mes y año las apreciaciones siguien • 
tes: 

«Después de once años de incesantes sobre- 
saltos» en que el patriotismo del pueblo oriental 
veia con inmenso dolor sucederse los aconteci- 
miento?» políticos divorciado con sus gobernan- 
tes, acaba de inaugurarse una éra que abre ri- 
sueños orizi ntes de esperanza; y ese mismo 
pueblo confraternizan! presente con los que ma- 
nejan los destiros nacionales. 

Es que el ángel de la patria tocó el corazón 
del hombre que imponía su férrea voluntad al 
amparo de ia fuerza; un pensamientp feliz y sal- 
vador brotó en su mente, y en un momento de su- 
blime arrebato, compelido por el deber cívico, 
llamó á su I do á sus adversarios de ayer, prome • 
tiéndoles toda clase de garantías, abrióles de par 
eñ par las puertas de la patria, tendió sus ojos á 
las páginas déla con.'titución por él jurada, los 
hombres de principio respondieron á su patriótico 
llamado, v sintiéndose más grande que nunca al 
calor de "los principios, ántes de retroceder, siguió 
adelante, imprimiendo un robusto impulso á la 
conciliación con tanto éxito y entusiasmo inaugu 
rada. 

El país entero se pone en pié para aclamar 
y bendecir ese pensamiento, y a.¿.»íó con su adhe- 
sión y su aplauso á los huevos gobernantes. 

Trás los votos populares y las halagüeñas pro- 
mesas, vienen los hechos, se sancionan men- 
sajes que simbolizan paz, fraternidad y olvido; se 
lleva la tranquilidad á muchos hogares, quitan- 
do de varios departamentos Jefes Políticos que 
eran el azote y el terror de sus gobernados,— 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



189 



y el hombre que bajo tan lisonjeros auspicios 
habla sido el iniciador de una política de conci- 
liación, viendo quebrt»ntada su voluntad y acon- 
sejados por la ciencia médica, abandona la pri- 
mer magistratura de la República, en el íntimo 
convencimiento, según si.s propias palabras, de 
que la paz y el orden están comp'etamente ase- 
gurados en el país, merced á la evolución polí- 
tica que ha promovido, y en la segundad de que 
el ciudadano que la reemplaza seguirá la misma 
política por él iniciada. 

Tan inesperado suceso vino á precipitar laso- 
lucicn del problema presidencial. 

En el seno del nuevo Ministerio había un 
hombre sobre el j cual desde hace tiempo se te» 
nían fijas todas las miradas, y cuya car didatura 
la imponían las circunstancias. 

Ese hombre no era otro que el Teniente Ge- 
neral Máximo Tajes, que á la par de reunir las 
simpatías del ejército, no era adverso á la opi- 
nión pública desde su noble proceder con la ju- 
ventud uruguaya vencida y hecha prisionera en 
los memorables Palmares de Soto. 

Y la Asamblea General, comprendiéndolo así, 
y colocándose una vez siquiera á la altura de su 
mandato, le acaba de proclamar, por voto canó- 
nico, Presidente Constitucional de la República. 

Su proclamación, sin embargo, no causó buena 
impresión en los primeros momentos. 

Circulaban diversos rumores, en un todo contra- 
rios al espíritu de la política iniciada. 

Decíase que la Dictadura era un hecho; que el 
nuevo Ministerio se había venido abajo, y que, 
por consiguiente, las promesas del general San- 
tos habían sido brutalmente violadas. 

El Paysandü ante tales rumores creyó pruden- 
te no abrir juicios de ninguna especie, hasta 
tanto no se esclarecieran los hechos, pues so- 
mos enemigos, por convicción y por carácter, 



190 



SETEMBR1NO E. PEREDA 



de en.itir opiniones aventuradas, sin ántes estar 
empapados en la realidad de las cosas. 

De ahí también que el pueblo de Paysandfc 
mirara con malos ojos la manifestación llevada 
á cabo entre nosotros en la noche del 19 del 
corriente, absteniéndose de concurrir á ella. 

No habría sucedido otro tanto, i 1 estamos; segu- 
ros, si se hubiesej sabido desde un principio la 
verdad de lo ocurrido, por que la exaltación á la 
Presidencia del General Tajes ha sido bien re- 
cibida por la gran mayoría de nuestra pobla- 
ción. 

Creemos sinceramente que el nuevo magistra- 
do, si cumple su hermoso programa de gobier io 
y sigue rodeándose de ciudadanos como los que 
desempeñan las distintas carteras, hará una admi- 
nistración honrada y ejemplar. 

Así lo espera el país entero» 



Amigos sinceros de la conciliación al cumplir 
el primer aniversario de ésta le dedicamos un 
entusiasta artículo en las columnas de «EL Pay- 
sandú». 

El Dr. José Pedro Ramírez nos dirijió, con tal 
motivo, las siguientes líneas: 

Montevideo, Noviembre 7 de 1887. 
Sres. Máximo Bascans y Setembrino E. Pereda. 

Mis distinguidos compatriotas: 

Leo con asiduidad «El Paysandú» que ustedes 
redactan, y siempre he aplaudido la perseverancia 
de su propaganda consecuente y discreta, á tal 
punto que mis amigos y yo jamás hemos alcanza- 
do á percibir una nota discordante. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



m 



Mi adhesión y mi conformidad á ese respecto 
es vieja, pero mi reconocimiento al exagerado 
concepto que de mi tienen ustedes y que han ex- 
presado en el articulo que consagran al primer 
aniversario de la conciliación de Noviembre, es 
de este momento, en que condujo de leer ese ar- 
tículo. 

Soy muy sensible á 'a aprobación y al aplauso 
d e mis correligionarios y amigos, y conmueven 
J as fibras más íntimas de mi sima cuando vienen 
de personas de las condiciones de ustedes y á 
quienes no me ligan relaciones personales. 

Les estoy pues, sumamente grato por la satis- 
facción que han sabido proporcionarme y siento 
el deseo irresistible de hacérselo saber. 

De usted afmo. compatriota y correligiona- 
rio. 

José Pedro Ramírez. 



El doctor Cárlos Maria Ramírez nos favoreció 
con la consulta política de que informan las si- 
guientes cartas: 

Montevideo, Setiembre 25 de 1889. 
Señor don Setembrino E. Pereda. 

Paysandú. 

Estimado amigo: 

La cuestión presidencial empieza á preocupar á 
todos. Dada la composición de la Asamblea, el 
dato fundamental del problema es que ei futñro 
presidente será colorado. Sobre eso, parece que 
no pu^de haber discusión. — Ahora bien, — admi- 
tida la premisa, — ¿cuál debe ser la actitud de las 
fracciones no afiliadas al partido colorado? ¿Cuál 
candidato colorado deben ellas apoyar? 



192 SETttMBRlNO E. PEREDA 



En Paysandú, según noticias, la falange aue 
acaudilla el coronel Etchbverry es herrerista.— 
Pero,— ¿á quién se inclinarán los demás elemen • 
tos i¿e opinión? 

Pesa sobre mi conciencia un veto á dar el l.o de 
Marzo, — y usted se explicará, por consiguiente, 
que d ísee ilustrar mi propio juicio con el délos 
correligionarios políticos y con datos fehacien- 
tes sobre los rumbos de la" opinión nacional. 

Esperando su respuesta, me repito su affto. 
amigo. 

Carlos María Ramírez. 



Paysandú, Octubre l.o de 1889. 

Señor doctor Cárlos M. Ramirez. 

Montevideo. 

Distinguido correligionario y amigo: 

Acuso recibo de su atenta carta fecha 26 de Se- 
tiembre último. 

Aunque la cuestión presidencial es un asunto 
que requiere la mas séria reflexión, toda la cor- 
dura y el patriotismo posibles para encararla y 
resolverla de modo que respoda á las aspiracio- 
nes generales y genuinas del país, máxime de los 
ciudadanos honestos, que son los que mas sufren 
las fatales consecuencias de los desequilibrios 
políticos y situaciones anormales,— no quiero de- 
jar de responder alas preguntas que galantemen- 
te me hace en su referida carta. 

Como ciudadano y como periodista indepen- 
diente, hace tiempo que vengo preocupándome de 
tan complicada cuestión.— Empero, aún no me he 
atrevido á hacer pública mi opinión al respecto, 
pues juzgo prudente,— dado el can cterde los su- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



193 



cesos que se vienen desarrollando— guardar la 
más estricta i eserva, ilustrando á la vez mi cri- 
terio, — en lo posible, — con los juicios emitidos de 
antemano por lo. r - demás, hasta tanto alcancemos 
aíperiodo álgido delalucha que i a desuscitarse 
irremediablemente, tarde ó temprano, en la pren- 
sa, antes que llegue el 1. o de Marzo del próximo 
año. 

Mis aspiraciones, como la de todos los corre- 
ligionarios del departamento, y creo que de la 
República entera, son que suba al sillón presiden • 
ciaí un hombre de principios, ilustrado y patriota, 
que con sus actos honre y no desdore el puesto 
ue tanto supo honrar el inolvidable patricio don 
oaquin Suárez, encarnación de la democracia y 
del civismo. 

¿Reúnen esas condiciones los diversos candida- 
tos cuyos nombres suenan con probabilidades de 
éxito? Luis Eduardo Pérez, Pedro De -León, Sal- 
vador Tajes, Fernando Torres, ó Julio Herrera y 
Obes¿se hallan ^vaciados en el molde de los ver- 
daderos hombres de estado? 

Luis Eduardo Pérez no ha revelado nunca ser 
otra cosa que uno de los tantos militares con que 
cuenta la Nación. 

Será, si se quiere, un buen hombre, inofensivo 
y bien intencionado; pero no pasa ni pasará, de 
ahí. — Su actitud en el Ministerio durante la admi- 
nistración de Máximo Sántos, léjos de levantarle 
en el concepto público, hizo que descendiera mo - 
raímente, pues demostró carecer de energía, 
empero su generalato; no supo imponerse á los 
manejos leoninos y á los desmanes de todo gé- 
nero, que co.i rapidez vertiginosa se sucedían en 
aquella época de despilfarres y de inmoralidades 
sin cuento; en una palabra, desvaneció todas las 
esperanzas que en él se abrigaban. 

Pedro üe León,— salido ayer no más del cuar- 
tel, educado" en la vieja escuela en que se formá- 
is 



194 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



ron Latorre, Santos, Etcheverry, los Martínez, 
Galarza, Escayola, Aniuedo, Tezanos, Abreu y 
tantos otros, — no tiene más mérito á la conside- 
ración de sus conciudadanos que haber servido 
de intermediario entre el sátrapa y el jefe del 
gabinete de la conciliación, pues se haüa despo- 
jado de las más elementales nociones del gobierno 
propio; jamás se ha confundido con el pueblo para 
aspirar sus auras de libertad; dejando, por el con- 
trario, que infinidad de sus infelices compatriotas, 
— párias en su propio suelo, — giman en los cuer- 
pos de línea, ávidos de tornar á sus hogares, sin 
otros compromisos que los que les impone su 
deber de padre, esposo ó hijo de una familia indi- 
gente que reclama el auxilio de sus cuidados y 
•su labor, y en los acuerdos ministeriales jugó" 
siempre el triste rol de momia ó de fantoche. 

Salvador Tajes, e* 8 un corazón sin hiél, como se 
dice vulgarmente; pero es la negación más abso- 
luta de todo buen gobierno: carece de ilustración 
y de energía, de perspicacia y de voluntad pro- 
pia. 

Como hombre me merece la reputación de un 
gentlemariy pero como político el de una nulidad 
séria. — En suma: creo que ocupando la primera 
magistratura del país desempeñaría el rol que 
siempre desempeño el doctor Vidal como presi- 
dente de la República, que á pesar de ser una re- 
putación médica carecía de sentido práctico y de 
disposiciohes naturales, ingénitas en el indivi- 
duo. 

Fernando Torres ha sido siempre un exaltado, 
mas partidario que patrióta. 

¿Y Julio Herrera yObes? Hombre de preclara 
inteligencia y de vasta ilustración, fué ayer uno 
de los apóstoles más entusiastas de la honradez 
cívica y del régimen constitucional; un político de 
largas vistas, un tribuno esforzado y valeroso, un 
periodista de combate, pero soldado de la causa 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 195 



del bien. — Nadie dudaba de su patriotismo acri- 
solado: sus antecedentes realzaban su personali- 
dad y le servían de escudo & la maledicencia y la 
calumnia. 

Después de su elevación al Ministerio de Go- 
bierno, de su conducta pasiva ante el desborde del 
mal, de la parálisis de la complicidad en varios 
atropellos á las garantías individuales, denuncia- 
dos públicamente; de su íntimo consorcio con los 
elementos que produjeron el motin del 75 y los 
hechos posteriores, por espacio de más dé dos 
lustros, ¿puede juzgársele el mismo y aplicársele 
igual criterio que hasta su deportación en la 
barca Puig? 

Yo soy uno, amigo mió, de los que más pro- 
fundamente han lamentado el descenso moral de 
tan distinguido compatriota; pero también soy de 
los que piensan, — haciéndole ese honor ó justicia, 
—que no ha naufragado por completo en el mar 
sin orilla de la política; creo que tratándose de un 
hombre de su talento y de sus antiguas fojas de 
servicio, de quien tiene conciencia de la inmorta- 
lidad en los anales de la Historia y en ei corazón 
de sus conciudadanos,— aun hay algo que esperar, 
y á pesar de todo, debe merecernos, en parangón 
con lo» citados, más alto concepto, haciendo con- 
cebir la esperanza de que en el solio de la presi- 
dencia, en caso de ser á él llevado sé brá colocarse 
á la altura de sus deberes y de las legítimas as- 
piraciones de la opinión nacional, lavando sus 
pecados veniales en ol Jordán de la regenera- 
ción. 

No es, s ; n embargo, mi candidato, no lo es tam- 
poco el de nuestros correligionarios de Paysandú, 
según he podido observarlo; pero si, el que menos 
resistencia levanta, y el que, por lo tanto,— si no 
es posible que se elija otro más popular y defini- 
do que encarne las tendencias de la Nación,— se- 
ria mirado sin tan malos ojos cual lo tueran Pérez 



196 



SETKMBR1N0 E. PEREDA 



De León, Tajes 6 'Torres,! si cualquiera de ellos 
resultara electo. 

Existe una circunstancia poderosísima, además 
de las enunciadas, para que esto sea así. — El doc 
tor Herrera y Obes no es militar sino ciudadano 
civil, y usted sabe que elpais se halla harto de ser 
gobernado por el militarismo en todas las esferas 
del gobierno, desde Presidente de la República, 
hasta Jefe Político y comisano, no por que abo- 
rrezca la milicia, — pues la noble carrera de las ar- 
mas es dignificada en todos los países cultos y ci- 
vilizados y el ejército sirve de guardián de la paz 
privada ¿internacional,— sin© porque se infrinjen 
las leyes y se posterga á los elementos inteligen- 
tes, honraJos y progresistas, para poner en su. lu- 
gar individuos sin arraigo, desconocidos y que po- 
co ó nana se preocupan de (os intereses de sus ad- 
ministrados, como sucede desde lacaida del doc- 
tor Ellauri hasta nuestros dias. — Cargando presi - 
Has ó entorchad s el presidente, el compañerismo 
creado en el campamento ó en los cuarteles ejerce 
más influencia en el ánimo del que manda que los 
dictados del patriotismo. — Los hechos confirman 
mis palabras y son demasiado conocidos para que 
los enumere aquí. 

Mi candidato,— y tengo la convicción que tam- 
bién lo es el de la inmensa mayoría del pais,— no 
esotro que su ilustre hermano, el doctor don José 
Pedro Bamirez, personalidad altamente simpática 
que si se imponía y era respetada y querida antes 
de la Conciliación de Noviembre y de su renuncia 
del cargo de Senador por Rocha, — hoy merece el 
cariño y )a veneración hasta de sus enemigos de la 
víspera.— Hombres de su temple, de su talento y 
de su corazón son los que necesita la República al 
frente de sus destinos. 

Y no es el candidato de mis afecciones por pa- 
sión política, pues á pesar de mis pocos años, sé 
los males que ha traído siempre al país el partidis- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 197 



mo ciego y personal,— causa eficiente de las lu- 
chas intestinas que han diezmado nuestro suelo y 
arrebatado tantas preciosas existencias y con el «as 
*eí más rápido engrandecimiento nacional, — es mi 
candidato porque sus procederes circunspectos, 
patrióticos, desinteresados y limpios lo hacen 
acreedor á ello. 

Finalmente, mi ilustrado amigo, opino que si na 
hay probabilidad de que suba al sillón Presidencial 
un ciudadano que no solo atesore virtudes sin& 
que sea capaz de gobernar corno lo manda la ley, 
los hombres de principio^ que ocupan un puesto 
en el seno del Cuerpo Legislath o, deben abstenerse 
de votar, para no ser cómplices del delito de iesa 
Patria, ó hacerlo solo en el caso extremo de que 
su prescindencia entrañe un peligro mayor. 

Esta, mi distinguido correligionario, es mi ma- 
nera de pensar al respecto y mucho me congra- 
tularía de que también fuera la suya y de los demás 
amigos de esa. 

Creyendo dejar satisfecha su galante solicitud y 
agradeciéndole tan señalada honra, se complace 
en saludarle con su más distinguida consideración, 
su amigo y S. S.—S. E. Pereda. 



.^Dichas cartas recién las publicamos en el mes 
de Febrero de 1890, y dio lugar á una ligera con- 
troversia con nuestro apreciable amigo e! señor 
Máximo Bascans. 

Con fecha 25 del mes y año referidos y confir- 
mando las ideas expue-tas en nuestra contestación 
al Dr. Ramirez, nos expresábamos así : 

Señor D. Máximo Bascans. 

Sauce. 

Querido Máximo : 

He leído con agrado tu interesante carta fecha 
20 del cemente sobre política de actualidad. 



198 



SETEMBRINO E. PEREDA 



Lamento, sin embargo, que discrepemos en algo, 
ya que no en ios principios, al menos en la apre- 
ciación de las personas y sus antecedentes. 

Tú reconoces conmigo que ninguno de los can- 
didatos en acción satisface las aspiraciones na- 
cionales; pero opinas que uno de ellos,el General 
Pérez, ofrece, si no más conveniencias, ménos peli- 
gros para la marcha tranquila del paí-s hacia sus 
ideales de paz, de orden y progreso,— y te inclinas 
á creer que hay error de apreciación al suponerle 
un militar oscuro, educado en los cuarteles, á se- 
mejanza de otros» cuyos nombres omites por no 
herir susceptibilidades. 

Mi actitud en la prensa, en la cuestión Presiden- 
cial, ha sido hija de un frío y maduro raciocinio,— 
Ja he venido escojitando con calma, para evitar, en 
io posible, entrar en un órden de juicios contrario 
ala lógica de los sucesos y á la verdad histórica y 
psicológica. — Juzgo a los hombres por su modo de 
ser, por sus obras v por su valor moral é intelec - 
tuai, no por sus ideas ni afinidades políticas única- 
mente, porque la pasión es ciega y la j>eor de las 
consejeras.— La precognición de los individuos es 
como la historia imparcial: un lampo de luz que 
irradia explendentsy disipa los crepúsculos de la 
incertidumbre 

Por eso, como lo expreso al doctor Ramírez, an- 
tes de lanzar una opinión aventurada, en este caos 
de la política nacional, he querido ilustrar mi cri- 
terio con la reflexión en cabeza propia y en cabeza 
agena y dar al César *o que es «leí César. 

Aún cuando he manifestado ampliamente en las 
columnas de El Paysandú los fundamentos en que 
me apoyo para no simpatizar con la candidatura 
del General Pérez y ménos para juzgarla superior 
en nada á la de su poderoso rival, quiero, no obs- 
tante, repetirlo en la presente ocasión, ya que es 
ésta propicia. 

Lo que moi^jo en ese ciudadano no es precisa- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 11'') 



mente que haya servido al gobierno de Santos — 
Este fuera un pecado venial, comparado con lo 
demás, que es la causal en que me baso — Tú sabes, 
— como io dije en mi artículo Ululado Los candida- 
tos a la Presidencia^ — que el General Pérez era 
Ministro del interior cuando una ley draconiana 
puso una mordaza á la prensa independiente y ho- 
nesta, coartando la libre emisión del pensamiento 
vaciado en el papel y trasmitido por medio de los 
tipos de imprenta á ¡a comunidad política y social, 
al pueblo que escucha y juzga ai gobernante y 
al periodista, — y que lejos de protestar y oponerse 
á ella, la acató é Siízo cumplir, á despecho del cré- 
dito del país y de las sagradas prescripciones 
de nuestro Código Fundamental, que hoy promete 
guardar como una reliquia sacrosanta si el voto 
de la Asamblea Nacional lo lleva al desempeño 
de la primera magistratura de la República. 

Es, pues, su falta de carácter y de civismo lo que 
repele mi conciencia de ciudadano y loque dá m4rito 
á suponer que sus Ministros serían sus tuiores y 
no los colaboradores de su administración, má- 
xime careciendo de talento y de ilustración, que 
son auxiliares poderosos para el acierto que ha de 
imprimirse á todo régimen gubernativo— Un hom- 
bre sin inteligencia ilustrada y sin entereza, para 
todo podrá servir, mé<;os para encaminar y regir 
Jos destinos de un país. — Es honrado á carta cabal, 
se dice — Está bien; pero la honradez sola no es 
prenda ae buen gobierno: ha menester el ciudada- 
no que reúna esa preciosa cualidad moral, que 
sepa colocarse á la altura del patriotismo, que 
tenga la virtud de manejarse por si mismo, que 
antes que las sugestiones extrañas, de sus parcia- 
les y mentores oficiosos ú oficiales, escuche los 
dictados de su sana razón; en una palabra: es im- 
prescindible que sepa pensar y obrar con su libé- 
rrima voluntad, y no que piense y obre por inspi- 
ración extraña, como un representante de co.ne- 



200 



SETEMBR1NO E. PEREDA 



dia, que hace y repite lo que le dice el apuntador. 

De esta clase de gobernantes, —llamados propia- 
mente fantoches políticos, — estamos ya cansados 
los orientales, y es preciso, por otra oarte, sacudir 
una vez siquiera el tutelaie y régimen militares, que 
ahogan en la garganta del pueblo la voz de sus 
derechos y el ejercicio de su soberanía. 

Las presidencias militares han traído siempre 
entre nosotros las revoluciones y los trastornos 
económicos y políticos, desde Rivera, que fué el 
primer Presidente de la República, hasta nuestros 
di as. 

El General Tajes — á quien presentas como un 
gobernante modelo, — es una excepción.de esta lar- 
ga sucesión de malos magistrados hijos de Marte. 
—Su estabilidad y su prestigio los adquirió en los 
Paln.ares de Soto, ántes que todo, por su conducta 
circunspecta y patriótica, y los cimentó más tarde, 
quebrando su influencia al sátrapa, hoy felizmente 
extinto, — ya disolviendo el célebre 5 ° de Cazado- 
res, ora decretando y sosteniendo su alejamiento 
del suelo que por espacio de algunos años escar- 
neció y piscteó como el caballo de Atila. 

No hay, por lo tanto, paridaá posible entre el 
General Tajes y el General Pérez — Este descendió 
del poder divorciado con la opinión, todo mohino, 
y aquel bajará en medio del aplauso popular, por- 
que «i como M nistro y jefe de un poderoso ejército 
respetó la vida de cientos de sus conciudadanos en 
el campo de batalla, como Presidente, si ha tenido 
sus debilidades ó complacencias, hijas de la época, 
ha sabido colocar á su Pátria en una situación ha- 
lagüeña, salvándola de caer en el precipicio de la 
bancarota y del desconcierto político. 

En el Dr. Herrera y Obes,— que es el otro candi- 
dato de los dos únicos en la actualidad— reconoces 
no solo talento v vasta ilustración,— lo que nadie le 
niega,— sinó igualmente, sana intención patriótica, 
que los adversarios de su candidatura desconocen. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS Ü01 



Empero, optas por el General Pérez, pues temes 
que aquel haga un gobierno de partido y no un go- 
bierno nacional; que la bandera de su colecti vidad 
política, anteponiéndola á la de la Patria, la clave 
en Las almenas del baluarte conquistado^ como así 
mismo, que su período adminisirativo sea preñado 
de verdaderas borrascas políticas y descalabros fi- 
nancieros. 

No me exDÜcocómosi hallas al Dr. Herrera do- 
tado, ad emás de talento y de vasta ilustración, de 
sana intención patríótica % \o juzgas inferior «1 Gene- 
ral Pérez, que si algo posée será: únicomer¿te esto 
último, pues las dos primeras condiciones hasta 
sus propios part ; darios se las des :onocen, porque 
carece de ollas. 

Segün La Razón de Montevideo, que tiene moti- 
vos para conocerlo, es medio hombre de ciudad y 
medio de campo, que es mucho decir tratándose 
de pesar la importancia de un aspirante á la Pre- 
sidencia de Ib República. 

Por otra parte, como lo dice con verdad el referi- 
do colega montevideano, para que la candidatura 
del general Pérez hubiese echado raíces en la 
Asamblea y en la opinión, habria sido necesario, 
ya que el candidato con todas sus buenas condi- 
ciones personales carece de grandes dotes que lo 
liaban popular, aue se hubiese puesto fe y energía 
en la obra, sin confiar el ¿triunfo á eventualidades 
más ó ménos probables y esforzado la propaganda 
para familiarizarlo con el país, al poner de relieve 
los méritos y las cualidades de gobierno que creen 
hallarle á fln de demostrar que debía ser él, el úni * 
co candidato del partido dominante, y no oponerlo, 
como bandera de guerra, para mantener la incer- 
tidumbre y la desazón que tanto influyen en la si- 
tuación econó nica del país, paralizando tonas las 
iniciativas que fomentan su progreso. 

No puede pues* abrirle rumbos en la opinión la 
candidatura del General Pér^z, y el 1.° de Marzo 



202 



SETEMBR1NO E. PEREDA 



sus partidarios palparán su desencanto al tocar la 
realidad, si es que antes, — como lo anuncia la pren- 
sa de la Capital —no abandonan su propaganda y 
se adhieren a la del Dr. Herrera y O bes, aunque 
con ello revelen su falla de tino y de consecuen- 
cia. 

Ya lo he dicho y me vanaglorio en repetirlo: mi 
candidato, — si fuera dable levantar una -candidatu- 
ra que no proceda del partido dominante, dada la 
composición casi abso.uta del Cuerpo Legislativo, 
— lo sería el Dr. D. José Pedro Ramírez, cuyos 
méritos intelectuales y morales son indiscutibles; 
pero en la disyuntiva, como tú dices, de aceptar uno 
ú otro candidato, juzgo al Doctor Herrera el más 
apto entré ambos para gobernar el país, y al es- 
presarme así— come tú lo comprenderás,— me 
despojo de toda opinión partidista, pues ese distin- 
guido compatriota no es mi correligionario ni mi 
amigo personal, y el Partido Constitucional, a que 
tengo honra en pertenecer, no espera como colec- 
tividad polillo* nada de él, porque le es adverso. 

Diré, como síntesis de todo lo espuesto, lo que á 
más de uno he dicho en privado, que el Dr Herre- 
ra, si quiere hacer un gobierno constitucional mo- 
delo, puede hacerlo, porque tiene talla p ira ello, en 
tanto que su antagonista lo haría bueno ó malo, 
según sus consejeros, porque no posée las cuali- 
dades que se requieren para ser un hombre de 
Estado. 

Por otra parte, el ojo sagaz del diplomático verá 
y trasmitirá ásu gobieri.o la grata nueva de que el 
elemento civil inteligente y honesto ha reemplaza- 
do en la esfera administrativa, entre nosotros, al 
elemento militar á lo La'orre y ln Sántos, y que el 
pretorianismo y la fuerza bruta no están todavía 
a¿/¿, como lo espresa el manifiesto de Mayo, sinó 
el civismo y la Constitución Nacional. 

Haciendo votos por que la Asamblea General se 
inspire en los dictados del patriotismo, y salga 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 2' 3 



Juan ó salga Pedr o electo, sea para bien de la Na- 
ción, te saluda con cariño tu siempre amigo .—S. h. 
Pereda. 

El articulo á que aludimos, aunqu* en el fondo 
expresa lo mismo, vamos á trascribirlo como am- 
pliación de lo que queda expuesto. 

Dice así : 

<cLa cuestión de actualidad es ciertamente la 
que se refiere al tiascendental problema político 
qup debe resolverse el I o de Marzo próximo. 

Dos son los candidatos en pugna: el Dr. D. Julio 
Herrera y Obes y el General D. Luis Eduardo 
Pérez. 

¿Reúnen ambos ó alguno de ellos h>s condicio- 
nes indispensables para poder ejercer dignamente 
la Presidencia de W República? 

¿Sus méritos personales y cívicos les hacen 
acreedores ai voto del Cuerpo Legislativo y al 
aplauso unánime de sus conciudadanos? 

¿lían prestado relevantes servicios asa país que 
realcen y hagan simpática su personalidad? 

Del General Pérez sabemos que siendo muy 
jóven (contaría entónces unos veinte años) empezó 
su carrera militar, sirviendo en la Defensa de Mon- 
tevideo, durante la Guerra Grande; que cuando la. 
denominada Cruzada Libertadora fué de los que 
prestaron a la revolución del General Fió res el 
concurso de su brazo; que poco después asistió al 
Paraguay, en el ejército oriental; que cuando el 
General Aparicio invadió el país, se enroló en las 
Alas del Gobierno, y, finalmente, que ha sido Jefe 
Político de San José y Ministro de Gobierno, esto 
último durante ta administración del General 
Sántos, ejerciendo actualmente un puesto en el 
Senado. 

¿Son estos suficientes títulos para que el General 
Pérez merezca los ho.iores de ser elevado! a la 
primera magistratura nacional? 



204 síltembrino e. pereda 



¿Es un hombre inteligente, ó cuando ménos ue 
buen sentido? ¿Tiene carácter y energía bastante 
para ser él el que gobierne y r.o los elementos que 
le rodeen? ¿Como ciudadano y militar ha dado 
muestras de pundonor y de civismo? 

En una palabra: ¿es apto para dirigir con acier- 
to y patriotismo los destinos de la República? 

Todas estas condiciones y consideraciones deben 
tenerse en cuenta antes de decidirse a proclamar 
y prestigiar una candidatura cualquiera para el 
desempeño de un cargo tan elevado y de vida ó 
muerte para una nacionalidad. 

El General Pérez, si bien fué cuasi abogado, 
según senos informa, — lia revelado en los distin- 
tos puestos públicos que ha ejercido, carecer de 
ilustración, de entereza y de tacto, máxime como 
Secretario de la Cartera de Gobierno. 

Nadie ignora que en esa época se dictó una ley 
draconiana amordazando la prensa, sin que él 
protestara de ese hecho de refinada barbarie, que 
ponía trabas de hierro á la libre emisión del pen- 
samiento escrito. 

Esto reveló falta de energía y de civismo, porque 
no desplegó al respecto el menor celo patriótico, 
consintiendo y autorizando, por el contrario, los 
desmanes dei desgobierno de Santos y que se 
encadenara la libertad de la prensa. 

Tendrá una honradez personal acrisolada; será 
también incapaz de robar al Estado un solo 
oentésimo; pero esto no es suficiente paral poder 
gobernar un país como lo manda la ley y lo anhe- 
lan los ciudadanos patriotas y amantes del progre- 
so y el reinado de las instituciones que nos legaron 
los patricios del año 25 y constituyentes del año 30: 
es necesario u n ir á la honradez, voluntad propia é 
inteligencia despejada, para no servir de manequí, 
n¡ a lo Pedro Várela, ni á lo Francisco Antonio 
Vidal, que dé derecho al gobernante á decir, no 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



205 



como el célebre Luis XIV, el Estado soy yo, sino 
quien gobierna soy yo. 

¿Y el Dr. Herrera y Obes se halla en mejores 
condiciones que su actual rival el general Pérez? 

¿Ha demostrado patriotismo en todas las épocas 
de su carrera política? 

¿Es aún de la talla de los que combatieron en 
fecha no muy lejana los atentados administrativos 
tanto en el Orden político como económico y finan- 
ciero? 

Los antecedentes del Dr. Herrera, como ciuda- 
dano y periodista de lucha, cuando estaba en la 
llanura, ¿no desmerecieron al trepar la montaña, 
el pináculo del poder, el Ministerio de Gobierno? 

Creemos que sí. — Lo dicen ia parálisis de la 
complicidad que observó cuando los pasados co- 
micios; lo dicen los negociados de India Muerta y 
Ferro -Carril del Norte; lo dicen los elementos de 
que ha echado mano en gran parte, para pretender 
escalar la Presidencia de la República; su handeri- 
ta al tope, traspiés político inconcebible en un 
hombre de su preclaro talento, y para no citar más 
ejemplos, lo dicen, por último, su intransigencia y 
animadversión puestas de relieve en sus publica- 
ciones relativas al asunto Ferro-Carril del Norte, 
en las que descarga toda su bilis contra los pro- 
hombres del Partido Constitucional y su círculo, 
como él califica á esa colectividad política. 

No se comprende cómo un ciudadano que aspira 
á ser gobernante empiece por declarar la guerra 
y revelar sus odios contra uno délos partidos que 
comparten la opinión del país. 

Este es uno de sus *stravíos injustificables y que 
afean su personalidad como hombre de est -do, 
pues si siendo simple candidato se encrespa como 
el erizo, dá fundamento para creer que lo hará 
peor estando al frente del Gobierno. 

Por estas razones, — además de las espuestas 



206 



SETKMRK1N0. E. PEREDA 



anteriormente,— es que El Paysanclá ha juzgado 
patriótico no sostener ni su candidatura, ni la del 
general Pérez.» 



A nuestra vez consultamos al doctor Ramirez 
al respecto, en carta que se conserva inédita y que 
se haUa concebida en estos términos: 



Paysandú, Enero 27 de 1890. 
Sr. Dr. Carlos M. Ramirez. 

Montevideo. 

Correligionario y amigo: 

Los sucesos políticos.que se vienen desarrollan- 
do en el país me tienen vivamente preocupado 
como ciudadano y como periodista. 

Esta última calidad, en estos días de solemne 
especian va y de lucha entre ideas encontradas, me 
pone en una situación violenta; pues estando en la 
prensa necesito asumir una actitud decidida en lo 
que respecta á la cuestión presidencial. 

Ya se lo he dicho á Vd., y lo repito á todo 
el que me interroga al respeco, cuál es el ciudada- 
no que goza de mis simpatías para ocupar la Pre- 
sidencia. 

No creo, sin embargo, prudente proclamar nin- 
guna candidatura, hoy por hoy, pues la composi- 
ción casi absoluta del Cuerpo Legislativo y el 
impulso que han tomado los trabajos en pró de las 
dos en voga, hacen imposible y utópico el triunfo 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



207 



de ninguna otra, por ilustre y honorable que sea. 

El Partido Constitucional como el Nacionalista 
ha observado una conducta pasiva en este juego 
de vida ó muerte para el país, y sus prohombres 
guardan absoluta reserva. 

Los que vivimos á cien leguas de Montevideo, 
aunque no ménos patriotas y amigos de la paz 
pública, al amparo del reinado de las instituciones 
patrias, que los que habitan en la Nueva Troya, 
pasamos, en consecuencia, las penas del purgato- 
rio, anhelantes de empaparnos en las noticias del 
día, que han de ponernos al corriente de lo que 
acontece en la histórica ciudad de San Felipe y 
Santiago. 

No es extraño, por consiguiente, que todo apa- 
rezca nebuloso y engañador, pues como dijo el 
doctor Granada: 

Las esas á simple vista 
Tienen muy distinta pista 

Lo que está pasando en el asunto candid aturas 
yo ya lo preveía: Tajes, De León, Torres y Go- 
mensoro tenían, tarde ó temprano, que quedar 
oscurecidos ante la personalidad culminante del 
doctor Herrera.— De todos ellos era el más pasa- 
ble por su ilustración y antecedentes, dentro el 
Partido Colorado; pero no por eso es aclamado su 
nombre por el pueblo. — Veo también que Xa ma- 
yoría de sus correligionarios de talento, entre 
ellos Bauza y Otero, le combate y agita la candi- 
datura dtl general Luis Eduardo Pérez. — Héahí 
un hombre honrado, se dice, > lo que necesita- 
mos es honradez administrativa. Perfectamente. 
¿ Pero acaso basta esa sola cualidad para saber 
gobernar bien á un país, máxime cuando éste ha 
pasado por una época de zozobras é infortunios, 



208 SETEMBRINO E. PEREDA 



que ha quebrantado sus fuerzas vitales al amparo 
del pretorianismo imperante? 

Yo al ménos no soy de esa opinión. - Creo, — y 
hé creído siempre igual,— que, para que un ciuda- 
dano pueda labrar la felicidad de su tierra natal en 
las esferas del poder supremo, há menester que 
reúna, ademas de honradez, - ilustración, buena 
voluntad y sobre todo carácter. 

El general Pérez será todo lo honrado que se 
quiera; pero, en mi concepto y en el de muchos, 
como ya lo he dicho, — carece de largas vistas po- 
líticas y de energía, lo cual lo demostró duránte ei 
desgobierno de Santos, en que sirvió como Minis - 
tro. — Su caída, lo repito, pudo ser ruidosa y un 
timbre de honor para su personalidad política, y 
sin embargo, dejó la cartera d ¿ Secretario de Es 
tado de la manera más insólita é injustifica- 
ble. 

Esto, agregado ásu condición de militar, hace 
que no sea tampoco el predilecto del pueblo, pues 
estamos escamados de los gobiernos de cuartel y 
necesitamos inaugurar nuevamente la vida civil en 
la cima del Poder. Herrera habría sido un can- 
didato verdaderamente popular si se hubiese con- 
ducido en su puesto de Ministro con la circunspec- 
ción y el decoro que debe observar todo hombre 
íntegro y patriota. 

Su brillante inteligencia y su honroso pasado le 
abrían de par en par las puertas de la populari 
dad, exaltándole al pináculo de su grandeza y glo- 
rificación. Retrocedió, empero, el camino andado, 
y esto es lo que se le reprocha con justicia y lo 
que ha quitado brillo en grado máximo á la au- 
réola que exornaba su distinguida personali- 
dad. 

Su ayer primitivo encanta; pero su porvenir 
siembra la incertidumbre y llena de pavor; por- 
que las verrugas de India Muerta y ferrocarril del 
Norte deslucen su anterior conducta. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 209 



¿Pero debemos creer que el doctor Herrera, 
ante la abrumadora protesta levantada unánime 
de uno á otro confín de la República cuando se 
hicieron públicos esos tan combatidos negocia- 
dos, no cambiará de rumbo? 

Para perseverar en el mal se necesita ser un 
malvado, y el ex- Ministro de Gobierno, si tiene 
sus errores y pecados, no me parece que tenga 
pervertida la conciencia ni el corazón insensible 
al bien.— Hombre de talento y perspicacia ha de 
ambicionar la inmortalidad de su nombre y la ben- 
dición de sus conciudadanos. 

Abrigo pues, la esperanza de que si sube al si- 
llón presidencial, hará una administración hon- 
rada y decente, despojada de todo espíritu de com- 
padrazgo y de partido, porque reúne condiciones 
para ser un excelente hombre de estado. 

¿No piensa usted otro tanto? 

Finalmente: como partidario,— si la pasión po- 
lítica me cegase —me inclinaria al general Pé- 
rez, que en el poder creo favorecería más que He- 
rrera al partido Constitucional, pero como ciuda- 
dano no, aunque éste cerrara á mis correligiona- 
rios las puertas de todos los puestos públicos: la 
empleomanía es la peor de las consejeras 

No pienso, empero, sostener por la prensa su 
candidatura, porque no llena por entero mis pa- 
trióticas aspiraciones. F 

. Por otra parte, los partidos y hombres de prin- 
cipios deben aspirar al triunfo de éstos más que 
al de sus personalidades, y si se hace un buen 
gobierno por ciudadano de distinta colectividad 
hay derecho á exclamar con legítimo orgullo- 
son nuestras ideas las que gobiernan. 

Mucho estimaría su autorizada opinión al res- 
pecto su correligionario, amigo y S. S. 

Seternbrino E. Pereda, 



14 



210 



SETKMBR1NO E. PEREDA 



El doctor Ramírez nos dio la siguiente res- 
puesta: 

Montevideo, 11 de Febrero de 1890. 

Señor don Setembino E. Pereda. 

Paysandú. 

Estimado amigo: 

Empezaré por decirle que, ámi juicio, le hacen 
mucho honor las dudas y zozobras que sobre 
la cuestión presidencial me manifiesta usted en su 
carta de 27 de Enero. 

Jamás se ha presentado en nuestro país un pro- 
blema político en términos más complicados y 
confusos.— Como Vd. habrá visto, yo me decidí al 
fin por adherirme á la candidatura de Luis Eduar- 
do Pérez, cuando ya estaba muerta, y puede decirse 
enterrada. — Lo hice, más que todo, para que no sé 
me confundiese con los adoradores del éxito, que 
hoy encuentran óptin o, ó se revelan dispuestos á 
declararlo tal, al mismo candidato que infamaban 
ántes de verlo victorioso.— De mí puedo decir que 
no he tenido entusiasmo contra Julio Herrera, 
cuando se creia fácil derrotarlo, y menos lo tengo 
á su favor por el sólo hecho de haber triunfado. 

No disimulemos la realidad de las cosas. — En 
la solución del 1.° de Marzo, ya inevitable, vá vir- 
tual mente envuelta la derrota de la idea constitu- 
cional— Si esta idea llega á sobrevivir, será que 
no puede en manera alguna perecer, porque res- 
ponde á una necesidad indestructible de nuestra 

evolución política. 

Cun todo, el mayor peligro del gobierno de Julio 
Herrera y Obes, á mi entender, no es la exagera- 
ción del exclusivismo cojorado; -es la absorción y 
la unificación de fuerzas política? á la mai.era ar- 
gentina, según el procedimiento de Juárez y com- 
parsa, que no preguntan al neófito lo que ha sido ni 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 211 



lo que es, sinó simplemente esto: ¿e?tá usted dis- 
puesto á obedecer ciegamente?— La obediencia 
ciega es cuestión indeclinable para la política mer- 
cantil que impera en la República Argentina y 
que tiende visiblemente á implantarse en nuestro 
país. 

Deseo equivocarme. — Cantaría con gusto el mea 
culpa,y de todas maneras seré decidido propagan- 
dista del acatamiento leal á la nueva situación. — 
Por mala que sea, será siempre mejor que motines 
y revueltas. 

Suyo afectísimo. 

Cárlos María Ramírez. 



Poco después, tratando del mismo tema, nos 
decía: 

Montevideo, Febrero 25 de 1890. 
Señor D. Setembrino E. Pereda. 

Paysandú. 

Estimado amigo: 

Soy opositor á la candidatura del Dr. Herrera y 
Obes, pero no lo seré á su administración sinó en 
tanto que por sus hechos lo merezca, con prescin- 
dencia absoluta de lo pasado. 

Los sucesos me han inutilizado. Es justo que me 
resigre á ello, esperando mi hora, ó aún renun- 
ciando á toda esperanza, en vez de poner piedras 
en el camino de los que, si quieren, pueden hacer la 
felicidad del país. 

No tome V. esta como signo do desaliento, — nó. 
Es simplemente la espectativa y la reserva que el 
deber me impone.— Cuando el nuevo gobierno se 



212 



SI TEMBR1N0 E. PEREDA 



haya hecho sentir,— entonces ocuparé mi puesto, 
— para combatirlo ó para ayudarlo, según sean sus 
actos. — Por e! momento, no quiero hacer otra ma- 
nifestación pública de mis opiniones que la que 
Tesultu de ini resistencia pasiva y obstinada al 
vencedor. 

Hoy debe salir, según dicen, el manifiesto del 
candidato triunfante— Aseguran que contiene mu- 
chas cosas buenas y que la formación del Minis- 
terio vendrá después á confirmarlas- ¡Que sea 
verdad tanta bellezal 

Entre tanto, me repito su afmo. y S. S. 

Cú los María Ramírez. 



Referente á nuestra carta de Octubre 1.°, agre • 
gaba: * 

«Sobre su carta anterior, que leí con mucho 
agrado, y di á leer á varios amigos, me ocuparé en 
otra oportunidad.i 

Juzgando la nueva situación inaugurada el 1 • 
de Marzo de 1890 dimos á la publicidad un artículo 
concebido así: 

«Ha entrado el país en una nueva é^a. 

El problema político que tanto venia preocupan- 
do la atención públiea, ha sido resuelto; pero la es- 
pectativa continúa aún. 

El Dr. Herrera y Obes, ántes de ser electo Pre- 
sidente de la República, dirijió á sus electores y al 
país un solemne manifiesto, haciendo exposición 
de sus ideas y principios políticos y económicos. 

Su palabra era esperada con ansiedad, pues se 
temía que el partidismo le cegara y que el curso 
forzoso fuera la consecuencia lógica de su gobier- 
no; pero su esplícita y espontánea manifestación, 



NI RETRÓGRADOS NI TAUTUFOS 213 



si bien no ha llevado el convencimiento, ha calma- 
do los Animos, abriendo el corazón á la esperanza. 

Por otra parte, el doctor Herrera no ha podido 
ménos que colocarse á la altura de nuestros pro- 
gresóos en el orden de las ideas, según se revela en 
la siguiente declaración de principios: 

« El principio fundamental de la coexistencia de 
todos los partidos dentro del país y al amparo de 
sus instituciones, tiene por condición necesaria la 
garantía real y eficaz de todos los derechos indi - 
viduales y de todas las libertades públicas, sin lo 
cual toda lucha es imposible, porque no deja á los 
partidos de oposición ni la esperanza del triunfo. 

« Y para llegar á este resultado no hay entre 
nosotros, por el momento, otro camino ni otro 
medio, que esa política de prudente coparticipación 
de todos Los partidos en la ad minUtración del país, 
que con tanto oatriotismo como acierto ha inau - 
gur; do y hecho práctica el gobierno del General 



« La fuerza de proyección está dada, la corriente 
de la opinión pilb'ica está encajonada en ese cauce 
profundo ie ideas y de intereses nacionales, y el 
gobierno insensato que por espíritu de exclusivismo 
partidista quisiera contrariarlo, se agitaría pronto 

EN EL AISLAMIENTO Y EL VACIO paia rodar luegO 

inevitablemente en la pendiente iatal de todo* los 
gobiernos impopulares. 

« No he de ser yo, que he sido colaborador ac- 
tivo de la política y del gobierno del general Tajes, 
quien ha de reaccionar contra el orden de cosas 
establecido, 'ienéfico para todos, y en primer tér- 
mico, para el partido dominante, que por ese medio 
consol i da, su predominio en el Poder sobre la base 
de su derecho á gobernar, fundado en la excelen- 
cia de sus ideas y de sus pi ácticas de gobierno » 

Tiene razón nuestro apreciable colega «La Es- 
paña» al decir que asi como habla el doctor Herre- 
ra en su maniriiestoá sus electores y al país, pue- 




214 



SETEMBRINO E. PEREDA 



de asegurarse que hablarían, en igualdad de cir- 
cunstancias, el más caracterizado de los naciona- 
listas y el más consecuente de los constitucio- 
nales; y que en la senda política y administrativa 
que se traza el doctor Herrera voluntariamente, y 
de la que promete no apartarse en lo más mínimo, 
cuando sea supremo gobernante ajustándose en 
todo y por todo á los preceptos de la ley, están 
comp-ndiadas las doctrinas y las aspiraciones del 
Partido Constitucional, de modo que, los prohom- 
bres de este partido, después de haber leído dete- 
nidamente el manifiesto del doctor Herrera, po- 
drán exclamar con razón: — ¡Son nuestras propa- 
gandas l-:s que se han abierto camino! Son nu- 
estras ideas que triunfan! ! Es uno de los nuestros 
el que sube al Poder»! 

En efecto: antes que el Partido Constitucional se 
fundase, la pasión partidista era ant .puesta al pa- 
triotismo y ni blancos ni colorado? no declararon ja- 
más que para no roda;' ineoitablemente en la pen- 
diente fatal de lodos los gobiernos impopulares no hay 
otro camino que el de una pol lina ot¿ i kudente com- 

PARTICIPACIÓN DE TODOS LoS PARTIDOR EN LA ADMI- 
NISTRACIÓN DEL PAÍS. 

A la agrupación política á que pertenecemos le 
cabe pues, el timbre de honor de que uno de los 
partidarios más exaltados haya educado fcus pasio- 
nes en la escuela de la moderación y del civismo, 
déla que son soldados y apóstoles los miembros 
del Partido Constitucional. 

Sí, son nuestros principios losque se abren ca- 
mino, y si nuestros hombres no se hallan eleva- 
dos en la cumbre del poder, puede esclamarse, sin 
embargo, con legítimo orgullo: son nuestras ideas 
las que gobiernan. 

Los que no hacemos un culto d \ la empleoma- 
nía sinó del deber cívico, no podemos mirar con 
desencanto, desde la llanura, á los que en las al- 
menas proclaman y juran sostener y hacer prác- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS "15 



ticas nuestras aspiraciones patrióticas, por más 
que los que tales promesas formulen y tales ideas 
manifiesten no formen decididamente en nuestras 
filas por preocupaciones ó conveniencias. 

El Partido Constitucional es un partido de prin- 
cipios; aspira al reinado de la ley y al amortigua- 
miento y desaparición de los antiguos ódios y ren- 
cores partidistas, y nó á entronizarse en ef poder 
como colectividad política: le vasta que triunfen y 
se hagan carné sus ideas. 

Por eso la mayoría de los hombres de talento y 
sacrificios que lucharon ayer como adversarios en 
opuestos bandos, ya en las urnas electorales ó en 
los campos de batalla, lo mismo que la generación 
que se levanta, se cobijan bajo su simpática ban- 
dera, símbolo de paz, de engrandecimiento nacio- 
nal y de civismo. 

Las palabras del Dr. Herfíra, si bien no las to- 
mamos al pié de la letra, — pues todos los candi- 
datos y gobernantes siempre prometen una mar de 
cosas, — las tomamos con un progreso moral y 
cívico, porque son hechas por un hombre que po- 
cos arlos antes no las habría pronunciado como 
prenda de buen gobierno. 

El nu vo Presidente posée capital propio: talen- 
to y entereza de caráctor y si quiere puede hacer una 
administración modelo el primer gobierno de Amé- 
rica, como lo ha dicho el Sr. D. Agustín de Vedia. 

El Paysandúy que nunca, en nuestras manos, ha 
hecho oposición por sistema ni alabado por pagas, 
sinó por inspiración espontánea de su redacción ]y 
por créer colocarse á la altura de la opinión pú- 
blica, aplaudirá ó combatirá la administración del 
Dr. Herrera, según sean sus actos, buenos ó malos. 

Para bien del país deseamos que quiera y sepa 
cumplir sus halagüeñas promesas. 



216 



SRTRMBR1N0 R. PFRRDA 



En 1887 propusimos al Centro Constitucional 
de Paysandú, de que formábamos parte, la de- 
claratoria siguiente, que fué sancionado por una- 
nimidad de votos: 

« Los ciudadanos que suscriben, miembros del 
Partido Constitucional dei Departamento de Pay- 
sandú, declaran: 

Que se adhieren á los patrióticos propósitos 
manifestados por sus correligionarios políticos de 
la Capital en la convocatoria que ha visto la luz en 
la prensa constitucionalista sobre conciliación 
electoral, sancionada el 9 de Febrero ppdo. 

«Que están profundamente convencidos que solo 
la unión de los elementos honrados de todas las 
colectividades políticas, que dividen en la actuali- 
dad la opinión del país puede asegurar á éste un 
porvenir próspero y feliz, cimentado al calor del 
reinado de la ley, el ifcspeto á todos los derechos 
y la inviolabilidad délas garantías individuales. 

« Que siendo la aspiración de todos los buenos 
orientales que la Constitución del Estado sea fiel- 
mente cumplida por gobernantes y gobernados, — 
para, combatir con éxito el personalismo desas- 
troso qiie ha roido las entrañas de la Patria du 
ranie un período incesante de doce años, no es 
patriótico dividir los esfuerzos, sinó mancomu- 
narlos, para llevar á la Administración Pública á 
ciudadanos honorables, de preclara iutelig-mcia 
y de carácter inquebrantable, que levanten la 
tribuna parlamentaria á la altura del debe^ cívico 
y nó al bajo nivel del servilismo abyecto. 

d Que en consecuencia, los miembros del Par- 
tido Constitucional del Departamento e3tan dis- 
puestos á colaborar ardientemente en la obra 
iniciada, no formando una nueva agrupación para 
que en ella engrosen lo&ciudadanos de todos los 
partidos políticos de la República, sinó enten- 
diéndose los Directos ios respectivos, para luego 
de llegar á ut. común acuerdo votar en los próxi- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



217 



mus comicios por listas mixtas, que den entrada 
al Cuerpo Legislativo á miembros respetables de 
todas las fracciones políticas, sin enconarse en 
las estrechas miras de partidarlsmo intransi- 
gente. 

« Que consideran éste el único médio de ir sin 
divisas a, las urnas en Noviembre, haciendo un 
hecho la conciliación electoral anhelada,— é invi- 
tan, por lo tanto, á sus correligionarios del De- 
partamento, á que presten igualmente su adhesión 
á esta manifestación de principios y concurran á, 
los Registros Cívicos, primero, para no perder 
su legítimo derecho de ciudadanos, y en la época 
oportuna, á los comicios, a éjercer ese mismo de- 
recho. 

«Finalmente, delegan ámplias facultades en el 
actual ComUé Ejecutivo de esta localidad para 
que estos propósitos sean llevados al terreno de 
la practica.» 



En 1890, siguiendo nuestra propaganda cu pro 
del partido délas instituciones libres, solicitamos 
á un distinguido correligionario de la Capital la 
redacción de una exhortación á nuestros conciu- 
dadanos del Departamento, y nos remitió la si- 
guiente, que fué suscrita por numerosos ciuda- 
danos: 

«La acción del Partido Constitucional no ha 
sido estéril en la obra del progreso político de la 
República, 

Los tradicionales odios, engendrad s por las 
guerras civiles, se han ido amortiguando gradual- 
mente; el antiguo exclusivismo partidista, que 
hacía que el predominio de una fracción política 
importase la exclusión absoluta, y á veces el des- 
tierro de la otra, ya no existe; en fin, la ccnvic- 



218 



SETEMBRINO E. PEREDA 



ción de que no hay administración regular ni 
paz posible sin la coparticipación de todos los 
partidos en el gobierno de la Nación, es ína con- 
quista definitiva de la razón pública. — Así acaba 
de proclamarlo en su manifiesto de candidato el 
espectable ciudadano que ocupa actualmente la 
Presidencia de la República. 

Y bien: estos hechos que el patriotismo pre- 
sencia con júbilo; estos hechos, que representan 
un inmenso adelanto en nuestras prácticas políti- 
cas y hasta en nuestras costumbressociales, pue- 
den ser reivindicados por el Partido Constitucio - 
nal, si bién nó como una gloria exclusivamente 
suya, al menos como un resultado en cuya conse- 
cución han influido incuestionablemente las ideas 
de fraternidad cívica que forman su programa y 
que inspiran su prédica. 

La obra no ha terminado, sin embargo. — Hay 
todavía mucho que hacer y mucho que perseverar 
para consolidarla y completarla.— Es preciso afir- 
mar el reinado do las instituciones. — Es preciso 
puftnar, subiv todo, por que sea una verdad el 
principio d* la soberanía del pueblo,— y en tal 
tarea, el Partido Constitucional tiene un puesto 
señalado, del cual no puede desertar ni desertará 
nunca. 

El Partido Constitucional, pués, debe reorgani- 
zarse y concurrir con su voio á los próximos co- 
micios, a. la sombra de las garantías que solem- 
nemente ha prometido ante el país el primer Ma- 
gistrado de la República. 

Inspirados en estas ideas, invitamos á todos los 
ciudadanos que anteponen ante toda otra pasión 
la pasión de la Patria, á formar en las» filas del 
Panido Constitucional y á inscribirse en los Re- 
gistros Cívicos, para poder i >fluir así con su sufra*» 
gio en Ja próxima renovación de la Asamblea Le- 
gislativa y de las autoridades locales. 

Hay en este Departamento muchos elementos jó- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 219 



venes que recien se inician en la vida política 
Ellos no pueden desoír, y no desoirán, lo espera- 
mos, nuestra patriótica exhortación. 

Si muchos hombres que han militado activamen- 
te en la antiguas y sangrientas luchas partidistas 
obedeciendo á los dictados del civismo se han des- 
pojado de las divisas tradicionales, que no eran 
más que divisas de guerra, para abrazar la causa 
del Partido Constitucional, ¿cómo los jóvenes cu- 
yos cor :zones no pueden abrigar inveterados odios, 
han de ceñirse aquellas divisas, en vez de engrosar 
nuestras filas con su valioso contigente de entu- 
siasmo, de virilidad y de abnegación? 

Buscamos el bién por el bien; - perseguimos, nó 
nuestro interés propio, sinóel interés impersonal 
del país, y por eso aplaudimos y aplaudirémos 
siempre todo acto bueno y noble, todo proposito 
elevado y patriótico, sea quienes fueren los que lo 
realicen. 

No enarbolatnos, putfs, bandera de rencores ni 
de oposiciones sistemadas. 
— Al contrario, nuestra bandera es la de l¿i paz v 
la concordia, dentro de la legalidad y el « ierecho »~ 

La indif rencía de la juventud, que es la que po- 
día cifrar las mayores esperanzas del Partido 
Constitucional, hizo que solicitáramos el concurso 
de pluma mejor cortada que la nuestra para herir 
en lo más íntimo las fibras del patriotismo. 

Nuestros esfuerzos no fueron del todo estériles; 
pero es de "lealtad confesarlo: los hombres jóvenes, 
Que permanecían afiliados á los antiguos partidos, 
no reaccionaron y continuaron prestando sus ser- 
vicios á la causa contraria. 

Esta circunstancia llevó á nuestro ánimo el con- 
vencimiento de la imposibilidad que existe de que 
elPartidoC^nsittucional siga funcionando y abrién- 
dose camino. 

Por otra parte, e¿a misma juventud, en casi su 
totalidad profesa principios liberales, — y ésto nos 



2¿0 SETEMüftlNO K. PEREDA 



indujo también á pensar en la conveniencia de for- 
mar un partido que encarne 1 is ideas que hemos 
proclamado y que son el objeto principal de este 
libro. 

La antigua desidia que el mismo Dr. De María 
reccnoeey las disidencias d que nos habla el Dr. 
Ramirez ( C, M,) agregadas & la falta de unidad de 
acción, á la permanencia obstinada de los viejos 
bandos y á la notoria deftoencia de su programa 
pólitico, sintetizado enel manifiestode Mayo ponen 
en evidencia que dicha agrupacióa ha dejado de ser 
una fuerza enciente, y que, por lo tanto, debe di- 
solverse, para que los ciudadanos á ella afiliados 
puedan adoptar libremente la actitud que mas se 
encuadren en sus patrióticos propósitos. 

Hemos sido uno de sus más fervientes y since- 
ros . partidarios y propagandistas, como se des 
prende de los documentos que preceden, y nadie 
podra tacharnos de inconsecuentes a! sepáranos 
de sus filas; porque ni hemos hecho votos monásti- 
cos ni renegamos de sus ideas— Somos radicales, y 
en tal concepto no nos pueden satisfacer perdu- 
rablemente principios á media* programas que no 
son definidos, ni propagandas que se convierten en 
mero lirismo-! 

La conciliación la iaiciamos el 87, sosteniéndola 
en el seno de nuestros amigos de causa, en la 
prensa y en las urnas; pero los hechos nos conven- 
cieron de que ésta es imposible en la realidad, por 
mejor buena fé que anime á sus p 'omotores. — El 
adversario siempre mira con malos ojos al adver- 
sario, no le tiene plena confianza, y ante todo tien- 
de a favorecer sus correligionarios. 

De los constitucionales, sin embargo, sabemos 
decir que procedieron con desinterés y lealtad. 

¿Qje seobtuv f Unre?>ulrado negativo: el triunfo 
alcanzado en las urnas se convirtió en derrota al 
practicarse el escrutinio. 

i Y acaso en los pióximos comicios se va á 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



221 



proceder cor más legalidad? A tinque se dicten 
leyes electorales muy previsoras aún mismo que 
los Jefes Polit eos, Receptores de Rentas, Presi- 
dentes de Juntas y cualesquiera otros funcionarios 
no tuviesen intervención por dichas leyes, no hay 
que olvidar el refrán que dice: ce el que tiene malas 
mañas, tarde ó nunca las pierde, » y que el primer 
magistrado de la Nación, en su último Mensaj , del 
de 15 de Febrero, — ha sostenido ante la faz del 
país, como usa cosa muy lícita, que < el Gobierno 
tiene y tendrá siempre, y que es necesario y con- 
veniente que la tenga, una poderosa y legítima in- 
fidencia en la designación de los candidatos del 
partido dominante, n 

Y no pAra en esto el doctor Herrera en su 
perniciosa teoría, pues agrega; « y eutóiiCeS de lo 
que puede acusársele es del buen ó mal uso que 
haga de esa influencia directriz, pero rió de que la 
ejerza,, y mucho ménos podrá decirse racional - 
mente que el ejercicio de esa facultad importa 
el despojo del derecho electoral de los duda- 
da nrs.» 

Es esta una doctrina que sostenida por el Pre- 
sidente de ia República, máxime por un hombre 
de la tilla intelectual y de -los antecedentes del 
doctor 1 lerrera,— p^ede dar márgen á todo género 
de bochinches y arbitrariedades, ahogando hasta 
en sus menores manifestaciones la libertad del 
sufragio. 

Los poderes del Estado deben ser prescindentes: 
su misión única, tratándose del Ejecutivo, tieae 
que ser la de guardar el órden público y garantir 
los derechos de los ciudadanos 

No existe pues, semejante facultad, ni se justifica 
ante las conciencias honradas, que el Gobierno 
tenga, por haber necesidad y conveniencia, una 
poderosa y lejitima influencia en la designación de 
candidatos, aúnque estos sean los del partido do- 
minante; parque los gobiernos honestos no pueden 



222 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



convertirse en electores. Su intromisión consti- 
tuye un abuso, es un verdadero atentado á las 
libertades públicas, — importa una inmoralidad 
política. 

4 *Y pretenden los doctores Pena y Aramburu, 
ante tal declaración y la imájen descarnada de los 
hechos, — que se celebren coaliciones ? Y si esas 
coaliciones se realizan, ¿creen dichos distinguidos 
compatriotas, que tendrán el sello de la honradéz 
cívica? 

4 No serán una mera paródia de conciliación 
como sucedió en 1887, no obstante el entusiasmo 
rayano en frenesí y la fe* ciega que se tenia en el 
resultado á obtenerse en las elecciones, con motivo 
dd la ruidosa exaltación al poder del general 
Tájes ? 

No nos hagamos ilusiones, que ya hemos pasado 
de la infancia política; seamos más pWtcticos y 
ménos soñadores, pues para ser patriota y puri- 
tano solo se necesita conservarse puro, no nau- 
fragando en e l piélago insondable de la corrupción 
política. 

VI 

¿No peligran las conquistas liberales? 

¿ No existe conveniencia ni es de oportunidad la 
formación del Partido Liberal entre nosotros? 

Mediten sériamente nuestros conciudadanos, 
principalmente los que no comulgan en el altar del 
clericalismo; no miren con indiferencia el triunfo 
y progreso de sus ideas; piensen que si se perma 
nece en el marasmo, dejando que los adversarios 
trabajen sin el menor óbice, será tarde cuando 
quieran apercibirse para librar la gran ba- 
talla. . 

Los numerosos casos que hemos enunciado, los 
documentos que preceden y lo que se vé y oye, sin 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 223 



uese haga público, pero que está en la conciencia 
e todos, dan razón á nuestra propaganda y justi- 
fican nuestros temores y precauciones. 

En Marzo de 1891, alarmado por el cuerpo é 
influencia que tomára el clericalismo, nos escribía 
el Dr. López Lomba: 

«¿No puede usted imajinarse cómo ha avanzado 
y está avanzando el clericalismo, en la sombra y 
sigilosamente, por toda la República; merced no 
solo á la tolerancia sinó á la protección oficial; y 
sobre toiio al entusiasmo, perfecta organización y 
disciplina que reina en las filas de los oscurantis- 
tas, y que contrastan grandemente con la indife- 
rencia y la a pitia y la desorganización que se han 
enseñorado del campo liberal? 

Es hora pues, de dar la señal de alarma, de que 
los liberales nos pongamos de pié, redoblemos de 
actividad y celo y nos aprestemos al combate, que 
será inevitable: que tratemos de vivificar y vigori- 
zar los trabajos de propagañda de la Masonería y 
de la Liga Patriótica, que son, hoy por hoy, las 
dos fuerzas liberales organizadas con que conta- 
mos, si queremos contener á tiempo los avances 
del clericalismo, que, si sigue invadiendo y toman- 
do cada día nuevas posiciones, llegará un 'momento 
en que dividirá á nuestra sociedad en dos campos 
enemigos que sembrarán profundamente el odio, 
la intolerancia dogmáiica y el fanatismo religioso 
y que llevarán la discordia al seno de los hogares 
y destruirán la paz y la felicidad de las fa- 
milias. 

Conviene por io tanto iniciar una campaña en 
tal sentido; poner de manifiesto la magnitud de los 
peligros que nos amenazan y despertar á los 
liberales que duermen sobre sus laureles, creyendo 
i ilusión! que en cualquier momento podrán sofo- 
car las ideas reaccionarias. Es incalculable el 
número de órdenes y congregaciones destinadas á 
la enseñanza que han afluido al país durante los 



224 



SETEMBR1N0 E. PERKDA 



últimos años, deoido á que las leyes de laicisación 
de las escuelas en Francia y otras Naciones han 
dejado sin trabajo y en disponibilidad á las referi- 
das órdenes religiosas.» 

Y esto que el doctor López L^mba nos deitfa 
hace dos años, puede decirse en la actualidad, con 
igual ó mayor motivo; porque si existen varios 
centros liberales en el país, no se hallan en núme- 
ro bastante ni ejercen la suficiente influencia para 
contr? restar con el éxito deseado la propaganda y 
poderío del clericalismo nacional. 

¿Porqué, entonces, se pone piedras en el camino 
á los que no nos cruzamos Je brazos ante el peli- 
gro inminente que nos amenaza? 

¿Porqué nuestros hombres eminentes, que se 
titulan liberales, no se adhieren con la misma fé y 
entusiasmo que nos anima, á la iniciativa de los 
que emprendemos esta benéfica campaña en pró 
de la libertad del pensamiento y de la emancipa- 
ción de la conciencia? 

¿No es mejor ser definidos en religión como en 
política, en vez de jugar con dos barajas¡ para estar 
bien con unos y con otros? 

La sinceridad debe siempre preceder todos 
nuestros actos. — Por eso, si no tenemos pelos en 
la lengua para decir la verdad, es porque somos 
sinceros, — porque nuestro corazón y sentimientos 
se hallan abiertos á las miradas de los que quieran 
leér en ellos las palpitaciones de nuestra alma. 

Fúndese el Partido Liberal, congréguense en su 
seno todos aquellos que sean liberales con la pa- 
labra y el ejemplo, déjense á un lado los escrúpulos 
de monja, — que la hipocresía solo cuadra bien en 
el jesuitismo y el antifaz en ios días de carnesto- 
lendas. 

Fúndese, sí, pero fúndese sobre una base sólida, 
no precisamente con el solo propósito de combatir 
la clerecía romana, ó cualquier otra secta religiosa, 
sinó también con fines políticos; porque, como ya 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 225 



lo hemos dicho, él no puede ni debe convertirse en 
un club jacobino. 

Nuestras tendencias son más amplias, y si he- 
mos entrado en el orden de consideraciones que 
antecede, es porque se hacía imprescindible fun- 
dar la conveniencia y oportunidad de su crea- 
ción. 

Somos liberales, nuestro radicalismo podrá 
igualarse, pero no ser superado; trabajarémos 
siempre, sin vacilaciones ni tregua, por el triunfo 
de la libertad de conciencia; p^ro á la vez somos 
.ciudadanos, y como tales perseguimos miras polí- 
ticas. 

De ahí que el Partido Liberal no ha de concre- 
tarse á disparar sus armas contra el clero: la 
Constitución Nacional, las leyes comunes, ía hon- 
radez administrativa, el gobierno propio, todo 
cuanto significa una garantía y un progreso, entra- 
rán igualmente en su programa para gobernar con 
el pueblo y para el pueblo, ajustando sus procede- 
res á los dictados de ia legalidad y de! bien pú- 
blica. 

No hay pues, porqué alarmarse ni porqué temer 
las fatales consecuencias de una lucha religiosa en 
el seno de las familias. 

Hoy, como pasan ías cosas, — la propaganda 
aislada, que muchas veces ágria los ánimos, ante 
el desborde de las pasiones mal sanas del clero, 
que en el púlpito trata de leprosos y corrompidos á 
los que no piensan como él, y de concubina á la 
esposa honesta cuyo matrimonio ha consogrado 
la ley civil, — puede ser de resultados más lamen- 
tables y conducir á Jos extremos. 

Y si sostenemos la necesidad de fundar el Par- 
tido Liberal en contraposición del Partido Cleri- 
cal, es no solo porque éste ya existe, dígase lo 
que se quiera, como lo asevera el doctor Lufinur, 
sinó porque en un país republicano como el nues- 
tro no caben otros que los mencionados, —Blancos, 



226 



SETEMBRlNO E. PEREDA 



colorados y constitucionales sostienen^en sus pro - 
gramas más ó ménos iguales ideales, y los dos pri- 
meros solos se diferencian de este último en su ado- 
ración á las tradiciones históricas encarnadas en 
Oribe, Rivera y otros caudillos de nuestras contien- 
das intestinas,— porque todos nos hablan de su 
fino amor y respeto al Código Fundamental que 
nos legaran los constituyentes del año 29. 

Larazón, es inmutable; ella acabará por dominar 
á la especie humana y gobernar á todos los pueblos 
de la tierra, decía Mirabeau, y hoy y siempre po- 
drá decirse otro tanto. 

El Catolicismo, con la República, como con la 
Libertad, es incompatible, y por lo tanto, no puede 
existir en su seno cómo su aliado, sino como su 
enemigo. 

El despotismo ha sido en todas las épocas su úni- 
co inseparable compañero. 

Con verdad ha dicho pues, un escritor argentino 
de nuestros dias: 

La República con larazón hace ciudadanos, que 
son ios que verdaderamente gozan déla doctrina 
de Jesús, que es en la que ella se funda. 

El Catolicismo con la fé hace fánaticos, que son 
los que dan más lustre á los principios emanados 
de los concilios y los papas. 

La República, pues, es la razón en acción, U 
virtud por bandera. 

El catolicismo es la fé en acción, y el fanatismo 

por bandera. , , , , ^ i 

La República demuestra su verdad á la luz de la 
ciencia, apoyada en el raciocinio, sin sentarla so 
bre base falsa porque empieza por deducirla de una 
verdad absoluta que es Diós. 

El catolicismo no demuestra su verdad smó con 
la fé crée, crée y te salearás; porque la ciencia, que 
es la manifestación de lo verdadero, la rechaza 
completamente, desde que la Iglesia la ha impues- 
to por el solo efecto de su voluntad. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 227 



La República, en fln, se basa en la verdad. El Ca- 
tolicismo se basa en lo que la Iglesia ha impuesto 
como verdad. 

Ahorá bien, ¿ pueden subsistir ambas cosas ? 

¿ Puede existir la verdad al lado de la mentira ¿ 

Estas sensatas reflexiones del publicista aludi- 
do, comprueban nuestro aserto y dan razón de ser 
á nuestra iniciativa. 

En efecto: sí en la República hasta la fecha no 
han habido otras tendencias opuestas, en princi- 
pios, que las de liberales y clericales, puesto que 
los partidos ó bandos políticos no han sido adver - 
sarios de la libertad, sino de banderías y caudillos 
— no pueden exitir lógicamente otras colectivida- 
des políticas sínó el Partido Liberal y el Partido 
Clerical. 

Por otra parte, con la ignorancia, como se ha 
dicho, que es la madre del fanatismo; con un pue- 
blo que no tiene más istrucción que la que ha reci- 
bido ue la Iglesia, y que duerme en las creencias 
que ella le impone y que él acepta, porque no re- 
conoce otra fuente superior, — no puede tener vida 
las instituciones republicanas; porque para com- 
prenderlas es necesario ser más que hombre, es 
necesario ser ciudadano, — y la manera de ser ciu- 
dadano no se aprende ai pié de los altares ó de los 
confesonarios. 

Por eso dijo Montesquíeu que la virtud es el 
principio fundamental de la República; y la virtud 
no se inculca allí donde no se ama y propaga la 
1 i berta d y la democracia. 

Y por oso escribió un dia el ilustre Víctor Hugo: 
M yo me dirijo ai pariido clerical y Se digo:— Esta 
es vuestra ley — tomadla; francamente yu desconfió 
de vosotros. Vuestra ley tiene una máscara, Ella 
promete una cosa y hará otra.— Envuelve una idea 
esclavócraía con apariencias de encerrar una li • 
berta. Es vuestra costumbre; cuando colocáis una 
cadena deei$; " He hai una liberta/A" — Ah ! os co- 



228 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



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tiocemos, partido clerical. Sois el que ha er contra- 
do para combatir á la verdad, estas dos maravi- 
llas: la ignorancia y el error. Sois el que h* hecho 
oposición á la ciencia y al génio para que no pu- 
liera ir más allá del misal — y el que quiere, ence- 
rar el pensamianto en el dogma. Todos los pasos 
le ha dado la inteligencia en Europa ha sido á 
*stro pesar. Vuestra historia está escrita en la 
*oria del progreso humano pero en el reverso." 
» decia, el gnn poete y publicista francés, en 
le sus notables discursos sobre libertad «le en- 
za, y que Eugenio Pelietán cita en el tom. 
g. 71, de su obra Heures de TravaU. 
v que está abocado el pais á la renovación 
'amaran y ala elecció.) presidencial, debien- 
te de la reforma de la Constitución del 
s llege da la hora de que los liberales de 
Ijen sus miradas en los ciudadanos que 
rantía de que el clericalismo no saldrá 
introduciendo modificaciones que favo- 
ínes. 

mera magistradura de la República, 
to más delicado de todos, es menes- 
oatriotismo y elevación de criterio, 
^ferible? Un ciudadano honrado y 
uno de preclaro talento y que ca- 
dad cívica? 

sta forma la cuestión, no es pre- 
lecidirse. 

f e se determinará porel segundo, 
^cesario no pagarse de palabras 
s son amores y no buenas ra- 
efrán. 

alentó y un hombre de bien 
hay elección posible, porque 
dad; pero es menester que 
n ni limiten á un círculo re- 
n determinadas condicio- 
, — debe generalizarse. 



de sus Ó 
do tratai 
Estado, e, 
corazón, t 
sea una ga 
con la suya, 
rezcan sus 1 
. Para la pri 
que es el pue& 
ter obrar con \ 

? Cuál es pr* 
sin ilustración, ^ 
rezca de austeri 

Planteada en e. 
ciso cavilar para t 

Nadie cíertamem 

Sin embargo es nt 
ni de personas: obra 
zones como reza el r 

Entre un pillo de t 
sin grandes luces, no i 
no cabe la menor parii 
las cosas no se extremen 
ducido de individuos -co. 
fies: hay que ir más lejos 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 229 



Se trata de buscar, no precisamente un ciudada- 
no más bueno que otro — que eso existe en crecido 
número, pues este no es un país corrompido, don- 
de sean habas contadas los hombres honrados, 
— sino un ciudadano que llene ias aspiraciones 
nacionales, que tenga talia para el Gobierno, que 
sea, en una palabra, un verdadero «hombre de 
Estado. 

Esto es lo que se necesita en todo país civilizado 
que se rije por leyes sábias y liberales, y nó un 
término medio, ó una nulidad, seria, sin otro capi- 
tal de gobierno qus su honradez personal acrisola- 
da. 

Y para ser hombre de Estado, se nos dirá ? qué 
se requiere ? En nuestro concepto há menester no 
solo honradez personal sino igualmente honradez 
cívica, pues si la una es nrenda segura de que no se 
han de meter las manos en las arcas nacionales 
para defraudar los dineros públicos, la otra es una 
garantía de que se han de respetar y hacer cum- 
plir las instituciones en vigencia; de que se gober- 
nará para el país y con el país, anteponiendo á las 
ambiciones menguadas de un partido los intereses 
de la Patria; de que los derechos del ciudadano no 
serán vilipendidos; deque no se harán calaveradas 
políticas ni aventuras financieras ; en suma, de que 
se procederá con rectitud en todos las manifesta- 
ciones del gobierno, obrando con honradez perso- 
nal y cívica, procediendo en uu todo de acuerdo 
con los dictados del patriotismo. 

Un hombre de bien, ignorante, para todo podrá 
servir, menos para regir los destinos de una Na- 
ción; porqué no será él, el que gobierne sino aque- 
llos que le rodeen y dirijan si es que no se halla do- 
tado de carácter, y si posée energía y soberbia lle- 
va riesgo de que ejerza una dictadura desastrosa 
para sus gobernados y el engrandecimiento na- 
cional. 

También, un hombre de vasta ilustración y sin 



230 



SETEMBRINO E. PEREDA 



civismo, que profese principios contrarios á la mo- 
ral pública, que sea un ambicioso vulgar, anhelan- 
do más que la prosperidad del Tesoro Nacional, el 
aumento de su cofre particular: que no tenga otro 
ideal que hacer política en vez de administración; 
de gobernar para sí y los suyos y no con y para el 
pueblo, tiene también que ser repudiado, porque 
entraña un inminente peligro, aún mismo para la 
conservación de la independencia patria. 

No somos pu<^s, partidarios, ni de los hombres 
honrados y topos para asumir el mando de un país, 
ni de los que poseyendo un talento preclaro y - una 
ilustración poco común* carecen de civismo; por- 
que unos y otros servirán de remora al progreso, 
de descrédito ante propios y extraños y traerán 
aparejadas, como consecuencia lógica, tarde ó 
temprano, la banca-rota política y financiera. 

Necesitamos pues, hombres de bien, pero aptos 
y que sepan deliberar por voluntad propia y no á 
impulsos dé sugestiones extrañas. — Un hombre 
bueno, por mejores intenciones que tenga, no siem- 
pre logra realizar sus designios, pues faltándole 
cabeza pensante, le falta todo, como una sin civis- 
mo es propensa á los excesos de la concupiscencia 
política. 

Esto, á nuestro juicio, es lo que aconsejan el pa- 
triotismo y la moral cívica. 



Tampoco sernos partidarios de los gobiernos 
militares; porque estos han sido en casi su totali- 
dad el descrédito y la ré.i-ora del país 

Es sabido que ei 75 y durante 15 años, las riendas 
del gobierno han venido siendo de su exclusivo 
manejo. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 231 



1 Latorre, primero, Santos después, y últimamente 
el general Tajes. 

¿ Que han hecho .esos gobiernos ? Los dos pri- 
meros han sido de fuerza y de latrocinios; han 
oprimido la libertad política, suspendiendo la le- 
galidad en los comicios; han pisoteado los códigos 
que nos rijen, coartando las garantías individuales 
y han distribuido grados a la marchante, para 
captarse la voluntad de los agraciados, sin impor- 
tarles enajenarse las simpatías del pueblo, que son 
precisamente las que los gobernantes honrados y 
liberales deben buscar de conquistarse. 

Esto ha desconceptuado al país, dentro y fuera 
de su territorio, colacándole, casi al nivel de Vene- 
zuela bajo el dominio del célebre Guzmán Blanco. 

El general Tajes, que es el que ménos resisten- 
cias ha levantado en la opinión, debido á su actitud 
circunspecta y p itriótica en muchos casos, no 
pudo, sin embargo, reh icionar por completo. 

De ahí que en más de una ocasión le haya 
combatido severamente , la prensa independiente; 
de ahí que le hayan rodeado elementos reprobados, 
entre ellos los mismos que colaboraron poderosa- 
mente en la nefanda obra de derrocar un gobierno 
honrado y constitucional, para suplantarle por un 
fantoche político y una oprobios?, tiranía; de ahí, en 
fin, que las Jefaturas Políticas y la casi totalidad 
de lospuestos públicos se hallasen rejidos por ciu- 
dadanos militares, en vez de encontrarse á sufrente 
ciudadanos civiles, vecinos y afincados, como lo 
manda nuestra Carta Fundamental. 

¿ Porqué esa violación á la ley ? Porqué seme- 
jante preferencia, siendo que no escasean ni faltan 
los ciudadanos honestos y aptos para el desempeño 
de esos altos cargos públicos ? 

Es que el compañerismo tiene atracción y es 
preciso contentar á los amigos políticos y de 
armas, para que 'a fuerza de las bayonetas, ya que 
no de la opinión, les sostenga y se halle á su entera 



232 SETKMBRINO E. PEREDA 



ñ«J?£ S, ^ n Para asegurar su estadía en ei poder' 
den ro ó fuera de las instituciones nacionales 

&i ejército de línea, — en todo país culto y civüi- 
ShnVT d ^ be , se r> es »a salv guardia de la paz 
publica y de a n.tegridad nacional; el ¿migo del 

comm'rí??^^ 116 ?° l0S ^ S áe * ,0ria ó ^ duelo 
comparte los laureles ó las amarguras. 

fcin embargo, la funesta escuela de los Latorre y 
bántos extravió las tendencias v misión del eier- 
cito divorciándole de las aspiraciones v comuni- 
aa^ ae ideas de los elementos populares". 

Por eso su intromisión en todos los negocios de 
la cosa pública y su ódio acendrado á los que no 
visten el uniforme militar. 4 

Piemos, felizmente, reaccionado: el ejército de 
hoy no es ya el de hace algunos años; pero todavía 
conserva en su seno muchos resabios del pasado, 
que han de desaparecer paulatinamei te, máxime 
cuando en el Colegio Militar y en los mismos 
cuerpos de línea se está formando un precioso 
plantel de militaras instruidos, que han de ajustar- 
se mañana álos dictados del deber cívico, como 
lo hacen los que ya han entrado en el ejercicio de 
sus derechos de ciudadanos y que han tenido la 
virtud de escuchar los dictados del patriotismo y 
contundirse y confraternizar con el resto de sus 
conciudadanos 

No por esto, sin embargo debe seguir desnatu- 
ralizándose nuestro régimen institucional y sacarse 
al ejército de su verdadero puesto, — que es el de 
centinela avanzada de los derechos del pueblo y de 
la Independencia de la Patria,-^ para posponer á 
7;* ñor ministerio de la ley están llamados á 
rejir los destinos üc. ¡,.;: i las esferas del Go- 
bierno. 

Elejércit representa la tuerza y el pueblo K 
opinión. 

Dése pues, á cada cual su verdadero puesto, y la 
concordia será un hecho entre uno y otro; pero na 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 233 



se invadan las facultades de éste para dar prepon- 
derancia á aquel. 

Al César lo que es del César y á cada cual lo 
suyo. 

Feliznente para el país, á, pesar de la declaración 
del Presidente de Yo República, arrogándose facul- 
tades que no le confiere la ley, respecto á la cues 
tión electoral, — del seno del partido dominante 
han surjido iniciativas tendentes á evitar el fraude 
y á dar coparticipación en la cosa pública á ciuda- 
danos que no figuren en sus filas 

Hemos pues, progresado en materia política. 
Hasta ántes de la paz de Abril, el amor á una divi * 
sa tenía profundamente distanciados á los elemena 
tos racionales: hasta en los vestidos, tapados y 
sombreros de nuestras matronas y señoritas, lo 
mismo que en las pinturas délos edificios particula- 
res, se usaban romo distintivo los colores celeste ó 
punzó, y los miembros la colectividad política 
adversa á la en auge eran considerados párias 
en su propio suelo por los que dominaban. 

Hoy suce Je todo lo contrario; porque, aúnque en 
minoría, se les lleva al Cuerpo Legislativo y á los 
Ministerios,— y candidatos y gobernantas declaran 
& l*i faz del mundo entero que es menester apoyarse 
en elementos de todos los partidos, para que. á su 
alrededor no se haga el vacío y para no caer en la 
resbaladiza y fatal pendiente de la impopularidad. 

Uno de los hombres mas ir -transientes del Par- 
tido Colorado,— el Dr. Pedro Bustamante,— en un 
brillante discurso pronunciado en una comida ín- 
tima con Cfesies, el Dr. Herrera, ccrr>o aquel 
personaje que hacía prosa sin saberlo, sostuvo i03 
principios de fr.itenidad cívica, no diremos sin co - 
nocerlo, ooroue fu a rr*. hsLCír nn^ iniusticia ásu pre- 
claro talento, pero sí sin declararlo. 

Reconoció que la noción del gobierno, de sos 
derechos y deberes se na pei-fec¿im£¿¿ c~:i?!d* T%í \- 
blemente; que los ódios de partido tienden d exiin- 



234 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



guirse de día en día; que el caudillaje y el pretoria- 
nismo han hecho ya su tiempo; que los hábitos de 
paz y trabajo se arraigan y extienden de más en 
más, y que todo, todo induce á presumir que nues- 
tro pais ha tomado p >r fln asiento, y que asistimos 
ála inauguración de una nueva éra de existencia 
de nación independiente, ératodade reparación, de 
Orden verdadero, de vida regular. 

En otro tiempo, no habría dicho otro tanto el 
doctor Bustamaníe en lo que respecta a la extin- 
ción de los odios de partidos, pues siempre se le 
ha atribuido, — como lo expresamos en otra parte, 
— el dicho de que no hay blanco bueno, y re le ha 
considerado como el miembro mas intransigente 
de la colectividad ; olílica á que pertenecía. 

«P?z sin libertad, dice, es servidumbre, más ó 
ménos acentuada, pero servidumbre al fin, y no fué 
ciertamente para cambiar de señores; fué si, para 
no tenerlo?, que nos emancipamos de nuestra anti- 
gua metrópoli. La paz bajo la égida de la liber- 
tad y de las leye*, esa debe ser nuestra divisa, 
esa la suprema aspiración del país, porque esa 
paz es la única que dignifica á los pueblos, y la 
única facunda en bienes de todo género 

» La existencia de los partidos es, en los Estados 
democráticos sobre todo, un » necesidad y una 
condición obligada de su modo de ser; pero no asi 
el e&elusivismo partidista* fuego cuya llama, como 
en una ocasión solemne dijo el gr n Washington, 
en vez- de calentar, quema y consume cuanto toca. 
La cosa púbiiea es la cosa de todos, y en la gestión 
de lo que es de todos, justo es, y conveniente tam- 
bién que todos tengan coz é intervención. » 

Dijo también que en el programa dado á luz por 
su colectividad política hace algunos años, se en- 
carece como una necesidad del órden político la 
coparticipación de todos lo* partidos en la dirección 
de los negocios públicos. Además, los orientales so- 
mos todavía muy pocos, agregaba, y nunca será ex- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



cesivo el concurso ele todos los hombres honrados 
y capaces sin excepción, para impulsar hácia ade- 
lante la nave del Estado y labrar de consuno la 
felicidad di la pátria. 

Entre otras exhortaciones dirijia la siguiente 
al Dr. Herrera: 

«Gobernad con. los buenos y para el país, y 
habréis colmado los votos y las esperanzas de la 
nación, merecido las bendiciones de présenles y 
venideros y realzado á la vez el nombre y la glo- 
ria de nuestro partido. » 

Igual exhortación podrá hacerse mañana al 
ciudadano que reemplace al Dr. Herrera en la 
Presidencia de la República, sea civil ó militar, 
y si ella se escuchase, desoyendo los intereses 
partidista, el país labraría su felicidad y engran 
decimiento; porque lo que necesita para su , ros- 
peridad y bienestar, no es otra cosa que un go- 
bierno moral, que se rodee de elementos sai, os, que 
garanta la paz y las vidas y haciendas, para que 
todos y cada uno d<? los habitantes de la Nación 
puedan trabajar sin recelos y con esperanza de 
cosechar opimos frutos de su honrada labor. 

Entónces no se pronunciará la emigración y la 
corriente emigratoria no pasará, por sus playas 
sin detenerse. — Los orientales, en vez de buscar 
asilo en suelo extranjero, sentarán sus reales en 
la. tierra pátria, la oposición al supremo mandata- 
rio no dará margen al descrédito nacional; por el 
contrario, la propaganda de los órganos de publi- 
cidad servirá de má* eficaz apoyo para estimular 
á la gent laboriosa á buscar su porvenir en ia 
República Oriental, que los agentes migratarios, 
y no veremos citarnos como un ejemplo de gran- 
deza y vida democrática á la República Argentina, 
que si no está peor no está mejor que nuestro país, 
ni en política ni en finanzas. 

En efecto: ¿ en qué nos aventaja ? 

Basta léer lo que dicen los diarios más caracte- 



236 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



rizados de la capital federal para convencerse de 
que más es el ruido que las nueces, como dice el 
proverbio; que más es lo que se pondera desde 
lejos, que lo que se vé y palpa en el teatro de los 
acontecimientos. 

La Nación de Buenos Aires, que es una publica- 
ción séria y que responde á la política del General 
Mitre, fustiga atrozmente á la actual situación del 
vecino país, comparándola con la de Juárez 
Calman. 

Oigamos su autorizada palabra. 

En su edición 28 de Febrero del corriente año, 
se expresa en estos enérgicos términos, con oca- 
sión de un violento discurso pronunciado en Lon- 
dres, en la junta e acreedores, por sir John 
Lubbock: «no es de gobernantes sérios á quienes 
im porta su buen nombre y más que todo el crédito y 
buen nombre del país cuyos intereses administran, 
burlarse de compromisos solemnemente contraí- 
dos, faltar á promesas y declaraciones pública- 
mente empf nadas Y eso, sin embargó, es lo que 
ha sucedido, es lo que por desgracia sucede toda- 
vía. La anterior administración, después de 
prometer economías extraordinarias siguió la 
vida rumbosa de los tiempos que trajeron las 
ruinas actuales; en vez de disminuir la moneda de 
papel circulante como lo habia asegurado á los 
acreedores, hizo emisiones á destajo. La actual 
administración, que se anunciaba como de reacción 
y reparación y se esperaba que lo fuese ha seguido 
la misma vida de la anterior: no ha disminuido los 
gastos, no se ha opuesto á su aumento, limitándose 
á recrudecerlos impuestos, El ministro de Hacienda 
que fué también acogido, que infundió tantas espe- 
ranzas, ha sido ya deshauci^do por amigos y ad- 
versarios: su gestión, su conducta, sus actos repre- 
sentan hasta ahora para todo el mundo un nuevo 
desengaño, un nuevo fracaso. 

Ni basta: los bancos oficiales han sido saquea- 



NI RETRÓGRADOS NI TAHTIJFOS 237 



dos, se han visto de la noche á la mañana conver- 
tidos en montones de escombros. Colosos como el 
Banco aV la Provincia, como el Banco Nacional, 
como el Banco Hipotecario de la provincia se han 
visto obligados á cerrar sus puertas, á suspender 
sus operaciones, a sumir en la ruina á todos los 
que habían tenido fé en su solidez, en su solvencia; 
los bancos oficiales del interior se han visto redu- 
cidos á la impotencia una vez malbaratados los 
millones que constituían su capital: se Cuentan por 
centenares los millones cuyo empleo, cuyo destino 
no ha podido explicarse ó justificarse. 

?Y qué han hecho los gobernantes para castigar 
álos culpables, para hacer efectiva la resposabili- 
dad de los malos administradores, para averiguar 
dónde habian ido los millones que habían salido de 
los bancos? Se limitaron á hacer emisiones clan- 
destinas para galvanizar establecimientos cuya 
muerte era ya irremediable y adietar leyes sobre 
leyes para amparar á los deudores entre los que 
figuraban los principales causantes de las ruinas. 
No se vió ningún acto de energia, ningún acto mo- 
ralizador; se vió encambio lo que jamas se ha visto 
en parte alguna á algunos de los mismos culpables 
hechos audaces por la impunidad y la tolerancia, 
hacnr alardes de puritanismo y erigirse en jueces 
de las faltas agenas. 
Ningún administrador fué procesado, ningún 
ersonaje ¡encarcelado, ningún escarmiento se 
a hecho como acaba de hacerse en Francia y se 
está haciendo en Italia. 

Pero no es esto lo peor todavía. Era de suponer 
á lo ménos, que los gobernantes, ya que se mostra- 
ran incapaces económicamente, ya que no hicieran 
las economías y no adoptaran l;»s medidas que las 
circunstancias reclamaban, procurarían no agra- 
var con irregularidades ligerezas y complicacio- 
nes políticas una situación ya de suyo desespe- 
rante. Pero, no señor: no se ha reaccionado en 



SBTEMBRINO E. PEREDA 

• 



política como no se ha reaccionado en administra- 
ción y finanzas, y con esto se han hecho endémicas 
las zozobras, las incertidumbres, 'as alarmas, au- 
mentando el descrédito, el malestar, el descontento. 

¿ Cómo se quiere que gobernantes que así proce- 
den sean tomados á lo sério por lo. publicistas y 
financistas europeos ? ¿ Cómo se quiere que no sean 
blancos de ataques que refluyen sobre el país ente- 
ro ¿ Cómo se pretende que la prensa nacional se 
indigne y rechace airada las frases hirientes, las 
insinuaciones malévolas, si se ha dado y sigue dán- 
dose fundamento &ara ellas ? x> 

En su número del I a . de Marzo, agrega el órga- 
no bonarense: 

« El gobierno institucional se habia eclipsado 
eneí trden nacional como en el orden local. La 
imposición era la regla que imperaba en la nación 
y las provincias. Las instituciones de crédito 
fuéron saqueadas y los bienes públicos vendidos, 
sin que se haya sabido la inversión de las sumas 
que debieron ingresar al tesoro público. La liber- 
tad de sufragio fué suprimida en todas partes. El 
Presidente decretaba la composición de los pode - 
res locales. El Congreso era un mero agente del 
poder ejecutivo. La deuda exterior é interior era 
enorme y ios impuestos recargaban al país de un 
modo abrumador. Las emisiones públicas, y clan- 
destinas, de papel moneda, de fondos públicos y 
cédulas hipotecarias, no reconocían valla. El pre- 
supuesto de la nación y de las provincias denotaba 
un lujo completamente incompatible con la masa 
de obligaciones que grabiaban sobre el tesoro La 
corrupción administrativa habia llegado á su apo- 
geo; y la mayor parte de los proyectos que se re- 
ferían á las finanzas y obras públicas eran desig- 
nados con la palabra <c negotium » por todo el 
mundo 

Las administraciones que siguieron á la que se 
derrumbó en agosto, anunciaron al país la inaugu- 



NI RETROGRADOS NI TARTUFOS 



239 



ración de un período reparador en que iba á go- 
bernarse á nombre de la moral, haciendo de la 
constitución una verdad. 

¿Qué hemos adelantado en estos trienta meses 
últimos? Algo en ciertas cosas y poco en otras, ro 
faltando algunas en que hemos retrocedido* 

Por ejemplo, las situaciones locales que se consi- 
deraban irregulares, no han cambiado, Vacilaron 
todas; pero fueron afianzadas. Cayó una: pero fué 
reemplazado en condiciones análogas. Laenmina- 
ción de Buenos Aire¿, de Corrientes y Catamarca, 
como estados federales constituidos, ha sido nue- 
vamente consagrada por el poder central, se ha 
dejado armar al gobierno de Buenos Aires y dia 
á dia se refuerzan sus armamentos. Todos ¿aben lo 
quena sucedido en Corrientes, ocupada hoy mili- 
tarmente, sin un decreto que lo autorice, por las 
fuerzas del gobierno central. La misma provincia 
de Santiago, cuyo gobierno abusivo no hubo interés 
político en reponer, tiene hoy su custodia militar. 
En suma, futra de aquellas provincias cuyos 
gobiernos han marchado, voluntariamente, de un 
modo más ó ménos legal, el gobierno representa- 
tivo republicano está suprimido en el orden provin 
cial, respecto del cual no rige la constitución ar- 
gentina. En esta faz de la cuestión política, la 
buena causa ha tenido ventajas decisivas en San- 
tiago; pero las situaciones de Buenos Aires y Co- 
rrientes son peores que antes, habiendo conciencia 
de que el gobierno general entiende que no afecta 
su programa ni perturba su misión política el 
hecho de que la constitución nacional sea una 
burla para la mayor parte de las provincias ar- 
gentinas. Poco hemos adelantado, pues, sobre este 
otro punto de tan capital importancia. 

Se dice que si el sistema institucional está supri- 
mido para muchas provincias, existe, sin embargo 
para la nación. Aúnque el contrasentido de una 
proposición semejante resalta por sí mismo, debe 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



reconocerse que la libertad del sufragio queda ase- 
gurada para la capital de la república. Pero la 
capital no es la nación. El cuerpo legislativo nacio- 
nal debía ser designado por el pueblo de las pro- 
vincias; y si los gobernadores de provincia, por sí 
ó por cuenta de Jas influencias que reconocen, son 
los que han de hacer tal designación, el congreso 
nacional desaparece y queda en su lugar un con- 
greso representante de los gobernadores de pro- 
vincia 6 de los que disponen de ellos. Ahora, si 
el poder electoral continúa residiendo en los últi- 
mos, es evidente que no lo emplearán únicamente 
sol 3 en la composición del congreso, sinó que lo 
harán servir más tarde para la elección «'el poder 
ejecutivo, poderes de que depende la organización 
del judicial, quedando así comprometida, en toda 
su plenitud, la institución del gobierno. 

Si bajo el punto de vista del sufragio popular y 
del gobierno republicano, hemos adelantado poco 
en las provincias, ya se ve que no hemos avanzado 
tampoco gran cosa en el régimen nacional, cuando 
solo existe la probabilidad ó si se quiere, seguri- 
dad, de que será fc el pueblo quien elíjalos diputados 
y senadores que corresponden á la capital de la 
república. Evidentemente, esta no es una solución 
suficiente para darse ñor satisfecho, ni ménos para 
creerse que se ha ido demasiado adelante, dando 
en consecuencia la señal de retroceder. 

Bajo estos auspicios ¿ habrá moral, sin libertad 
en las provincias en que se gobierna haciendo á 
un lado la constitución ? No es presumible, porque 
si por algo han sido suprimidas la libertad y la 
constitución, es porque la corrupción no puede 
vivir entre ellas ? Qué debe esperarse del congre- 
so elegido por los gobernadores de provincia ?Se- 
ria arriesgado presumir que las mismas causas 
produzcan efectos contrarios. Bajo la base de la 
opresión de las provincias, es, pues, completamente 
ilusoria pensar en la vuelta de la moral, de la li- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



241 



bertad y de la constitución; y, en este sentido, ó 
pocu habremos ganado y poco debemos esperar. 

Volviendo ahora la vista hacia oíros puntos en- 
contrar mos que la deuda exterior ha s consi- 
derablemente aumentada, para paearsus intereses 
como para otros objetos. La deuda interior* Je ha 
sidó igualmente, con empréstitos voluntarios y de 
otras maneras. 

Las cargas públicas lian ido creciendo, en los 
últimos tiempos, con febril impulso, á término de 
doblarse y triplicarse en muchos casos; siendo lo 
peor que continúan sin cejar, en el mismo cami- 
no. El empapelan iento ha crecido también, en 
algunas decenas de millones que debían ser- 
vir p ; ra socorrer al Banco Nacional y al Banco 
Hipotecario y que al fin no socorrieron ¿inó 
al gobierno. 

Él presupuesto nacional continúa bajo el mismo 
pié de fausto; y pueda asegurarse que casi todas 
sus partidas son más abultadas que hace tres 
años. En estas materias, que no son por cierto de 
poca monta, hemos avanzado sin cuesáón; pero 
desgraciadamente en ei mal camino, qi.e nos em- 
peñamos no desandar. 

Se dirá, que no se ha podido hacer más, y esto 
seria precisamente el proceso de !a política nacio- 
nal en el último tiempo. 

Si no se pueden garantir las instituciones; si no 
se puede restaurar el gobierno representativo re • 
publicano; si no es dado afl-mzar en consecuencia 
el origen popular de los poderes nacionales; si no 
se puede hacer economías ni dejar de aumentar 
las cargas públicas; si por el contrario, seacrecien * 
ta el -lujo gobernativo y se hace la v { da más difícil 
para el pueblo, por los impuestos qus gravan los 
consumos indispensables y por los hechos que des 
monetizan el valor con que se adquieren, no hay 
mejor prueba de que la poíltíc* anda por mal ca- 
mino y que es necesario cambiar de rumbo. 

10 



242 



SETEMBRINO E. PEREDA 



¿No se puede hacer mejor, loque quiere decir 
que debemos resignarnos con lo peorj /V bien! 
¿Cómo ha de poder hacerse lo primero, cuando so- 
lo se emplean los medios de conseguir lo segundo? 

Para extraer un clavo se toman las tenazas y 
se le arranca. Es evidente que si se le dá en la 
cabeza con el martillo, nada se hará para sacar 
el clavo, y es lógico que se hunda más adentro del 
cuerpo que desgarra. 

Con modernismos, ligas de gobernadores, distri - 
bucionevS de armas a los explotadores d? las pro- 
vincias y propósito manifiesto de no gobernar sinó 
con los elementos del pasado, es un poco difícil 
arribar al afianzamiento de las instituciones, al 
imperio de la moral, á la abolición de los lujos 
oficiales, á la humanización de los impuestos, á la 
valorización del papel, al programa, en fin, de los 
que creian con razón, y siempre que se hubiesen 
empleado medios adecuados á resolver el doble y 
arduo problema político y financiero que pesa 
sobre el país. 

Podrá decirse aún para impugnarsus apreciacio- 
nes, que ellas engloban á veces los actos y res- 
ponsabilidades de administraciones distintas; pero 
no se ve la necesidad de distinguir personas, cuan- 
do se trata de los resultados de una política que se 
continua en sus medios y tiene que llegar, lógica- 
mente, á los mismos fines. 

Acaso sea cierto que no se haya podido hacer 
más, ni en política ni en finanzas, ni en supresión 
de iujos, ni en moderación de impuestos, ni siquiera 
en el ensayo de instrumentos vivos más adecuados 
para realizar la obra que se anunció. # 

Sería entónces el caso de esperar á que se pueda 
por más que la esoera empiece ya á pasar los . 
límites regulares; pero en tal caso y mientras tanto, 
no estaría de más dispensa r a Igu na consideración á 
la moral de nuestro organismo enfermo a fin de que 
no lo abadonase la energia deque tanto necesita 
para luchar y perseverar en el bien. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 243 



Al General Mitre no se le puede tachar de opo- 
sitor sistemado al gobierno del doctor Luis Saenz 
Peña; porque fué él una de las palancas más po- 
derosas para que subiera á la primera magistratu- 
ra de su país. 

Por consiguiente, lo que dice La Nación, que es 
el órgano de aquél, no puede calificarse de par- 
cial, y sus opiniones, juzgando los actos del gober- 
nante argentino, tienen la mayor importancia. 

Sin embargo, en esia y en la otra orilla se de- 
prime á la República Oriental, colocándola á un 
bajo nivel, y muy por sobre ella a la situación que 
con tan malos colores nos pinta el ilustrado diario 
bonaerense. Aún más: allí se vive, en casi todas 
las provincias, en perpétua zozobra; los robos, 
los asesinatos y los atentados se suceden unos á 
los otros, con una rapidez vertiginosa; mientras 
que aquí es muy pálido lo que acontece compara- 
do con los hechos bochornosos de la patria 
grande.. 

¿Se quiere una prueba de lo que decimos? 
Léanse los telegramas siguientes: 

Mercedes, mártes 28. 

Imposible es pintar la situación desesperante de 
este departamento. Vivimos bajo el régimen del 
terror y de la barbarie llevados á sus últimos ex- 
tremos. No se respeta ya nada. La vida y la pro- 
piedad están entregadas al vandalaje, que con el 
pretexto de comisiones militares recorren la ciu- 
dad y la campaña armadas por las autoridades 
para ejercer venganzas y persecuciones á todas las 
personas que directa ó indirectamente hayan coo- 
perado á la revolución. 

Kn este departamento ios revolucionarios tienen 
establecimientos valiosos, y se hadado la consig- 
na del más escandaloso latfocinio, comparable tan 
sólo á los grandes robos del año 80. Una fuerza al 
mando de un comandante Agustín Vargas, de 



244 



SET&MBK.1N0 E. PEREDA 



150 hombres, recorre la campaña de este depar- 
tamento, cometiendo tnqu o*, rolnudo vncus y 
caballos do los establecimientos, arreando maja— 
das de, ovejas, que son vendidas á cualquier precio 
dentro de la población. Hay carnicerías de indivi- 
duos que, de acuerdo con la autoridad, roban vacas 
para ser beneficiadas. 

Además, las borrascosas crisis ministeriales de 
Julio último no tienen precedentes en °1 Plata, y 
revelan claramente que las cosas argentinas están 
muy lejos de poder ser tomadas como modelo de 
las muestras. 

Sin embargo, el calabozo es*á atestado de pre- 
so-. Ciudadanos h onrados y meritorios, gimen tn 
la barra por el delito de no simpatizar con el go- 
bierno No pasa una hora sin que ¡»e vea entrar 
alguna partida armada conduciendo algún preso 
herido ó maniatado. 

A los oficiales presos se les hace limpiar hasta 
las letrinas de la jefatura. A la noche, que es la 
hora elegida para la entrada de las comisione» 
conduciendo los presos al cuartel, el coronel Ve- 
rón y el jefe polític » Fulgencio A costa, se sientan 
e i la calle, frente á la jefatura hasta media noche, 
presenciando impávidos y satisfechos ese lujo y 
ostentacción de tanta crueldad y barbarie. 

En la capital se dieron publicidad á los anuncios 
de la série de atentados cometidos por el jefe 
militar Verón, y el gobernador Ruiz, al tener co- 
nocimiento que existía un jefe nacional que tan 
admirablemente secundábalos propósitos de des- 
trucción y exterminio, le dirigió una carta enco- 
miándole su proceder y alentándolo para que per- 
severe en su papel, y que no hiciera caso á las 
denuncias de la oposición. 

La mayor parte de los paisanos ha enwgrado 
del departamento. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



245 



Monte Caseros, márt.es 28. 

Los comandantes Juan de Dios Verón y Lucia - 
no Romero al ver que con tan vil saña de les per- 
sigue, tal vez por no haber satisfecho los anhelos 
del general Garmerdia y de Ruíz, reunieron algu- 
nos compañeros y por ahí van á pedir al extranje- 
ro la hospitalidad y el derecho dé vivir que se les 
niega en su provincia natal, porque no quisieron 
ser indignos ni verdugos de ella. 

Acá hay más de cien emigrados correntinos, en 
su mayor parle de Caseros. Consuela de tantas 
injusticias y desgracias el ver la generosa hospita- 
lidad que nos brindaef pueblo y autoridades orien- 
tales. 



Tampoco en nuestro país se ha llegado al extre- 
mo, por mal que sea situación económica, de 
que sus acreedores europeos pretendan enviar una 
comisión encargada de estudiar sus finanzas bajo 
todas sus fases y aconsejar la solución que cre- 
yese más conveniente; y esto ha pasado, sin em- 
bargo, con los de la República Argentina. — Los 
señores Baring y Morgan tueron de los que apro- 
baron, según se leía en un telegrama de Londres, 
las sérias gestiones empezadas para invitarle á re- 
cibir esa comisión de peritos. 

El Times,, en su edición del 28 de Febrero, se 
ocupó detenidamente en estudiar la crisis finan- 
ciera argentina y la situación creada á los presta- 
mistas ingleses, apoyan io la ilea de envidiar esa 
comisión con los fines indicados. 

¿Y La Plata, esa obra portentosa del esfuerzo hu- 
mano, bella ciudad levantada con ara celeridad sin 
ejemplo ? Ahi esta adormecida en brazos de la 



¿46 



SETEMBRINO E. PEREDA 



estagnación; su comercio languidece^ sus habitan- 
tes la abandonarían, y su porvenir incierto se 
presta a muy tristes reflexiones. 

Ahí está también la Rioja, cuya gobernador so- 
licito no ha mucho del Poder Ejecutivo Nacional 
el envío de brazos para construir puentes, arreglar 
caminos y extender una vía férrea hasta parajes 
céntricos de dicha Provincia, pues lo difícil de su 
comunicación, la seca y otras causas compelían á 
todas las clases sociales ¿.abandonarla. 

La escasez de trabajo y la mucha miseria rei- 
nantes en su seno, hace que sus habitantes deter- 
minen buscar la subsistencia en otros estados ó 
fuera del país. 

YloquBallt acontece, sucede á la vez en San 
Luís, Catamarea y otras provincias del interiór 
argentino. 

Mas aun: ¿no acabado constituirse en Buenos 
Aires una sociedad de Orientales con el se lo objeto 
de socorrer á sus compatriotas que vagan allí sin 
encontrar trabajo? 

El Ministro Dr. Ernesto Frías, % no se ha dirijido 
al de Relaciones Exteriores dándole cuenta del 
crecido número de ciudadanos que impetran su 
influencia y recursos para ser reimpatriados ? 
Su nota es una prueba elocuente de que en la ve- 
cina orilla no se pasa mejor que aquí. 

Ella dice así: 

Legación de la República O. del Uruguay. 

Buenos Aires, Marzo 21 de 1893. 

Señor Ministro : 

Tengo el honor de comunicar a V. E. que diaria- 
mente se presentan á esta Legación, ciña», seis y 
más ciudadanos orientales, solicitando pasajes y 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS >? $47 



recursos para reimpatriarse á causa de no haber 
encontrado en esta ciudad empleos ó trabajo, con 
cuyo motivo habían venido. 

Algunos, señor Ministro, se han trasladado im- 
prudentemente con sus familias y solo con recur- 
sos para los primeros dias, y á no ser los au- 
xilios de la Legación, hubieran pasado ratos bien 
amargos en un país para ellos nuevo y sin perso- 
nas de su relación á quienes acudir. 

En ios dias transcurridos del año,el Consulado ha 
reimpatriado ya ciento treinta y ocho ciudadanos. 
Estos hechos, que diariamente y en persona he 
podido constatar 1 , me obligan á dirigir á V. E. esta 
nota dando cuenta de el lo, para que si V. E. creyese 
oportuna su publicación, pudiera ella servir por lo 
ménos de advertencia para los que ignorando estos 
hechos se lanzan en esta corri* nte, creyendo qje 
al llegar aquí se encuentran con facilidad em- 
pleos ó medios de vida. 

Es verdad y me es muy grato ív conoce rio que en 
este país los or ientales tienen muy favorable acogi- 
da, pero debe tenerse presente que los empleos son 
muy solicitados por lo¿ ciudadanos argentinos y á 
quienes justamente les corresponde: ademas, se está 
obsenando en la capital federal el sistema justísi- 
modt los ascensos cuando hay una vacante; asi es 
que como consecuencia de ello quedan disponibles 
los puestos inferiores, cuya remuneración no da 
para costear la subsistencia de un empleado con 
familia ó de uno que nc teniéndola, tiene que cos- 
tearse su alimento y habitación. 

Con este motivo me es grato presentar al señor 
Ministro la expresión de mi coosideración más 
distinguida. 

Ernesto Frías 

A S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores 
de la República Oriental del Uruguay, doctor 
don Manuel Herrero y Espinosa. 



248 SET1MBR1N0 E. PEREDA 



Se exagera pues, en sumo grado, movido por 
un espíritu de pesimismo que raya en lo at tipa- 
triótico. 

Que la situación es mala, que el Gobierno se 
halla divorciado de la opinión pública, — esto y 
mucho más es bien cierto; pero no por eso se 
desdore al país, poniendo su crédito y fuerzas vi- 
tales por el suelo, p? ra elevar á las nubes á otro 
extraño, al cual no leñemos por qué mirar como 
modelo, cuando sus» más caracterizados órganos 
de publicidad reconocen que arrastra también una 
vida raquítica, y cuando tenemos la convicción de 
que si en el nuestro se cuecen habas,— en el aludi- 
do se cuecen en máxima cantidad. 

Verum est id quod esl; la verdad es lo que es, ha 
dicho San Agustín, y es inútil que se pretenda os- 
curecerla ante la realidad de los hechos. 

Sin embargo, los argentinos no se amilanan por 
eso y cantan hossana á sus progresos y futuro en- 
grandecimiento. Aquí, en cambio, todos desespe- 
ran, presajiando un tremendo cataclismo, se pien- 
sa en la anexión, aún mismo por preclaras inteli- 
gencias, y se crée que nos hallamos al borde de un 
precipicio, en cuyas simas ha de desaparecer la 
nacionalidad uruguaya. 

Nuestra campaña, lejos de despoblarse, aumenta 
el número de sus moradores; la agricultura, que 
vivía en la infancia, á pesar de los contratiempos 
de la seca y la acridiana, sigue en auge; la educa- 
ción avanza hasta la choza del pobre, porque en 
todo el país exi-ten establecimientos de enseñanza 
primaria: la selección de las razas y la viticultura 
preocupan á muchos hombres inteligentes y pro- 
gresistas; todo, en fin, tiende á prosperar. 

En la República Argentina, si se excluye á 
Buenos Aires ya una que otra capital de Provin- 
cia, no se puede decir otro tanto. Hay allí extensas 
zonas de territorio,sin contar sus di hitadas Pampas 
— donde ni existen moradores ni industria alguna 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



249 



que denote la mano del homhre, y en que sus auto- 
ridades son más perjudiciales que las célebres 
plagas de Egipto y que la caja de Pandora. 

Noobstanie, dijo undia<*l Dr. Zubiaur con motivo 
de una breve visita que hizoá várias escuelas de 
Monte* ideo, que estábamos atrasados, y que esta 
República tiene esca«éz de p ersonal docente idó- 
neo, pues casi todo él no posée diploma de su- 
ficiencia. 

El Dr. Zubiaur, empero su suspicacia y espíritu 
observador,- hizo entonces una afirmación gra- 
tuita é injusta á todas luces; porqué no solo habia 
en esa época maestros diplomados, sinó que ya el 
Colegio Normal de Señoritas habia producido una 
brillante pléyade de inteligencias bien preparadas 

Sólo en Paysandú existen de treinta á cuarenta 
preceptoras diplomadas, muchas de ellas norma- 
listas, que por falta de escuelas desempeñan sim- 
ples ayudantías. 

¿ A qué pues, déspretijian tanto á la República 
Oriental, só pretesto de que nuestra situación po- 
lítica y económica no es lisonjera como fuere de 
desearse ? 

Ya lo hemos dicho, y lo repetimos: lo que ne- 
cesita el país para salir de la postración f n que 
yece, para que las industrias tomen más podero- 
so impulso y la riqueza nacional aumente, es que 
rija sus destinos un ciudadano patriota que trabaje 
por los interéses del pueblo y no por las miras 
menguada? de los círculos políticos. 

Hoy que se está próximo á cambiar de manda- 
tario, toca á los orientales bien intencionados fijar- 
se en él que más responda á la confianza pública, 
para que, como lo acansejaba el Dr. Bustamante 
pueda gobernar con los buenos y para el país, col- 
mando los votos y las ésperanzas de la Nación. 



250 



SETHMBR1NO R. PRREDA 



VII 



¿ Encontrará éco nuestra propaganda ? 

¿ Nuestros correligionarios se penetrarán de los 
peligros que amenaza & la causa liberal? 

¿ Se pondrán de pié para conjúralos ? 

Sea lo que f *ere, creemos haber cumplido con 
nuestro deber de partidarios sincéros dando el 
grito de alarma é incitándoles á salir de su perju- 
dicial inación. 

Además, no estamos solos, pues contamos con 
la adhesión de amig03 de causa de importancia 
en varios departamentos de la República» y nues- 
tro pensamiento fué apoyado en la reunión que el 
18 de Febrero último celebró el Club « Francisco 
Bilbao» de Montevideo,, que cuenta en su seno 
obreros" tan meritorio* é importantes como los 
doctores Luis Melián Lañnur, Pedro Hormaeche, 
Juan Paullier, Joaquín Canabal, el ingeniero Fe- 
derico N. Anadie, y tantos otros. 

Dicho centro es un ariete formidable contra el 
clericalismo, pues su propaganda no descansa un 
sólo instante, y en él se dan conferencias públicas 
todos los sábados 

Tuvimos el honor de hacer acto de presencia 
en la mencionada reunión, y nos convencimos una 
vez más deque la idea liberal, si duerme en mu- 
chos cerebros, tiene allí dignos representantes y 
propagandistas, como los tiene en el Casino « Li- 
bre Pensador» del Carmelo, en la «Unión Liberal» 
de Paysandú, en el «Club de Obreros» de Monte- 
video, en el «Vázquez y Vega» de San José, en el 
fundado en Sayago por el doctor Regales y demás 
convencidos liberales, etc, etc. 

En el Club «Francisco Bilbao» manifestó su 
Presidente que la fundación del Partido Liberal 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



251 



les preocupaba, como á nosotros, y que en el mes 
de Mayo próximo se piensa celebrar ur» Congreso 
para discutir sus bases y emprender la campaña 
en todo el país, pues á ese Congreso han de con- 
currir delegados de toda la República. 

Por otra parte, la benevolencia con que fuimos 
acogidos en la conferencia del 18 de Febrero, se- 
gún se verá por las dos transcripciones que ha- 
cemos en seguida, nos alienta para no desmayar 
en los propósitos que nos anima. 
La Tribuna Popular fecha 28, dice lo siguiente : 
CLUB «FRANCISCO BILBAO » — La confe- 
rencia hecha en la noche del sáb ido en este centro 
liberal por el señor Magdaleno fué bastante inte- 
resante. Fué un trabajo es aieral mente filosófico 
estudiando al hombre desde su infancia á través 
del tiempo. 

El conferenciante fué bastante aplaudido y la 
concurrencia que asistió muy numerosa. 

El presidente de dicho centro doctor Hormaeche 
dedicó un improvisado discurso al distinguido ciu- 
dadano don Setembrino Pereda, poniéndose de pié 
la concurrencia al lomar éste un sitio preferente en 
la comisión directiva. 

El señor Pereda, a, pedido d ¿l auditorio, subió á, 
la tribuna y pí enunció un brillante discurso, lleno 
de entusiasmo por la causa libera*. 

La España de la misma techa, hablando de di- 
cha reunión, dice a su vez: 

« Numerosa concurrencia asistió anteanoche á 
la conferencia dada en el club liberal « Francisco 
Bilbao. » 

« El conferenciaiite,seíor Magdaleno, fué, con 
justicia, muy aplaudido.» 

« La concurrencia hizo una ovación al señor Se- 
tembrino Pereda, que asistió al acto acompañado 
de varios amigos. Poco después habló el señor 
Pereda, demostrando la necesidad de organizar el 
partido liberal.» 



252 



SETEMBRINO E. PEREDA 



« Fué interrumpido varias veces por atronadores 
aplausos.» 



Sr. D. Setembrino E. Pereda. 

Mi qnerido amigo: si vale beae est, ego oaleo como 
decía Cicerón. 

Me complazco en felicitarle por las muchas ova- 
ciones de que ha sido < bjeto en esta capital por las 
brillantes manifestaciones de su bien cultivada inte- 
ligencia, y de su corazón siempre puro y palpi- 
tante al calor fecundo de ideas nobles y generosas 
tendentes al bienestar de sus conciudadanos. 

Yo le admiro regocijado, porque me enorgullece 
de ver lo durante tan largos años de amistad, siem- 
pre franco y leal, y siempre honrado, de espíritu 
puro, de sentimientos rectos, de carácter firme, y 
perseverante en su» propósitos patrióticos, gran- 
des y desinteresados. 

Siga usted esa honrosa ruta que tiene emprendi- 
da, que la patria podrá sentir algún dia los benefi- 
cios de los esfuerzos de Vd. 

Sin más, y deseándole prosperidaJ, se repite su 
aftmo c^migo — R. de PeñaforL 

Montevideo, 28 de Marzo de 1893, 

El Club Francisco Bilbao, consecuente con lo 
expuesto por su Presidente, de realizar un congre- 
so liberal, pasó la circular siguiente á la prensa y 
asociaciones liberales del país. 

Montevideo. Marzo de 1893. 
Señor: .... 

Los continuos avances del clericalismo en este 
suelo sud-americano y sobre todo en un país de ins- 
tituciones tan liberales como la República Orien- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



tal del Uruguay, van 1 lamínelo ^érinmente !i 
atención de !>s liberales, hasit el p*m U » *\* consi- 
derar el 'Subsiguiente peligro que eorren^queHas 
de caer bajo el imperio de un gobierno de repre* 
mentación teocrática. Y los que opinamos libre 
mente en materia de religión; los que somos parti- 
darios de la libertad de conciencia; los que senti- 
mos y pensamos que la patria es .grande, fuerte y po- 
derosa, y queremos que lo sea, cuando toma por 
factores de su desarrollo la civilización, el progre- 
so, y la práctica de los más puros principios demo- 
cráticos, no podemos ni debemos permanecer in- 
diferentes, ante las continuas conquistas del cleri- 
calismo en nuestro país. 

Sabido es que la hueste clerical trab «ja con 
ahincó, con fervor, con perfecta unidad de miras, 
y con todas sus fuerzas — alimentadas y protegidas 
por el entusiasmo y la fé que animan á sus satélites 
— para conseguir el triunfo de sus idea es, ó sea la 
dominación de las eoneiencus primero, y la del pais, 
más tarde. La propaganda constante que, en este 
sentido, se viene haciendo, no solo llega á todos los 
ámbitos de la República, smo que traspasa los 
mares y pivtende llegar á Roma, para volver sus 
propagan l tetas, escudados por el brillo falso y en- 
gañador de una aureola de santidad con que fasci- 
nar á la ignorancia y fomentar la superstición, 
únicas armas de las que pueden hacer uso en esta 
progresista tierrazos enemigos eternos de la Cien- 
cia, de la Luz y de íá Verdad. 

Más, á pesarjde la tremenda crisis que nos ago- 
bia, que nos preocupa, y que nos anonada, s'n dar- 
nos siquiera tiempo para pensar tan sólo en lo má * 
perentorio para 'a vida; á pesar de que nos vemos 
obligados á concretarnos al dia áé hoy, sin poder 
discurrir sobré el de mañana; no poresto deja de 
estar alerta el cub liberal Francisco Bilbao, que 
considera oportuno tratar de organizar los elemen- 
tos liberales del país, pugnando por la sanción de 



254 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



nuevas disposiciones democráticas, paradetener el 
cinso invasor del clericalismo. 

Por estas razones y teniendo en cuenta lo acor- 
dado en Asamblea General de este Club, la Junta 
Directiva cree llegado en caso de llevar á cabo 
algunos trabajos de verdadera importancia para el 
porvenir de este pais; y al efecto, haciéndose intér- 
petredel sertimiento que anima á todos lo^ libe- 
rales, toma lainiciativa para la celebración de un 
« Congreso, Liberal », en esta ciudad, con el pro- 
pósito de establecer una liga de todas las soc ? eda- 
des liberales, de la República, bajo el plan y á te- 
nor de las constituciones ó reglamento que el mis- 
mo Congreso determine. 

A este fin, cada sociedad liberal mandará sus 
representantes al referido Congreso, de acuerdo 
con io dispuesto en el articulo 4.° del reglamento 
de este Club, con autorización suficiente para acep - 
tar, y acatar, y en caso obedecer, en nombre y re- 
presentación de sus respectivas sociedades, los 
acuerdos y disposiciones que en él se tomen. De 
esta manera se conseguirá, fácilmente, establecer 
un plan uniforme de propaganda liberal en toda la 
República, cuyo provechoso resultado será siem- 
pre en bien del pais. 

A dicho Congraso podrán también mandar un 
representante, ca<la uno de los diarios ó periódi- 
cos liberales de esa localidad, de cuya existencia 
le agradeceríamos se sirviera Vd. darnos noticias, 
ó bien de invitar en nuestro nombre, á sus respec- 
tivos Directores. 

Si ios pronósitos que animan al "Club liberal 
Francisco Bilbao", son del agrado de esa Redac- 
ción, cuya fecha se anunciará oportunamente, se 
viera honrado con la representación déla misma. 

Esperando su favorable adhesión, á la mayor 
brevedad posible, tenemos el gusto de remitirle 
adjunto el reglamento de este Club, y reiterarle la 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



255 



expresión sincera de nuestra más cordial frater- 
nidad. 

Doctor Pedro Hormaeehe. Presidente. — 
Doctor Juan Paulier, Doctor Joaquín 
Canabal, Vice Presidentes. — Manuel 
Echevarría, Tesorero. — Pedro Rodri- 
gue^ Bibliotecario. — Justo Rodrigue*. 
Baldomero Pujadas, Secretarios. 



Complacidos de su digna actitud, enviárnosle 
nuestra enhorabuena, á la cual respondió en es» os 
términos; 

Montevideo, 8 de Mayo de 1893. 
Señor don Setembrino E. Pereda. 

Paysandü. 

Distinguido señor: 
La Junta Directiva de este Club ha visto con 
placer su adhesión al Congreso Liberal próximo 
á verificarse, y agradece cordialmente su genero- 
so donativo" de ocho volúmenes para la Biblioteca 
de esta asociación. 

En nombre de ésta, pues, y de mis demás com- 
pañeros de Junta, me es sumamente agradable, 
felicitarle por su digua actitud en pró de las ideas 
liberales, y agradecerle de una manera bien senti- 
da su decidida cooperación para e< fomento de 
nuestra naciente Biblioteca. 

Aprovecho esta ocasión para reiterarle la ex- 
presión sincera de mi maycr aprecio y mi consi- 
deración más distinguida. ¡Salud y prosperidad! 

Pedro Hormaeehe, Presidente. 
Baldomero Pujadas, Secretario. 

En la nota aludida, decíamos: 



256 



SETEMBRINO K. PEREDA 



u Véo con íntimo regocijo que el centro que usted 
dignamente preside, persiste en el levantado pro- 
pósito de celebrar un Congreso liberal. 

El clericalismo no descansa en su oscurantis- 
ta y perjudicial propaganda. Es necesario, pues, 
que los liberales salgamos de la inacción, y agi- 
temos, sin vacilaciones injustificables, la bandera 
de nuestro credo, para quS á su sombra se agru- 
pen todos los libres pensadores de la República*" 

La Redacción del diario El Paysandú, en su nú-' 
mero correspondiente al 22 de Marzo, al publicar 
la precedente circular, decía: 

''Parece que, por fin, el elemento liberal de la 
República entra á iniciar una campaña séria con- 
tra los avances del clericalismo. 

u Alentado este último por las contemporizacio- 
nes oficiales, hábilmente explotadas por el señor 
Ministro de Gobierno, no desperdicia oportunidad 
para arrancar al Estado todos los beneficios posi- 
bles para su causa, llegando en la insensatéz de 
sus pretensiones, & soñar con la abolición de las 
reformas liberales llevadas á cabo con tan buen 
éxito en el orden institucional de la República." 

Estas apreciaciones vienen en apoyo de la tésis 
que venimos sustentando, ó sea, que peligran las 
conquistas liberales si dormimos sobre nuestros 
laura les. 

La mayoría de la prensa del país abundó en 4 , 
iguales concentos, al dar' cabida á dich.i circular, 
lo cual dá también sobrada razón a nuestra pro- 
paganda. 



El Club Liberal "Vázquez y Vega" fundado en 
el Departamento de San José, nos favoreció con la 
siguiente, invitación telegráfica para uno de sus 
festivales: 

Murzo.28— 3.10 p. m. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



257 



Cipriano Nadal 

San José. 

áSejembrino E. Pereda 

Paysai du. 

En nombre ¿el Club Liberal de esta localidad 
cábeme el honor de invitar á Vd. para ta velada 
literaria con que este centro celebrará el 2 de 
Abril su ñesta inaugural. 

Significóle también la satisfacción con que ;os 
liberales del Departamento oirían ¿n aquel acto 
los acentos de su palabra entusiasta y viril. 

AI agradecer tan galante y honrosa invitación, 
— que no püdím-is corresponder debido á causas 
agenas á nuestra voluntad, decíamos: 

u Es digna de aplauso la actitud de los centros 
liberales de la República, que se aprestan á la lu- 
cha, ante los avances desmedidos del clericalismo, 
que entrañan miras absorventes." 

Hoy, con mayor motivo podemos repetir esta fra- 
se, pues el país se halla amenazado de tener al 
frente desús destinos á uno de los más entusiastas 
é intransigentes partidarios del papismo y sus fu- 
nestas doctrinas. — Y esto nos aferra mas en la 
opviiófi de que conviene organizar sensatamente 
los elementos libérales, á fin de estar prestos á. la 
lucha, sin temor de que él Aníbal del catolicismo 
nacional se halle á las puertas amenazando tomar 
por asalto la Presidencia de la República. 



La Luz, periódico anticlerical y órgano del Ca- 
sino JJbre Pensador del Carmelo, al insertar una 
consulta que .evacuamos al señor José S. Patón, 
que lo preside, ños honra y estiniula con las si- 
guientes apreciaciones: 

17 



258 



SETEMBRlNO E. PEREDA 



El Sr. Dn. Setembrino E. Pereda, distinguidí- 
simo correligionario nuestro, campeón esforzado 
y valiente del libre pensamiento, una de las pri- 
meras figuras del partido liberal de la República, 
á pesar de no conocernos y á pesar también de 
permitirnos (delito grave, según el código* aristo- 
crático) dirijirle nuestra humilde consulta, nos 
responde en la correcta forma siguiente: 

«Acabo de recibir (9 a. m.) su atenta nota fecha 
17 del corriente, y en atención á la urgencia que 
encierra, me apresuro á acusar recibo de el ( a y á 
evacuar la consulta con que se me favorece». 

"Pregunta Vd. s* el mero hecho de imprimirse 
el Semanario anticlerical La Luz por un estable- 
cimiento tipográfico adverso á. sus ideác, por no 
ha^er convenido continuara viendo la luz en otro 
que no lo era, importa hacer causa común con el 
clericalismo, y á ello respondo: 

"Si dicho semanario y el Directorio del centro 
que lo sostiene y que Vd. dignamente preside, 
mantuviesen el mismo credo en materia religiosa 
que el propietario de la tipografía aludida, y que es 
tenido por ferviente católico,— La Luz y Vds. trai- 
cionarían los principios proclamados por el Casi- 
no Libre Pensador; pero sucediendo, como sucede, 
todo lo contrario, según se desprendo de la lectura 
de los materiales que contiene dicha publicación, 
— su propaganda se ajusta estrictamente á los 
altos idealesque perseguimos los verdaderos libre- 
pensadores". 

" Yo he s: steñido siempre, y lo pon^o en prác- 
tica, — aúnque no se use para conmigo la reciproci- 
dad debida, — que es preciso demos preferencia en 
la encomendación de trabajos y compras, en igual- 
dad de casóse á los que profesan nuestras ideas; 
pero de aquí á que esa protección no tenga lími- 
tes, dando márjen al abuso, so pretexto del compa- 
ñerismo de causa, média un abismo. 

"Por consiguiente, si la impresión de La Luz 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 25y 



en la tipografía de EL Poroenir era de mayor costo 1 
ó ofrecía ménos ventajas á los bien entendidos in- 
tereses de ese centro, que las Que ofrece en la ac- 
tualidad, apareciendo por la de El Progresista, no 
vacilo en opinar que han obrado Vds. correcta- 
mente". 

k ' Sin embargo, creo que esta pequeña disiden- 
cia podría subsanarse fácilmente siempre q'no 
exista algún formal compromiso con el estableci- 
miento tipográfico en que hoy se edita, poniéndose 
en las mismas condiciones que ésté el Director ó 
Gerente de El Poroenti*\ 

"De cualquier modo, repito,— el Directorio del 
Casino Libre Pensador y La Lus^ no pueden ser 
tachados con justicia de compinches del clerica- 
lismo, puesto que lo combaten sin vacilaciones 
pueriles, que sólo caben en el espíritu de los cre- 
tinos ó tartufos del libre pensamiento". 

"Dejando asi evacuada su consulta y haciendo 
votos por que el amor á los principios aune todas 
las voluntades, para bien común, lo saluda atenta- 
mente su correligionario y S. S. 

Setembrino E. Pereda. 



En cuanto á la parte política, los debates que 
han promovido en la prensa las importantes car- 
tas que nos dirijieroa varios distinguidos compa- 
triotas y amigos, ^muestran la trascendencia que 
encierran los tópicos por nosotros puestos en tela 
de juicio y que hoy desarrollamos más amplia- 
mente en este libro. 

En obsequio á sus autores, nos complacemos 
en transcribir lo que. dijo La Rosón respecto á va- 
rios de ellos. 

En su edición de la mañana, fecha 5 de Febrero, 
decía: 



SETEMBRINO E. PEREDA 



"IMPORTANTES DOCUMENTOS POLÍTICOS 

Publicamos en sección preferente los documen- 
tos que desde Paysandú nos envía nuestra^ apre - 
ciable colega y correligionario señor Setembrino 
E. Pereda y que atañen al partido constitucional. 

La extensión de esos documentos y la rápida 
lectura dé los originales r.o han permitido á nues- 
tra redacción ocuparse ae la cuestión de que tra- 
tan en este número. 

Recomendamos entretanto la lectura de esas 
cartas suscritas oor distinguidos conciudadanos, 
cartas que no ser«\n las únicasVpues entendemos 
que otros correligionarios han contestado ya ; al 
señor Pereda y otros lo harán en los primeros 
días de la entrante semana 

En la del 7, agregaba: 



"CARTA DEL DOCTOR DON JUAN CARLOS BLANCO 

Publicamos en la sección editorial la carta que 
el doctor Juan Carlos Blanco ha dirijido al señor 
Setembrino E Pereda, en contestación á. la que 
éste dirigió á varios de sus 'correligionarios cons- 
titucionalistas sobre la actitud que debía asumir el 
pariido en la actualidad 

La caria d l doctor Blanco es un documento po- 
lítico de alta importancia, en el cual nuestro dis- 
tinguido conciudadano aprecia la situación del 
momento, con recto criterio, marcando el 1 único 
rumbo que queda abierto á las ' nobles aspiracio- 
nes del patriotismo. 

Continuamos también cueste numeró la puült- 
cación del señor Pereda sobre' la misma cues- 
tión." 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 261 



Y en la del 17, al ciar acojida á la del doctor 
Aramburú, se expresaba en estos términos: 

"CARTA DEL DOCTOR ARAMBURÚ 

Damos cabida en la sección editorial á la car- 
ta que nuestro correligionario, doctor Domingo 
Aramburú, dirije al señor Setembrino E. Pereda, 
contestando & la que éste dirijió á varios miem- 
bros conspicuos, del partido constitucional, pidien- 
do opinión respecto de l.i actitud que debía asu - 
mir nuestra comunidad política en la actualidad. 

"Y a propósito del señor Pere a, aprovechamos 
esta oportunidad para saludar á ese estimable 
conciudadano, llegado anteayer <ie Paysando, 
acompañado de su distinguida familia. 

El señor Pereda ha sido muy visitado desde su 
llegada, en su alojamien'o en el Hotel Español, 
donde, según tenemos entendido, permanecerá du - 
rante algunos días, que deseamos le sean gratos. 

Cumplido esto deber, y volviendo al tema de es 
te suelto, creemos escusa do recomendar la lectura 
de la carta del doctor Aramburú, que es siempre 
en política nuestro apr«ciable correligionario, aún 
cuando en otras cuestiones, que va!e más no men- 
tar, hayamos andado tropezándonos." 

Por eso al regresar á nuestra residencia, diri- 
jimos las siguientes líneas al Director del referi- 
do diario, quien las encabeza con los benévolos 
conceptos que las preceden: 

EL SEÑOR SETEMBRINO E. PEHEDA 

Regresa esta tarde para Paysandú, después de 
algunos di*s de residencia entre nosotros, el señor 
Setembrino E. Pereda bien conocido en nuestra 
prenso desde años atrás, y que recientemente pro- 



2G2 



9ETEMBR1N0 E. PEREDA 



vocó con sus cartas la interesante cuestión poli • 
tica en la que han colaborado distinguidos ciuda- 
danos. 

El señor Pereda ha sido merecidamente agasa- 
jado durante su estadía en Montevideo, y grato á 
las demostraciones de que ha sido objeto, nos pi - 
de antes de retirarse la inserción de las siguientes 
líneas: 

Señor Director de La Razón. 
Apreciable compatriota: 

Antes de ausentarme de esta capital, cumplo con 
el grato deber de agradecer á usted la benévola 
acojida que ha sabido dispensar á mis publicacio - 
nes políticas, lo mismo que á mis numerosos y 
buenos amigos por las deferencias con que he si - 
do tratado 

El benemérito Club Liberal Francisca Bilbao 
obliga también mi reconocimiento por la honra 
que me tributó en la conferencia del 18 del co- 
rriente. 

En la ciudad de PaysandQ, lugar de mi residen- 
cia, quedo á la disposición de todos, ya como libre 
pensador, como ciudadano bien inspirado ó como 
simple miembro de aquella culta sociedad. 

Saluda atentamente al señor Director, estimán- 
dole la inserción de estas líneas, su afectísi- 
mo S. S.Seíembríno E. Pereda. 

Montevideo, Febrero 27 de 1893." 

No se perderá pues, en el vacío nuestra árdua 
labor, que cuando ménos tiene el mérito de la sin- 
ceridad y del amor á la causa. 

Sabemos que en e3ta época de bizantinismo 
político, en que el lábaro del estómago marea mu- 
chas cabezas, y en que el laissez faire, laissez pas- 
ser constituye el modo de ser de considerable 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



26.3 



número de ciudadanos, no es posible reaccionar 
en un día, saliendo dei indiferentismo censurable 
de los que todo lo esperan del poder de las ideas, 
como si éstas se abriesen paso é hicieran carne 
por si solas, sin apóstoles decididos y en entusias- 
tas que las agiten y realicen. 



El Dr. Eduardo Acevedo, que es uno de los li- 
berales de valer, por su ilustración y anteceden- 
tes y que fué de los distinguidos compatriotas y 
amigos que consultamos, perú que por fuerza 
mayor no pudo contestarnos á la brevedad reque- 
rida, — si bien no crée que en la actualidad d«l 
país sea re lizable la formación del ¿Partido Li- 
beral, — está muy léjos de opinar que él importe 
un peligro para la sociedad y que no haya de crear 
se como una necesidad imperiosa, en época más ó 
ménos cercana ó remota. 

En efecto: en e i mes de Febrero último, duran- 
te nuestra a rta permanencia en Montevideo, ha- 
blando al respecto, nos decía: 

«Yo ma explicaría bien la necesidad de dar 
organización al Partido Liberal, si ya hubiéramos 
echado las oases de nuestra organización política 
y gozaran medianamente los partidos del dere ho 
electoral; pero siendo un problema cada dia más 
tremendo el funcionamiento de nuestro régimen 
institucional, (como todavía acaban de provarlo las 
elecciones de Senadores) los partidos no pueden 
levantar otra bandera que la del curnpMmiento de 
la (institución. 

« Para demostrarlo, agregaba, basta saber que 
según afirma uno de lós más inteligentes diputados, 
si ante la actual Cámara se planteara el problema 
religioso, la mayoría votaría sin vacilar por la 
separación de la Iglesia y el Estado. » 



2*54 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



A e-to le objetamos, sin embargo, — y halló 
sobrado fundamento á nuestra observación, — que 
no por existir esa mayoría podia decirse, una vez 
arganizado el Partido Liberal, que éste hallábase 
en el poder, desde que es notorio que la Asamblea 
se integra con absoluta presindencia del p<ís. 

Precisamente, — repuso el Dr, Acevedo, — eso 
prueba que hay que empezar por H principio, que 
afianzar primeroel cumplimientoUe la Constitución 
sin perjuicio de que una ve¿ resuelto dicho proble- 
ma, se aborden los demás, entre ellos el heligio- 
so, que ttene stn duda alguna, gran importancia, 

Indudablemente: el país no ha entrado todavía 
de lleno en una verdadera era constitucioná! porque 
los continuos disturbios políticos desarrollados en 
su suelo y la sucesión de malos gobiernos no han 
ermitido que se disfrute, como fuera de desear, 
e los beneficios de las instituciones libres; pero 
4 acaso eso es un obstáculo para que se acelere 
la formación de dicho Partido ? ó sus afiliados no 
podrían bregar por el reinado de la ley y el res- 
peto álos derechos del ciudadano? 

Nos basta, empero que el Dr. Acevedo reconozca 
la gran Importancia dd problema religioso, y que 
no juzgue improcedente, si m hoy, al ménos maña- 
na, la realización del pensamiento que perse- 
guimos. 

La cita que nos hizo del diputado de la presente 
Legislatura, dá razón á nuestra propaganda; por- 
que demuestra que la mayoría de los ciu ládanos 
es liberal; y siendo esto cierto, ¿qué inconveniente 
puede haber de que se forme esa colectividad poli- 
tica entre nosotros * 

Ninguna, ciertamente; porque formada de ele- 
mentos nación iles, — pues no otros la constituirían 
aunando las voluntades y habiendo patriotismo, se 
lucharía por el afianzamiento del régimen legal. 

De lo contrario, si se vá á esperar la oportunidad 
de que se nos habla, ésta puede llegar tarde ó nun- 



NI RETRÓGRADOS NI-TAKTUFOS 2f>5 



ca, en el concepto de los que no la encuentran hoy, 
pues siempre se objetaría lo mismo, haciendo un 
argumento «-terno de lo que solo puede tomarse 
como un sofisma ó como un justificativo de simple 
actualidad. 

Varias publicaciones diarias y periódicas de 
la República, han dado también la voz de 
alerta contra el clericalismo, apoyando nuestras 
ideas, — y La Tribuna Popular de Montevideo, 
fecha 25 de Marzo último, en un artículo en que 
estudia la política de actualidad, ó sea, el problema 
presidencial, contiene estas entusiastas frases: 

"Hay entre nosotros un partido que aun no ha 
medido sus fuerzas en el campo de la política: un 
partido poderoso por lo avanzado d<* sus ideas y 
por el número de sus afiliados. 

EL liberalismo ha echado hondas raíces en la 
República. 

El liberalismo puede salvar al país con elemen- 
tos propios, proscribiendo las tendencias materia- 
listas que el tradicionalismo sostiene aún en el 
estertor de su agonía. 

Organicemos esa agrupación de progreso, ese 
partido humanitario lleno de vida y de saludable 
enseñanza. Alguno preguntará: ¿dónde están los 
organizadores? 

Si no ios hay se improvisan. No faltan en la 
República hombres honorables, inteligencias es- 
clarecidas que asumir puedan la patriótica labor 
de organizar y dirigir al partido liberal". 

Miéntras esedia no llegue,— que no será tardío, 
sin embargo, — cúmple á los partidarios decididos 
trabajar Cun ahinco j or su pronto advenimiento. 

De cualquier modo, la simiente está arrojada, y 
abrigamos la convicción de que, tiempo más, 
tiempo ménos, ha de fructificar para bien de los 
altos ideales que perseguimos; porque la creación 
del Partido Liberal se impone. 

El Congresj inaugurado el 18 de Julio úlütm , 



266 SETi-.MBRINO E. PEREDA 



por iniciativa y bajo los auspicios del Club 
«Francisco Bilbao» es un buen augurio, pues en 
él se hallan representadas la prensa y asociacio- 
nes anticlericales del pais. 

Sus df liberaciones por lo tanto, han de influir 
en pro de nuestras tendencias. 

kn su opúsculo El gran lamento ó el derecho de 
revolución, recientemente publicado pag. 9, dice su 
autor nuestro compatriota, D. Francisco Caraciolo 
Aratta, que, el Partido Liberal es el gran partido 
del futuro, que no reconoce banderías ni divisas de 
color odiosas,— y en el último libro del Sr. Don 
Constante G. Fontán Illas, pág 374, — ocupándose 
de las colectividades políticas en que se divide la 
opinión del país, — se expresa así á su respecto el 
Coronel D. Benigno P. Carámbula: 

« El Partido Liberal, que empieza hoy con sus 
primeras alboradas, sirviendo de efugio á la ma- 
yor parte de nuestros hombres ilustres, es como el 
hombre jó ven: domina voluntades y se acerca para 
estimularlas en cuanto valen por sus virtudes y 
su talento. 

« Este llegara á ver gran partido en el porvenir » 

Además, nadie en el país ha combatido la idea 
de su formación, pue¿ únicamente la han creído 
prematura alguno? de los compatriotas cuyas car- 
tas po lincas ñguran en este libro. 

Solo en un panfleto político aparecido en Buenos 
Aires se pretende desmerecerla. 

Pero i o puede darso mayor importancia á la opi- 
nión de un escritor que endiosa la excecrable per- 
sonalidad de Manuel Oribe y 'deprime la del bene- 
mérito César Diaz. 

VIII 

El país ha empezado á salir de la estagnación 
en que yacía. La apertura de los Registros Cívicos 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS ¿67 



aún cuando no ha despertado el patriótico entusias- 
mo de otras épocas, es un incentivo para aguijo* 
near la conciencia cívica y partidista. 

La inscripción se produce lenta en casi todos los 
departamentos, pues muy poca ó ninguna fé se 
abriga en !a legalidad de los próximos comicios, 
pero ella denota cierto movimiento en la opinión, 
el que ha d^ acrecerá, merced que se acerque más 
y más el dia designado para las elecciones gene- 
rales. 

Por otra parte, ya la cuestión presidencial preo- 
cupa la atención de la prensa pues sin ningún ór- 
gano de publicidad ha levantado candidatura al - 
gu^n,para dar bandera ásu propaganda, á, cuya 
sombra puedan agruparse los ciudadanos que con 
ella simpaticen, — en cambio son varios los oo.n- 
bresquesehan hecho públicos como aspirantes 
candidatos á la subrogación dr.l Dr. Herrera y 
Obes en la primera magistratura nacional. 

El Dr. José K Ellaurí es ui o de ellos. 

¿Quién no conoce al ex-presidente de la Repú- 
blica den otado por el motin militar del 15 de Enero 
de 1875? ¿ Quién no sabe que ese ilustrado ciuda- 
no, á pesar de su honradez cívica y las bellas 
prendas personales que le adornan, tuvo la culpa 
de lo que entónces ocurrió, pues no quiso escuchar 
á sus amibos, que más previsores que él, le habian 
señalado el inminente peligro ? 

El Dr. Juan Carlos Blanco, siendo miembro del 
Senado ioierpeló al Poder Ejecutivo, con motivo 
de haber asistido a la Plaza Constitución, el Coro- 
ne! Lorenzo Latorre, al frente de su batallón, el 
1°. de Marzo de 1873 con el propósito de imponer 
su voluntad al Cuerpo Legislativo en pró la can- 
d'datura del mismo Dr. Ellauri. 

En la sesión respectiva, y.omo decimos en la 
pág. 33 de nuestro tibro misceláneas, tomo II, á 
que acudieron los Min istros,— el Dr. Bianco llevó 
al¿extremo la interpelación haciendo las más duras 



2(38 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



apreciaciones sobre el proceder de Latorre y 
exijiendo que el P. E. arrestase inmediatamente á ese 
jefe y lo enjuiciara por su actitud, que no era otra, 
decía, que la «de la asonada y el motín.» 

Su moción no fué ni siquiera apoyada, y el Gon 
bierno miró con indiferencia la justa observación 
de un senador de la República, cuyos antecedentes 
y altivez cívica valían tanto como el voto de la 
Asamblea 

Latorre se sintió alentado en la impunidad de 
su punible conducta y el doctor El lauri crió un 
cuervo que más tarde había de sacarle los ojos. 

Su debilidad y extremada confianza en ciertos 
elementos que le rodeaban fué causa de su ruidosa 
caída. 

¿Podría, pues, con un pasado que tanto le abru- 
ma, ser bien recibido por el país si ocupara nue • 
vamente la silla presidencial? No lo caemos, mé- 
nos aún si su candidatura es hija del oficialismo. 

Además, al frente de los destinos nacionales se 
necesita un hombre de mayor talla que el doctor 
EUauri, un ciudadano que reine y que gobierne, 
capáz de afrontar todas las situaciones cor. firmeza 
de ánimo y de carácter. 



Otro de los candidatos que se nombra^ lo es el 
general Luis Eduardo Pérez, actualmente Ministro 
de Guerra y Marina. 

¿Es viab e su candidatura? ¿Habrá quien la apo- 
ye sériamente? Lo ponemos en duda.- El juicio que 
nos mereció en el período anterior, cuando tam- 
bién se le proclamó candidato, no tenemos por qué 
rectificarlo al presente, y es muy probable que 
sus amigos y sostenedores de entonces sean los 
primeros en quemar contra él hasta el último 
cartucho. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 269 



El doctor Julio Herrera y Obes, su adversario 
de la víspera, le ha hec'.io su amign en !a= actuali- 
dad, y taha dado un puesto en su Gobierno, á su 
lado, para quebrarle y anularlo como futuro can- 
didato 



Don Francisco Bauza, también Ministro Secre- 
tario de la cartera de Gobierno, pasa noches de 
insomnio pensando en la Presidencia. 

1 Bendita ó maldecida matrona cuya mano cuen- 
ta con tantos aspirantes ! 

El seftor Bauzáy sus correligionarios en c¿een- 
oías religiosas hacen inauditos esfuerzos por arar 
hondo en la opinión y conquisiar elementos; pero 
su propaganda clerical ha de perderse en el vacío 
de la impopularidad. 

El país es liberal en su inmensa mayoría y no 
ha de permitir que rija sus destinos un manda- 
tario enemigo de la libertad de conciencia y más 
amigodel Vaticano, del Papa y del Syllabus,que 
de Ta tierra en qu-í ha visto la luz y de las leyes 
adelantadas que tiene. 

Los hombres de su arraigad») fanatismo son ca 
tólicos ántes que ciudadanos; respetan y aman 
más las órdenes y encíclicas de León XIII y sus 
satélites, que los mandatos de la Constitución del 
Estado; y su voluntad ejerce mayor imperio en su 
ánimo que la Soberanía Nacional; porque se deben 
y entregan en cuerpo y alma á las deliberaciones 
de la Iglesia y del papado. 

Bauzá en la Presidencia de la República sería 
más fatal al país que el cólera mórbus y que la 
fatídica caja de la Eva de la mitología helénica. 

No habrá pues, entre nosotros ningún candido 
Epimeteo que acepte semejante presente, porque 
los ciudadanos bien intencionados,; que rindan cul- 



270 



SETEMBRINO E. PEREDA 



to al patriotismo y á la libertad, han de combatirle 
sin descanso, — y aunque el Júpiter del clericalismo 
simule sus menguadas intenciones, para hacerlo 
pasable— el Prometeo del civismo lo rechazará 
indignado. 

¿Qué le debe la Nación y qué puede esperar de 
él? Nada, absolutamente nada. — Solo el Catolicis- 
mo cif. a en su persona halagüeñas esperanzas; 
porque, como alguien ha dicho, es uno de los más 
esforzados campeones con que cuenta en la Repú- 
blica Oriental del Uruguay. 

Al frente de los destinos nacionales representa- 
ría el autoritalismo y la teocracia, y guay ¿ dé sus 
adversarios en religión y en política. 

Ahí están, para condenarle, sus folletos relati- 
vos al matrimonio civil y á los conventos, sus 
artículos en El Bien Público y -1 Diario Católico, 
sus furibundos discursos en la Cámara de Repre- 
sentantes, de que formó parte, en pró del matri- 
monio religioso, y su proyecto tendente á modi- 
ficar radicalmente las leyes liberales que rigen el 
estado-civil de las personas y sancionan y ga- 
ránteu la formación y el hogar de las familias. 

Ha sido también Rector de la Universidad Cató- 
lica de Montevideo, delegado en el congreso cle- 
rical argentino, miembro activo é influyente de la 
comisión encargada de llevar á efecto un congreso 
católico en la capital, y fué fundador y Presidente - 
del Instituto Pedagógic > y del Gírculo Católico de 
obreros, instituciones todas ellas que desde su 
instalación han venido combatiendo sin trégua á 
las reformas é iniciativas liber¿iles. 

El Dr. Angel Flora Costa, que comulga en su 
mismo credo político, en un interesante estudio de 
actualidad inserto en el número 1031 de La Ra- 
zón de Montevideo, juzga al Sr. Bauza y su candi- 
datura en los siguientes términos: 

« Hay además otro grupo pequeño, que sigue 
el guión y los ciriales del Ministro de Gobierno— 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 271 



quien, como todos los ascetas que gustan del peca- 
do tarde y se hacen calaveras entrados en años — 
se ha hecho en política crédulo, disip idor del óbolo 
de San Pedro y libertino— y no hay día de que con 
la sotana levantada no ec;ie su canita al aire, con 
comisarios, jefes políticos, y de curiones del parti- 
do colorado, pretendiendo amuchar «ente para for- 
mar un partido á quien promete delicias terrenales 
en este valle, y sueños de houris, con indulgencia 
y plenaria registrada en la Curia parala otra vida. 

En su afán de ensanchar su círculo, sabido es 
que el Señor Ministro de Gobierno, se da como 
aíbacea, testamentario en codiciio reservado del 
Presidente Herrera y prodigar mandas forzosas á 
cuantos quieran prestar oídos á sus liviandades 
mundanas. 

El Dr Herrera y Obes, que con mucha más tras- 
tienda que el señor Bauza, brama ante la sola idea 
de imaginarse que pueda ser en el futuro súbdito 
de su súbdito —guiña ei ojo á todas esas madru- 
gadas de su Ministi o, con la perfecta seguridad de 
que el diaenqueel decoro del candidato eelesíás- 
tido, le imponga el deber ineludible de dejar el Mi- 
nisterio, será «1 dia en que el seráfico Francisco se 
quede sin ministerio y sin candidatura. 

Podrá entregar el Dr Herrera que padece la ob- 
sesión de todos Iók regnícolas, las insignias del 
poder á cualauierentidad neutra que lo garanta con- 
tra un posible Panamá.— pero jamás las entregará 
á caractéres ambiciosos y sombríos como el señor 
Bauza; que viven años y años juntando malos hu- 
mores contra todo So que es liberal — y cuyos ensa- 
yos políticos, tan so b llamaron la atención por sus 
ardientes panegíricos á todas las tiranías que han 
asolado nuestro pais. 

El que lo dude, puede compulsar los discursos del 
diputado Bauzá, en las Cámaras de Latorre — en el 
álbum de Sántos— el protocolo Bauzá— Irigoyen 
con que el jóveu diplomático siendo casi un adoles' 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



cente sirvió al gobierno del señor Pedro Várela, y 
muchas otras páginas memorables, de la facundia 
política catecúmeno al futuro Poder Ejecutivo de la 
Nación, cuyo único capital político, que sepamos, 
son los respetables curatos de campaña, la clerecía 
cosmopolita déla ciudad y unas cuantas cofradí- 
as laicas del pequeño ejército de salvación católica 
— pero nada más. 

Con semejantes elementos, se podrá forjar en 
nuestra país, que en su inmensa mayoría es libe- 
ral, como es liberai también la inmensa mayoría 
del partido c llorado— una segunda edición apostó- 
lica de García Moreno e! del Ecuador— ó un reme- 
do de sacristía del Dr. Francia el del Paraguay — 
pero jomas un candidato sério á la Presidencia 
de la República; que si ba soportado mandones y 
calaveras políticos— no soportará nunca un beato. 

Queremos, pues, creer, por honor al país, que 
estH candidatura cuasi -castrense, es una de las 
muchas carambolas traviesas del doctor Herrera, 
para poder apuntar mejor por tablas á la bola que 
le conviene.» 

Por ende, no pasará de mera ilusión la candida- 
tura del señor Ministro de Cobiei no. Sus amigos 
dispondrán de fuertes sumas de dinero para soste- 
ner p iblicaciones en el momento álgido de la lucha, 
pero no contarán con e'ectores suficientes para 
realizar su clericales miras. Si la mujer pudiese 
votar, quizás obtendría el logro de sus deseos, por 
más que en este siglo de los grandes adelantos, jos 
dioses se van; pero votando, como votan los hom- 
bres, que son los únicos que por nuestras leyes 
tienen derechos y deberes cívicos, pierda toda 
esperanza; porque su inmensa mayoría no parti- 
cipa de sus ideas y tendencias religiosas. 

Y ménos todavía puede alimentar tal esperanza 
en el próximo período presidencial, desde que las 
Cámaras á nombrarse son las encargadas de em- 
prender la reforma constitucional, y en su seno 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



273 



primarán los elementos liberales que han de san- 
cionar, para honra del país, la separación de la 
Iglesia y el Estad»». 

El señor Bauza ha sacado ya los píés del plato 
como simple Ministro de Gobierno, favoreciendo 
cuanto puede á sus correligionarios, ya destinan- 
do terrenos y fondos d^l erario público en favor 
de la Iglesia, ya nombrando empleados de su co- 
munidad, ora poi iendo restricciones á las conquis- 
tas liberales. 

El doctor De Maria nos dice en su carta fecha 
26 de Diciembre último: «Las conquistas liberales 
no peligran —Si peligrasen, seria el caso de agí- 
tamos para defenderlas >» 

Creemos llegado el caso de ponernos de pié, 
porque si bien la candidatura que nos ocupa le- 
vantará, como ya está levantando, formidable re- 
sistencia, la fortuna ayuda á los audaces, reza el 
proverbio, y al García Moreno uruguayo no le 
falta audacia. La prueba está en sus continuos 
avances contra el liberalismo y en la impunidad 
en que quedan hechos escandalosos cometidos por 
Hermanas de la Caridad, cual los denunciados 
por la prensa montevideana, acaecidos en los 
Asilos Maternales núms. 1 y 2 

En L } Italia, La Razón, El Día y La Epoca se 
ha dicho é insistido, que en esas casas de bene- 
ficencia se arrastra de los cabellos á la niñez asi- 
lada; que con un muñeco en una de ellas y con el 
portero en la otra, disfrazados de diablo, se asusta 
á las criaturas, encerrándolas en los sótanos de 
esos establecimientos, para punir las leves faltas 
que cometen; que además se las maltrata á vara- 
zos, se las encierra horas enteras en las letrinas, 
etc., sin que el Fisoal del Crimen, el Defensor de 
Menores ni el Gobierno hayan hecho lo más mí- 
nimo por esclarecer los hechos y cistigarálos 
culpables. 

Por su parte, La Epoca for muló otra gravísima 

i* 



274 



SETRMBR1N0 E. PEREDA 



denuncia, diciendo que la Comí sión de Beneficen- 
cia y Caridad, que dispone de los dineros de la 
Lotería Nacional, no tiene reglamento alguno por 
que r^jirse y que los fondos que recibe los emplea 
en iglesias, asilos religiosos y congregaciones 
católicas, ménosálos fines que les marca la ley 
de su creación. 

cuál es la causa de iodo estol No otra,— al 
menos que se explique,— sinó la influencia que 
ejerce el clericalismo en las esferas del P. E. por 
medio de su representante el Ministro Bauza. 

Ante tales hechos no podemos permanecer 
indiferentes los amigos de 'a causa liberal, y esta- 
mos en el deber, sin distinción de oprniones polí- 
ticas, de aunar nuestra propaganda y esfuerzos 
para combatirle en la prensa y en los comicios. 

Conténtese pues, el señor Bauza con ser Minis- . 
tro, Representante. Senador ó cualquier otra 
cosa, pero aleje de su mente febriciente la idea de 
calzarla Presidencia de la República, porque en 
su tierra no lo conseguirá jamás. 



El doctor Miguel Herrera y Obes, actual Presi- 
dente de la Cámara de Representantes, empieza 
también á ser indicado como candidato. 

¿Es posible tomar á lo sério su candidatura? 

El d •ctor Cárlos Maria Rimirez, — que es su 
amigo y correligionario, — con motivo de atribuír- 
sele trabajos en pró de ella, en carta dirigida á la 
Redacción de El Siglo, dice: 

«Tengo la más alta idea de las condiciones cívi- 
cas del doctor Herrera y Obes; pero, gracias á 
Dios, no he perdido el juicio hasta el punto de ima- 
ginar qu<> nuestro sistema de gobierno es compatible 

CON UNA SUCESIÓN DE HERMANO Á HERMANO.» 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS ^75 



Y dice bien ese distinguido compatriota. Por 
buenas que sean las cualidades cívicas del doctor 
Miguel Herrera y Obes, la circunstancia de ser 
hermano del Presidente de la República, es c?usa 
bastante para que el pueblo no mire su candidatura 
con buenos ojos, pues representaríamos el tristísi- 
mo papel de una monarquía disimulada. 

¿Y quién garante que sucediendo á su hermano 
don Julio, no se crea también conveniente y pa- 
triótico, vencido el período de don Miguel, sostener 
la elevación á la primera magistratura nacional de 
don Lacas Her rera y Obes, y por ese orden, de 
toda su familia? 

No creemos pues, que ningún círculo político 
haga suyaesa responsabilidad, ni aue el supuesto 
candidato admita se le .proclama sérianvinte. 

Pené lope no tenía tantos adoradores co no los 
tiene la Presidencia de la República; pero no se 
conseguirá cegar al pueblo, cual nuevo Polifemo; 
porque aquel, á fuerza de tan frecuentes y funestos 
engaños, ya no se deja seducir por falaces pro- 
mesas. 

Por consiguiente, aúnque surjan candidaturas 
tras candidatura- 4 , y los candidatos ó candidotes, se 
crean con aptitudes para ejercer tan elevado car- 
go y pretendan halagar Ja opinión pública, no con- 
seguirán su objeto. 

El doctor Mig iel Herrera y Obes es un ciudada- 
no ilustrado y de buenos antecedentes; podría, en 
otra época, aspirar lejltimamente á ocupar el si- 
llón presidencial; pero en la actualidad no pasai á 
de una desgraciada iniciativa la de los que le dán 
como candidato para el desempeño de ese alto 
puesto. 



276 



E! doctor Juan Cárlos Blanco ha sonado tam- 
bién como candidato á la presidencia de la Re- 
pública 

Ciu taUa no íntegro, inteligencia preclara* cora- 
zón abierto á las elevadas palpitaciones del pa- 
triotismo, escritor galano, abogado distinguido y 
orador de palabra elocuente y persuasiva,— goza 
de grandes simpatías en el seno del país. 

Sin embargo, su candidatura r.o podrá desgra- 
ciadamente harerse camino e:nre los elementos 
electores, pues el mecanismo electoral está en 
manos de sus adversarios políticos. El doctor 
Blanco es constitucionalista y el partido imperan- 
te, que dispone del sufragio á su entero antojo, no 
le mira con buenos ojos porque no milita en las 
tilas coloradas. 

Ur grupo de jóvenes independientes, que no son 
sus correligionarios, y con él mucho? elementos 
populares, acarició hace algún tiempo el pensa- 
miento de proclamarle cand'dato. Luchábase, em- 
pero, con una dificultad: su filiación política. 

—Si el doctor Blanco vuelve á la colectividad 
de su origen,— que e¿ la que tuvo por principales 
jefes á los generales Rivera y Flores,— será fácil 
obtener el triunfo de su candidatura. S¿ treta de 
una personalidad simpática, y todos la recibirían 
en medio del más frenético entusiasmo, se decía. 

Sus partidarios colorados vacilaron un instante. 
Sabían que daría á luz la importante carta polí- 
tica in *ertaen este libro y se creyó haría en ella 
profesión de fé colorada, separándose del partido 
constitucional paTa tornar al qu í perteneció hasta 
poco ántes del manifiesto de Mayo de 1880 

El desencanto fué terrible,— El Dr. Blanco de- 
fraudó sus esperanzas. Recordó los días de gran* 
deza del partido colorado, evocó los mánes de la 
Defensa y exhortó á la juventud que se llama 
colorada á reaccionar en sentido del bien público, 
colocándose á la altura de sus amigos políticos de 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 277 



aquella ép<»ca legendaria, pero continuó en las 
filas del constitucionalismo. 

Su candidatura desde entónces decayó, y no tiene 
probabilidades de abrirse paso. Si el pueblo pu- 
diese votar con la plena conciencia de la legalidad 
en las urnas, si se abrigas ? la convicción de que 
los Registros Cívicos, no obstante las formas apa- 
ratosas con que se rodean sus actos, no se llena- 
rán de gatuperios» y si las mesasinscriptoras y re- 
ceptoras de votos, lo mismo que las Comisiones de 
tachas y Juntas Electorales constituyesen un ba- 
luarte irresistible á las influencias directrices y 
enervantes del oficialismo, — no cabe duda que el 
Dr. Blanco sería el futuro Presidente de la Repú- 
blica. 

Sus correctos procederes de hombre y de ciu- 
dadano, el aprecio que supo captarse del comercio 
cuando fué Juez en materia comercial, su noble 
actitud en las Cámaras de 1873, habiendo renun- 
ciado la alta investidura de Senador y su cargo 
de magistrado por decoro cívico y personal, — el 
brillante papel que desempeñó durante el Ministe- 
rio del 86, su entereza cívica, ese conjunto, en fin, 
de hermosas cualidades que posée y que realzan 
su personalidad, hacen de él una de nuestras más 
eminentes figuras y le harían un candidato insupe- 
rable si no mediasen las circunstancias enunciadas. 

E\ Partido Colorado hace 28 anos que gobierna 
y no tolera que ocupe la Presidencia nadie que no 
salga de sus filas, aúr.que, como el Dr. Blanco, 
haya sido su ardiente propagandista de ayer no 
más y no comparta migas, en ideas, C3n su* adver- 
sarios de to los los tiempos. 

Hay, por lo tanto, y desgraciadamente, qu^e eli- 
minar su candidatura de la arena del combate, 
reservándola tal vez para mejores días, para cuan- 
do el partidismo exaltado no ponga una venda 
sobre los ojos de los ciudadanos que tienen la sar- 
tén por el mango. 



278 



SETlMBRlNO K. PEREDA 



Descartada !a eximia personalidad del Dr. 
Blanco, ¿ á quién tender la mirada ? ¿ En que ciu- 
dadano fijarse para que ocupe con honra y en bene- 
ficio nacional la futura Presidencia de la República? 

No faltarían, ciertamente, nombres bien puestos, 
compatriotas ilustres, hombres de principins á 
quienes proclamar y elejir, si todos ellos no co- 
jeasen de la misma" pierna que el Dr. Illanco, es 
decir si no formasen en filas opuestas a las del par- 
tido dominante. 

Luego es forzoso fijarle en uno que no peque 
de ese mal, o sea, en un miembro de la colectivi- 
dad colorada. 

El Dr. Angel Floro Costa acaba de proclamarle' 
exornando su personalidad con los * ivos colores de 
su pluma de atleta de la palabra fxcrita,— Ese 
ciudadano io es el Teniente General Máximo 
Tajes. 

«A trabajar en paz por los intereses de la Patria» 
dijo al prestar su juramento de primer magistrado 
de la Nación, cuando fué electo para reemplazar 
á Santos y concluir el período administrativo de 
éste, — y aún resuenan en el oído del pueblo esas 
patrióticas palabras que tanto éco encontraron de 
un confín al otro de la República, 

Oigamos al distinguido publicista, entresacando 
de su estenso artículo publicado en el N a ; 1032 de 
La Razón, los párrafos que consideramos más 
pertinentes al caso 

Léanse, que en ellos se esboza magistralmente 
al candidato. 

Dice el Dr Costa: 

Los candidatos á la presidencia de un país no 
son hijos del idealismo de los partidos ni de los 
hombres superiores — En la etiología política todo 
está encadenado como en la eteologia física y si- 
deral—Ellos son la resultante de un cúmulo de 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



219 



hechos é intereses que se entrelazan para produ- 
cirlos. 

ti Teniente General Tajes se encuentra en este 
caso. 

El primer factor político que ha contribuido á 
volverá colocar su personalidad militar en el tape- 
te de la discusión presidencial — es el fracaso de 
la presidencia civil del Dr. Herrera y Obes. 

Se esperaba todo oe un gobierno civil como el 
suyo— buena administración — progresos materia- 
les— morales— soluciones científicas y levantadas 
á todos los grandes problemas ecorómicos que 
comprometen la vida del país— regeneración polí- 
tica—ascendiente moral y social, de todo lo que en 
el país es honrado y tiene mérito, sea cual fuera su 
color político — en fin, un gobierno de principios 
reparadores y de engre ndecimiento nacional — y 
desgraciadamente el gobierno del Dr. Herrera ha 
sido un oprobio para todo el mundo 

Entónces se ha empezado a? hacer compara- 
ciones — y evocar recuerdos, y al través de ellos— 
el gobierno militar, prudente, circunspecto, bien 
quisto siempre con la opinión pública del General 
Tajes, — lia recobrado nuevos prestigios y su nom- 
bre identificado inconscientemente en las masas 
popu.ares, nacionales y extranjeras, con una época 
de bienestar y abundancia general— se ha ido pro • 
nunciando por todo el mundo, como el éco de un 
bien perdido, y como el símbolo de una resurec- 
ción anhelada— Más tarde las clases superiores, 
civiles y comerciales, lo han ido pronunciando 
también con agrado, llegando hasta encontrar en 
la esfera de los hombres políticos independientes 
esa unanimidad de aprobaciones que hacen de un 
hombre en circunstancias dadas, una entidad polí- 
tica preponderante en la conciencia púUica — del 
mismo modo que llegó á serlo en Méjico, después 
del desastroso gobierno de Lerdo de Tejada — el 
gobi-rno del ger eral D. Porfidio Diaz. 



280 



8ETEMRRIN0 E. PEREDA 



Sucede hoy con el General Tájes, cuando te ha- 
bla de candidaturas populares á la futura presiden - 
cia, algo semejante á lo que sucedió en Grecia 
después de Salamina, cuando los jefes vencedores 
disputaban á quién deberia adjudicarse el primer 
premio 

Cada uno de los jefes se atribuía para si el pri- 
mero — pero el segundo premio todos estaban 
contestes en atribuírselo á Temístocles, que era 
verdaderamente quien merecí;- el primero 

Nosotros no dudamos que haya otros candidatos 
á la presidencia futura, que por sus antecedentes 
políticos y literarios — por su mayor ilustración— 
por su puritanismo exaltado, por su fortuna, ó por 
su posición social, respondan más que el General 
don Máximo Tájes á los ideales del país 

Natural es que cada aspirante á la presidtncií ten 
ga la más alta idea de su snperioridad sobre todos 
los demás, Semejante supremacía e* 4 hasta legl ti- 
ma, mientras no s<ilga del foro interno — pero esta 
mos ciertos que todas esas candidaturas «*n botón, 
están contestes, en que sólo la candidatura actual 
del Teniente General Tájes es la que en las masas 
populares y en los elementos Influyentes de los 
partidos, se aproxima más á la mayoria de sufra- 
gios qu«i se requiere pura exhibirse como una can- 
didatura séria ante el país. 

Como la de Temístocles ésta representa la con- 
ciencia oculta del país — »q e no será tal vez la 
más justa ni la más clarovidente — pero que es 
siempre la verdadera conciencia racional — y la 
única que podría asumir l>s formas victoriosas de 
un plebiscito. 

Cuenta el General Tajes además de esa corrien- 
te uniforme de simpatías, que no por estar en 
estado latente, deja de acentuarse cada día — con- 
un capital político propio, que no es de despreciar- 
se en estos borrascosos tiempos. 

La casi totalidad del elemento militar del país r 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 28¿ 



por causas y razones quf no es del caso examinar 
en este artículo, se ha ido poco á poco agrupando* 
en torno dé su personalidad, sin que, ni su prover- 
bial mutismo ni su sobriedad de expansiones haya 
sido parte para alejarlo de su lado— y sea ya por 
ser el jefe de más alta graduación en el ejército sea 
por la superioridad del criterio político y de firmeza 
decaráctrque se le reconoce, sea por su espíritu 
de cuerpo, y hasta por instinto de conservación — 
es el hecho que hoy con muy raras excepciones los 
jefes de graduación superior é inferior que tanto 
encami.aña, como en la capital, forman parteen 
disponibilidad del ejército nacional, concentran sus 
aspiraciones en este jefe superior — y sólo esperan 
sus órdenes para organizar los trabajos de una 
séria campaña electoral. 

Siendo ta») numeroso el personal de la clase mi- 
litar, como acostumbrado á la subordinación y la 
disciplina, cuando la recibe de un jefe de su clase 
— creemos que eM de buen sentido práctico, dar 
alguna importancia á este notorio capital político 
con el que hoy no cuenta ningún otro ciudadano 
de los que están en condiciones de asph ar á la 
presidencia de la República 

Empero, de bien poco serviría este capital po.í- 
tico al Teniente General Tajes, para ponerse con 
eñcacia al frente defina h; cha electoral contra el 
oficialismo Herrerista, si además de él no contara 
con simpatías generales dentro de los partidos, 
cosa en la que creemos no * equivocarnos, y ade- 
más con la no ménos importante del elemento ex- 
tranjero que habita nuestro país y comparte la 
solidaridad próspera ó adversa de nuestros des- 
tinos. 

Erf esto lo que hace su mnyor fuerza— y lo que 
en pocos días, toda vez que el General Tájes lo 
desée y sus amigos lo proclamen, pueden hacer 
de su candidatura una candidatura imponente é 
irresistible— diremos más— hasta un síntoma pro- 



282 ShTEMBFUNO E. PERKDA 

i — ■ v 

ounciado de mejoramiento económico en el país — 
que podrá influir poderosamente en los desenlaces 
pacíficos iie esla lucha. 

Nosotros no hemos sido ántes, ni sus amigos, ni 
sus partidarios, y cuando combatimos los errores 
financieros de su administración pasada, con un 
vigor do propaganda patriótica qüe no creemos ha- 
ya s do superada por nadie, razones muy grandes 
vimos para ello y los acontecimientos que fueron 
la consecuencia de esns errores y los inmensos 
desastres, previstos y anunciados pór nosotros en 
nuestros escritos, que se desencadenaron sobre el 
país han debido conver.ceral mismo General Tájes 
que hcyesnuestro amigo—que de nuestra parte 
estaba toda la experiencia científica y todo el de- 
sinterés patrió ico — y quede parte del jefe de su 
gabinete, el hoy infausto Presidente de esta Repú- 
blica,— no había sinó inexperiancia, fatuidad sin 
límites, dulcamarismo efectista y teatral, y una 
ambición personal hidrópica y sin medida. 

Pero nadi<% desconoce hoy, y nosotros menos 
que nadie,— que prescindiendo de la faz financiera 
de su administración, cuya responsabilidad com- 
partieron las pasadas Cámaras, en las que estaban 
sentadas eminencias de todos los partidos~& la 
par de su inexperto gabinete— ^la administración 
del Teniente General u. Máximo Táje.s, ha sido 
una de las más templadas y liberales que ha teni- 
do ,el pais. 

Como lo ha constatado cien veces la prensa de 
oposición, si hubo vicios de origen en la represen- 
tación nacional que acompañó la administración 
del General Tájes, los acuerdos que la elaboraron, 
la aproximaron bastante á los ideales de todos los 
partidos, y la opinión pública, tuvo, si no un tro- 
no, por lo menos un sitial elevado é imponente en 
esas Cámaras. 

La prensa independiente é ilustrada de diver- 
sos matices, dictó más de una vez sus fallos sobe- 



NI RETRÓGRADOS IS'l TARTUFOS 283 



ranos, que fueron escuchados por el presidente 
Tajes — quien en más de una ocasión los acató re- 
verente, esfumándose por ese medio más de un 
conflicto, 'creado por las neurósis de su Ministro 
de Gobierno, en los nimbos cultos de una política 
elevada, de conciliación y sentido practico. 

Ciertamente que faltó entonces ai General Ta- 
jes una alta preparación científica, para separar 
el grano de la paja en medio de ese ciclón de pro- 
yectos baldomerianos con que una legión de aven- 
tureros de todos los paises tomó r»or asalto nues- 
tro inexperto país — embriagándonos con el amU 
Hsm o desús cuentos árabes^pero de ese vértigo 
de inflacinismos ilusorios, no puede culpársele á 
él sólo— por que casi no hubo un cerebro juicioso 
en esta sociedad, que no se enloqueciera y que no 
pagase tributo á ese esponjamiento universal de 
valores, que hizo entrever al principio un rena- 
cimiento esplendor* so de prosperidades, bien 
pronto precursoras de tatídicos desastres 

El General Tájes, como las Cámaros, como 
todo el mut.do, fué víctima de una de esas sulfatas 
candentes que produce esos incendios del buen 
sentido económico, con los que se da á estribar 
con economías, c n arcaísmos aritméticos, con 
sensateces y parsimonias y coi vierte en especu- 
ladores de Bolsa hasta los ratones de iglesia. 

Pero al lado de estas páginas ya olvidadas de 
su administración, cuya responsabilidad histórica 
han dejado eclipsada los desaciertos verdadera- 
mente criminales de la época presen te— recuerda 
el país con j. rofurdo sentimiento de justicia que 
fué b*jo su gobierno y gracias á su tranquila fir- 
meza de carácter que quedó desarmado para 
siempre el pretorianismo santista adueñado hasta 
aquel entonces de la Nación. 

Nádie ha olvidado aún aquel dia critico en que 
poco^lespues del éxodo de Santos quiso el preto- 
rianismo imponerle en su mismo despacho una 



281 



SETEMBRINO K. PEREDA 



línea de conducta política, la cual debia comenzar 
ñor lanzar un manifiesto terrorista al país como 
proémio de escenas de sangre — y que si ese día — 
imitando á Sixto V, tiró el General Tapes las mu- 
letas que tanto le habia ayudad»» á subir A la silla 
gestatoria — no fué para subrogar al tiran > ausente, 
como pudo hacerlo impunemente, si hubiera es- 
tado dotado de instintos perversos y autoritarios, 
sino para devolver sus libertades al pueblo opri- 
mido—echando abajo la Bastilla del Quinto y lla- 
mando á su lado á algunos He los hombres más 
ilustrados del país, que desde ese dia dejaron de 
vegetar en un inmerecido ostracismo. 

Si el Presidente Tájes se equivocó en la elec- 
ción de esos hombres— si el paso de una política á 
otra fué demasiado andino — si ellos por impacien- 
cias de conducta le abandonaron bajo la opilación 
de una intransigencia académica, en vez de haber 
apreciado lo heróico de su evolución para haber 
completado su obra mediante concesi* nes mu- 
tuas — impidiendo que se echara en brazo3de otros 
hombres que tan letal mente debían pesar s>bre 
su administración— nada de eso desaquilata el 
mérito de esa efem^ride redentora, que después 
de tanto tiempo y por primera vez ensanchó los 
pulmones del país, y sepultó el terror en que vivía 
bajo ¡as catacumbas de la historia. 

Nádie ha podido ni podrá disputar jamás al ge- 
neral don Máximo Tájes, esa- glorias cristalinas 
que tienen su filiación genésica en su conducta 
magnánima en el Quebracho, y en la noble ente- 
reza de aquella noche azarosa en que la bala de 
un mártir quiso libertar á la pátria de la tiranía 
de Sántos, como el puñal de Harmodio libertó á 
la Gréciade la tiranía del hijo d> Pisistrato. 

Por él no quedó ensangren ada la ciudad, ame- 
nazada de muerte por la veng¿ nza de los panduros 
de la Escolta y del Quinto. Fué él quién tiizo ce- 
rrar las puertas de esos antros salvajes— que ya 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 285 



derramaban sus hordas sediciosas sobre la ciudad 
indefensa — para sepultarla en otras vísperas sici- 
lianas devolviendo al otro día, con los primaros 
rayos del sol, la libertad y la calma a, sus angus- 
tiados moradores. 

Jamás olvida este género de proézas la gratitud 
de los pueblos— por más que su recompensa no 
sea estruendosa y venga algo tardía. 

Desde entonces no hubo repulsiones para esa 
nueva escuela militar, cuyo primer representante 
fué el general Tájes escuela que debia hacer rena- 
cer esas fraternidades caballerescas entre el ele- 
mento civil y el militar,— recordando la de losan- 
tiguostiempos de las guerras continentales en que 
e' entorchado de los jefes era el primer adorno de 
nuestros salones, y la carrera militar una de las 
más brillantes y prestigiadas en el seno de nues- 
tra sociedad. 

A todo esto, y no como el último de los títulos 
que pueden recomendar la moralidad social y la 
circunspección política de este candidato á los su- 
fragios de su partido y del pueblo— puede agre- 
garse que la sociedad culta de su pátria, humilla- 
da y ofendida hasta entonces por el rastaquerismo 
gubernativo — se sintió bajo su gobierno realzada 
y dignificada en sus respetos, tanto por él como 
por su familia — lo que no ha olvidado nunca — es- 
pecialmente la mujer oriental, que tan ferviente 
culto sabe rendir al santuario del hogar. 

Tales son para nosotros esbozados á grandes 
rasgos los méritos y las condiciones de este can- 
didato 



¿Tendrá fuerzas cívicas y convicciones morales 
el sucesor del doctor Herrera y Obes — para reedi- 
ficar el crédito y el orden económico sobre tantos 
escombros? 

¿Se atreverá á presentar á nuestros acreedores, 
nuevos balances del estado del país, para conven- 



286 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



cerlos de que nuestra actualidad financiera no re- 
posa en un inmenso eehufandage de mentiras? 

Y si el candidato triunfante lo es el general Tá • 
jes- -realmente tendrá energía y convicciones pa- 
ra tanto? 

Estas son ias únicas dudas que atraviesan mi 
espíritu y que más de una vez me han hecho re* 
tro ceder ántes de escribir estos artículos. 

Hay quienes creen y afirman que tengo mano 
desgraciada para sacar candidatos de pila. 

Tal v z eso sea cierto— pero eso en todo caso 
no depende de mi, sino de los candidatos y de la 
con a pelón patriótica que yo me formo de las ne- 
cesidades arquitectónicas fiel país. 

Lo concibo grande y lo encuentro muy pequeño, 
en to 1- \, en hombres, en instituciones, en nivel 
moral é intelectual, en educación política, en ptác- 
ticas comerciales — y busco como muchos el génio 
práctico que presida á su reorganización, y que 
capitalice, siquiera en parte, los restos del rico 
patrimonio que heredamos. 

¿Será este hombre el general Tajes? 

Oéo que puede serlo— si él comprende su mi- 
sión, y sabe aprovechar los elementos de reacción 
que vá á ofrecerle la nueva época. 

Si como decía Diderot, los hombres aprenden, 
sin necesidad de ir á las academias, en los libros 
- y en et « studio de Jos otros hombres— que Zola 
llama el documento humano -fuerza será conve- 
nir, qurt pocos ciudadanos como él han compul- 
sado futre nosotros más documentos de esta es- 
pecie, que son una de las principales fuentes de 
la sabiduría práctica. 

Oja á! decía el general Tajes, no hace seis meses, 
— á uno de sus íntimos, que nos repetia la frase — 
hubiese yo conocido los hombres de mi país 
cuando subí á la presidencia como los conozco 
hoy! ¡Cuántos errores habria evitado l ¡Cuántos 
desastres habría impedido ! 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



287 



Y decía la verda 1 el general Tajes — porque 
e. toncas no había aprendido lo que sabe hoy, á 
distinguir el sofisma abrillantado y seductor de la 
verdad concienzuda y modesta —y como todos los 
hombres de su país se había educado en esa at- 
mósfera empireumática, de ideologismos de decía - 
matorios,— de frases efectistas, de suficiencia pe- 
dantesca — que las más de las veces no tienen una 
idea practica en la cabeza ni la humildad de ceder 
el puesto a qui^n la tiene. 

Es por eso que hoy sera el Teniente General 
Tajes, con su silencioso b jen criterio, con su ex- 
periencia bien adquirida sobre el documento hu- 
mano— un gobernante de convicciones firmes y de 
espíritu de progreso— que hoy por hoy es cuanto 
necesita el país. 

Al proclamar su nombre, recomendándole al 
buen sentido de nuestros compatriotas -creemos 
haber cumplido uií deber de conciencia que entre 
nuestras relaciones privadas hace ya- vario* meses 
hemos empezado á poner en práctica. 

No nos toca á nosotros, que no formamrs parte 
de su entourage¡ y que nada esperamos de su go- 
bierno porque, cuando él suba al poder, nosotros, 
si Dios quiere, no viviremos en el país— nonos 
toca, decíamos, organizar los trabajos prácticos 
para proclamar su candidatura, comoéco de una 
aspiración nacional. 

Pero sí nos toca decir, que ya tarda demasiado 
Ja iniciativa de eso-? trabajos -y que se nota en la 
acción de loo partidos — una falta de civismo, ra- 
yana de la cobardía ó del egoismo. 

¿Nosquejarémos después de que empeor-en nu- 
estros destinos? . ' : * 



Como se vé el Dr. Costa encuentra en el Teni- 
ente General Tá)es el candidato, hoy por hoy más 
popular y más accesible al triunfo, en virtui de la 
situación pulítica por que atraviesa el país. 



288 



SETBMBR1N0 E. PEREDA 



Nosotros creemos otro tanto. A pesar de que 
somos partidarios de los gobiernos civiles, no por 
eso dejamos de comprender que el candidato men- 
cionado puede hacer mucho en bien de los intere- 
ses nacionales si toma de nuevo las riendas del 
mando. 

Sus conciudadanos ya le conocen; saben que si 
no es una ilustración, pues no ha cursado mayores 
estudios, supo merecer más de un entusiasta aplau- 
so por la prensa independiente y los hombres de 
principios, que no eran sus amigos políticos, du- 
rante su período administrativo anterior al del 
Dr. Herrera,— y como se ha d¡cho con verdad, — 
muchas veces el simple buen sentido es el mejor 
político. 

Bl Teniente General Tajes, con la experiencia 
de gobernante que ha adquirido en cabeza propia, 
conociendo las cosas y los hombres de su tierra, 
si s¿ h illa poseído, como lo creemos, de la mejor 
buena voluntad para con los progresos y el bien- 
estar nacionales, podría tornar ia confianza y 
restaurar el crédito público. 

El Dr. Tomás Manuel de Anchorena dije una 
vez, hablando de las cosas de f u país: ¿ Ningún 
gobierno hace sólidos progresos desviándose de 
la senda de la verdad y buena fé. — Los triunfos que 
se obtienen por medio del engaño y la superchería, 
son muy efímeros, y son ellos mismos los que pre- 
paran la ruina de sus autores. 

Esta verdad se ha palpado en distintas ocasio- 
nes y por diversos mandatarios en el país 

Ha.i subido al poder en medio la espectativa 
general han hecho una y mil seductoras promesas, 
y desde sus primeros actos han desmentido sus 
palabras, engañando al pueblo cual si se traíase de 
un niño mal creado á quien es preciso, para evitar 
sus impertinencias, ofrecerle cuanto desea poseér, 
aunque después no„se le satisfaga en lo más mí- 
nimo. 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 289 



El Teniente General Tájes ha podido apreciar 
de cerca todo esto, y no igno»a que para gobernar 
bien es menester ajustarse á los mandatos de Ja 
ley y á los dictados del sano patriotismo. 

Vivimos en un siglo, ha dicho el ilustre Juan 
Cruz Várela, en que el ministerio importante de 
cprrejir los abusos es sin disputa el más odioso, y 
en que el valor con que se emprende la destrucción 
de los errores viejos, pasa por orgullo y temeridad. 

Sin embargo, es preciso .poner el dedo sobre la 
llaga, cauterizar la herida para que no se vaya en 
sangre; adoptar un temperamento enérgico, dejar- 
se de indebidas y perniciosas contemplaciones, y 
cortar el mal de raíz. 

Esto toca al gobernante que reemplace al Dr. 
Herrera, por que el país se halla abocado á un ci- 
clón político y financiero; propenso á llevar lodo 
por delante, hasta el propio decore nacional. 

El Dr. Cárlos María Ramírez, que ha sido uno 
de los más entusiastas campeones de la buena 
causa, decía en 12 de Febrero de 1871: «Un pueblo 
de hombres libres, iguales y hermanos, bajo la 
• autoridad de un gobierno justo y fuerte — ¿no es 
to Jo el ideal que puede la política alcanzar en este 
mundo ? » 

¿Y el Teniente General Tájes no tiene acaso 
condiciones para hacer un gobierno justo y fuerte 
en el cual tengan asidero todas las aspiraciones 
honestas ? No lo ponemos en duda, si, como fuera 
de esperar, supiese rodearse de ciudadanos que no 
hicieran un modus vioendis de la política. 

Los honrosos antecedentes son su mejor justi- 
ficativo. 



El Dr. Herrer^si quiere descender de su¡e levado 
puesto sin que la posteridad le juzgue severamen- 
te, debe garantir la libertad del sufragio, dejar al 

19 



200 * 



SETEM BR1NO F. PEREDA 



pueblo que haga su soberana voluntad, no impo- 
niendo candidatura alguna á la Presidencia de la 
República, para que en el vocabulario sud ameri- 
cano no se siente como una verdad inconcusa la 
definición chilena de que el Presidente es «una 
especie de Rey constitucional con la facultad de de- 
signar sucesor, » y que no ha mucho nos trajo á 
colación un distinguido compatriota. 

La idea pura de Ja democracia, según su verda- 
dera acepción, dice Stuard Mili es el gobierno de 
todo el pueblo por todo el pueblo legalmente repre- 
sentado. 

. Déjese pues, al pueblo q ue obre por sí mismo, 
sin necesidad de influencias directrices» que vi- 
niendo de los que mandan son [siempre de fetales 
consecuencias para el reinado de las Instituciones 
libres. 

IX 

Apénas faltan cuatro meses para que los ciuda- 
danos uruguayos elijan los que han de renovar el 
actual Cuerpo Legislativo. 

4 Quiénes han de ser honrados con la delegación 
popular en el augusto recinto de las leyes ? 

La misión de las futuras Cámaras será delica- 
dísima y de grandes responsabilidades páralos 
señores padres de la patria. A ellas tocará entrar 
áv lleno en la reforma constitucional. El artículo 
5.° de nuestra Carta Fundamental se halla reñido 
con los progresos liberales quo hemos alcanzado. 
El país ha salido de la infancia y ya no ejerce el 
vetusto coloniaje la más mínima influencia en sus 
destinos. La democracia y la libertad son sus hijas 
predilectas. 

¿A qué, entónces, atar el Estado al carro de una 
religióu, ménos aún de la católica apostólica ro- 
mana que no profesa la gran mayoría de sus ha- 
bitantes? 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



291 



Por otra parte, el Estado no debe ser ni ateo ni 
devoto, sino prescindente en las cuestiones reli- 
giosas. Lo único que le es permitido hacer es ga- 
rantir todas las creencias siempre que no impor- 
ten un peligro social. 

- Nosotros, decía Teodorico el Grande, no tene- 
mos ningún imperio sobre la religión, porque la 
creencia debe de ser libre, — y esta verdad incon- 
trovertible deben tenerla presente los que em- 
prendan tan ardua y delicada tarea, 

¿Qué necesidad tiene la República de mantener 
un culto? ¿Acaso todas las religiones no poseen el 
mismo derecho ^ue la católica? Desligúesela, por 
lo tanto, e ese odioso consorcio con el Estado, 
porque en una nación libre y constituida no es líci- 
to imponer el sostenimiento de una secta con de- 
trimento de las demás. 

¿Quiere osto decir, tampoco, que deba protejerse 
á todas? Ciertamente que no. En Francia se pro- 
tejen tres religiones; la católica, la protestante y la 
judia; pero Re procede incorrectamente, porque se 
admite una absurda trilogía, es decir, se desainan 
los dineros nacionales para- alimentar sectas de 
ideas antagónicas, lo cual es un contrasentido. 

Cada adepto tiene la obligación de sostener su 
religión de su esclusivo peculio, y por consiguien- 
te, el Estado debe dejará cada una de ellas en la 
más amplia libertad, libradas á sus propios ele- 
mentos. 

Don Francisco Salmerón y Alonso, diputado 
por Almería, en su brillante discurso pronunciarlo 
en la Asamblea Española de 1855, tratando de esta 
misma cuestión, decía: 

«La libertad en cuestiones religiosas significa 
mucho manque en los ámbitos de la política. El 
cu Itu privilegiado con p» rjuicio de otras distintas 
liturgií s es repulsivo, porque combate; intolerante, 
porque dispersa; anti-evangélico, porque enemista; 
y nada grato á los ojos de Dios, porque impone la 



292 



SETEMBR1N0 R. PEREDA 



hipocresía La intolerancia en filosofía exajera el 
principio de autoridad; en política multiplica las 
revoluciones, y en ■ eligió!* niega a ¡silo" a los pros- 
criptos que en una sola despedida dan el adiós al 
cuito y á la Patria.» 

Yo considero la libertad de cultos como la pri- 
mera de todas, decía á su vez el diputado por Cáce- 
res don Cipriano Segundo Montesinos; no com- 
prendo las demás sin ella; y creo más, y - es, 
que la libertad política no puede existir sin la li- 
bertad religiosa, á lo ménos de un modo estable y 
duradero; y apelo á la historia de los pueblos anti- 
guos y modernos. Estimo tanto la libertad religiosa 
que, comparada con ella, considero nada la liber- 
tad política; y sin embargo, estimo tanto la libertad 
política, que he hecho, estoy haciendo y me hallo 
dispuesto á hacer los mayores sacrificios por la 
libertad de mi patria. 

Finalmente,— por no extremar las citas,— D. 
Fernando Corradi en su elocuentísima alocución, 
aludiendo á España, preguntaba: ¿Quién ignora 
los desastres causados por la intolerancia religio- 
sa, que hoy se quiere disfrazar con el nombre y la 
máscara de unidad católica, al modo de un puñal 
cuya punta se oculta entre flores?" 

Y estas ideas se expresaban en una época y en 
un país en que la Religión Católica ejercía el 
más poderoso tutelaje de las conciencias y el ma- 
yor influjo en el Gobierno. Con mayor razón, pues, 
pueden invocarse en ias postrimerías del siglo 
décimo nono y en una nación en que se ama la 
li bertad como la vida. 

Además, la independencia de la Iglesia y el Es- 
tado solo puede temerse por las religiones sin con- 
sistencia en la opinión. La católica, que ; se crée 
la superior á todas, no debe temer, por ende, que 
se la deje librada á sus sola s fuerzas. 

Uno de sus más ardientes sostenedores en el Rio 
déla Plata, D.José Manuel Estrada, en su opüs- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 293 



culo relat ; vo á la Iglesia y el Estado, después de 
muchas juiciosas observaciones, tendentes á per- 
suadir á sus amigos de causa, que es conveniente 
independizar aquella de éste díce° que si el Estado 
adopta una Iglesia falsa pierde prestigio y vigor, 
y que si adopta la Iglesia verdadera, la debilita y 
la expone á peligros y vicisitudes sin cuento. 

Guando en 1853 se separó la Iglesia del Estado 
en los Estados Unidos de Colombia, derogándose 
cuantas leyes á ambos ligaban,— el clero católico 
cooperó poderosamente á ello,— y en los Estad* s. 
Unidos del Norte, en quo también existe ¡dicha in- 
dependencia, todas las religiones viven bien y 
prosperan. 

De manera que no sería una novedad si la pró- 
xima Asamblea Legislativa Nacional derogase el 
art. 5 o y disposiciones que unen al Estado con la 
Iglesia. 

Es preciso, en consecuencia, que se elijan Re- 
presentantes y Senadores liberales, para que se 
cumpla la justa aspiración del paú. 

¿Hay posibilidad de que triunfen los más aptos y 
más dignos? 

¿Quién sabe? 

Un apreciable é ilustrado compatriota, anhelan- 
do que vayan á l¿ s Cámaras los ciudadanos que 
mayor confianza y mejor concepto gocen de* pue- 
blo, nos comunicó hace poco el siguiente patriótico 
pensamiento. 

"Quiero someter á su consideración una idea 
que he concebido y que, á mi juicio, puede ser de 
resultados altamente benéficos para la marcha 
política del país y para la educación cívica de 
nuestros compatriotas: y como soy justo aprecia* 
dor de las relevantes dotes personales que á Vd. 
adornan y le creo uno de los ciudadanos más apa- 
rentes para llevar á la práctica tal pensamiento, 
me apresuro á comunicárselo. 

Si alguna vez queremos realmente ser Repii- 



294 



SETEMBR1N0 E. PEREDA 



blica, debemos empezar por interesar al nueblo 
en la dirección de sus negocios propios; uno de 
los cuales, el más importante de todos, es la desig- 
nación de buei-os legisladores, con tanto mayor 
motivo cuanto que en el caso actual ván á ser elec- 
tores de Presidente y reformadores de la Consti- 
tución. 

Sentada esta i remisa evidente, me lie dicho: 
Ya que nuestro mecanismo electoral es tan de- 
ficiente, que no dá jamás la expresión genuinu de 
la voluntad papular, conviene sobremanera que se 
organicen plebiscitos en cada DéD'-rtamento para 
conocer cuáles son los candidatos que reúnen las 
verdaderas simpatías y la mayoría de los sufragios 
de los ciudadanos. Bastaría para ello que se con- 
vocara á una reunión álos primaces de los partidos 
en ese Departamento, por ejemplo; que se formu • 
lara una lisia ó más de car didatos; se nombraran 
comisiones receptoras y escrutadoras de votos, sin 
atingencia ninguna con el oficialismo; que.se hicie - 
ran circular profusamente esas listas para que los 
ciudadanos pudieran examinar) as, cumpa rar las y 
discutirlas con toda amplitud; y que se pidiera 
por la prensa á éstos que mandaran sus votos á las 
comisiones respectivas, compuestas, como es lógi- 
co, con hombres bien conceptuados y de indiscuti- 
ble probidad política. Es decir, que al lado de la 
urna oficial ó legal se levantaría la urna genu má- 
mente popular y extra oficial, quedaría el resultado 
fiel de la voluntad, de las preferencias, de las sim • 
patíos del Departamento, con respecto á ios candi- 
datos populares en oposición con ios oficiales. 
Para todo esto habría, es vendad, que agitar pré- 
viamen;,e la opinión publica y hasta que hacer gi- 
ras por el Departamento para dar á conocer el al- 
cance del pensamiento y despertar á los ciudada- 
nos de la apatía y del indiferentismo en que 
yacen. 

Ante el resultado elocuente de la urna popular, 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



295 



todo Gobierno que medianamente se respetare, se 
abstendría de imponer tales ó cuales candidaturas 
impopulares — impopularidad que quedaría evi- 
denciada por este procedimiento. Pero, aunque no 
se consiguiera ese objeto, ¿no sería una recompen- 
sa moral de subid< > valor para los ciudadanos ho- 
nestos que hubieran recibido esa demostración de 
simpatía de un Deparlamento? Sabrían ai ménos 
que si no hahían salido Diputados hubieran debido 
seWo— lo que vale mucho más sin duda alguna. 

Imitemos el ejemplo que nos dan los mismos 
países monárquicos, como España, Italia, Alema- 
nia y sobre todo Inglateira, en los que» cuando se 
inicia la ludia electoral, sus grandes políticos, 
como Sagasta, Cánovas, Crispí, Zanardelli, Glads- 
tone y Salisbury recorren las provincias ó eiuda- 
des, dando á conocer sus programas é incitando 
al pueblo á tom?r participación direct i en la cosa 
pública. 

Ligue su nombre, mi amigo, á una campaña 
tan levantada y patriótica y que creo hallaría 
éco en los demás Departamentos. 

Disculpe el desaliño de estos renglones y hága- 
me conocer su opinión s >bre este asunto.» 

No pudimos menos de aplaudir la patriótica 
idea expresada en las precedentes líneas. Sin 
embargo, ella es demasiado avanzada para que 
pueda ser pucstn en práctica en nuestro país, 
y así se lo manifestamos á su iniciador* 

La Ley Electoral vigente es una ganzúa con 
que fácilmente podrán falsearse los derechos del 
pueblo.— Las Juntas Electorales tienen por Pre- 
sidentes natos á los Jefes Políticos y por auxi- 
liares de sus taréas¿ en iguales condiciones, á 
los Presidentes de las Juntas y á los Receptores 
de Rentas. 

¿Cuáles son las miras del Poder Ejecutivo ante 
tales hechos? ElMinistro de Gobierno dice ser 
las que manifiesta en la siguiente circular: 



.296 



SETEMBRINO E. PEREDA 



Ministerio de Gobierno. 

CIRCULAR 

Montevideo, Marzo 29 de 1893. 

Con la adjunta circular recibirá V. S co¡ ¡a 
impresa de la Ley de Registro Cívico Perma- 
nente y del Decreto Reglamentario con que el 
P. E. provee á su cumplimiento. 

Las funciones importantísimas que por esa Ley 
incumben á V. S y el acalorado debate parla- 
mentario que precedió á la sanción de la* mis- 
mas, me excusan de entrar en observación , al- 
guna sobre el compromiso que el Cobierno ha 
adquirido ante el país, garantiendo la impar- 
cialidad de sus delegados en las f unciones comí- 
titiles, cuya presidencia les ha sido conferida á 
propuesta del Ejecutivo y como un medio eficaz 
de hacer práctica la verdad del voto público. 

Son tiempes de escepticismo político los que 
cruzamos, y el Gobierno no pretende desarmar 
las oposiciones con notas oficiales, cuyo contexto 
dá lugar á que los mal intencionados lean siempre lo 
que no existe entre líneas. Conociendo esa tendencia 
fatal de la actualidad, seria pueril incidir en una 
táctica de resultados contraproducentes, si esta co- 
municación, que no busca el aplauso de nadie, pu- 
diese tener otro carácter que el de un llamamiento 
al deber para aquellos que están en el caso de reci- 
birla como una Orden. 

Conozco el interés patriótico que S. E. el señor 
Presidente de la República tiene en que el resultado 
de los próximos comicios t>ea una manifestación ver- 
dadera de ¿a voluntad nacional, y al compartircon 
S. E. esa aspiración de todo buen ciudadano» me 
complazco en creer que V. S. alienta iguales pro- 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 



297 



pósitos. No son solamente, pues, nuestras obliga- 
ciones funcionales, sinó también el tributo pagado 
á nuestras creencias republicanas, lo que augura 
la sulución satisfactoria del problema que la Ley 
plantea á la actividad délos miembros del Cuerpo 
electoral. 

En tal concepto, conviene que, usando las prero- 
gativas de su nuevo cargo, explique V. S. a los 
electores de ese Departamento las ventajas del Re- 
gistro Permanente, y las facilidades que él ofrece 
al ejercicio tranquilo de los derechos políticos, en 
la vasta esfera comprendida dentro de esa desig- 
nación. 

La inscripción documentada, jor difícil que pa- 
rézcase» lo es tanto que desafíe la buena voluntad 
de los destinados á inscribirse. Desde luego, ella 
se hace una sóla vez para siempre, de modo que 
no se repite ¡a incomodidad que pueda originar. 
En seguida, ella sirve para justificar sin réplica el 
estado político del inscripto, de manera que la ap- 
titud para el goce de los empleos públicos, la 
opción á las exenciones en el pago de ciertos tribu - 
tos, y la justificación de elector y elegible para la 
distribución de los cargos populares, está definiti- 
vamente comprobada con haberse inscripto co- 
rrectamente una vez. 

Siendo todo ciudadano uruguayo miembro de la 
soberanía nacional, es evidente que ella reside en 
el Cuerpo electoral ó sea en el conjunto de los in- 
dividuos aptos para ejercer derechos políticos en 
el país— de donde se sigue que la creación del Re- 
gistro Cívico Permanente es la úi:ica garantía po • 
sitiva de las manifestaciones de la soberanía, por- 
que empadrona á los ciudadanos y Ies suministra 
el testimonio irrecusable de su aptitud para todos 
los menesteres de la vida pública 

El Gobierno espera que llevada al ánimo popu- 
lar la explicación verídica y sencilla de estas con- 
veniencias de orden general y proficuo, la Ley ga- 



298 



SETKMBR1N0 E. PEREDA 



nará en simpatía cuanto hubiera podido perder por 
efecto de una propaganda desacertada en su con- 
tra, y atendiendo tales razones encarece á V. S. 
que en uso de sus nuevas facultades, it culque en- 
tre los electores de ese Departamento el servicio 
cívico que están llamados aprestarse-a sí mismos 
ya la República, inscribiéndose en el Registro 
Permanente. 

Dios guarde á, V.S. muchos años.— Francisco 
Bauza. 

Señor Jefe Político de 

El país empero, está ya escamado de tales cir- 
culares. £1 señor Ministro de Gobierno, que así lo 
ha comprendido (y no es mal sastre el que conoce 
el paño, como dice el adajio) se apresura á objetar 
que no pretende desarmar las oposiciones con notas 
oficiales, — y tiene sobrada razón. No es con notas 
sino con liechos edificantes que se acalla la grita 
de la opinión pública. 

No obstante, si en realidad el Presidente de la 
República tiene el interés patriótico de que el resul- 
tado de los prt/x irnos comicios sea una manifestación 
verdadera de ¿a voluntad nacional, — irán al Cuerpo 
Legislativo ciudadanos honorables, aptos y dignos 
bajo iodos concep'os, aún que del dicho al hecho 
haya mucho trecho. 

Por su parte, los partidos están en el deber de 
preparar sus elementos para la lucha, pues aún 
cuando sus actos no les dén títulos saneados para 
arrogas se la representación nacional, mientras 
otros más definidos y avalizados no les sustituyan 
en el terreno de la acción electoral, debe suponér- 
seles los representantes de !a opinión pública. 

Los partidos! 

¡Qué horrible sarcasmo! dijo un día el señor 
Francisco Bauza, aludiendo á las colectividades 
colorada y blanca, pues en esa época (1871) no 
se había fundado el constitucional, y con patrió- 
tica amargura, luego preguntaba: 



NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 299 

m . . i .i . . n . 1 ■- '■■ 

t 

¿Existen entre nosotros partidos? ¿Existen aca- 
so esas asociaciones políticas, con programas 
definidos, con aspiraciones lógicas, que buscan 
en la lucha legítima del sufragio, de la prensa 
y de la tribuna, la solución de las cuestiones 
trascendentales que afectan los intereses del 
País? Nó. 

Entre nosotros, agregaba, solo existen dos ban- 
dos armados, irreconciliables, impíos, cuyas exhi- 
biciones teatrales en la escena política harían 
reir, si cada uno de sus saínetes no costara un 
mar de sangre. Cómicos de la legua que baila-, 
mos al rededor de un fogón, en eMúgubre ban- 
quete de ¡os muertos. 

Levantad la frente, hombres de corazón y de 
buena voluntad, — 'exclamaba.-- porque ha llegado 
la hora de condenar los desmanes. Una nueva 
generación, llena de fé, radiante de juventud y 
de esperanza, se acerca al templo de la libertad 
para recibir las insignias de la nueva peregrinación 
política, que ha de conducirnos á la tierra de pro- 
misión. 

El deber del ciudadano, habla más alto que les 
resentimientos del partidario. 

Sin embarco, el Sr. Bauzá, olvidando esos prin- 
cipios, continuó incendiando con sus actos y su es- 
clusivismo partidista la hoguera de los Odios. 

Para él, el partido colorado no era otra cosa que 
un simple bando, es decir, una facción que no re- 
presentaba ningún principio noble y elevaao, sino 
la lucha fraticida y las ambicionen menguadas. 

Por eso terminaba su exhortación á la fraterni- 
dad, diciendo: 

« Ay ¡ de ehos, ( de ios ciudadanos ) el dia en que 
vuelvan los ojos al Ci^lo. como único refugio de 
los que nada esperan de la tierra, y vean en el 
firmamento una nube roja, y oigan una vozque les 
dice: Caín ! Cain¡ ¿ qué has hecho de tu hermano ?» 

Es que las conveniencias personales, el amor ai 



I 



300 



SETKMBR1NO E. PEREDA 



presupuesto tienen sus atractivos para los que nó 
se hallan dotados dé suficiente fuerza de espíritu 
para luchar en los combates diarios de la vida sin 
que los deslumbre el miraje de las alturas. 

Inicie la creación del partido clerical, que bien 
puede figurar como su jefe, quien, como él, se 
halla á la cabeza del movimiento católico en t-u 
país, pues su p -opaganda de 1871 tiene en la actua- 
lidad mis aplicación que entónces: porque el tiem- 
po ha sido su más elocuente colaborador. 

Liberales y clericales. — No caben más en un 
país como el nuestro; porque, como ha dicho D. 
José Pedro Várela: es dificilísimo, sino imposible 
igualar á la reacción con la libertad y sacar á la 
República del cuadro general de la humanidad, 



hombres no se hallan divididos entre liberales y re • 
trógado$;y que más hallá de los hechos transitorios 
que se producen en nuestro país y desfiguran la 
fisonomía de nuestros partidos, no se distinguen en 
unos perenne y radiante la aspiración al progreso 
yála libertad, y en otros, — continuo é incansable 
el culto por la opresión y la ruUna, 




todas partes, los 



I 



A LOS LIBERALES 



El autor de este libro, suplica á los que sim- 
paticen con la idea de formar en el pais el Partido 
Liberal, se siroan enviarle su adhesión á la ciudad 
de Paysandú, calle 18 de Julio Núm. 253. 



ERSáTAS PRiiíCIPALES 



páginas 


DONDE DICE 


/ 

12 


precisamente 


transación 


13 


revolución 


lo 


combicciones 


19 




45 


dé 


52 


mienras 


59 


obediciencia 


81 


reparción 


94 


el clericalismo 


95 


se les dá 


99 


que de los 


103 


aplausibles 


105 


como que ya 


117 


teniendo; 


131 


combaten 


147 


desúdente 


156 


con á 


169 


2.o 


id 


3.? 


170 


manos 


174 


Antonioio 


181 


aterraciones 


id 


juicio 



DEBE DECIR 

principalmente 

transacción 

evolución 

convicciones 

acuse 

de 

miéntras 

obediencia 

reparación 

al clericalismo 

se le dá 

de los 

plausibles 

como ya 

teniendo, 

combate 

disidente 

con 

4.° 

5.o 

ménos 
Antonio 
aberraciones 
quicio 



l'Alil.x AS 


I'UPtliPí Lilly**- 


ítt'itr florín 


188 


orizontes 


horizontes 


189 


aconsejados 


aconsejado 


id 


que la reemplaza 


que lo reemplaza 


191 


De Vd. 


De Vds. 


214 


comparticipación 


coparticipación 


215 


le vasta 


le basta 


id 


pagas 


paga 


220 


encuadren 


encuadre 


226 


solos se 


solo se 


227 


no puede 


no pueden 


i (i 


liberta 


libertad 


id 


hai 


ahí 


228 


sea m,a 


sean una 


230 


como uno 


como una 


230 


propensa 


propenso 


231 


rehacionar 


reaccionar 


236 


también 


tan bien . 


238 


grabiaban 


gravitaba.! 


239 


reemplazado 


reemplazada 


242 


* iujos 


lujos 


246 


abandonaman 


abandonan 


249 


désprestijian 


desprestijiar 


Id. 


en el qué 


en el que 


251 


piensa celebrar 


pensaba celebrar 


259 


ésté 


éste 


263 


¿Partido 


Partido 


27Ü 


¿dé 


de 



Al final de la pág. 93, debe agregarse: ¿ á que 
esa d sidia y persistencia en mantener su apa- 
rente vitalidad? 

En la 169 debe suprimirse el 1er. inciso, que se 
halla incompletu y de más. 

El párrafo 2io. de la pág. 244, debe leerse des- 
pués del párrafo 2do. de la pág. 243 



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fo Berro, Domingo Faustino Sarmiento, 
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filo D. Gil, José Pedro Ramírez, Alejan- 
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